viernes, 1 de mayo de 2015

El Arca de la Alianza: ¿Fotografiada en Etiopía y robada años después?

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Hace unos años, surgieron revelaciones sobre la localización del Arca de la Alianza y hasta una supuesta evidencia fotográfica. La persona que afirmó haber visto e incluso fotografiado, lo que él cree fue el Arca, es Giuseppe Claudio Infranca.
El Arca de la Alianza.
Giuseppe Claudio Infranca, arquitecto y profesor de restauración arquitectónica y arqueológica de la Universidad de Roma “La Sapienza”, Palermo, Reggio Calabria y el Politécnico de Bari ha escrito un libro sobre su experiencia increíble personal, relativa a la Arca Santa.

Él, a raíz de una misión arqueológica y de restauración de CNR en el Parque Obelisco de Axum, fue invitado por el clero local para visitar el Santuario de Santa María de Sión, gravemente dañada por los bombardeos en la cobertura de la guerra civil de Etiopía.
Iglesia de Santa María de Sión
Iglesia de Santa María de Sión. Crédito: sacredsites.com



Giuseppe Claudio InfrancaEn ese breve visita, Giuseppe Claudio Infranca se introdujo subrepticiamente en el Sanctasanctórum, que revela la presencia del Arca bíblica del Pacto.

Según sus declaraciones él estuvo en el lugar por 15 minutos aproximadamente. Desde el primer momento logró ver una pieza de oro macizo cubierta con un manto grueso y de color rojizo. También declaró haber tocado el manto, y percibido que se trataba de un tejido muy antiguo, grueso y pesado. Además afirma que minutos después de haber ingresado al recinto, comenzó a sentir un fuerte dolor de cabeza y un zumbido que se prolongó por varias horas. Pero, él fue sorprendido por un niño y un anciano (al parecer encargados de cuidar el lugar), sin embargo momentos antes pudo tomar una fotografía. Durante años, prefirió ocultar la increíble historia de la que fue protagonista.

Esta es la fotografía que, según Giuseppe Claudio Infranca, tomó aquel día:
Supuesta Arca de la Alianza fotografiada por Giuseppe Infranca.
Supuesta Arca de la Alianza fotografiada por Giuseppe Infranca en la cripta de Santa María de Sión en Axum.



En la parte superior de este artefacto, se puede ver (también según declaraciones de Giuseppe Infranca) parte de un ala de los dos querubines que pueden verse en todas las representaciones existentes del Arca.

Un aspecto que siempre ha fascinado a los estudiosos de este hecho bíblico e histórico, es que según escritos, quien se acercara al Arca o la toque moriría o sufriría graves consecuencias. Muchos investigadores plantearon que la gente que se acercaba a ella moría electrocutada o por exposición a algo similar a la radiación. Tal fue el caso de Ozías, relatado en el Antiguo Testamento, quien cogió el Arca con sus manos durante su transporte en la Ciudad Santa en un intento de evitar la zozobra debido al balanceo del vagón en el que se transportaba. La Biblia dice esto:

“… la ira del Señor se encendió contra Ozías, el Todopoderoso le golpeó por su pecado, y murió en el acto en el arca de Dios.”


Giuseppe Infranca luego de tener ese constante zumbido y después de haber padecido ese fuerte dolor de cabeza, afirma haber ido a un médico, el cual diagnosticó que estuvo expuesto a ultrasonido, es decir a una una onda acústica o sonora cuya frecuencia está por encima del umbral de audición del oído humano (aproximadamente 20.000 Hz). Sin duda algo curioso y que tendría algo que ver con los escritos antiguos que dicen que el Arca era un arma letal.

Giuseppe Infranca escribiría un libro llamado “El Arca de la Alianza – El tabernáculo de Dios – Diario de un descubrimiento”, relatando todo lo vivido en aquella singular experiencia.

¿Cómo llegó al Arca a Etopía?

En 1992 el escritor Graham Hancock, publicó un texto extremadamente desconcertante cuando, después de años de averiguaciones e investigaciones de campo, dio a conocer al mundo occidental una tradición etíope a la que pocos parecían haber prestado el interés requerido. La obra de Hancock se basa en una creencia muy antigua de Etiopía y codificada dentro de uno de los libros más sagrados de este pueblo, el Kebra Negast.

El Kebra Nagast o Libro de la Gloria de los Reyes de Etiopía, es una crónica pretendidamente histórica de los reyes de Etiopía, que remonta su genealogía hasta Menelik I, hijo del Rey Salomón y de la Reina de Saba, y contiene una serie de tradiciones sobre la monarquía etíope.

El Kebra Nagast, hizo su primera aparición a finales del siglo XIV y cuenta cómo Menelik había robado el Arca del templo de su padre, apoyado por un grupo de judíos religiosos rebeldes.

El destino final de la reliquia sería la ciudad de Axum, donde se mantendrían por siglos y en donde supuestamente seguiría hasta hoy (tal como afirma Giuseppe Infranca, y si no ha sido robada) en la iglesia de Santa María de Sión.

Los judios de Etiopía, o los Falashas de Menelik, se convertirían así en los guardianes eternos del símbolo tangible del Pacto Alianza entre Dios y Moisés.



El supuesto robo del Arca de la Alianza

 En el año 2014 una noticia (aunque no tan difundida y no confirmada) sacudió algunos rincones del internet.

El Patriarca de la Iglesia Ortodoxa Etíope Tewahedo, Su Santidad Abuna Mathias, anunció en noviembre (2014) que el tesoro bíblico más preciado en el mundo, el Arca de la Alianza, ha sido robada del sótano de la Iglesia de Nuestra Señora María Sión.
El Tesoro del Arca de la Alianza Axum, Etiopía
El Tesoro del Arca de la Alianza Axum, Etiopía. Crédito: sacredsites.com


Se dijo que la operación criminal, fue llevada a cabo por un grupo de de doce a dieciséis personas altamente cualificadas que llegaron en dos helicópteros militares negros. La nave aterrizó a menos de 500 metros de distancia de su objetivo y se supone que vino de Oriente.

Los hombres vestían uniformes negros de estilo militar y parecían moverse como una unidad de ejército bien coordinada. Poseían equipos para visión nocturna y armados con armas de grueso calibre que les dio una ventaja increíble sobre las fuerzas de seguridad locales.

De hecho, la protección del Arca había sido dejado a un grupo de voluntarios entrenados, ya que la antigua estructura sagrada tendría que protegerse de las personas con intenciones impuras. Por esta razón, la Iglesia ha decidido aplicar una mayor seguridad .

Así, once guardias y voluntarios armados con fusiles Kalasnikov (AK-47) presentes en el lugar para defender el Arca fueron neutralizados por los delincuentes con algunas granadas de alta tecnología, que emitió un raro tipo de gas para dormir sobre la base de opio.

Los delincuentes estaban provistos de todo lo necesario para realizar un trabajo rápido y efectivo. Utilizaron martillos neumáticos y explosivos para ensanchar los pasillos en varios pasajes en los conductores de catacumbas Ark, con el fin de extraer el gran cofre de la bóveda subterránea.

Toda la operación se completó en menos de una hora, un tiempo increíblemente corto teniendo en cuenta el número de obstáculos que superar. Esta increíble eficiencia sugiere que los ladrones se entrenaron en repetidas ocasiones.

Durante mucho tiempo, la Iglesia ortodoxa etíope ha dicho que posee el Arca de la Alianza, pero sólo recientemente se ha llegado a saber que se conserva en una capilla de la pequeña ciudad de Axum, en la sierra norte del país.


Ante la sorprendente noticia y la no confirmación de tales hechos no se puede afirmar que el Arca haya sido robada, pues tampoco existe confirmación de que la misma se encuentre en Etiopía. Como estrategia para despistar curiosos es genial, pues me resulta impensable que revelen en donde se encuentra una de las reliquias religiosas más buscadas de la historia, y codiciada por muchos personajes debido a toda la serie de historias extraordinarias que rodean al Arca de la Alianza.



Artículo elaborado por: Fernando Távara.

Fuentes de consulta:

Libro L’Arca dell’Alleanza. Il tabernacolo di Dio – di Giuseppe Claudio Infranca. Youtube

Fuentes: serbiblu.blogspot.com

martes, 28 de abril de 2015

El convoy de la muerte de Cieza

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Hace posiblemente unos dos años se habló en nuestro programa de la 'Nave del Misterio' de un trágico suceso acaecido en plena guerra civil. Os pongo el articulo como recuerdo y porque se han encontrado muchísimos más datos que aclarecen el incidente. Aunque en plena guerra civil, por esas fechas la provincia de Murcia veía transcurrir sin grandes sobresaltos los avatares de la contienda, pues los frentes de combate estaban muy alejados, y tan solo se padecían ataques aislados de la aviación, y algún bombardeo desde barcos situados frente a las costas de Cartagena.


La región centraba su participación, principalmente, en suministrar alimentos y en aportar sucesivas levas de hombres a los lugares de lucha. En este contexto, la tarde del 15 de junio de 1937 partió desde la estación ferroviaria de Cartagena el tren correo ascendente con destino a Madrid, tratando de eludir los bombardeos que la aviación enemiga efectuaba de vez en cuando, como hemos documentado que ocurrió uno de estos días, cuando dejaron caer su mortífera carga sobre una ladrillera de Pozo Estrecho, próxima al tendido ferroviario, al confundir los aviadores las luces de la factoría, con un tren que viajaba durante la noche.

