martes, 31 de marzo de 2015

Buscan mensajes extraterrestres con luz infrarroja por primera vez

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El nuevo instrumento ha comenzado a recorrer el cielo en busca de la inteligencia de otros mundos
Buscan mensajes extraterrestres con luz infrarroja por primera vez
Buscan mensajes extraterrestres con luz infrarroja por primera vez
UC SAN DIEGO
El observatorio Lick. La imagen fantasmal es la de la investigadora Shelley Wright
Buscan mensajes extraterrestres con luz infrarroja por primera vez
Buscan mensajes extraterrestres con luz infrarroja por primera vez
El equipo de NIROSETI
Un equipo de astrónomos ha empleado por primera vez una técnica de búsqueda de inteligencia extraterrestre que utiliza detectores sintonizados a la luz infrarroja. El nuevo instrumento ha comenzado a recorrer el cielo en busca de mensajes de otros mundos. Una de sus ventajas es que atraviesa el gas y el polvo interestelar, por lo que puede alcanzar distancias de miles de años luz sin requerir más energía. Incluso ha recibido el visto bueno de Frank Drake, el pionero en la búsqueda de alienígenas al que debemos su famosa ecuación sobre cuántas civilizaciones pueden existir en una galaxia.

«La luz infrarroja puede ser un excelente medio de comunicación interestelar», apunta Shelley Wright, profesora adjunta de Física en la Universidad de California, San Diego, quien ha dirigido el desarrollo del nuevo instrumento. Los pulsos de un láser infrarrojo de gran alcance podrían eclipsar una estrella, aunque sólo sea durante la milmillonésima parte de un segundo. El gas y el polvo interestelar es casi transparente al infrarrojo cercano, por lo que estas señales pueden ser vistas desde mayores distancias. También necesita menos energía para enviar la misma cantidad de información que con la luz visible.

La idea no es nueva. Charles Townes, científico fallecido de la Universidad de California Berkeley cuyas contribuciones al desarrollo de los láseres le llevaron a ganar el Premio Nobel, sugirió la idea en un artículo publicado en 1961.

Los científicos han buscado en el cielo señales de radio durante más de 50 años, y ampliaron su búsqueda al reino de la óptica hace más de una década. Pero los instrumentos capaces de capturar pulsos de luz infrarroja sólo han estado disponibles desde hace poco. «Tuvimos que esperar a que la tecnología se pusiera al día. Pasé ocho años esperando y viendo como surgía», dice Wright.

El nuevo instrumento, llamado NIROSETI, recopila más información que los anteriores detectores ópticos mediante el registro de los niveles de luz en el tiempo para que los patrones puedan ser analizados en busca de signos potenciales de otras civilizaciones, un disco que podría revisarse si surgen nuevas ideas acerca de lo que las señales extraterrestres podrían enviar.

Debido a que la luz infrarroja penetra más lejos a través del gas y el polvo que la luz visible, esta nueva búsqueda se extenderá a estrellas a miles de años luz de distancia en lugar de limitarse a solo unos cientos. Y el éxito de la misión Kepler, que ha encontrado un buen número de nuevos planetas, algunos en la zona habitable de su estrella, a la distancia adecuada como para albergar agua líquida en su superficie, ha impulsado la nueva búsqueda en una variedad más amplia de estrellas.

NIROSETI se ha instalado en el Observatorio Lick de la Universidad de California, en el monte Hamilton al este de San José y vio su primera luz el 15 de marzo. Este observatorio ha sido el escenario de varios rastreos organizados anteriormente por el Insituto SETI para la búsqueda de inteligencia extraterrestre, incluyendo un instrumento para buscar en el campo óptico.

NIROSETI podría descubrir nueva información sobre el universo físico. «Esta es la primera vez que los terrícolas observamos el Universo en longitudes de onda infrarrojas con escalas de tiempo de nanosegundo», dice Dan Werthimer, de Berkeley, investigador que ha participado en el desarrollo de la nueva búsqueda. «El instrumento podría descubrir nuevos fenómenos astrofísicos, o quizás responder a la pregunta de si estamos solos».

