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¿Por qué se han invertido 600 millones de dólares en buscar ondas gravitacionales?

El pasado 11 de febrero fue un gran día para la ciencia. Por primera vez se detectó de forma directa la existencia de ondas gravitacionales, unas perturbaciones del espacio-tiempo predichas por Einstein en su Teoría General de la Relatividad  y que los científicos se han afanado en buscar durante decenios.
No solo confirman que Einstein (y la astrofísica actual) está en lo cierto, sino que además dotan a los astrónomos de una nueva herramienta para explorar el Universo, junto a la luz capturada en los telescopios. Al igual que se puede escuchar el rugido de un león en la oscuridad de la noche, ahora los físicos pueden buscar los bramidos de la gravedad que se producen en ciertos lugares. Allá donde una supernova estalle o dos agujeros bailen antes de fundirse en un colosal abrazo, por ejemplo, la gravedad es tan intensa que puede llegar a la Tierra tras recorrer miles de millones de años luz de distancia en forma de perturbaciones infinitamente minúsculas.

El equipo de LIGO, (de Laser Interferometer Gravitational-wave Observatory), ha sido uno de los principales responsables de que la ciencia esté ahora aprendiendo a escuchar la gravedad. Ellos han sido los que han detectado la priemera onda, y ellos son los que permitirán explorar el Universo en busca de objetos muy masivos que se muevan muy rápidamente y cuyas deformaciones puedan llegar hasta la Tierra. Gracias a esto, se podrá obtener mucha información nueva, y más adelante incluso puede que se pudiera escuchar el sonido de la gravedad que dejó el Big Bang.

Amber L. Stuver, científica del equipo de LIGO, recuerda cómo fue el descubrimiento y qué está por venir. También explica por qué los científicos llevan 20 años buscando las ondas gravitacionales y por qué se han invertido en ello más de 600 millones de dólares.
Amber L. Stuver (Penn State University)
Amber L. Stuver (Penn State University)

 P-¿En qué consiste la investigación que se lleva a cabo en LIGO?

En LIGO, trabajamos para hacer detecciones directas de ondas gravitacionales. Sabemos que existen porque observamos sus efectos sobre los objetos del Universo (esto supuso la entrega del Premio Nobel de Física en 1993). Si podemos detectarlas cuando llegan hasta nosotros, podemos usar la forma de la señal para decodificar información acerca del sistema que generó esas ondas. Y esto es exactamente lo que hemos hecho con la primera detección de ondas gravitacionales anunciada el jueves.

P-¿Por qué es tan importante detectar ondas gravitacionales? ¿Esto va a cambiar la astrofísica?

¡Esta detección es importante por muchas razones! Además de ser capaz de usarlas com o una nueva forma de observar el Universo, hemos hecho enormes avances en la tecnología solo para poder hacer estas mediciones. (La mayor parte de la onda gravitacional que hemos detectado apenas cambió la longitud de nuestros cuatro kilómetros de túnel en menos de la milésima parte del diámetro de un protón). Hemos construido sistemas de aislamiento sísmico que solo dejan que llegue a los detectores la billonésima parte de la energía procedente de las vibraciones del suelo. Tenemos algunos de los espejos pulidos con mayor precisión en la historia. Hemos desarrollado un software para separar las señales procedentes de ondas gravitacionales del ruido que siempre estamos midiendo. Cada uno de estros pasos fue necesario para que hiciéramos nuestro trabajo, pero ahora pueden ser aplicados en la industria y en otros proyectos de investigación.

Desde que hemos descubieto una nueva forma de observar nuestro Universo la astronomía ya ha cambiado. Hasta septiembre (cuando la onda gravitacional fue observada por LIGO) , las únicas formas de hacer observaciones era recurrir a todos los tipos de luz (visible, ultravioelta, de microondas, etc) y a las escurridizas partículas que llamamos neutrinos. Pero ninguna de ellas nos permitirá nunca obtener información que venga directamente de los agujeros negros o que nos permita obsevar cómo la masa se colapsa en el interior de una estrella moribunda (cosa que sí se podría aspirar a conseguir con las ondas gravitacionales). Para nosotros, ser capaces de usar las ondas gravitacionales es como si alguien que ha estado sordo toda su vida de repente oyera su primer sonido.