Vuelos que se adentraban en ocasiones hasta distancias considerables, como ocurrió en el caso que nos contó Joaquín Gómez Carrillo, quien refiere haber oído relatar a un anciano de 90 años, que cierto día intentaron bombardear un tren, deteniéndose éste para evitarlo, en el interior de un túnel existente en Agramón.

Y ante el fallido intento, y la peligrosidad de regresar a su base y aterrizar con la mortífera carga, descargaron sus bombas sobre campos del término de Cieza. En tanto que el convoy ferroviario hacía su ruta, otro convoy formado por diversos camiones militares seguía parecida ruta por carretera. Tal recorrido cruzaba por entonces la ciudad de Cieza, y al paso por la localidad, muy cerca de la media noche, según el relato de Gómez Camacho, recogido de boca de testigos presenciales, circulaba por la calle Mesones un convoy militar formado por varios camiones con dirección a Madrid, todos cargados con material de guerra.

Uno de estos camiones, al pasar por la esquina del Convento, se desvió unos minutos, y el conductor y su acompañante preguntaron a uno de los pocos transeúntes que en aquellas horas pasaban por allí, si había cerca alguna taberna o bar, para comprar una botella de ron. Uno de los vecinos se prestó amablemente, acompañando de inmediato a dicho militar, de graduación sargento, al más cercano y conocido, el bar de Isidoro sito en la calle San Sebastián; donde le atendieron rápidamente, puesto que el hombre tenía prisa, tanta, que una vez servida la botella salió sin tomar las vueltas del billete.

Una vez dentro del camión, partieron a toda velocidad, para dar alcance a sus compañeros, cosa que jamás conseguirían. Pero antes de que llegasen al paso a nivel de Los Prados, estuvieron a punto de adelantar la tragedia, dentro del mismo casco urbano de Cieza.

El malogrado camión, con aquella carga tan peligrosa de bombas y explosivos, según relato de unos vecinos –que también estuvieron al borde de la muerte aquella noche, dentro de un radio de muchos metros–, cuando salió de la Esquina del Convento a toda velocidad, por la calle Mesones, al llegar a la Esquina de la Villa y Puerta del Sol (actualmente principio de Ramón y Cajal), como era de noche y el alumbrado público tampoco era bueno por la precariedad impuesta por la guerra, el conductor confundió la ruta a seguir, encaminándose en dirección a la bajada recta, hacia la Cuesta de la Villa, aunque aquel soldado conductor, de puro milagro pudo hacerse con el volante a tiempo y doblar la curva, librándose por centímetros de estrellarse en la acera de enfrente o en las casas de abajo.

Por lo que si el camión, con exceso de velocidad y su peligrosa carga hubiera explosionado en este lugar, y dada la avanzada hora de la noche, cuando muchas familias ya se encontraban en sus casas, la mayoría en la cama, entonces hubiera sido una verdadera catástrofe.

Pero gracias a su habilidad se salvaron muchas vidas. En cambio, la suya la prolongó unos momentos solamente, porque la suerte ya estaba echada y minutos más tarde, camión, conductor y acompañante, volaría por los aires hechos añicos. Los Prados (Cieza). Lugar del accidente

EL LUGAR DEL SUCESO
La carretera general Cartagena-Madrid, atravesaba el tendido ferroviario por un punto situado a unos cuatro kilómetros más arriba de Cieza, en el paraje conocido por Los Prados, muy próximo a la denominada Rambla del Judío; exactamente en el Km. 344.

Existía allí un caserío más o menos diseminado, entre cuyos edificios destacamos una posada, donde moraba el matrimonio formado por Paco y Piedad, con sus hijas María, Piedad y Lola; la casilla del guardabarreras; y la casa de Encarnación Salmerón Villalba «la Cazanta», cuya dueña tenía arrendado al Ayuntamiento una de sus habitaciones (tal vez toda la casa), para que sirviese de escuela rural, clases que eran impartidas por un maestro de nombre don Jesús. Dicha mujer ejercía de guardabarreras desde las seis de la mañana hasta las dos de la tarde, y solía dormir en la propia casilla con la familia del guardabarreras.

Estaba formada ésta por:Juan Antonio Téllez Salinas, natural de Cieza, hijo de Juan Téllez García yde María Salinas Carrasco; quien tras haber trabajado de bracero en Alguazas durante algunos años, logró emplearse en la compañía de ferrocarriles, acabando por ejercer de guardabarreras en Los Prados, de diez de la noche a seis de mañana siguiente. Poseía el carné de ferroviario núm. 10.763.
Juan Antonio Téllez Salinas, guardabarrera María Martínez Sánchez, nacida en Cieza el 5 de enero de 1888, hija dePascual Martínez Herrera y de María Josefa Sánchez Massa. Había casado con Juan Antonio Téllez Salinas, y ejercía de guardabarreras en Los Prados (Cieza), de 14 a 22 horas.

María Martínez Sánchez, guardabarrera
Juan Téllez Martínez.- Nacido en 1920; hijo de Juan Antonio Téllez Salinasy de María Martínez Sánchez. Juan Téllez Martínez María Téllez Martínez.- Nacida en 1922, que casó posteriormente con JoséBernal, nacido en Cieza, cuñado de «el Dioso». Pascual Téllez Martínez.- Nació en 1924; hijo de Juan Antonio Téllez Salinasy de María Martínez Sánchez. Antonio Téllez Martínez.- Nacido en Alguazas el 16 de febrero de 1927, hijode Juan Antonio Téllez Salinas y de María Martínez Sánchez; y, Carmen Téllez Martínez.- Nacida en Alguazas el 16 de julio de 1928, hija deJuan Antonio Téllez Salinas y de María Martínez Sánchez. Bautizada en la Iglesia parroquial de San Onofre, de Alguazas, donde le impusieron los nombres de María Josefa del Carmen.

EL ACCIDENTE
El convoy militar consiguió atravesar sin dificultad el paso a nivel, antes de la llegada del tren correo, excepción hecha de la última unidad, que tras detenerse en Cieza, tal y como hemos relatado, circulaba a toda la velocidad posible hacia este punto fatídico.

Primeramente atravesó la vía por un cruce elevado (puente), para poco después hacer lo contrario dirigiéndose al paso a nivel en su camino hacia el fondo de la rambla, la que debía atravesar, pues el tren la sorteaba por medio de un puente de hierro.

Cuando llegó el vehículo retrasado, Juan Antonio Téllez había colocado la primera cadena, la situada a poniente, y se disponía a echar la segunda. En su alocada carrera, el conductor del camión, cuando pudo frenar percatado de la luz roja que en su mano portaba el ferroviario, lo hizo sobre las propias vías, ante la sorpresa del guardabarreras y los gritos de éste.

El militar insistió en su pretensión, y ante la negativa del encargado del paso a nivel le amenazó con una pistola a que le abriese paso o lo mataba. En el acaloramiento de la discusión, y con el ruido del motor del camión, la locomotora avanzó inexorablemente tomando velocidad, pues hacía poco que había salido de la estación, hasta empotrarse con el obstáculo que se interpuso en su camino.

Si el choque de por sí no fuese suficiente, la peligrosa carga transportada por el camión, consistente en explosivos, municiones y bombas de aviación, multiplicó la violencia de manera extraordinaria, hasta el punto de que el vehículo militar voló por los aires, incluyendo en la voladura la casilla del guardabarreras, la escuela próxima y otros edificios.

La onda explosiva alcanzó considerable distancia, ocasionando la ruptura de cristales en algunas ventanas de zonas bastantes alejadas. En el silencio de aquellas horas, el sonido de la detonación llegó hasta las localidades próximas, y en la propia Cieza todo el mundo supuso que la aviación de los nacionales estaba bombardeando el pueblo.

La oscuridad de la noche acrecentó la angustia de los heridos y demás supervivientes, y cuando pudieron reaccionar, entre gritos, llantos y lamentos, se pudo percibir que la locomotora había quedado volcada fuera de las vías, algunos de los vagones totalmente destrozados por la metralla, y el resto de las unidades con diversos daños de consideración.

Aquello ofrecía un panorama dantesco y estremecedor, según relataron algunas personas que acudieron a prestar ayuda en los primeros momentos, como en el caso tan doloroso y conmovedor, de escuchar al pobre maquinista, atrapado entre los hierros de la máquina, que pedía socorro entre alaridos de sufrimiento, porque sobre su cuerpo caía agua hirviendo procedente de una tubería de la locomotora.

Si el malogrado camión, sus ocupantes y el guardabarreras, desaparecieron como por encanto, algo parecido ocurrió con la casilla donde dormía la familia del ferroviario, la cual quedó seccionada totalmente, y sólo se salvaron María Martínez, la mujer, y María y Carmen, las dos hijas, aunque con Carmen Téllez Martínez, heridas de consideración. en su juventud.