El equipo también incluye a Frank Drake, del Instituto SETI y la UC Santa Cruz, creador de la famosa ecuación de Drake, quien asesora las misiones. Drake señala varias ventajas adicionales de la nueva búsqueda: «Las señales son tan fuertes que sólo necesitamos un pequeño telescopio para recibirlas. Los telescopios más pequeños ofrecen más tiempo de observación, y eso es bueno, porque tenemos que buscar muchas estrellas para tener una oportunidad de éxito», señala. Los receptores son también mucho más asequibles que los utilizados en los telescopios de radio.

«Sólo hay un inconveniente: los extraterrestres tendrían que transmitir sus señales en nuestra dirección», advierte Drake, aunque ve un lado positivo a esta limitación. «Si tenemos una señal de alguien destinada a nosotros, podría significar que hay altruismo en el universo. Me gusta esa idea. Si quieren ser amables, les vamos a encontrar».

Fuentes: ABC.ES

¿Qué vieron aparecer en el cielo los astrónomos del siglo XVII?

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Lo que creían una nueva estrella, fácilmente visible a simple vista, era en realidad un violentísimo y excepcional choque estelar.
¿Qué vieron aparecer en el cielo los astrónomos del siglo XVII?
¿Qué vieron aparecer en el cielo los astrónomos del siglo XVII?
Este mapa, que indica la posición de una nova (marcada en rojo) que apareció en el año 1670, fue documentado por el famoso astrónomo Hevelius y publicado en la revista Philosophical Transactions por la Royal Society en Inglaterra

En 1670, los astrónonomos europeos, entre ellos Hevelius, el padre de la cartografía lunar, y Cassini, quedaron asombrados al ver cómo una nueva estrella aparecía en el cielo. Hevelius la describió como una nova «sub capite Cygn» (una nueva estrella debajo de la cabeza del cisne), la más antigua registrada y que pasó a la posteridad como Nova Vulpeculae 1670. Sin embargo, casi 400 años después, nuevas observaciones han revelado que lo que vieron los antiguos astrónomos no era una nova, sino un tipo de colisión estelar mucho más excepcional y violento. Fue lo suficientemente espectacular como para verse fácilmente a simple vista durante su primer estallido, pero los rastros que dejó eran tan débiles que ha sido necesario utilizar telescopios submilimétricos para solucionar el misterio. Los resultados aparecen en línea en la revista Nature.
¿Qué vieron aparecer en el cielo los astrónomos del siglo XVII?
Cuando apareció por primera vez, Nova Vul 1670 era fácilmente visible a simple vista y, durante los dos años siguientes, fue variando su brillo. Luego desapareció y reapareció dos veces, antes de desaparecer para siempre. Pese a que está muy bien documentada para su época, los audaces astrónomos de entonces carecían del equipo necesario para resolver el enigma sobre el peculiar comportamiento de la presunta nova, según explica el Observatorio Europeo Austral (ESO) en un comunicado.

«Durante muchos años se creyó que este objeto era una nova, pero cuanto más se ha estudiado menos parecía una nova ordinaria o cualquier otro tipo de explosión de una estrella», explica Tomaz Kaminski, autor principal de la investigación, del Insituto Max Planck de Radioastrnomía en Bonn, Alemania.

Durante el siglo XX, los astrónomos llegaron a comprender que la mayoría de las novas podrían explicarse por el comportamiento de estrellas binarias cercanas entre sí que explotan y «se dan a la fuga». Pero Nova Vul 1670 no encajaba en absoluto en este modelo y seguía siendo un misterio.

Un enigma sin resolver
Pese a la creciente capacidad tecnológica de los telescopios, se creyó durante mucho tiempo que este evento no había dejado ningún rastro, y hubo que esperar hasta la década de 1980 para que un equipo de astrónomos detectara una débil nebulosa alrededor de la zona en la que, supuestamente, debían estar los restos de la estrella. Pero estas observaciones tampoco resolvieron el enigma.