P-¿Qué sintió cuando se enteró del descubrimiento? Me imagino que estos han sido unos días felices para el equipo del LIGO…

Curiosamente, aceptar este descubrimiento fue un proceso muy gradual. Me enteré de esto cuando me levanté por al mañana (a las 4.50). Recuerdo que la fuerza de la señal y lo clara que era me hicieron sentarme y pensar “Guau, ¡realmente puede ser cierto!”. Pero todos intentamos inmediatamente encontrar pruebas de que no se trataba de una onda gravitacional; como científicos, estamos entrenados para ser escépticos. Llevó bastantes meses de investigación y cada vez que pasó alguno de nuestras pruebas, nuestra confianza se reforzó. Nuestra emoción se disparó cuando el artículo de la revista fue escrito. Nuestras discuiones no fueron nunca acerca de qué pasaría si habíamos descubierto las ondas, sino que eran acerca de lo que pasaría al haberlas descubierto. El día en que se anunció fue uno de los más memorables de mi vida.

P-¿Para qué sirve la tecnología de LIGO? ¿Y para qué sirve buscar las ondas gravitacionales?

Mucha de la tencología que ha sido desarrollada para hacer el trabajo de LIGO está siendo aplicada en otros proyectos de investigación y en la industria. (Aquí hay algunas tecnologías “spin-off”).

También podemos usar las ondas gravitacionales para convertir al Universo en nuestro propio laboratorio de experimentos que no pueden hacerse en la Tierra. Mi ejemplo favorito es que podemos aprender más acerca de la física de los átomos gracias a las ondas gravitacionales que llegan desde una estrella que está colapsando (esto pasa al final de la vida de algunas estrellas, y consiste en una especie del derrumbe del astro hacia su propio interior cuando los átomos no pueden soportar la atracción de la gravedad y “se acaban rompiendo” las fuerzas que los mantienen unidos). Como esa gran masa se está moviendo muy rápidamente, las ondas gravitacionales nos permitirán averiguar cómo se comporta esa masa. Todo eso depende de cómo se estén comportando los átomos en función de radiaciones, y temperaturas y presiones extremas. Dado que ese medio es muy diferente de cualquier cosa que podamos reproducir en cualquier laboratorio de la Tierra o en cualquier otro lugar de nuestro Sistema Solar, ese tipo de observaciones nos pueden permitir entender la física y más adelante llevarnos a descubrimientos y aplicaciones que hoy por hoy ni siquiera podemos imaginar.

P-¿Cuánto ha costado detectar estas ondas gravitacionales?

Una empresa como esta nunca puede sale barata. El proyecto ha costado hasta el momento alrededor de 620 millones de dólares, lo que incluye la construcción de las instalaciones hace 20 años, las mejoras del LIGO Avanzado (un proyecto para ampliar las capacidades del detector) y los costes de operación, desde facturas eléctricas a los sueldos de ingenieros y científicos  y otro personal que trabaja en LIGO. Aún así, creo que el LIGO es una ganga, teniendo en cuenta que lanzar una sola nave espacial cuesta alrededor de 450 millones de dólares y que nosotros hemos puesto a trabajar a muchas personas durante veinte años para obtener ahora resultados impresionantes.

P-¿Qué será lo siguiente?

Para comenzar la era de la astronomía de ondas gravitacionales hay que conseguir que detectarlas sea algo rutinario. Si conseguimos muchas observaciones podremos descubrir patrones que nos ayudarán a entender mejor el Universo. Nuestros científicos del área de instrumentos también están ocupadas trabajando en mejorar aún mas la sensibilidad de LIGO (ahora mismo estamos operando al 30% de la sensibilidad para la fue diseñado el LIGO, y aún así detectamos la primera onda gravitacional). Los observatorios que colaboran con nosotros también nos están ayudando a hacer mejoras o a construir otras ahora mismo. Además, el VIRGO (en Italia) está terminando la etapa de mejoras y el KAGRA, (en Japón), está siendo construido (ambos son instalaciones con la misma finalidad que LIGO).

También se está poniendo a punto la tecnología de los detectores espaciales. La misión LISA usa satélites para crear detectores extremadamente grandes que no tengan el límite del ruído, a causa de las vibraciones de baja frecuencia de la Tierra (en vez de túneles que albergan un láser los satélites estarán comunicados a través de haces de luz, a distancias muy superiores a lo que miden hoy en día los túneles de LIGO). Gracias a esto, será capaz de detectar ondas gravitacionales de baja frecuencia que no podremos detectar desde la Tierra. Justo ahora, el LISA Pathfinder está en el espacio poniendo a prueba la tecnología necesaria para que LISA funcione.