AUXILIO A LAS VÍCTIMAS
En auxilio de los supervivientes se movilizó un gran despliegue desde los primeros momentos. Ocupaba por entonces la Alcaldía-Presidencia del Consejo Municipal de Cieza, Antonio García Ros, quien dio parte, inmediatamente que tuvo conocimiento del suceso, a Vicente Sarmiento Ruiz, Gobernador Civil de Murcia por el Frente Popular. Precisamente había llegado a Murcia a las siete y media de la tarde, procedente de Orihuela, a cuya ciudad acudió a recibirle una comisión murciana.

El camarada Sarmiento era Diputado socialista por Málaga e Inspector Provincial de Sanidad. Médico de profesión, trajo consigo como Secretario particular a Francisco Blanca Navarrete, Vicesecretario de la Federación provincial Socialista de Málaga.

A la media hora de su llegada a la estación de Murcia, tomaba posesión en su cargo, ocupado hasta entonces por Jesús Cobarro, como Gobernador interino. Tras los naturales agasajos y consumir su primera cena en Murcia, siendo como era aquella una noche de verano, tal vez no había llegado aún a tenderse en la cama cuando recibió la noticia remitida desde Cieza, por vía telefónica o telegráfica. Inmediatamente partió hacia el lugar de los hechos, acompañado por el citado Blanca Navarrete, el Alcalde de la capital, el Vicepresidente del Consejo provincial, el Comisario de Policía, el doctor Sanmiguel y fuerzas de Asalto.

Tan pronto el señor Sarmiento llegó al paraje de los Prados y fue informado con detalle por las autoridades de Cieza, tomó el mando de la situación y ordenó cuantas disposiciones estimó oportunas; secundado por su Secretario particular, quien estuvo realizando gestiones telefónicas para coordinar los servicios sanitarios.

Aunque al lugar había acudido ya personal sanitario diverso y fuerzas de Asalto, se recabó de los pueblos inmediatos cuanta ayuda pudiesen prestar, y aún a los de la ciudad de Murcia.
Periódico, NUESTRA LUCHA

Por diversas informaciones obtenidas, podemos anotar la presencia humanitaria del Delegado Gubernativo en Cieza, el Alcalde, el Juez de 1ª Instancia, el Responsable de la policía con fuerzas de la misma, el Sargento del Destacamento de Asalto y fuerzas a su mando, y el Responsable de la Guardia Nacional Republicana de ésta; quienes con la ayuda de los primeros ciudadanos que se personaron y muchos de los viajeros ilesos de dicho tren, se procedió al traslado al Hospital Militar local de los viajeros más gravemente heridos.

A la llegada de estos ya se hallaban en dicho establecimiento, dispuestos a practicar las primeras curas, los médicos de la localidad don Julián Pérez Cano, don Antonio Rancaño e hijo, don Mariano Camacho, don Jesús Fernández, don Vicente Jordán y don Pedro Rabadán, con los practicantes, don Federico Fernández, don Juan Ros, don Antonio Buitrago y José Lucas.

Con ellos, las enfermeras María Toledo Medina, Luisa Cánovas, Teresa Babón, Prudencia Cabrera, Salud Cayuela, Augusta Cánovas y Micaela Martínez, y el estudiante de medicina Carmelo Torres, quienes con todo celo practicaron las oportunas curas de urgencia.

Desde otros lugares se personaron de manera espontánea:
•   Los cinco médicos titulares de Calasparra, con un farmacéutico y un practi-cante, los cuales se unieron a la cura de los heridos.
•   El médico de Abarán don Joaquín Martínez Gómez, titular en dicha villadesde 1932, acompañado de los practicantes José Gómez Tornero, conocido como «el Rubio practicante», y Antonio Tenedor Tornero, padre del emérito poeta Humberto Tenedor.
•   El Director del Hospital Militar de Fortuna, don Humberto Sanz, con dosambulancias, camillas, personal médico y auxiliar, que rápidamente procedieron a los auxilios necesarios.
•   El Director del Hospital Militar de Archena, don Luis Pastor, con dos ambu-lancias, camillas, material sanitario y personal médico y auxiliar.
•   Desde Murcia también llegó personal sanitario, que se encargó no solo deprestar auxilios sobre el terreno, sino de evacuar algunos heridos a la capital del Segura, como fue el caso de Carmen, una de las niñas del guardabarreras, trasladada a la clínica del doctor don Ramón Sánchez Parra, pues resultó con diversas heridas graves en la cabeza, metralla en la pierna izquierda y rotura del brazo derecho, en el que aún se aprecia una ostentosa cicatriz.

Con la llegada de las primeras luces del nuevo día, se pudo comprobar la verdadera magnitud de la catástrofe, pues los restos humanos y del camión militar se extendían por un amplio espacio en torno al «punto cero», alcanzando la metralla y restos humanos un radio de muchos metros; a lo que debemos añadir también los daños que sufrieron las casas más cercanas, y algunas más alejadas, en sus ventanas y tejados. Incluso en el casco urbano de Cieza, según relata Gómez Camacho, aquella potente onda expansiva produjo muchas roturas de cristales en ventanas y escaparates, como asimismo que infinidad de botellas y vasos cayeron al suelo desde sus cornisas.

También refiere, que dada la cantidad de viajeros –en su mayoría militares–, que ocupaban a tope los compartimentos del tren en aquella calurosa noche de verano, en una de las ventanillas iba un joven guardia de asalto, con la mitad de su cuerpo fuera de vagón, disfrutando del frescor de la noche, y al producirse la potente explosión, a consecuencia de la tan cercana onda expansiva, el distraído guardia salió disparado como un proyectil, cayendo a varios metros sobre los grandes matojos que suelen crecer en los terraplenes de la vía; por lo que de puro milagro salvó su vida, y sólo resultó dolorido y magullado por la descomunal caída.

El primer recuento, efectuado a las seis de la mañana, arrojaba la cifra de cinco personas muertas y 101 heridas. Ningún dato posterior, tanto del propio Ayuntamiento de Cieza, como del Gobierno Civil o de la prensa regional, añadieron información alguna a lo reseñado; pero las víctimas fueron muchas más.

Según nuestras investigaciones, en el libro de defunciones del Registro Civil de Cieza hemos localizado hasta catorce fallecidos en el paso a nivel, sin que podamos concretar la cifra definitiva, dado que algunos fallecerían posteriormente a causa de las heridas, bien en Cieza o en otras localidades a donde fueron evacuados.
A lo que debemos añadir, que la filiación de algunas de las víctimas no se pudo conocer en los primeros momentos, ni aún en los días siguientes, pues como muy bien refleja dicho libro de defunciones, aún a mediados de agosto se efectuaba la inscripción de alguno de los fallecidos el citado 15 de julio.

MUERTOS Y HERIDOS

La relación de muertos que hemos podido documentar, todos inscritos en el correspondiente libro del registro civil, a partir del folio 147, es la siguiente:
1.     Fernando Rubio Cayuela.
2.     José María Navarro Reche.
3.     José Baños Bastida.
4.     Juan Téllez Martínez.
5.     Pascual Téllez Martínez.
6.     Pedro Gallardo Chico.
7.     Blas Valdés Pérez.
8.     Manuel Fontalba Quirós.
9.     Luis Gómez Lucas.
10. Benigno Ramiro Ortega, mozo de tren.
11. Félix Cabanillas Fernández, fogonero.
12. Juan Antonio Téllez Salinas, ferroviario.
13. Francisco Canales Laguna, jornalero.
14. José David Roca.

Tampoco ha sido posible determinar el número real de heridos, muchos de los cuales a causa de la levedad de sus lesiones, marcharían directamente a sus destinos tras la primera cura. Otros, los más afectados, fueron distribuidos entre diversos centros sanitarios, cuya dispersión hace aún más difícil cualquier intento por conocer cifras reales. No obstante, debió rebasar de los doscientos la cifra de heridos.

INFORMACIONES OFICIALES SOBRE LO SUCEDIDO

La situación de guerra puede considerarse como la causa principal para que la información fuese prácticamente nula en aquellos días. El conocimiento de la realidad podía ser aprovechado, tanto fuera como dentro de la zona de ocupación republicana, para reivindicarlo como un atentado, un sabotaje o simplemente como el fruto de una acción protagonizada por la aviación de las llamadas fuerzas nacionales.

Por ello, salvo el caso del semanario LIBERTAD, ningún otro medio regional se hizo eco de lo sucedido, cosa que habría sido natural y casi obligada en cualquier otro momento, limitándose tan solo a reseñar breves declaraciones efectuadas a los medios informativos por el Gobernador Civil, y siempre dentro del contexto de informaciones de otro tipo.

La relación de estos sueltos se inicia con la rueda de prensa efectuada el jueves 15 de julio a mediodía, donde Vicente Sarmiento, dijo entre otras cosas ajenas al tema que nos ocupa, que tan pronto tuvo noticias de lo sucedido se trasladó a Cieza, donde permaneció hasta las primeras horas de la madrugada. Que le acompañaron diversas personas, y procedió a la prestación de auxilios y a la reorganización de los servicios.

Seguidamente comentó, qué autoridades habían acudido al lugar, y se mostró satisfechísimo de la reacción de los pueblos limítrofes en la prestación de auxilios, como igualmente de los elementos sanitarios y de la Policía.
Finalmente participó a los periodistas, que se había puesto en comunicación con el Ministro de la Gobernación, al que dio cuenta del meritísimo comportamiento de los pueblos y de todas las autoridades.

