martes, 17 de mayo de 2016

Una estrella muy rara, pero sin ingenieros alienígenas



Investigadores atribuyen a cambios en los instrumentos ópticos la rara presencia en KIC 8462852 que parece obra de una civilización extraterrestre. Sin embargo, continúa el misterio del astro que parpadea de forma errática

Una cascada de cometas frente a una estrella - NASA/JPL/Caltech
J. DE JORGE - 10/05/2016 a las 11:30:17h. - Act. a las 13:44:50h.Guardado en: Ciencia - Temas: NASA ,

El descubrimiento que en octubre de 2015 dieron a conocer astrónomos de la Universidad de Yale trascendió mucho más allá de los ámbitos académicos y científicos. Habían detectado una estrella a 1.480 años luz de la Tierra, en la constelación de Cygnus, cuya luz parpadeaba de forma errática por motivos desconocidos. Como no se encontraba una explicación natural convincente, se llegó a especular con la posibilidad de que el astro KIC 8462852, un poco más grande y caliente que el Sol, estuviera orbitado por una descomunal estructura construida por una civilización alienígena.

Puede parecer una broma, pero realmente las fluctuaciones en la luz de la estrella eran tan inusuales que dejaron a los científicos desconcertados. Docenas de atenuaciones irregulares aparecían en un período de 100 días, lo que parecía indicar que un gran número de objetos de forma irregular había pasado frente a la cara de la estrella bloqueando temporalmente su luminosidad. Pero, ¿qué podría ser eso? ¿Estaban los primeros ingenieros hallados fuera del planeta levantando una especie de esfera de Dyson, esa cubierta gigantesca propuesta en 1960 por el físico Freeman Dyson?
La esfera de Dyson
La esfera de Dyson- Wikipedia Creative Commons License

Por muy delirante que parezca, la atención suscitada por la estrella llevó a científicos del Instituto SETI a realizar una serie de escuchas para ver si podían detectar alguna señal de radio que indicara la presencia de esos constructores extraterrestres. En noviembre dieron a conocer sus resultados y fueron negativos: nada parecía indicar la existencia de señales de origen artificial. Un chasco.

Pero la palabra de SETI no fue la última. Un estudio publicado en enero por un astrónomo de la Universidad Estatal de Louisiana avivó las llamas de la especulación al anunciar que el brillo de la estrella de Tabby se había atenuado un 20% en el último siglo: un hallazgo particularmente difícil de explicar por medios naturales, pero consistente con la idea de que alguien estaba convirtiendo poco a poco el material planetario en el sistema de la estrella en megaestructuras gigantes que han estado absorbiendo cantidades crecientes de energía de la estrella durante más de un siglo. Ese estudio (puede consultarlo en el servidor de textos científicos Arxiv) ha sido aceptado para su publicación en la revista Astrophysical Journal, revisada por pares, es decir, con el visto bueno de expertos científicos.
Menos luz en la década de los 60

Sin embargo, un nuevo estudio, aceptado también para su publicación en la misma revista, ha llegado a conclusiones bien distintas. Y estas son mucho más prosaicas. Investigadores de la Universidad de Vanderbilt y la NASA han analizado las mismas observaciones en las que se basó el anterior estudio y han concluido que no hay evidencia creíble de que el brillo de la estrella haya cambiado constantemente a lo largo de ese período.

Estos últimos estudios se basan en observaciones de un espectacular archivo digital llamado DASCH que contiene más de 500.000 placas de vidrio fotográficas tomadas por astrónomos de la Universidad de Harvard entre 1885 y 1993. Los científicos tenían la sospecha de que el aparente oscurecimiento de 100 años de la estrella de Tabby podría ser simplemente el resultado del uso de diferentes telescopios y cámaras durante el siglo pasado. Los investigadores se dieron cuenta de que muchas estrellas en la base DASCH experimentaban una caída similar en intensidad en la década de 1960. Eso indica que las bajadas fueron causadas por los cambios en la instrumentación, no por cambios en el brillo de las estrellas.