Ahora, los investigadores utilizaron el telescopio APEX, el Submillimeter Array (SMA) y el radio telescopio Effelsberg para conocer la composición química y medir las proporciones de diferentes isótopos del gas. Uniendo todos estos datos, lograron crear un informe muy detallado de la composición de la zona, lo cual permitió evaluar de dónde podría provenir esta materia.

Lo que el equipo descubrió es que la masa del material frío era demasiado grande para ser el producto de la explosión de una nova y, además, las proporciones de isótopos medidas por el equipo alrededor de Nova Vul 1670 eran diferentes a las que se esperan de una nova. Pero entonces, ¿de qué se trataba?

La respuesta es una espectacular colisión entre dos estrellas, más brillante que una nova, pero menos que una supernova, que produce algo denominado nova roja luminosa. Son eventos muy excepcionales en los que las estrellas explotan debido a una fusión con otra estrella, arrojando al espacio el material que anteriormente contenían en su interior y dejando tan sólo un débil remanente rodeado de un ambiente fresco, rico en moléculas y polvo. «Esta nueva clasificación de estrellas explosivas, recientemente aceptada, encaja casi a la perfección en el perfil de Nova Vul 1670», dice ESO.

Fuentes: ABC.ES

¿Habrán logrado los extraterrestres construir aceleradores usando agujeros negros?

Posted by Otros Mundos 22:28, under ,, | No comments

Investigadores lanzan una apasionante posibilidad de «cazar» civilizaciones inteligentes sin necesidad de buscar fuera de la Tierra
¿Habrán logrado los extraterrestres construir aceleradores usando agujeros negros?
¿Habrán logrado los extraterrestres construir aceleradores usando agujeros negros?
En los alrededores de un agujero negro sería posible construir un acelerador capaz de operar en la escala de Planck.

Esta vez, los científicos no se refieren a buscar vida extraterrestre en forma de simples microorganismos, sino a una auténtica "cacería" de civilizaciones tecnológicas que podrían estar esperándonos "ahí fuera".

Por ejemplo: ¿podrían los alienígenas haber construido en alguna parte un acelerador de partículas alimentado por el inmenso poder de un agujero negro? La idea es un auténtico sueño para los físicos que estudian la materia y la energía a escalas increíblemente pequeñas. Pero está, por lo menos durante los próximos siglos, totalmente fuera del alcance de nuestras posibilidades tecnológicas.

Sin embargo, una civilización extraterrestre conocedora de la Física y lo suficientemente avanzada podría haber conseguido esta hazaña tecnológica. Y si así fuera, nosotros podríamos detectarla sin necesidad de movernos de la Tierra.

Brian Lacki, del Instituto de Estudios Avanzados de Princeton, en Nueva Jersey, ha hecho los cálculos necesarios para ello. Y en un artículo recién publicado en arXiv sugiere que si tal acelerador existiera realmente, debería producir neutrinos a energías de yottaelectronvoltios. Y esos neutrinos super energéticos podrían detectarse directamente desde la Tierra.

Un yottaelectronvoltio equivale a 1024 (un cuatrillón) de electronvoltios, que son la unidad de medida que se utiliza en física de altas energías. Para darse cuenta de lo que esta energía significa, recordemos que el recién actualizado LHC, el mayor acelerador de partículas del mundo, en Suiza, alcanza una energía de colisión de "solo" 13 teraelectronvoltios (1012 ).

Con estos resultados en la mano, Lacki ha pedido a los astrónomos del SETI, que desde hace décadas buscan cualquier posible signo de inteligencia extraterrestre, que traten de localizar esos neutrinos super energéticos. Si los encuentran, serían la prueba que necesitaban para demostrar que no estamos solos en el Universo.