No se le olvidó matizar, que había sido un suceso puramente casual, donde hubo que lamentar algunos muertos y heridos. El día siguiente, sábado 17, manifestó escuetamente a los periodistas, que le interesaba públicamente hacer resaltar la labor humanitaria, la abnegación y eficacia de los servicios de vigilancia y de auxilio a los heridos, que prestaron las fuerzas de Asalto de la capital, durante la noche y madrugada del miércoles, en el desgraciado accidente ocurrido en Cieza, de lo cual se hallaba satisfechísimo, y lo destacaba para conocimiento de la provincia.

Hasta el martes día 20 no hay nuevas informaciones, informando entonces, de manera escueta y lacónica, que se había interesado vivamente por el estado de los heridos, y que la mayoría de ellos habían experimentado notable mejoría. La información en las Actas capitulares del Consejo local de Cieza, no refleja absolutamente nada de lo sucedido, al menos desde el 15 de julio de 1937 hasta el mes de abril de 1938.

El día 16 de julio había prevista sesión, pero no se pudo celebrar por falta de quórum, volviéndose a citar a los consejeros para efectuarla el domingo día 18. En la sesión del tres de septiembre siguiente, se aprobó el recibo de gasto presentado por Francisco Lucas, por importe de 45 pesetas, por dos entierros, de uno del Asilo, y de otro muerto por el tren. Pero no creemos que este segundo lo fuese en aquel accidente.

Tan solo hemos localizado tres referencias que servían a nuestro interés, la primera de ellas en la sesión del 16 de octubre de 1937, donde se aprobó la cuenta presentada por Isidoro Gil, por importe de 355’80 pesetas, valor de las bebidas servidas para el refresco del Gobernador Civil de esta provincia en su visita a esta Ciudad.

La segunda es de tres de noviembre, cuando el Consejo municipal aprobó la cuenta presentado por José Avellaneda, del bar Castellano, de 8’85 pesetas, «importe de consumición servida el día 15 de julio próximo pasado, durante la estancia en ésta del Excelentísimo Sr. Gobernador Civil de la provincia».

Finalmente, una tercera el 18 del mismo mes y año, donde la Presidencia manifestó, «que a consecuencia del accidente ferroviario del correo ascendente de Cartagena a Madrid, acaecido el mes de julio, en el paso a nivel de los Prados, resultó destruido el edificio, sito en este paraje, propiedad de Manuela Salmerón Villalba, en que había instalada una escuela rural, cuyo alquiler venía satisfaciendo este Consejo Municipal; y ante mencionada circunstancia, era de parecer que debía cesar el pago del indicado inquilinato, reconociéndose éste a la dueña del inmueble solo hasta 15 de julio del año en curso; a lo que prestaron su conformidad los reunidos».

Pese a este vacío de información, el Alcalde, Antonio García Ros, hizo público un manifiesto, cuyo texto íntegro insertamos en el Apéndice Documental, donde tras aclarar que el camión iba cargado de bombas del servicio de Aviación, mostraba su satisfacción, pues el pueblo en masa había acudido «al sitio del siniestro, haciendo los más denotados esfuerzos en ayuda de todos los afectados por el mismo».

Añadiendo, que «con rapidez, verdaderamente inexplicable, llegó también al trágico lugar personal sanitario, técnico y obrero de incontables pueblos de esta provincia, de la de Albacete y de Alicante, que rea1izaron incansables trabajos en el salvamento de los viajeros». Expresando al final de dicho escrito, que el «Consejo Municipal, hondamente dolorido ante la irreparable catástrofe, con la mayor emoción expresa por medio de estas líneas a todos los que contribuyeron a salvar a las víctimas del suceso, su más sincera y cordial gratitud e ilimitado reconocimiento».

La parquedad de noticias relacionadas, también se pone de manifiesto en el Ayuntamiento de Murcia. El pleno convocado para el dieciséis de julio fue presidido por el Gobernador Civil, quien en su alegato previo tuvo un elogioso recuerdo para el Alcalde de Málaga, «muerto por los fascistas», pero ignoró totalmente cualquier mención al accidente de Cieza, ni el más mínimo recuerdo u homenaje para las víctimas.

En idéntico sentido se expresaron los diversos portavoces de las fuerzas políticas representadas. En las actas de las siguientes sesiones plenarias examinadas, hasta el fin de la contienda, tampoco figura ninguna referencia. Aparte de los muertos y heridos, muchas otras personas se vieron afectadas a consecuencia de lo ocurrido, en mayor o menor grado.

Sirva como leve muestra, el anuncio que el viernes 23 de julio insertó EL LIBERAL: Anuncio: Pérdida. Roque Moya García, ha extraviado en el accidente de Cieza, la cartilla militar conteniendo metálico, rogando a la persona que la encuentre lo entregue en Comisaría.

Curiosamente, al buscar entre los restos de la casilla, lo primero que apareció fue una carterita conteniendo el carné de ferroviario del desgraciado Juan Antonio Téllez Salinas, objeto que la familia conserva aún como preciada reliquia, en una caja de terciopelo de color azul.

Han pasado muchos años desde entonces, y es lógico que ante la falta de documentación de aquel suceso, hoy en día apenas nadie recuerde nada. Incluso en fechas próximas, como escribe nuestro socorrido informador, Carrillo Camacho, aquello fue un caso estremecedor, pero dado que estábamos en plena guerra, aquel accidente pronto pasó al olvido, pues se prestaba mayor atención a las constantes bajas de militares y civiles (los primeros en los frentes y los segundos en los bombardeos de ciertas poblaciones de la “media España”.

Cartera con el carné de ferroviario del guardabarrera

En su momento se celebró el obligado juicio, con resultados irrelevantes. Posteriormente, acabada la guerra, la viuda del guardabarreras, y superviviente de la catástrofe, solicitó en 22 de mayo de 1947 por medio de una de sus hijas, del Jefe del Estado, la concesión de una pensión subsidiaria, por entender que así le correspondía por haber muerto en acto de servicio, pero la repuesta del Director General de Ferrocarriles, a quien se trasladó la solicitud, fue en sentido negativo:
…«siento manifestarla que, a pesar del interés en complacerla, dada la conducta ejem-
plar de su difunto padre, no es posible acceder Carmen Téllez Martínez, a ello, ya que, según me manifiesta la Red en imagen reciente Nacional de los Ferrocarriles Españoles, no llevaba el tiempo reglamentario para adquirir el derecho a tal pensión».

Oficio del Ministerio de Obras Públicas, denegando la pensión para Carmen Téllez Años más tarde, de acuerdo con las leyes emanadas tras la instauración del sistema democrático, Carmen Téllez solicitó del Director General de Política Interior, al amparo del Real Decreto Ley 43/1978 de 21 de diciembre, una de las pensiones establecidas para los que sufrieron lesiones y mutilaciones en la guerra civil española, por no haber percibido ningún beneficio de la Ley 5/1976 de 11 de marzo, ni del Decreto 670/1976 de 6 de marzo.

Aduciendo en su favor, mediante Acta Notarial, las lesiones recibidas el 14 (sic por 15) de julio de 1937, en el punto kilométrico 406,764 de la línea del ferrocarril Madrid – Cartagena, en el término municipal de Cieza. Ahora, cuando la susodicha Carmen cumple setenta y nueve años de edad, hemos querido entregarle como obsequio el resultado de nuestra investigación, recuerdo de aquel amargo aniversario que no pudo celebrar el fatídico 16 de julio de 1937, cuando cumplió nueve abriles.

APÉNDICE  DOCUMENTAL I

EL CHOQUE DELTREN EN EL PASO A NIVEL DE LOS PRADOS EN
CIEZA (Reseña publicada por Joaquín Gómez Camacho, en su libro El madroñero y la Piedra del gallo. Cieza, 2005; pág. 56).

Un accidente fortuito que costó muchas vidas, y que por puro milagro no llegó a convertirse en una tragedia mayor. Ocurrió cuando en una calurosa noche del mes de agosto de 1937, segundo año de nuestra Guerra Civil, dio la fatalidad, como otras tantas de la vida, que el tren correo, a su regreso de Cartagena a Madrid, a las doce de la noche, chocara con un camión militar cargado de explosivos y bombas de aviación, en el lugar o paraje conocido de «Los Prados», al borde de la Rambla del Judío, donde había un paso a nivel de la carretera general en su kilómetro 344 con la vía férrea.

Pues el hecho ocurrió de la siguiente forma, según versión de los testigos oculares, entre ellos un hombre mayor, amigo de mi padre, un tal Cañamón, que era empleado en la gasolinera que había en la Esquina del Convento, a menos de cuarenta metros de la antigua Posada de la Sorda, luego Banco de Murcia (y actualmente Banco de Valencia).

Pues como la carretera general, su itinerario era éste, pasando por la calle Mesones, la mencionada noche de los hechos, al pasar por ésta un convoy militar de varios camiones con dirección a Madrid, todos cargados con material de guerra, uno de estos camiones, al pasar por la Esquina del Convento, se desvió unos minutos, y, tanto el conductor como sus acompañante, preguntaron a uno de los pocos transeúntes en aquellas horas si había por allí cerca alguna taberna o bar para comprar alguna botella de ron.