Pero eso no lo explica absolutamente todo.

La estrella de Tabby sigue siendo «la más misteriosa del Universo», como dijeron sus descubridores (Se llama así por Tabetha Boyajian, la astrónoma que se fijó en ella), quienes aseguran que sus oscilaciones asimétricas solo pueden ser causadas por un objeto 1.000 veces la superficie de la Tierra. Los científicos examinaron una serie de posibles explicaciones, incluyendo variaciones en la salida de la estrella, las secuelas de una colisión planetaria tipo Tierra-Luna, montones interestelares de polvo que pasen entre la estrella y la Tierra, y algún tipo de interrupción por una supuesta compañera. Sin embargo, ninguno de los escenarios podría explicar todas las observaciones. Su mejor explicación era un cometa gigante que se fragmenta en una cascada de miles de cometas más pequeños, pero todavía no ha sido confirmada.

Que haya una civilización extraterrestre en obras es difícil de creer, pero la estrella seguirá dando de qué hablar. Porque, a pesar de todos los estudios, los científicos todavía no tienen ni idea de qué pasa, en realidad, por delante de ella.
Fuentes: ABC.ES

Arqueólogos mexicanos rechazan la supuesta ciudad maya descubierta por un adolescente canadiense

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El chaval, de 15 años, se guió por las constelaciones que aparecen en un códice prehispánico que se guarda en Madrid y la aplicación Google Earth

 Arqueólogos mexicanos rechazan la supuesta ciudad maya descubierta por un adolescente canadiense

Una de las noticias más sorprendentes de la semana pasada fue que un chico canadiense de 15 años, William Gadoury, había descubierto una ciudad maya en la península de Yucatán, México, sobreponiendo las constelaciones que aparecen en un códice prehispánico que se guarda en Madrid con la aplicación Google Earth, que proporciona imágenes satelitales de cualquier lugar del mundo.

Sin embargo, desde el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), la institución que se ocupa de conservar el patrimonio arqueológico mexicano, advierten a ABC de que ni avalan ni toman en serio esta información. Con un presupuesto anual de casi 4.000 millones de pesos (unos 190 millones de euros), 187 sitios abiertos al público –50 de ellos en la península de Yucatán– y 350.000 yacimientos registrados en todo el país, el problema del INAH no es que sea demasiado caro buscar una supuesta ciudad ignota, como recoge «Le Journal de Montréal» de boca de un geógrafo de la Universidad de Nuevo Brunswick (Canadá), sino que así no funcionan las cosas en el mundo de la arqueología.

Daniel Juárez Cossío, arqueólogo responsable de la sala maya del Museo de Antropología, en la Ciudad de México, pone en duda, para empezar, la hipótesis del joven Gadoury de que los mayas construyeran sus poblaciones siguiendo las constelaciones. «Todos los asentamientos humanos han buscado tierras fértiles, cercanía al agua y vías de comunicación», asevera. Eso es lo primero que considera una expedición que pretenda encontrar nuevos vestigios de alguna civilización. Juárez Cossío explica a grandes rasgos la metodología para ello: «Cuando te interesa una región, buscas la fotografía aérea o satelital, haces un rastreo, ubicas los posibles puntos donde crees que puede haber yacimientos, porque ni siquiera estamos seguros de que ahí estén, y una vez ubicados estos puntos, trazas una estrategia para llegar a ellos».

El proceso, pues, incluye herramientas tecnológicas, no solo fotografía satelital –mucho más precisa, explica Juárez Cossío, que Google Earth–, sino otras más modernas, como el LiDAR (acrónimo del inglés Light Detection and Ranging), un sistema de rayos infrarrojos para hacer levantamientos topográficos. Pero lo más importante es el trabajo de campo, y pone como ejemplo al profesor el doctor esloveno Ivan Sprajc, que en una veintena de años trabajando en la selva yucateca ha descubierto más de 80 sitios mayas.
Ciudades pendientes del cielo

Juárez Cossío hace hincapié en que los mayas tampoco tenían la tecnología para ubicar con esa precisión sus ciudades con las estrellas. Además, es tajante: «Pensar que cualquiera de los tres códices mayas que conocemos, el Madrid, el Dresde o el Tro-Cortesiano, constituye un mapa de las ciudades prehispánicas es no entender lo que es la civilización maya». Concede que «los mayas orientaban sus estructuras hacia puntos concretos del paisaje» y que «hay trabajos muy importantes sobre arqueo-astronomía que así lo indican», pero que «estar pensando que todas las ciudades están en función del cielo, eso no».