Un acelerador varias veces el Sol
Igual que hace la Humanidad, parece razonable asumir que una civilización alienígena avanzada tenga un gran interés por la Física y que, como nosotros, trate de construir aceleradores de partículas cada vez más potentes y capaces, por lo tanto, de operar a escalas cada vez más pequeñas.

Pero estudiar la realidad a escalas cada vez menores requiere, paradójicamente, aceleradores cada vez más grandes. Y para llegar al límite teórico, la escala de Planck, la más pequeña posible, se necesitarían aceleradores de partículas realmente gigantescos, con tamaños varias veces superiores al Sol, y materiales especiales que fueran capaces de resistir los intensísimos campos magnéticos necesarios para un acelerador de esas características. Por no hablar, claro, de la gigantesca cantidad de energía que haría falta para alimentar y mantener esos campos magnéticos.

Sin embargo, existen lugares en los que una densidad energética tan alta puede existir de forma natural. Y esos lugares se encuentran en las cercanías de los agujeros negros. Allí, según Lacki, sí que sería posible construir un acelerador capaz de operar en la escala de Planck.

Tal acelerador, sin embargo, con tasas de colisión de partículas un cuatrillón de veces superiores a las que se alcanzan en el LHC produciría, según Lacki, una gran cantidad de residuos en forma de partículas super energéticas que, en principio, no conseguirían escapar de los campos magnéticos del propio acelerador y no llegarían, por lo tanto, hasta la Tierra. Todas excepto los neutrinos, que tendrían energías miles de millones de veces superiores a cualquier neutrino jamás detectado desde nuestro planeta.

Detectados por el sonido
Esos neutrinos, además, y a diferencia de sus "parientes" menos energéticos, resultarían más fáciles de detectar ya que interactuarían más intensamente con la materia que atraviesan. Lacki ha calculado que la mayor parte de los neutrinos super energéticos que atravesaran la Tierra y sus océanos depositarían su energía en forma de "cascadas" de partículas secundarias, que podrían ser detectadas por el sonido que producen gracias a una red de hidrófonos en el agua. Dada la rareza de estos neutrinos, que serían mucho menos numerosos que los que normalmente atraviesan la Tierra de parte a parte (millones por segundo en cada cm. cuadrado) serían necesarios unos 100.000 hidrófonos para tener alguna posibilidad de detectarlos.

Sería una forma diferente de buscar signos de inteligencia extraterrestre. Una que no necesitría de grandes telescopios y para la que sería suficiente con buscar en casa.

Fuentes: ABC.ES

La nanotecnología creará soldados de “máxima letalidad”

Una publicación del Ministerio de Defensa español revela el armamento del futuro
Los avances científicos y tecnológicos de la Primera Guerra Mundial, en imágenes.

Un soldado lanza un microdron de la empresa noruega Prox Dynamics.

Decía el premio Nobel Richard Feynman que "la física es como el sexo: seguro que da alguna compensación práctica, pero no es por eso por lo que lo hacemos”. Sin embargo, él fue el primero que propuso, en 1959, hacer ingeniería en la nanoescala, en ese mundo invisible para nuestros ojos que se mide en unidades de milmillonésimas partes de un metro.

Nadie hizo caso a Feynman durante décadas hasta que sus ideas de fabricar máquinas de tamaño ínfimo fueron rescatadas por un ingeniero de la NASA, Eric Drexler, en 1986. Casi 30 años después, la nanotecnología es una realidad que ha revolucionado hasta la manera de matarnos entre nosotros mismos.

“Las nanotecnologías modificarán sustancialmente el entorno de la batalla del futuro”, afirma el ingeniero de armamento Jesús Carlos Gómez Pardo, teniente coronel del Ejército de Tierra español. El militar participa en una monografía de 300 páginas editada por el Ministerio de Defensa que detalla con exhaustividad las aplicaciones de la nanotecnología a los ejércitos.