Por lo que este vecino, de inmediato, acompañó a aquel militar, de graduación sargento, al más cercano y conocido Bar de Isidoro en la calle San Sebastián, donde le atendieron rápidamente, puesto que este hombre tenía prisa, tanta que una vez servida la botella, salió sin tomar las vueltas del billete. Y una vez dentro del camión, salieron a toda velocidad para dar alcance a sus compañeros, cosa que jamás se iba a conseguir, porque la fatalidad quiso dar cita a la hora exacta al tren y al camión.

Pues lo que pasó después no se supo, porque ninguno de estos quedó con vida para contarlo. Pero según opinión de personas competentes en estos casos, esto no tuvo otra explicación, sino que estos hombres, en su precipitación por dar alcance a sus compañeros del convoy, que les aventajaban ya varios kilómetros, quizá ellos, a aquellas horas de la noche, no se dieron cuenta ni de la barrera ni del tren, que confrontaban a décimas de segundo.

Lo cual produjo el choque fatal entre ambos que motivó tantos muertos y heridos. Pues el tren también recibió lo suyo, quedando varias unidades fuera de la vía, algunos vagones totalmente destrozados por la metralla, y la máquina volcada fuera de sus raíles.

Aquello ofrecía un panorama estremecedor, contado por personas que acudieron a prestar ayuda en los primeros momentos, como este tan doloroso y conmovedor, cuando el pobre maquinista, atrapado entre los hierros de la máquina, pedía socorro entre aullidos de dolor porque sobre su cuerpo caía agua hirviendo de una tubería de dicha locomotora.

En cuanto al malogrado camión y sus ocupantes, y el guardabarreras, desaparecieron como por encanto. Y la casilla donde dormía la familia de este último, quedó seccionada totalmente, y sólo creo que se salvó la mujer y una hija con heridas de consideración. Este fue un accidente muy lamentable, donde la metralla y restos humanos alcanzaron un radio de muchos metros.

Añadiendo también los daños que sufrieron las casas más cercanas en sus ventanas y tejados. Aparte, en Cieza, aquella potente onda expansiva produjo muchas roturas de cristales en ventanas y escaparates, como también infinidad de botellas y vasos cayeron al suelo desde sus cornisas.

Pues aquello fue un caso estremecedor, pero dado que estábamos en plena guerra, aquel accidente pronto pasó al olvido, pues se prestaba mayor atención a las constantes bajas de militares y civiles (los primeros en los frentes y los segundos en los bombardeos de ciertas poblaciones de la «media España».

Y también he de añadir que en este caso como en los otros tantos que ocurren a lo largo del tiempo, siempre queda una anécdota o recuerdo. Pues se trata de lo siguiente: que dado a la cantidad de viajeros, en su mayoría militares, que ocupaban los compartimentos a tope en aquella calurosa noche de verano, en una de las ventanillas iba un joven guardia de asalto con la mitad de su cuerpo fuera de ésta, disfrutando del frescor de la noche, y al producirse la potente explosión, de la tan cercana onda expansiva, el distraído guardia salió disparado como un proyectil, cayendo a varios metros sobre los grandes matojos que suelen crecer en los terraplenes de la vía. Por lo que de puro milagro salvó su vida y sólo quedó dolorido y magullado por la descomunal caída.

También hago constar lo que quise decir al principio de este relato, que aquella noche, el malogrado camión, con aquella carga tan peligrosa de bombas y explosivos, pudo haber tenido un desenlace fatal en nuestra ciudad, presenciado por unos vecinos que también estuvieron al borde de la muerte aquella noche en un radio de muchos metros.

Pues se trata de lo siguiente: como dicho camión salió de la Esquina del Convento a toda velocidad, por la calle Mesones, al llegar a la Esquina de la Villa y Puerta del Sol (actualmente principio de Ramón y Cajal), como era de noche y el alumbrado público tampoco era bueno, puesto que estábamos en guerra, éste se confundió con la bajada recta a la Cuesta de la Villa, lo que aquel soldado conductor, de puro milagro pudo hacerse con el volante a tiempo y doblar la curva, librándose por pulgadas de haberse estrellado en la acera de enfrente o en las casas de abajo.

Por lo que si el camión, con exceso de velocidad y su peligrosa carga hubiera explosionado en este lugar, y dada la avanzada hora de la noche, que muchas familias ya se encontraban en sus casas, la mayoría en la cama, pues entonces hubiera sido una verdadera catástrofe.

Pero gracias a su habilidad se salvaron muchas vidas, en cambio la suya la prolongó veinte minutos solamente, porque la suerte ya estaba echada y minutos más tarde, camión, conductor y acompañante, en el paso a nivel de «Los Prados», volaban por los aires. Este fue un caso muy lamentable ocurrido en Cieza.

También existe otra segunda versión no confirmada y que dan ciertas personas. Que cuando dicho camión llegó al citado paso a nivel, el guardabarreras, con su faro rojo en la mano, ya tenía una de las dos cadenas puesta en sus sitio, y cuando arrastraba la segunda para cerrar todo el paso, llegó el mencionado camión, entablando una violenta discusión entre ambos. Amenazando los ocupantes del camión, que era un convoy militar, que dieran paso o rompían las cadenas. Y entre aquel tira y afloja, ante la negativa del guardabarrera, los segundos pasaron rápidos, llegando el monstruo de acero, que puso fin a sus vidas.

II

Manifiesto del Alcalde de Cieza
(Semanario LIBERTAD. Año XXVII. Cieza, 17-VII-1937. Nº 1286, página 4).

La catástrofe del correo

Esta catástrofe, que tanto nos ha consternado a todos, ocurrida en la noche del miércoles, 14 de los corrientes, en el paso a nivel denominado de la carretera, de este término municipal, con motivo del choque de un camión cargado de bombas del servicio de Aviación, con el correo ascendente de Cartagena a Madrid, ha puesto de manifiesto una vez más, los profundos sentimientos humanitarios y de solidaridad de la generalidad de las personas de esta población, que desde el primer momento en que tuvo noticias de la nombrada catástrofe, acudió en masa al sitio del siniestro, haciendo los más denotados esfuerzos en ayuda de todos los afectados por el mismo.

Con rapidez, verdaderamente inexplicable, llegó también al trágico lugar personal sanitario, técnico y obrero de incontables pueblos de esta provincia, de la de Albacete y de A1icante, que rea1izaron incansables trabajos en el salvamento de los viajeros. Este Consejo Municipal, hondamente dolorido ante la irreparable catástrofe, con la mayor emoción expresa por medio de estas líneas a todos los que contribuyeron a salvar a las víctimas del suceso, su más sincera y cordial gratitud e ilimitado reconocimiento.
El Alcalde-Presidente, ANTONIO G. ROS

III

Reseña del suceso (Semanario LIBERTAD. Año XXVII. Cieza, 17-VII-1937. Nº 1286, página 4). Sobre la una de la madrugada de dicho día, se oyó en la población una fuerte explosión que conmovió toda la Ciudad. Personándose acto seguido en el lugar del suceso el Delegado Gubernativo, el Alcalde, el Responsable de la policía con fuerzas de la misma, el Sargento del Destacamento de Asalto con fuerzas a su mando y el Responsable de la Guardia Nacional Republicana de ésta, quienes con la ayuda de los primeros ciudadanos que se personaron y muchos de los viajeros ilesos de dicho tren, se procedió al traslado al Hospital de los viajeros más gravemente heridos.

A la llegada de estos ya se hallaban en dicho Establecimiento dispuestos a practicar las primeras curas los médicos de ésta, D. Julián Pérez Cano, D. Antonio Rancaño e hijo, D. Mariano Camacho, D. Jesús Fernández, D. Vicente Jordán, D. Pedro Rabadán, con los practicantes, don Federico Fernández, D. Juan Ros, D. Antonio Buitrago, José Lucas. Las enfermeras María Toledo Medina, Luisa Cánovas, Teresa Babón, Prudencia Cabrera, Salud Cayuela, Augusta Cánovas, Micaela Martínez y el estudiante de medicina Carmelo Torres, quienes con todo celo practicaron las oportunas curas de urgencia.

También se presentaron espontáneamente los cinco médicos titulares de Calasparra con un farmacéutico y un practicante, tomando parte activa en las curas de los heridos. Igualmente se presentaron a colaborar con su valiosa ayuda el médico de Abarán D. Joaquín Martínez, acompañado de los practicantes Rubio y Tenedor. Así mismo al tener noticias de lo ocurrido, se presentó en dicho Hospital el Director del Hospital Militar de Fortuna, D. Humberto Sanz, con dos Ambulancias de camillas con personal médico y auxiliar, que rápidamente procedieron a los auxilios necesarios.