En el supuesto remoto de que México tomara en serio la hipótesis de Gadoury, para iniciar la exploración de semejante sitio nuevo, la decisión correspondería al Consejo Nacional de Arqueología, después de estudios y trámites que duran normalmente, explica el INAH, alrededor de un año. Los científicos no se mueven a ritmo de clic de internet.
Fuentes: ABC.ES

El mayor mundo sin nombre del Sistema Solar

El poco conocido 2007 OR10, un planeta enano que orbita más allá de Neptuno, ha resultado ser bastante más grande de lo que se pensaba

Los planetas enanos más grandes del Sistema Solar - Konkoly Observatory/András Pál, Hungarian Astronomical Association/Iván Éder, NASA/JHUAPL/SwRI

Los planetas enanos que se encuentran en el Sistema Solar tienden a ser un grupo misterioso. Con la excepción de Ceres, que reside en el cinturón principal de asteroides entre Marte y Júpiter, todos los miembros de esta clase de planetas de menor importancia se esconden en las profundidades más allá de Neptuno. Están lejos de la Tierra, lo que los hace difíciles de observar, incluso con grandes telescopios. Por todo eso, no es extraño que los astrónomos no hayan descubierto la mayoría de ellos hasta la última década, más o menos.

Uno de estos mundos enigmáticos es 2007 OR10, todavía sin bautizar. Recientemente, un grupo de astrónomos ha combinado los de datos de dos observatorios espaciales para intentar conocer más sobre él y ha descubierto algo sorprendente. Este planeta enano es significativamente más grande de lo que se pensaba.

Resulta que 2007 OR10 es el mundo sin nombre más grande del Sistema Solar y el tercero en la lista actual de alrededor de media docena de planetas enanos. El estudio también encontró que el objeto es bastante oscuro y gira más lentamente que casi cualquier otro cuerpo que orbita nuestro Sol, ya que le lleva 45 horas completar su rotación diaria.

Para su investigación, los científicos utilizaron el telescopio espacial Kepler de la NASA, cuya misión en la búsqueda de planetas se conoce ahora como K2, junto con los datos de archivo del Observatorio Espacial Herschel de infrarrojos de la NASA y la Agencia Espacial Europea (ESA). Los resultados se publican en la revista Astronomical Journal.

La medición revisada establece que el diámetro del planeta enano, de 1.535 km, es aproximadamente 100 km mayor que el segundo planeta enano más grande, Makemake, o alrededor de un tercio más pequeño que Plutón. Otro planeta enano, llamado Haumea, tiene una forma oblonga que es más ancha en su eje más largo que en 2007 OR10, pero su volumen total es menor.

Al igual que su misión predecesora, K2 busca el cambio en el brillo de los objetos distantes. Una atenuación en el brillo de una estrella puede ser la firma de un planeta que pasa (transita) por delante. Pero, en el Sistema Solar, K2 también busca cuerpos pequeños, como cometas, asteroides, lunas y planetas enanos. Debido a su exquisita sensibilidad a pequeños cambios en la luminosidad, Kepler puede observar el brillo de los objetos distantes del Sistema Solar y cómo cambian a medida que giran.

Averiguar el tamaño de esos objetos pequeños y débiles lejos de la Tierra es muy complicado, ya que aparecen como meros puntos de luz, lo que puede ser un desafío para determinar si la luz que emiten representa un objeto brillante más pequeño, o uno más grande, más oscuro. Esto es lo que hace que sea tan difícil observar a 2007 OR10. A pesar de que su órbita elíptica lo trae casi tan cerca del Sol como Neptuno, está actualmente dos veces más lejos del Sol que Plutón.

