Extraño ser aterroriza en Lepaterique

LEPATERIQUE.- Un misterioso ser mantiene aterrorizados a los pobladores de unas cinco comunidades del municipio de Lepaterique, Francisco Morazán, donde la gente afirma que un depredador de animales domésticos de sangre caliente anda suelto y se teme que las personas puedan ser sus próximas víctimas.
Es tal la alarma de los vecinos que creen que se trata de un fenómeno extraño, al que identifican como el “Chupacabras”, que aprovechando las tinieblas de la noche le cae a sus presas y le succiona la sangre y tejidos blandos, incluyendo a ejemplares de ganado bovino y vacuno, y hasta perros.
Los aldeanos, al sur de Lepaterique, ya han perdido muchos animales debido al ataque del extraño ser que afirman se trata del “Chupacabras”.
En las últimas semanas reportan que ya ha matado a unos tres caballos, cuatro terneros, dos perros y una oveja en las comunidades de Sabana Redonda, Sabana Redonda, El Conejo, El Guayabal y El Trapiche, ubicadas en la parte alta, al sur del municipio.
Las comunidades están enclavadas en las faldas de montañas abundantes de pinos por donde corren quebradas y ríos, parajes donde se supone que el “Chupacabras” se oculta durante el día.
En los poblados de casas de bahareque viven días de horror ante el asecho del furtivo animal que sorpresivamente ataca y hasta llega a atrapar sus presas en los corredores de las viviendas.
“PELOS DE PUNTA”
Los aldeanos están con los “pelos de punta” porque el ser ataca cuando ya se oculta el sol, generalmente de las 7:30 de la noche en adelante y nadie lo puede ver con precisión.
Lamentablemente hasta el día siguiente sólo hallan los restos de los animales atacados y en ocasiones, rasguños en los caminos donde supuestamente salió huyendo. Se dice que el temible animal es veloz que en instantes se traslada de un extremo a otro de la montaña.
Este tipo de acontecimiento ya se había reportado entre 1995 y el 2000 en algunas comunidades de los departamentos de Yoro, Atlántida, Colón y Comayagua, pero se manejaba como un mito en el que se documentaban los vestigios, pero nunca se miró a la fiera.
Algunas personas lo imaginan  como un animal vagabundo, más salvaje que diabólico, en ocasiones camina y otras vuela, hambriento ataca con furia y expulsa un líquido adormecedor y sólo le gusta succionar la sangre y las partes blandas, como el corazón, el hígado y riñones, entre otras vísceras.
Los habitantes de la diferentes aldeas caminan en grupos cuando van de una comunidad a la otra con sus yuntas de bueyes.
Cuentan que en las noches se escuchan los alaridos del temible ser cuando anda rondando los cerros de los poblados y dicen que se identifica con diversos sonidos entre gruñidos, rugidos y hasta como el llanto de un niño y a veces silbidos, cuando asecha por los caminos frente a las casas.
De pronto los perros no ladran, sólo aúllan intimidados por el depredador que los hace temblar en su recorrido amenazante, cuentan.
Ante tanto sonido extraño el pánico se apodera de los pobladores que han perdido su libertad nocturna, ya que cuando son las 6:00 de la tarde se encierran en sus viviendas y hasta colocan trancas en las puertas porque el “Chupacabras” hace de las suyas al sobrevenir la noche.
Los angustiados vecinos comentan que es triste y atemorizante escuchar la reacción de los animales cuando son arremetidos por la entidad biológica desconocida que los degüella con sus garras.
Este ser podría tratarse de una variedad del llamado “come lengua”, un animal tipo pájaro que, según los relatos, les corta la cabeza a sus presas y les comía la lengua. Se dice que eso ocurrió entre las décadas de 1960 y 1970, pero reapareció el año pasado cuando decapitó a varios caballos, vacas y cabros y les comió nada más que la lengua.
CUERPO ADORMECIDO
Uno de los habitantes de El Conejo, Germán Martínez, apunta que “ese animal se comió dos caballos cuando yo me quedé durmiendo en la casa de mi hija María, le aseguro que es horrible porque uno no se puede ni levantar porque queda con el cuerpo adormecido cuando ese animal está cerca”.
Esta es la zona boscosa donde se supone que el “Chupacabras” acampa durante el día para salir a cazar en la noche.
Con la piel erizada de acordarse, relata que “allí donde mi hija estaban dos potrillos y como a las 10:00  de la noche escuchamos que ese animal feo andaba rugiendo por ese cerrito del frente, y luego es que se escucharon unos golpes como que estaban matando a alguien y se sentía aquel tufo fuerte como a cacho quemado”.