El teniente coronel dibuja un soldado del futuro de “máxima letalidad” con un uniforme inteligente que le ofrece protección antibalas y contra amenazas nucleares, biológicas y químicas, gracias a cientos de láminas de nanoarcillas. “Los nuevos sistemas de armas convencionales, en los que la presencia de las nanotecnologías será elevada, tendrán una mayor letalidad sobre el objetivo, minimizando el daño sobre la población civil”, vaticina el militar en la monografía Nanociencia, nanotecnología y defensa, presentada el viernes en Madrid por el teniente general Alfonso de la Rosa Morena, director del Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional.

El combatiente del futuro español, según el Ministerio de Defensa. / MINISDEF
Sus vaticinios no son ciencia ficción. El Ministerio de Defensa financia, mediante el programa COINCIDENTE, el desarrollo de prototipos militares a partir de tecnologías maduras en la vida civil. El Instituto Tecnológico La Marañosa, principal organismo de investigación del Ministerio, trabaja con nanosensores para miniaturizar los sistemas de guiado de munición y conseguir una máxima precisión. El proyecto GRETA-DAD, detalla Gómez Pardo, está desarrollando un sistema de guiado láser de cohetes de 70 mm. En su sede de San Martín de la Vega (Madrid), la misma tecnología se está integrando en un cohete para vehículos aéreos no tripulados, más conocidos como drones.

“Otro desarrollo importante es el de las estructuras cuánticas para la miniaturización de armas de energía dirigida, tales como cañones de microondas y sistemas láser de alta energía que pueden actuar como perturbadores direccionales o cañones dependiendo de la potencia del láser”, añade el teniente coronel. La multinacional española Indra trabaja en la miniaturización del láser de su sistema MANTA DIRCM, contra misiles guiados por infrarrojos para la defensa de aeronaves.

“También se está trabajando en el desarrollo de armas personales con capacidad para neutralizar grupos de personas”, continúa el militar. Según el informe, los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado podrán contar con armas no letales de este tipo gracias a la aplicación de la nanotecnología a sistemas de microondas y microláseres.

Gómez Pardo es el único autor militar de la monografía. Su coordinador es Ildefonso Díaz, catedrático de Matemáticas Aplicadas de la Universidad Complutense de Madrid, que ya adelantó algunas de sus conclusiones durante unas jornadas organizadas en diciembre por el Instituto Tecnológico de Matemática Industrial (ITMATI) en A Coruña.

Ya se utilizan ejércitos de robots ratas para la localización de personas en grandes catástrofes”, afirma el teniente coronel Gómez Pardo.

El documento afirma que el uso de polímeros, unas macromoléculas, reforzados con nanopartículas, como el poliuretano reforzado con nanoarcillas, reducirán el peso de los blindajes de los vehículos hasta en un 60%. Y, gracias a fibras superresistentes de nanotubos de carbono, la resistencia al impacto de bala se multiplicará por tres o por cuatro respecto a los blindajes actuales, disminuyendo también el peso. Con estos blindajes ligeros, será más sencillo transportar vehículos de combate en aviones de transporte hasta el campo de batalla.

El teniente coronel subraya que el avance de la nanoelectrónica está permitiendo el desarrollo de “microrrobots artillados”, con un armamento adaptado al combate urbano. “Ya se utilizan ejércitos de robots ratas para la localización de personas en grandes catástrofes”, expone Gómez Pardo.

El uso de nanomateriales, más ligeros y con menor volumen, está facilitando la fabricación de municiones complejas, con mayor espacio para la carga explosiva y, por tanto, mayor letalidad. También aparecen materiales superpenetrantes. “El empleo de wolframio nanocristalino mejora las capacidades de penetración de los actuales proyectiles de energía cinética, incluso las del proyectil de uranio empobrecido, prohibido por sus potenciales riesgos para la salud de las personas”, reconoce el ingeniero de armamento.

