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La Messenger finaliza su odisea al estrellarse contra Mercurio

El impacto dejó un gran cráter y puso punto y final a la exploración hasta el 2024
La Messenger finaliza su odisea al estrellarse contra Mercurio
La Messenger finaliza su odisea al estrellarse contra Mercurio
Imagen obtenida por la nave Messenger de la superficie de Mercurio

Después de haber estado en órbita alrededor de Mercurio durante casi cuatro años, finalmente la nave Messenger de la NASA se estrelló contra el planeta cerca de las 21:26 horas. Sin combustible en sus tanques y atraída de forma irremediable por la gravedad del Sol, la sonda aceleró hasta los 14.000 kilómetros por hora y se estrelló en la cuenca de Shakespeare, en el lado que ese momento estaba oculto para la Tierra. Según los cálculos de los científicos, el choque hizo un cráter de unos 16 metros de diámetro, a pesar de que la nave apenas llega a los 485 kilogramos de peso, casi uno por cada millón de euros (414) que ha supuesto la misión.

De esta forma tan dramática la NASA ha puesto punto final a la misión Messenger («Mercury Surface, Space Environment, Geochemistry and Ranging») que, desde marzo de 2011, ha analizado la composición del planeta más cercano al Sol y que ha trazado mapas muy detallados de su desértica superficie, repleta de cráteres y azotada por la radiación. Y lo ha hecho durante más tiempo del previsto, gracias a que los ingenieros han sido capaces de aprovechar al máximo el combustible, y permitiendo además realizar unos hallazgos muy sorprendentes. Los principales salieron a la luz en 2012, cuando la misión encontró grandes cantidades de agua helada y de materia orgánica, los ingredientes básicos de la vida, en los cráteres situados en las regiones polares.

A pesar del punto y final que ha acabado con la nave, los científicos han confesado estar realmente muy satisfechos con la Messenger, porque han sido capaces de multiplicar por cuatro el tiempo de sondeo previsto y de conseguir 250.000 imágenes en lugar de las 2.500 que esperaban en un primer momento. Además, junto a los más de 10 «terabytes» de información recogidos sobre la composición de la atmósfera, la superficie y el comportamiento del campo magnético de Mercurio, la pequeña sonda ha dado un empujón esencial a la hipótesis que sostiene que al menos una parte del agua y la materia orgánica presente en los planetas del Sistema Solar provendría de un intenso bombardeo de asteroides y cometas llegados desde el espacio exterior.
Un viaje de siete años

Pero ha sido toda una odisea. El viaje de ida duró casi siete años e hizo necesario aprovechar la gravedad de Venus para tomar impulso. Una vez allí el panorama no mejoró demasiado, ya que Mercurio está casi tres veces más cerca del Sol que nuestro planeta y por ello está sometido a una intensa atracción gravitatoria y a radiaciones muy dañinas. Esto obligó a los ingenieros a darle a la Messenger un poderoso blindaje capaz de soportar contrastes de temperatura que han llegado a los 280 grados centígrados de diferencia en apenas unos centímetros, y a llevar una altísima velocidad (de al menos 104.607 kilómetros por hora) para evitar caer.

Una vez superada la prueba, John Grunsfeld, uno de los directivos de la NASA en Washington, declaró que en realidad el final de la Messenger «es el comienzo de un viaje más largo para analizar los datos que revelarán los misterios científicos de Mercurio». De momento, habrá que esperar casi una década hasta la misión BepiColombo, preparada por la Agencia Europea del Espacio (ESA), y la japonesa JAXA, lance dos sondas en 2017 y lleguen a Mercurio en 2024. El viaje continúa.

Fuentes: ABC.ES
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La histórica nave Messenger de la NASA se estrellará contra Mercurio a final de mes

La sonda ha cumplido su misión científica después de cuatro años de observación del planeta
La histórica nave Messenger de la NASA se estrellará contra Mercurio a final de mes.
La histórica nave Messenger de la NASA se estrellará contra Mercurio a final de mes
University of colorado boulder
Recreación de la sonda Messenger en la órbita de Mercurio

La sonda Messenger de la NASA llegó a Mercurio en marzo de 2011 tras un viaje de siete años y casi 8.000 millones de kilómetros, convirtiéndose en el primer artefacto humano en orbitar el planeta más cercano al Sol de nuestro sistema. Desde entonces, sus instrumentos han realizado detallados mapas de la superficie de este mundo misterioso, han estudiado su composición, su campo magnético y su casi inexistente atmósfera, arrancando los secretos del planeta. Ahora, le ha llegado su final. La agencia espacial americana ha anunciado que la nave se estrellará contra la superficie de Mercurio el próximo 30 de abril a 12.000 kilómetros por hora tras agotar su propulsor y cumplir su misión científica.

La Messenger caerá en el lado del planeta alejado de la Tierra, por lo que los ingenieros no serán capaces de ver en tiempo real la ubicación exacta del impacto.

Los operadores de la misión en la Johns Hopkins University Applied Physics Laboratory (APL) completaron esta semana la cuarta de una serie de maniobras de corrección de órbita diseñadas para retrasar el impacto de la nave espacial contra la superficie de Mercurio. La última maniobra está programada para el viernes 24 de abril.

«Después de esta última maniobra, finalmente declararemos la nave espacial vacía de propelente, ya que se agota casi todo nuestro gas helio restante», explica Daniel O'Shaughnessy, ingeniero de sistemas de la misión en el APL.

Aunque Mercurio es uno de los vecinos planetarios más cercanos de la Tierra, el planeta era un misterio casi absoulto antes de la llegada de la misión Messenger. «Por primera vez en la historia, tenemos un conocimiento real del planeta, que muestra que es un mundo fascinante», apunta John Grunsfeld, administrador asociado del Directorio de Misiones Científicas de la NASA en Washington.

Agua congelada
La primera misión de la nave cuando alcanzó Mercurio fue orbitar el planeta y recoger datos durante un año terrestre. El buen estado de los instrumentos, suficiente combustible y la aparición de nuevas preguntas sirvieron para diseñar dos extensiones de la misión, hasta completar casi cuatro años y varias primicias científicas.

Un hallazgo clave proporcionó apoyo convincente para la hipótesis de que Mercurio alberga abundante agua congelada y otros materiales volátiles en sus cráteres polares permanentemente en sombra. Los datos indicaron que el hielo en las regiones polares de Mercurio sería de más de dos kilómetros de espesor. Por primera vez, los científicos comenzaron a ver con claridad un capítulo en la historia de cómo los planetas interiores, incluida la Tierra, adquieren el agua y algunos de los componentes químicos básicos para la vida.

Una capa oscura que cubre la mayor parte de los depósitos de hielo de agua apoya la teoría de que los compuestos orgánicos, así como el agua, llegaron desde el exterior del sistema solar hasta los planetas interiores y pueden haber dado lugar a la síntesis química prebiótica y, en consecuencia, a la vida en la Tierra.


Fuentes: ABC.ES
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