A los mismos fines se presentó el también Director del Hospital Militar de Archena, D. Luis Pastor, con dos Ambulancias de camilla con material sanitario y personal médico y auxiliar. El número de heridos hasta las seis horas es de 101, y de muertos cinco. EL RESPONSABLE

Datos obtenidos de la página web: http://www.regmurcia.com//
Artículo e investigación realizada por Luís Lisón Hernández




MOTIVACIÓN PARA ESTA INVESTIGACIÓN
La solicitud de ayuda cursada por correo electrónico desde Barcelona, a mediados de mayo del 2007, nos puso en la pista de un accidente con terribles consecuencias del que no teníamos noticias. La solicitante, Yolanda Martínez Téllez, narraba que Carmen Téllez Martínez, su madre, nacida en Alguazas el 16 de julio de 1928, era hija de Juan Antonio Téllez Salinas, guardabarreras del pueblo, y que en la época de la última guerra civil pasó un camión con bombas al mismo tiempo que un tren, provocando la explosión el derrumbamiento de la casilla y la muerte de su abuelo y los dos hijos varones; quedando vivas su abuela María Martínez Sánchez y las dos hijas, su madre y una hermana de ésta llamada María.   

Yolanda Martínez Téllez
El interés de mi comunicante lo resumía ella misma de la siguiente manera: «Mi madre siempre habla de ello porque no tiene ningún recuerdo físico de la época; quisiera saber si usted podría ayudarme en conseguir una crónica de lo sucedido, alguna foto de la casilla o algún documento». Añadiendo, «quisiera ver en el rostro de mi madre una sonrisa, pues siempre llora y habla de lo mismo. Guardamos el carné de ferroviario de mi abuelo, y lo tiene en una caja de terciopelo de color azul».

Yolanda, que no me conocía de nada, y que obtuvo mi dirección por medio de Internet, se aventuró ante lo desconocido, aunque agradecía de antemano cualquier decisión por mi parte: «Gracias por su atención.

Quizás tenga usted otros trabajos más importantes, pero gracias de todas maneras».

METODOLOGÍA EMPLEADA DURANTE LA INVESTIGACIÓN
Aunque son muchas las peticiones de información que desde múltiples lugares me llegan, procuro atenderlas siempre en la medida de mi tiempo y posibilidades. Pero en esta ocasión nos resultó extraño, que de tal suceso no tuviésemos alguna referencia, por pequeña que fuese.

No obstante, aquel mismo día hicimos las primeras gestiones contactando con dos personas que podían conocer algún detalle, una por su imbricación con el colectivo de guardabarreras, la otra por su avanzada edad y conocimiento de la realidad alguaceña de aquellos años.

La primera de ellas es Federico San Nicolás Ruiz, nieto de guardabarreras por partida doble (ambos abuelos paternos lo fueron), y la otra Diego Fenollar Martínez, con establecimiento público de barbería por entonces, lugar céntrico donde se hablaba de lo divino y de lo humano, y verdadero punto donde se recogían y divulgaban todo tipo de noticias.

El Sr. Fenollar fue tajante en su contestación, manifestando que desconocía dato alguno de dicho suceso. Por su parte, el Sr. San Nicolás Ruiz, tras indagar a sus familiares –entre los cuales se encuentra una tía paterna con 80 años de edad, muchos de ellos vividos en la casilla de un paso a nivel–, también contestó negativamente.

Quedaba comprobar la certeza de los demás datos aportados por Yolanda, consistentes en la naturaleza alguaceña de los abuelos maternos (Juan Antonio Téllez Salinas y María Martínez Sánchez), de su propia madre (Carmen Téllez Martínez), y de los tíos maternos (Juan, María y Pascual).

Una primera investigación en el Archivo del Registro Civil de Alguazas, puso de manifiesto que de ellos tan solo Carmen aparece inscrita, aunque descubrimos también la existencia de otro hermano llamado Antonio, del que los familiares desconocían la existencia, tal vez porque falleció de muy corta edad. Ambos aparecen reseñados asimismo en el correspondiente libro de bautismos de la parroquia de San Onofre, con la salvedad de que la niña recibió los nombres de María Josefa del Carmen.

Manifestamos entonces a Yolanda nuestras dudas sobre la ubicación del suceso, y sondeada de nuevo su anciana madre, logró recordar, que ocurrió en Cieza por el mes de julio de 1937, y que enfrente estaba la escuela donde ella estudió algunos años, con un maestro de nombre don Jesús. Dichos datos confirmaban nuestra suposición de que tal suceso no había ocurrido en Alguazas, y abría nuevos caminos hacia la búsqueda de la verdad.

El inesperado cambió no disminuyó nuestro interés por el tema, sino al contrario, fue un acicate más en el intento de conocer la realidad. Se nos ofrecían dos posibilidades: la prensa de aquellos días y realizar algunas pesquisas en Cieza.

Acudimos a la Hemeroteca del Archivo Municipal de Murcia, donde procedimos a rastrear en los ejemplares de EL LIBERAL, del mes de julio de 1937 y algunos días de agosto. Pero la búsqueda fue infructuosa en un primer momento, por el método que habíamos empleado en la pesquisa, dado que esperábamos encontrar algún titular relacionado.

La segunda vía de investigación, la de Cieza, se inició comunicando el caso a nuestro amigo Joaquín Salmerón Juan, Director del Museo Siyasa, que nos confirmó la certeza de que el accidente ocurrió en dicho término municipal, y trasladó la petición al escritor local Joaquín Gómez Carrillo, quien sobre el particular que nos ocupa, amablemente nos facilitó un texto escrito por su padre, Joaquín Gómez Camacho, hombre de avanzada edad pues nació en 1923.

En las 266 páginas del libro El madroñero y la Piedra del gallo, publicado el año 2005, narra muchos sucesos ocurridos en el pueblo, presenciados por él directamente, o bien de haberlos oído narrar a otros vecinos.

En el que capitulo que dedica al accidente, sitúa la acción en agosto de 1937, y se sirve de la información facilitada por un empleado de la gasolinera, conocido por «Cañamón», testigo que fue de una parte de la historia; añadiendo al final otra versión que escuchó, pero a la que le concede menos crédito. Ante la nueva fecha facilitada por Gómez Camacho, iniciamos otra búsqueda en EL LIBERAL, esta vez centrada en el mes de agosto y los primeros días de septiembre, pero tampoco obtuvimos fruto alguno.

Dispuso la fortuna, para nuestra suerte, que en la Hemeroteca del citado Archivo Municipal de Murcia, se guardasen ejemplares de un semanario publicado en Cieza con el nombre de LIBERTAD, algunos de los cuales están fechados en julio de aquel año.

Con emoción contenida llegamos al ejemplar fechado en 17 de julio, que en una de sus páginas insertó un comunicado firmado por Antonio García Ros, a la sazón Alcalde-Presidente del Consejo Municipal de Cieza, agradeciendo todas las ayudas que se prestaron en aquellos momentos aciagos. Añadiendo el semanario una crónica muy interesante, pues ofrecía el primer balance de muertos y heridos, y los nombres del personal sanitario que acudió al lugar del accidente desde la propia Cieza y desde otras localidades más o menos próximas.

Con la certeza de que el suceso tuvo lugar aproximadamente a la una de la madrugada del día dieciséis, indagamos en otros periódicos conservados, como lo son CONFEDERACIÓN, Órgano Provincial de la Confederación Nacional de Trabajadores (CNT), y NUESTRA LUCHA, que lo era de la Federación Provincial de Juventudes Socialistas Unificadas.

Ambos medios publicaron algunas noticias, aunque muy breves y de poca importancia, casi siempre comentarios del Gobernador Civil en las ruedas de prensa con los periodistas sobre diversos temas de su despacho.

De nuevo reiniciamos la búsqueda en EL LIBERAL, y efectivamente, en las manifestaciones de la citada autoridad provincial se reflejaban parecidas reseñas que en las publicadas por sus colegas CONFEDERACIÓN y NUESTRA LUCHA.

Ante las fundadas sospechas de que algunos de los muertos o heridos fuesen cartageneros, y dado que el convoy ferroviaria había partido desde la ciudad departamental, cabía la posibilidad de que algún diario o semanario editado en dicha ciudad diese también algún suelto relativo al choque.

Consultada la Hemeroteca de su Archivo Municipal, con el asesoramiento de Cayetano Tornel Cobacho, su archivero, tan solo encontramos un periódico que se editase en aquellos días, titulado CARTAGENA NUEVA, pero que no comentaba nada sobre el motivo de nuestro interés.

Finalmente decidimos viajar a Cieza, personándonos primero en el edificio de los Juzgados, y concretamente en las oficinas del Registro Civil, donde tras identificarnos, solicitamos poder consultar el libro de registro de defunciones donde estuviesen anotados los correspondientes a la segunda quincena de julio de 1937.

De las dos funcionarias que en aquellos momentos trabajaban en dicha dependencia, una de ellas nos negó tal posibilidad, y ante nuestra insistencia apuntó la posibilidad de que lo solicitásemos por escrito al Sr. Juez de 1ª Instancia e Instrucción. Afortunadamente, la otra chica  tuvo la amabilidad de consultar personalmente el citado tomo de defunciones, y en una somera búsqueda nos fue comunicando hasta catorce fallecidos en el paso a nivel, cuyas inscripciones se efectuaron en fechas posteriores al día 15, apareciendo inscripciones hasta mediados de agosto.

Suponemos que anotaciones tan tardías en el tiempo, pudieron obedecer a que hasta dicho momento no se supo la identidad de tales difuntos.