Los militares también están aplicando la nanotecnología para intentar hacer “invisibles” a los aviones de guerra. “Las estructuras de las aeronaves de combate se cubren con materiales de absorción radar para minimizar su firma radar. Existen pinturas a base de esferas de carbonilo de hierro o ferrita que transforman la radiación radar en calor”, apunta el teniente coronel.

El uso de nanomateriales, con menor volumen, deja más espacio para la carga explosiva en las municiones.

La monografía plantea la creación de enjambres de satélites miniaturizados dotados de armamento. “Estos satélites espía, con capacidad de destrucción, pueden adherirse a satélites grandes sin ser vistos y proceder a su destrucción total o parcial interrumpiendo sus comunicaciones o sus observaciones de la Tierra”, explica el militar.

“En este campo todo va tan deprisa que hasta las patentes se han quedado anticuadas. Las grandes empresas no patentan, les basta con ser las primeras”, afirmó en la presentación de la monografía otro de sus coautores, Fernando Briones, investigador del Instituto de Microelectrónica de Madrid (CSIC). “¿Quién cree que un país respeta las patentes en la guerra? ¿Qué más dan las patentes?”, abundó Antonio Hernando, también coautor y catedrático de Magnetismo de la Materia en la Universidad Complutense de Madrid.

El teniente coronel Gómez Pardo alerta de las “grandes incertidumbres” que se pueden generar por el mal uso de la nanotecnología y pide que los avances sean monitorizados por comités internacionales constituidos por militares, diplomáticos y científicos. “Estamos ante una revolución tecnológica”, opina el militar, que “hay que potenciar pero a su vez controlar”.

Fuentes: EL PAÍS.COM

Últimas noticias del fin del mundo

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A las viejas amenazas capaces de desatar una hecatombe se unen nuevas, como la inteligencia artificial o la nanotecnología

El fin del mundo ha sido siempre patrimonio de la religión y, ocasionalmente, de Hollywood y sus películas de catástrofes. Sin embargo, la ciencia va acumulando datos y empieza a tomarse en serio los riesgos de que un fenómeno natural o provocado por los humanos pueda acabar con la civilización. Un reciente informe detalla los 12 grandes riesgos que podrían provocar el Apocalipsis anunciado en los textos sagrados o en las salas de cine.

"La mayoría de los guiones de Hollywood exigen heroicos esfuerzos para salvarnos y los grupos religiosos milenaristas le buscan un significado trascendente a estos desastres", dice el investigador del Instituto para el Futuro de la Humanidad de la Universidad de Oxford (IFH) y coautor del informe, Stuart Armstrong. Sin embargo, para la ciencia, "estos riesgos son principalmente cuestiones que pueden reducirse a conceptos nada glamurosos, como la eficiencia energética, y la mayoría no tienen ningún significado o racionalidad detrás", añade.

El IFH y la Fundación Retos Globales, basada en Suecia, han recopilado todo lo que la ciencia sabe sobre estos posibles cataclismos con tan poco encanto. Una treintena de expertos repasaron centenares de libros y artículos científicos hasta obtener un listado con los eventos que podrían acabar con la civilización humana, incluso con la propia existencia de los humanos. El informe 12 riesgos para la civilización humana hace hasta una estimación de la probabilidad de que alguno suceda en los próximos 100 años.

Unos peligros, como el cambio climático o la guerra nuclear, llevan tiempo entre nosotros. Otros son tecnologías emergentes que podrían tener un lado oscuro, como la inteligencia artificial o la biología sintética. Y algunos siempre han estado ahí y en el pasado provocaron grandes extinciones sobre la Tierra, como el impacto de un gran asteroide o la erupción de un supervolcán. Además, entre varios de ellos podrían existir conexiones que agravaran el resultado final, haciendo imposible la vida sobre el planeta, al menos tal y como se conoce.

La mayoría de los peligros para la civilización humana han nacido dentro de ella.