Las anteriores estimaciones basadas en datos de Herschel solo sugerían un diámetro de aproximadamente 1.280 km para 2007 OR10. Sin embargo, sin conocer bien el período de rotación del objeto, esos estudios estaban limitados en su capacidad para estimar su brillo general, y por lo tanto, su tamaño.

El descubrimiento de la lenta rotación por la misión K2 era esencial para que el equipo construyera modelos más detallados que revelan las peculiaridades de este planeta enano. Juntos, los dos telescopios espaciales han permitido al equipo medir la fracción de la luz solar reflejada por 2007 OR10 (utilizando Kepler) y la fracción absorbida y luego irradiada de nuevo en forma de calor (usando Herschel). Estos datos en conjunto proporcionan una estimación inequívoca del tamaño del planeta enano y el grado de reflectividad que tiene, según explican los investigadores.
Rojizo y oscuro

De acuerdo con las nuevas mediciones, el diámetro de 2007 OR10 es unos 250 km más grande de lo que se pensaba anteriormente. El tamaño más grande también implica una mayor gravedad y una superficie muy oscura, esto último debido a que la misma cantidad de luz es reflejada por un cuerpo más grande. Esta naturaleza oscura es diferente de la mayoría de los planetas enanos, que son mucho más brillantes.

Las observaciones previas basadas en tierra decían que 2007 OR10 tiene un característico color rojo, y otros investigadores han sugerido que esto podría ser debido a hielos de metano en su superficie. «Nuestro mayor tamaño revisado para 2007 OR10 hace que sea cada vez más probable que el planeta está cubierto de hielos volátiles de metano, monóxido de carbono y nitrógeno», dice András Pál, del Observatorio Konkoly en Budapest, Hungría, quien dirigió la investigación. «Es emocionante desentrañar los detalles de un mundo nuevo y distante, especialmente si tiene una superficie de este tipo excepcionalmente oscura y rojiza para su tamaño».

En cuanto a cuándo 2007 OR10 tendrá un nombre apropiado, ese honor le corresponde a sus descubridores. Los astrónomos Meg Schwamb, Mike Brown y David Rabinowitz lo detectaron en 2007 utilizando el telescopio Samuel Oschin en el Observatorio Palomar cerca de San Diego (EE.UU.). «Los nombres de los cuerpos del tamaño de Plutón cuentan una historia sobre las características de sus respectivos objetos. En el pasado, no hemos conocido lo suficiente sobre 2007 OR10 como para darle un nombre que le hiciera justicia», dice Schwamb. Sin embargo, «creo que estamos llegando a un punto en el que podemos dar a 2007 OR10 el nombre que le corresponde».
Fuentes: ABC.ES

Una «bala» de basura espacial golpea la Estación Espacial Internacional

El fragmento, apenas una escama de pintura o una bola metálica de milésimas de milímetro, hizo una muesca de siete milímetros

Impacto en el cristal blindado de la cúpula, a bordo de la EEI - ESA/NASA
ABC/EUROPA PRESSMadrid - 12/05/2016 a las 19:26:38h. - Act. a las 08:34:51h.

«A menudo me preguntan si la Estación Espacial Internacional (EEI) es golpeada por desechos espaciales. Sí. Esta es la prueba», ha dicho Tim Peake, un astronauta británico a bordo de la EEI, en un comunicado.

El astronauta de la ESA tomó esta foto el mes pasado desde una cúpula acristalada blindada instalada en la nave en 2010. Se trata de la «Cupola», una especie de habitación con vistas protegida por un cristal cuádruple. De no haber sido por la protección, en vez de una muesca el impacto podría haber causado graves daños.