Acabada aquella gestión en el Registro Civil, nos trasladamos al Archivo Municipal de Cieza, donde fuimos atendidos amablemente por Remedios Sancho Alguacil, archivera y bibliotecaria municipal, quien puso a nuestra disposición los libros de Actas del Consejo Municipal, y nos informó de la inexistencia de padrones de vecindario anteriores a 1940.

Aún obtuvimos durante nuestra estancia en Cieza otra información de interés, como fue conocer la existencia de un restaurante denominado «Cazante», propiedad de familiares de una de las tres personas que desempeñaban turno de guardabarreras en aquel fatídico paso a nivel.

Lamentablemente, el delicado estado de salud de la persona que nos interesaba como informante, dejó en suspenso esta posibilidad de ampliar nuestras noticias.
Fruto de las múltiples pesquisas en diferentes fuentes, estos son los resultados de nuestra investigación…


Datos obtenidos de la página web: http://www.regmurcia.com/
Artículo e investigación realizada por Luís Lisón Hernández


Expedientes X rusos: El cementerio del demonio

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Durante el periodo que el telón de acero permaneció activo, muchos de los extraños lugares a lo largo y ancho de la antigua U.R.S.S. donde ocurrían sucesos extraños permanecieron ignotos para el resto del mundo. Fue a la caída de este, cuando se empezó a recuperar la memoria de estos lugares y a emprender expediciones en su busca.

Uno de esos lugares es un lugar llano y extenso que provoca sobre quien osa adentrarse en sus fauces una serie de síntomas que van desde vómitos, dolores por todo el cuerpo, o también un agudo dolor de muelas, no pudiendo permanecer en el territorio por un periodo prolongado de tiempo.

Pero ahondemos un poco más en su historia…
El lugar se halla en el territorio de Krasnoyarsk krai, designación administrativa rusa para un área geográfica, en los alrededores del poblado de Kezhma. Un lugar donde los pastores no desean ir. Dicen que este claro mata a los animales que deambulan por el lugar. La primera vez que los medios soviéticos prestaron atención a este sitio fue antes de la segunda guerra mundial, en un artículo del periódico Sovetskoye Priangarye.

En mayo de 1991, el científico ruso Alexander Rempel* y la Asociación Ufológica de Vladivostok, con Nikita Tomin, como líder de la misma, emprendieron una expedición para hallar el lugar. Se dice que era en la precisa zona de la taiga donde en 1908 explotó el objeto de Tunguska.

Según los expedicionarios, se encuentra no muy lejos del río Kova, afluente izquierdo del gran río Angará. Los ufólogos de Vladivostok conocían la existencia del cementerio del demonio y sabían que los animales que deambulaban por la zona no podían abandonarla jamás, ya que fuerzas invisibles los atrapaban y finalmente morían, como si se quemaran desde dentro. Cuando un ser humano se acerca al área, sufre –como digo– un extraño dolor en todo el cuerpo, vómitos, o también un agudo dolor de muelas, debiendo abandonarlo inmediatamente.

Antes de la política soviética de colectivización forzada de los años treinta, los pobladores de la zona conocían perfectamente el lugar y los efectos que este producía. Desgraciadamente durante la época de la dictadura de Stalin se procedió a destruir una innumerable cantidad de poblados diseminados por toda la Taiga, haciendo que poco a poco ese conocimiento se fuera perdiendo hasta caer irremediablemente en el oscuro pozo del olvido. El único resquicio físico que quedó del lugar fue una serie de símbolos de aviso inscritos en la corteza de sus árboles, advirtiendo a los visitantes de los peligros a los que se verían expuestos si decidían atravesar aquel umbral.

"Después de caminar dos kilómetros en esa dirección –comentó Tomin– nos encontramos con una extraña estructura, en parte derrumbada, situada justo en el arroyo. El examen mostró que se trataba de un antiguo molino de agua. Junto a él, en la nieve, encontramos varios clavos forjados típicos de comienzos del pasado siglo XX. También encontramos un par de clavos contemporáneos, pero estaban bastante viejos, obviamente, alguien trató de reparar el molino hace unos 30-50 años.

Parecía extraño desde el pueblo más cercano, situado a cinco o seis kilómetros de distancia. El molino fue construido en la espesura del bosque. Probablemente, la gente que vivía aquí pensaron que era un lugar apropiado para su construcción. Dejamos el molino y comenzamos a movernos quebrada hacia arriba. Mirábamos de cerca los árboles nevados, tratando de encontrar una respuesta a un enigma casi 100 años de edad. Sin embargo, solo el sombrío silencio de la taiga era nuestro compañero. "

Al alcanzar la zona no vieron animales ni pájaros dentro del área delimitada. Según las leyendas, el cementerio del demonio no debería tener ningún tipo de vegetación, pero ellos sí vieron algunas plantas de aspecto mutante. El grupo de Rempel también se abstuvo de ingresar al lugar propiamente dicho. Sobre el claro, observaron una sustancia muy extraña, fantasmagórica, similar a la niebla que no vieron en otras zonas aledañas. Sus instrumentos y herramientas también se vieron afectados de manera negativa.

Hay que señalar que la citada expedición había tenido conocimiento del lugar gracias al boletín soviético Tainy XX Veka (Misterios del siglo XX), Moscú, 1990.

Luego encontrarían también un artículo titulado «Mystery of the Devil’s Cemetery» (El misterio del cementerio del demonio) en el periódicoKomsomol’skaya Pravda, del 15 de noviembre de 1987. El autor de este artículo, N. Savelyev, al principio dudaba que el meteorito de Tunguska pudiera encontrarse a unos cuatrocientos kilómetros de la explosión. Los investigadores soviéticos creían que el objeto estaba en el valle del río Kova. Luego, Savelyev comenzó a leer recopilaciones de notas y materiales del grupo de investigación de Tunguska de la estación hidroeléctrica de Bogunchansky y cambió de opinión.

Savelyev leyó testimonios fascinantes de los habitantes del valle del río Kova. Uno de ellos menciona la descripción que dio un cazador cuando visitó el cementerio del demonio antes de la segunda guerra mundial. El claro que descubrió era circular, de unos doscientos metros de diámetro; el cazador estaba aterrorizado. El suelo no tenía vegetación y había huesos y cadáveres de animales y aves. Las ramas que colgaban de los árboles sobre el claro estaban chamuscadas, como quemadas por el fuego. Los perros del cazador, después de pasar un corto tiempo en el claro, se negaron a comer y se debilitaron.

Los miembros del grupo de investigación de Tunguska de la estación hidroeléctrica de Bogunchansky habían organizado una expedición propia en 1984. Se dirigieron hacia el lago Deshembinsky, sobre el que algunos ancianos contaban historias increíbles. Según ellos, antes de la segunda guerra mundial, los hombres mayores iban al lago, pasaban un mes allí en verano y regresaban diez años más jóvenes. La expedición del club se llevó a cabo en marzo, ya que estaban muy ocupados para ir en verano. Fue un viaje muy difícil y tuvieron que atravesar la nieve, árboles caídos y muchos otros obstáculos. Pero lograron encontrar el lago y tomaron muestras, que se enviaron al centro de investigación del lugar y revelaron que el lago era único por las cualidades curativas del agua.

El jefe del club de investigación, Pavel Smirnov, un avezado explorador de taigas y agrimensor profesional, estaba decidido a encontrar el cementerio del demonio. Él y sus amigos recogieron información con mucho cuidado, pieza por pieza. Pudieron descubrir que los últimos habitantes del lugar se habían ido en los años cincuenta, y sus nietos sabían muy poco al respecto. Pero Smirnov no se dio por vencido; en Taskent, la hipótesis de un joven científico soviético, el físico Aleksandr Simonov corroboró su investigación.

Decidieron investigar más sobre el área y se enteraron de que el depósito de niobio de Chuktukonskoye se encuentraba en el distrito de Boguchansky en Krasnoyarsk Krai, a 120 kilómetros de Kondinsk —la estación hidroeléctrica de Bogunchansky—. Nizhneye Priangarie, territorio del Angará inferior, se encuentra cerca del centro geográfico oficial de Rusia y está compuesto por cinco distritos en la región de Krasnoyarsk: Yeniseisk, Severo-Yeniseisk, Motyginsky, Boguchansky y Kezhemsky. Es en esta área gigante de 260.000 kilómetros cuadrados donde se encuentra el cementerio del demonio. Vale la pena mencionar que en esta zona hay mayor cantidad de oro que en dos Klondike juntas.

El poblado de Boguchany tiene más de 350 años; es posible que Kezhma sea aun más antigua. La región había estado prohibida para los extranjeros porque Stalin ubicó allí sus infames Gulag.

No se dispone de demasiada información en relación a estas áreas, pero la que se tiene sugiere que se está frente a otra zona anómala. El cementerio del demonio es un área especialmente fascinante para una futura investigación. Dichos lugares no solo son testigos de avistamientos de ovnis, sino que también son muy ricos en leyendas y folclore.

Algo que resulta especialmente interesante aquí es que los antiguos pobladores de estos lugares consideraban esos fenómenos como naturales o explicables en el contexto de la cultura vigente en su época.