Lo que enseguida llama la atención en la lista es que la mayoría de los enemigos de la civilización humana han nacido dentro de ella. Solo en dos eventos, el impacto de un gran asteroide o la erupción de un supervolcán, los humanos tienen poco que ver. Incluso en el caso de una pandemia global, hay un factor humano llamado globalización. En el pasado, epidemias como la peste negra o la gripe española no fueron apocalípticas porque el mundo no estaba tan conectado como hoy.

"En la actualidad, los riesgos tecnológicos, especialmente la biología sintética, la inteligencia artificial y la nanotecnología, parecen suponer una mayor amenaza que los riesgos naturales, con la posible excepción de las pandemias", dice Armstrong. "La guerra nuclear también es una gran amenaza y es un riesgo antropogénico aunque no sea estrictamente de origen tecnológico", añade este experto en inteligencia artificial y riesgos globales.

La lista de los 12 jinetes del Apocalipsis no ha sido elaborada siguiendo un orden jerárquico, según su mayor o menor probabilidad o intensidad. La encabeza el cambio climático al que los investigadores le añaden el adjetivo de extremo. Es el prototipo de riesgo antropogénico o endógeno. El progreso humano no ha sido mayor en la historia como desde la Revolución Industrial y las revoluciones científicas asociadas a ella. Creación de riqueza, elevación general del nivel de vida, mejora de las condiciones sanitarias...

Pero cuando la máquina de vapor de James Watt echó a rodar, en la atmósfera había unas 300 partes por millón de dióxido de carbono, el principal gas que está calentando el planeta. En el verano de 2013 se superó la cifra de 400, algo así no había pasado en los últimos 800.000 años. Los distintos escenarios dibujados por los expertos climáticos mantienen que una subida de las temperaturas de no más de 2º para final de siglo, permitiría a los humanos vivir casi como si nada hubiera cambiado. Pero, como recuerda este informe, hay escenarios más extremos, donde la temperatura media global podría subir hasta 6º. Una temperatura así provocaría una reacción en cadena: los países tropicales serían los más afectados, la sequía y la hambruna generarían caos social y emigraciones masivas a regiones más templadas, en las que también su industria agroalimentaria colapsaría... "Es improbable pero no imposible", dicen los autores del informe.

El estudio trabaja con situaciones que estadísticamente tienen pocas posibilidades, pero las tienen. 

"La probabilidad de que algún asteroide impacte sobre la Tierra es una certeza, la probabilidad de uno peligroso es mucho, pero mucho más baja", recuerda Armstrong. Aquí no hay azar, hay certidumbre. ¿Qué acabó con los dinosaurios si no un meteorito? La colisión de un gran asteroide de cinco kilómetros o más de diámetro sucede cada 20 millones de años, millón arriba o abajo. Con esas dimensiones, el impacto podría liberar la energía de 100.000 bombas atómicas. Solo el choque arrasaría un área equivalente a los Países Bajos.

Pero lo peor vendría después. A diferencia de las historietas contadas en películas como Deep Impact de 1998, el problema no es el impacto sino sus consecuencias posteriores. Ingentes cantidades de polvo se elevarían hasta las capas altas de la atmósfera, impidiendo el paso de los rayos del Sol. Sería un invierno de decenios que afectaría a toda la biosfera. En 2013, la NASA estimó que las probabilidades de que el Asteroide 2013 TV135, de unos 400 metros de envergadura, choque contra la Tierra en 2032 es de una entre 63.000. Una probabilidad similar a la de morir por la caída de un rayo y a nadie se le ocurre guarecerse bajo un árbol cuando truena.

La idea del invierno es muy recurrente entre las consecuencias de varios de estos eventos que los científicos llaman impactos de consecuencias infinitas. Es el caso del invierno nuclear o el volcánico. Los traps siberianos (formaciones de basalto del norte de Siberia) son el fruto de una de las mayores erupciones volcánicas de la historia geológica del planeta sucedida hace unos 250 millones de años. Miles de kilómetros cúbicos de material fue proyectado a la atmósfera, generando un larguísimo invierno volcánico que provocó la extinción masiva que marca la transición entre el periodo Pérmico y el Triásico. Según los registros geológicos, una erupción con capacidad apocalíptica se produce en un rango temporal mínimo de cada 30.000 años y máximo de 700.000 años, según el informe.