En la fotografía se observa una «herida» de de 7 milímetros de diámetro producida seguramente por el impacto de un pequeño trozo de basura espacial, posiblemente, una escama de pintura o un fragmento de metal de solo unas pocas milésimas de un milímetro. El problema es que en el «vacío» del espacio hasta el tornillo más insignificante puede convertirse en un proyectil capaz de transformar una nave en un montón de chatarra. El motivo es que allí arriba, en la órbita terrestre, los cuerpos viajan a velocidades de entre seis y 10 kilómetros por segundo, veinte veces más rápido que una bala de fusil.

Según el comunicado de la ESA, cualquier objeto cosa por encima de 1 centímetro podía penetrar los escudos de los módulos de tripulación de la estación. Cualquier cosa más grande de 10 centímetros podría hacer añicos un satélite o una nave espacial. De hecho, la EEI se ve obligada a cambiar su trayectoria al menos una vez al año para evitar colisiones con grandes objetos.
El peligro de la basura

La NASA trata de cuantificar este peligro. Estima que encima de nuestras cabezas hay unos 23.000 objetos de más de diez centímetros de longitud, medio millón de un centímetro y decenas de millones de fragmentos más pequeños. Todos ellos se han ido acumulando ahí arriba con el transcurso de las misiones espaciales y la puesta en órbita de satélites.

La cúpula sirve como área de observación y trabajo cuando la tripulación opera con los brazos robóticos de la estación, y además ofrece excelentes vistas de la Tierra, los objetos celestes y los vehículos que visitan el complejo orbital. Sus ventanas de sílice fundido y borosilicato de vidrio, están preparadas para soportar los impactos de pequeños fragmentos de basura espacial.
Fuentes: ABC.ES

Últimas noticias (científicas) sobre extraterrestres

Investigadores dan un nuevo enfoque a la famosa ecuación de Drake y dicen que las probabilidades de que nunca haya existido otra civilización inteligente además de la nuestra son asombrosamente bajas

La ecuación de Drake, arriba. La de los investigadores de Rochester, abajo, elimina algunas variables - Universidad de Rochester

¿Estamos solos en el Universo? Es la pregunta del millón, que ha cumplido medio siglo sin que nadie pueda dar, todavía, una respuesta concluyente en ningún sentido. La famosa ecuación de Drake fue la primera en intentar contestarla con un cálculo de probabilidades. Esta fórmula matemática, propuesta por el readioastrónomo Frank Drake en 1961, intentaba estimar la cantidad de civilizaciones en nuestra galaxia que podrían emitir señales de radio. Para ello, tenía en cuenta varios factores, como la formación de estrellas adecuadas en una galaxia, el número de éstas que tienen planetas en su órbita o la fracción de esos planetas donde la vida inteligente puede haber desarrollado una tecnología.

Investigadores de la Universidad de Rochester en Nueva York han dado un nuevo enfoque a la ecuación, teniendo en cuenta los recientes descubrimientos de planetas fuera del Sistema Solar. Sus cálculos no intentan saber si ahora hay alguien más en el Universo, sino si pudo haberlo alguna vez o, más exactamente, cuál es la posibilidad de que, desde su origen, nosotros seamos los únicos seres tecnológicos que lo hayamos ocupado. Sus resultados no dejan lugar a dudas: las posibilidades de que la especie humana haya formado la primera civilización avanzada del Universo son asombrosamente bajas.

Los investigadores señalan que la ecuación de Drake tiene tres grandes incertidumbres. «Desde hace mucho tiempo sabemos cuántas estrellas existen aproximadamente. Pero no sabíamos cuántas de esas estrellas tenían planetas que podrían albergar vida, con qué frecuencia podría evolucionar la vida y conducir a seres inteligentes, y cuánto tiempo pueden durar las civilizaciones antes de extinguirse», plantea Adam Frank, profesor de Física y Astronomía en la Universidad de Rochester y coautor del trabajo. «Gracias al satélite Kepler de la NASA y otras búsquedas, ahora sabemos que aproximadamente una quinta parte de las estrellas tienen planetas en zonas habitables, donde las temperaturas podrían albergar vida tal como la conocemos. Así que una de las tres grandes incertidumbres ha sido reducida».