Posibles causas
Tomin cree que las anomalías del Cementerio del Diablo están conectados con una posible caída de parte del meteorito de Tunguska. Comenta que los pastores se toparon sobre la taiga con una superficie quemada y un agujero en el centro, no lejos del lugar donde pastaba su ganado. El camino fue más tarde trasladado a tres kilómetros ya que temían que su ganado se acercaran a aquel sitio y murieran al caer por el agujero. Pero a pesar de todo esto, las vacas siguieron a pastando por la zona sin evitar el lugar. La mortalidad masiva del ganado obligó a los habitantes de los pueblos cercanos Kostino, Chemba y Karamyshevo a mudarse.

A finales de 1920, un experto en ganadería llamado Semchenko mostró interés por el lugar. Lanzó una cuerda con una carga en el extremo de aquel agujero sobre el centro de la pradera. La cuerda cayó varias decenas de metros, pero nunca llegó al fondo. Semchenko notó que las aves muertas yacían sólo cerca del agujero, y su carne era de un color púrpura extraño.

Hay otra versión que explica este fenómeno. En la década de 1980 Victor Zhuravlev, profesor de física y matemáticas, y miembro del Comité de Meteoritos del Departamento de la Academia de Ciencias de la U.R.S.S., sugirió que un fuego subterráneo se está ardiendo lentamente bajo el citado lugar. Una cuenca carbonífera recorre la región. En caso de falta de oxígeno, la combustión de carbón se acompaña de la emisión de monóxido de carbono, gas incoloro e inodoro que es venenoso para los organismos vivos. Sin embargo, esta teoría no explicaría los agudos dolores que sienten muchos de los afectados

Sea como fuere, lo único que sabemos hoy con certeza es que nuestro mundo es un lugar repleto de zonas y lugares inmersos en un misterio, que tras el paso del tiempo se resisten a desvelar sus secretos.

*Alexander Rempel fue un cientifico afincado en Vladivostok cuyas investigaciones en torno al estrellamiento de meteorito de Tunguska aparecieron en prestigiosos boletines rusos. A finales de 1994, Rempel dejo de publicar su propio boletín y no volvió a saberse nada mas de este prominente hombre de ciencias (Stone Hill, Paul. "Terroristas Target Rusia Resarces" UFO, p.21



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lunes, 27 de abril de 2015

Captan en vídeo un misterioso fantasma de una niña en Rusia

Posted by Otros Mundos 23:58, under ,, | No comments

Turistas captan en vídeo la silueta translúcida de una niña, Todo estó sucedio en un pequeño pueblo de la region de Shirókaya Pshádskaya Shchel, Krai de Krasnodar, Rusia.


La testigo asegura que lo que grabó es real, el vídeo fue publicado en la TV rusa.

En el pequeño pueblo de Krasnodar Pshada ha hecho un montón de ruido la grabación, de una figura de un humano transparente. Los turistas grabaron la silueta translúcida visible de una niña. ¿Era realmente un fantasma o simplemente un producto de la imaginación conocedores de la tecnología?

El vídeo a sido visto por científicos y ufólogos.

El ufólogo Vladimir Plotnikov opina, es muy dificil decir si es real o no, estas criaturas estan apareciendo en todo el mundo. Ellos vienen en todo tipo, no sólo como ser humano, los he visto en la forma de una esfera o de luz...Lo más probable es que sea un fantasma. Pero tal vez la refracción de la luz, es difícil de decir.

La turista Marina Dadonova, dijo: "Sólo estaba filmado con la cámara, las atracciones locales, la naturaleza, y luego, cuando derepente se vio un destello.  Entonces se vio más y más, cuando apareció la silueta de una niña, tenía un vestido un poco transparente. " Ella sólo andaba revoloteando, se deslizó por todas partes y luego desapareció entre los árboles del bosque y las rocas ".

Andrey Chernov, un residente local dice: " aveces tengo algo de miedo. A veces los turistas han desaparecido, estas entidades extrañas aparecen y desaparecen por estos lugares "

Los residentes de este pueblo aseguran que en estos lugares existe una leyenda acerca de una chica que vivió hace unos 200 años. La hermosa chica iba a casarse, pero tres días antes de la boda la dejó su novio, ella no podía soportar la traición y se arrojó al río desde un acantilado.

Los lugareños dicen que muchas veces ya han visto la silueta femenina translúcida. Los residentes locales pusieron el nombre de la bella doncella Pshadskoy a la aldea, donde la novia fue lanzada originalmente.

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El telegrama Zimmermann

Posted by Otros Mundos 23:43, under | No comments

El día 17 de Enero de 1917, un mensaje cifrado llegó al departamento criptoanalítico del gobierno británico bautizado como Sala 40. Dos funcionarios de guardia comenzaron la tediosa tarea de descifrarlo. Ignoraban que contenía la clave para arrojar a los Estados Unidos del lado de los aliados, y tal vez terminar con la más cruenta guerra jamás conocida hasta la fecha.

El mensaje, que pasó a la historia como el “telegrama Zimmermann”, estaba cifrado con una clave diplomática alemana, conocida como clave 0075, y fue enviado por el ministro alemán de exteriores Arthur Zimmermann al embajador alemán en Washington, Conde von Bernstorff. Los criptoanalistas ingleses consiguieron una solución parcial, que posteriormente fue confirmada gracias a una segunda copia del telegrama, enviado por Von Bernstoff a su homólogo en Ciudad de México, el embajador Eckardt, y cifrado mediante la clave 13042 (variante a su vez de la clave diplomática alemana 13040).

Los ingleses tenían en su poder una copia de la clave 13040 tras habérsela arrebatado a un agente alemán en Persia. David Kahn, por contra, afirma que el conocimiento de dicha clave vino por los medios criptoanalíticos habituales: captura de mensajes cifrados, análisis de redundancias y frecuencias, y mucha inventiva. El hecho de que los dos expertos más ilustres en este campo sean incapaces de ponerse de acuerdo nos da una idea de la capa de secreto que incluso hoy envuelven sucesos de hace casi cien años. Pero cualquiera que fuese su origen, las consecuencias finales son incontestables.

El telegrama Zimmermann, una vez descifrado, indicaba las intenciones alemanas por llevar a México y Japón a una guerra con Estados Unidos con objeto de mantener a este país lejos del teatro de guerra europeo. Pero su consecuencia última fue precisamente la opuesta: el pueblo norteamericano, indignado ante la conspiración alemana, obligó al pacifista presidente Woodrow Wilson a entrar en guerra del lado de los aliados.

NOTA DE PRENSA DE LA ÉPOCA
El siguiente artículo fue tomado del “Manual de Criptografía. La Escritura Secreta”, por Fuentes Rabe Arturo, Instituto Geográfico Militar, Santiago de Chile, 1943.

En la mañana del 19 de Enero de 1917, el Servicio Secreto norteamericano interceptó un mensaje proveniente de Berlín con destino a México, provocando uno de los aconteciemientos más decisivos de la Primera Guerra Mundial.

El telegrama Zimmerman, conocido como “el más audaz de los golpes efecutados por el Servicio Secreto”, decía: “El Primero de Febrero nos proponemos dar comienzo a la guerra submarina sin restricción. Alemania propone a México una alianza contra los EE.UU. en la cual será invitado a participar el Japón, y que, en el caso de victoria, obtendrá como premio una importante anexión territorial”.

La propuesta alemana no dejaba ninguna duda, por lo que el Presidente Wilson se apresuró en comunicarla a los sectores de la Nación que aún defendían la idea de que Estados Unidos mantuviese una posición neutral en el conflicto. Según afirmó Albert Pignaud: “en el momento en que este affaire explotó el Presidente Wilson llegó a mirar como inevitable la intervención de su país en la lucha.”

El telegrama, cuyo contenido mostraba una clara violencia hecha por los alemanes en contra de los Estados Unidos de América, se convirtió entonces en la evidencia que justificaba la intervención norteamericana en la lucha que estaba por inciarse en Europa. Y fue así como el 3 de Febrero de 1917 se rompieron oficialmente las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Alemania.


LA TRADUCCIÓN APROXIMADA DEL TELEGRAMA
(Telegrama) 130, (clave) 13042. Telegrama del ministerio de asuntos exteriores, 16 de Enero: número 1. Alto secreto. A descifrar por usted mismo.

Tenemos la intención de comenzar la guerra submarina sin restricciones a partir del primero de febrero. Se intentará, no obstante, que los Estados Unidos se mantengan neutrales. Para el caso de que no sea posible lograrlo, ofrecemos a Méjico una alianza sobre las siguientes bases: guerra conjunta, tratado de paz conjunto, generosa ayuda financiera y acuerdo por nuestra parte de que Méjico podrá reconquistar los territorios de Tejas, Nuevo Méjico y Arizona perdidos en el pasado. Dejo los detalles a su excelencia. Sírvase usted comunicar lo anteriormente dicho al presidente, en el más absoluto secreto, tan pronto como la declaración de guerra contra Estados Unidos sea algo seguro, y sugiérale que invite inmediatamente, por iniciativa propia, a Japón para unirse y que haga de intermediario entre nosotros y Japón. Sírvase advertir al presidente que el uso despiadado de nuestros submarinos ofrece ahora la perspectiva de que Inglaterra sea forzada a la paz en pocos meses.

Acuse recibo. Zimmermann. Fin del telegrama

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