Las enormes magnitudes temporales explican en parte lo que los autores del estudio llaman invisibilidad del problema. Los humanos no se han enfrentado nunca al Apocalipsis y psicológicamente lo ignoran, entre otras cosas porque no habría nadie para contarlo. "La gente entrena su sentido común de cada día sobre la experiencia e interacción con el mundo. Como los grandes desastres son afortunadamente raros, no desarrollamos una experiencia sobre ellos. Por eso sus impresiones sobre estas amenazas se basan a menudo en lo que encuentran en la cultura popular, como las historias de Hollywood y las profecías religiosas", recuerda el investigador británico.

El lado oscuro de las tecnologías emergentes
Sin embargo, la ciencia no se puede quedar ahí. En los últimos años, además del IFH y la Fundación Retos Globales, se han puesto en marcha otras fundaciones e institutos dedicados a vigilar qué puede acabar con la civilización humana y cómo mitigar esos peligros. Es el caso del Fondo Skoll para las Amenazas Globales, el Centro para el Estudio de los Riesgos Existenciales de la Universidad de Cambridge o el Instituto Riesgos Catastróficos Globales (GCRI), de Estados Unidos. Ninguno de ellos tiene más de cuatro años.

En diciembre pasado, Stephen Hawking declaraba a la BBC que "el desarrollo de la inteligencia artificial plena podría significar el fin de la raza humana". Para el genial físico, "los seres humanos, limitados por la lenta evolución biológica, no podrían competir, y serían reemplazados". El momento en que la inteligencia artificial supere a la humana es lo que los robóticos llaman singularidad y algunos científicos, como el filorrobótico y asesor de Google, Ray Kurzweil, incluso le han puesto fecha: en algún momento de la década de los 30, las máquinas superarán a los humanos.

"El desarrollo de la inteligencia artificial plena podría significar el fin de la raza humana", dijo Stephen Hawking en una entrevista.

Hace unas semanas, una carta firmada por centenares de científicos y tecnólogos apostaba por un desarrollo responsable de la inteligencia artificial, donde, entre otras cosas, el avance en la ética de las máquinas vaya parejo con el tecnológico para que nunca sean una amenaza para sus creadores. Pero, aún no hay iniciativas similares para otros dos campos emergentes, como son la biología sintética y su promesa de crear organismos artificiales o la nanotecnología sobre los que el informe advierte. Y en los tres casos, no habrá que esperar miles de años para ver su lado oscuro.

El informe del Instituto para el Futuro de la Humanidad y la Fundación Retos Globales no lo explicita pero hay un decimotercer peligro que sobrevuela sobre los otros doce y es el de la ignorancia. Ya sea por la incapacidad para valorar económicamente un evento tan catastrófico, por su baja probabilidad a corto plazo o la psicología humana, tanto los políticos como buena parte de la comunidad científica no se toman muy en serio los riesgos. Y esa desidia es lo que, para los autores, explica buena parte de la imagen popular y acientífica del Apocalipsis.

Los 12 jinetes del Apocalipsis
El informe de la Fundación Retos Globales se centra en 12 grandes amenazas que podrían acabar con la civilización humana.
Riesgos actuales
1. Cambio climático extremo
2. Guerra nuclear
3. Catástrofes ecológicas
4. Pandemias mundiales
5. Colapso del sistema mundial
Riesgos exógenos
6. Impactos de grandes asteroides
7. Supervolcanes
Riesgos emergentes
8. Biología sintética
9.Nanotecnología
10. Inteligencia artificial
11. Riesgos inciertos
Riesgo de las políticas mundiales
12. Mala gobernanza mundial en el futuro

Fuentes: EL PAÍS.COM

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