Pero también se escuchaban los relinchos de los caballitos cuando supuestamente el “Chupacabras” los estaba sometiendo a la impotencia y, al parecer, les roció un líquido adormecedor y acto seguido les succionó la sangre hasta dejarlos inertes, para luego escapar entre saltos sobre la maleza de los cerros cubiertos por el oscuro manto de la noche.
“Ese animal camina con una gran hambre porque se escucha que atrapa con furia y cuando los mata sólo les come el hígado, el corazón y no deja sangre regada y se parece con un `come lenguas´ que el año pasado le cortaba la cabeza a los animales y sólo les comía la lengua”, detalla.
El poblador anota que al día siguiente se levantaron a las 6:00 de la mañana y salieron a ver qué había ocurrido con los potrillos y miró que estaban los cuerpos degollados y con un agujero en el abdomen, sin vísceras ni ojos.
Se acuerda que ya había escuchado a sus vecinos que la extraña criatura les había comido animales, pero no creía. “Cuando miré esos caballitos dije: Esto parece el fin del mundo o será un come lenguas que aparecía en las montañas de Yoro en la década de 1960”, plantea.
VUELA
Los campesinos temen que la terrible entidad biológica desconocida ingrese a las débiles viviendas y les atrape a un niño.
Respecto a cómo se lo imaginaba, detalla que es un animal un poco más grande que un ternero, de cuatro patas, cabeza y ojos grandes, dientes largos y filudos, sin cachos y lo peor es que vuela porque se desaparece casi al instante de ser avistado.
“Hace tres días yo anduve en una milpa que tengo en las faldas de aquel cerro y como había llovido en los caminos se miraban las huellas de ese animal y se ve que las manos son como las de un mono y las patas como elefante, pero más pequeñas”, explica el labrador.
Cuando van a sus sembradíos, los agricultores siempre andan acompañados por si acaso el “Chupacabras” les aparece y hacerle frente con machetes, palos y piedras para salvar su vida. También montan a caballo y que no les ataque a ellos, sino que al equino.
Martínez apunta que lo único que les queda es armarse de valor y conseguir refuerzos para salir tras el depredador, porque si ya está llegando a las viviendas a comerse los animales domésticos, después atacará a las personas.
Uno de los vecinos de Sabana Redonda, Inocente Martínez, relata que el “Chupacabras” le mató una perra en su casa, cuando su familia ya había cerrado las puertas, alrededor de las 8:45 de la noche, pero no se atrevieron a salir para auxiliar al can.
Martínez preocupado y llevándose las manos a la cabeza, cuenta que “esa noche que ese animal se llevó mi perra yo tenía una leña en el corredor y me quise levantar porque se me iba a mojar ya que en la noche llueve, pero me dio miedito porque en una casa de allá atrás los perros aullaban como si miraban algo maligno”.
“Lueguito como a los diez minutos escuché aquellos sopapos entre la leña y la puerta de la cocina y luego los lamentos de la perra, y de pronto sólo se oyó que se la llevaba por ese caminito para el cerro, pero quedó un tufo bien feo como a cuero juco”, describe.
MUDOS DEL MIEDO
Siempre andan por los parejos acompañados y a caballo por si les aparece el “Chupacabras.
Para Martínez, fue un momento aterrador que no le quedó más que arroparse bien, poner el oído con mucha atención y luego orar porque sentía el cuerpo pesado y con la lengua media adormecida, al igual que su esposa y sus hijos que se quedaron mudos del miedo.
“Al día siguiente nos levantamos tarde y salimos a ver lo que ocurrió y no quedó ni sangre en la pared ni el suelo y después fuimos a ver esos pinos por donde el animal se llevó la perra y tampoco encontramos señales”, cuenta.
Comenta que eso nunca lo habían vivido y cada día hay más preocupación entre los pobladores porque temen que en cualquier momento se lleve a un niño o un adulto al que encuentre solo o que ingrese a una de las débiles viviendas de bahareque.
Martínez describe al “Chupacabras” como un poco más pequeño que un burro, con cintura delgada, musculoso, pico largo y que en vez de cascos tienes muñecas o manos y la cabeza grande con uñas como si tuviera navajas.
“Andamos con mucho miedo porque creemos que ese animal en cualquier momento nos puede saltar de algún monte y como es bastante rápido no sabemos si nos vamos a poder defender, pero ni modo para eso andamos unos machetes bien filudos y actuar en el momento que nos toque”, asegura.
El pavor se ha apoderado de estos lugares montañosos de tal forma  que cuando una persona no ha sido vista durante el día ya comienzan a pensar que se la comió el “Chupacabras”, además ya hay personas con problemas nerviosos que hasta sueñan con el terrible y extraño ser. (Texto Erlin Cruz/Foto Juan Ramón Sosa).

Fuentes:  La Tribuna.hn

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