Sin embargo, la tercera gran pregunta -cuánto pueden sobrevivir las civilizaciones- es todavía completamente desconocida. «El hecho de que los seres humanos hayan tenido tecnología rudimentaria desde hace aproximadamente diez mil años no nos dice realmente si otras sociedades durarían tanto tiempo o tal vez mucho más», explica el investigador.

Frank y su colega Woodruff Sullivan, del departamento de Astronomía y Astrobiología de la Universidad de Washington, descubrieron que podían eliminar ese término por completo de la ecuación simplemente ampliando la pregunta. «En lugar de preguntar cuántas civilizaciones existen ahora, nos preguntamos '¿somos la única especie tecnológica que ha surgido?'», dice Sullivan. «Este cambio de enfoque elimina la incertidumbre de la duración de la civilización y nos permite hacer frente a lo que llamamos la cuestión cósmica arqueológica, cuántas veces en la historia del Universo la vida ha evolucionado hasta un estado avanzado».

De esta forma, los científicos calcularon la posibilidad de un Universo donde la humanidad ha sido el único experimento de civilización y otro donde otros han llegado antes que nosotros. «Con el uso de este método podemos decir exactamente cómo de baja es la probabilidad de que nuestra civilización sea la única que haya producido el Universo. Lo llamamos la 'línea del pesimismo'. Si la probabilidad real es mayor que la línea del pesimismo, entonces probablemente ha habido una especie tecnológica antes».
En busca de un contacto

¿El resultado? Mediante la aplicación de los nuevos datos de exoplanetas al Universo como un todo, Frank y Sullivan encontraron que la civilización humana sería única en el Cosmos sólo si las probabilidades de una civilización en desarrollo en un planeta habitable son inferiores a aproximadamente una en 10.000 millones de billones, o una parte en 10 elevado a 22. Ese resultado «es increíblemente pequeño», dice Frank. «Para mí, esto implica que es muy probable que otras especies inteligentes que producen tecnología se hayan desarrollado antes que nosotros. Piénselo de esta manera. Antes de nuestro resultado usted sería considerado un pesimista si se imaginaba que la probabilidad de que se desarrolle una civilización en un planeta habitable fuera, digamos, una en un billón. Pero incluso esa conjetura implica que lo que ha sucedido aquí en la Tierra con la humanidad ha sucedido, de hecho, ¡otras 10.000 millones de veces más de la historia cósmica!».

Para volúmenes más pequeños los números son menos extremos. Por ejemplo, otra especie tecnológica probablemente ha evolucionado en un planeta habitable en nuestra propia Vía Láctea si las probabilidades en contra son mejores que una entre 60.000 millones.

Sin embargo, la posibilidad de que podamos entablar diálogo parece muy escasa. «El Universo tiene más de 13.000 millones de años», dice Sullivan. «Eso significa que incluso si ha habido un millar de civilizaciones en nuestra galaxia, si viven sólo el tiempo de la nuestra, diez mil años, entonces probablemente ya están extintas. Y otras no van a evolucionar hasta que nosotros nos hayamos ido. Para que tengamos muchas posibilidades de éxito en la búsqueda de otra civilización tecnológica activa 'contemporánea', en promedio, tienen que durar mucho más que nuestra vida presente».

«Teniendo en cuenta las grandes distancias entre las estrellas nunca podremos tener una conversación con otra civilización de todos modos», dice Frank. Pero incluso si no podemos comunicarnos, el nuevo resultado tiene, a juicio de sus autores, una gran importancia científica y filosófica, y también un aspecto práctico. A medida que la humanidad se enfrenta a su crisis de sostenibilidad y cambio climático, podemos preguntarnos si otras civilizaciones pasaron por un cuello de botella similar y qué oportunidades . Como dice Frank, «ni siquiera sabemos si es posible tener una civilización de alta tecnología que dure más de unos pocos siglos».
Fuentes: ABC.ES

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