Fuentes: ABC.ES
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Extrañas señales del espacio ponen a prueba a Einstein

Solo duran unos pocos milisegundos y parecen provenir de más allá de la Vía Láctea. Investigadores han encontrado una nueva forma, al parecer mucho más eficaz, para probar uno de los principios básicos que subyacen a la teoría de la relatividad general de Einstein, el de Equivalencia, que establece que en una pequeña región del espacio cualesquiera que sean los efectos producidos por la gravitación son los mismos que los producidos por una aceleración.

Se trata de unas raras señales de radio, tan breves que solo duran unos pocos milisegundos, que parecen estar originadas por misteriosos acontecimientos más allá de la Vía Láctea, e incluso más allá del Grupo Local de galaxias que incluye la nuestra. Hasta ahora, solo una docena de estos eventos han sido detectados.

Como todas las otras formas de radiación electromagnética, incluyendo la luz visible, estas rápidas ráfagas de radio viajan a través del espacio en forma de ondas de partículas de fotones. El número de picos que llegan por segundo, su frecuencia, está en el mismo rango que el de las señales de radio. Los investigadores esperan que cuando se construyan detectores más poderosos, más señales de este tipo puedan ser observadas y se pueda confirmar su origen. «También vamos a ser capaces de utilizar estas explosiones como una sonda de sus galaxias anfitrionas, del espacio entre las galaxias, de la estructura cósmica en la red del Universo y como una prueba de la física fundamental», dice Peter Mészáros, profesor de Física en la Universidad Estatal de Pensilvania y autor principal del artículo, que se publica en la revista Physical Review Letters.

De igual forma, el impacto del nuevo método aumentará significativamente a medida que se observen más explosiones y su origen se pueda establecer con mayor firmeza. «Si se prueba que se originan fuera de la Vía Láctea, y si sus distancias pueden ser medidas con precisión, se convertirá en una poderosa nueva herramienta para poner a prueba el Principio de Equivalencia de Einstein», apunta Mészáros.

Curvatura del espacio

El Principio de Equivalencia afirma que dos fotones de diferentes frecuencias, emitidos al mismo tiempo de la misma fuente que viajan a través de los mismos campos gravitacionales, deben llegar a la Tierra en exactamente el mismo tiempo. «Si el principio es correcto, cualquier retraso de tiempo que podría ocurrir entre estos dos fotones no debe ser debido a los campos gravitatorios que experimentaron durante sus viajes, sino a otros efectos físicos», indica el investigador.

Mészáros dijo que la prueba que él y sus colaboradores desarrollaron implica un análisis de cuánta curvatura del espacio han experimentado los fotones debido a objetos masivos lejos o cerca de su camino a través del espacio.

Según el científico, su experimento reemplaza por uno o dos órdenes de magnitud los mejores límites anteriores sobre la exactitud del Principio de Equivalencia de Einstein, que se basaban en los rayos gamma y otras energías de la explosión de una supernova en 1987, la supernova 1987A. «Este resultado es un homenaje importante a la teoría de Einstein, en el centenario de su primera formulación», dice Mészáros.

Fuentes: ABC.ES
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Descubren en el espacio un diamante del tamaño de la Tierra

Se trata de la estrella enana blanca más fría y débil jamás detectada
Descubren en el espacio un diamante del tamaño de la Tierra
Recreación artística de la enana blanca y su púlsar compañero
Un equipo de astrónomos ha identificado en la constelación de Acurio, a 900 años luz de nuestro planeta, la que posiblemente es la estrella enana blanca más fría y débil jamás detectada. Este antiguo remanente estelar, el estado final de un astro como nuestro Sol, es tan frío que su carbono se ha cristalizado, formando en el espacio un diamante del tamaño de la Tierra y con una masa similar a la de nuestro Sol.

Esta gigantesca joya cósmica «es un objeto muy notable», afirma David Kaplan, profesor de la Universidad de Wisconsin-Milwaukee. «Estas cosas deben estar por ahí, pero son tan débiles que son muy difíciles de encontrar».

Las enanas blancas son los estados finales extremadamente densos de estrellas como nuestro Sol que han colapsado para formar un objeto de aproximadamente el tamaño de la Tierra. Compuestas principalmente de carbono y oxígeno, las enanas blancas se enfrían lentamente y desaparecen después de miles de millones de años. El objeto de este nuevo estudio tiene probablemente la misma edad que la Vía Láctea, unos 11.000 millones de años.

No está solo. Hace compañía a un púlsar, una estrella de neutrones que gira rápidamente, los restos superdensos de estrellas masivas que han explotado como supernovas. Y es gracias a su compañero que ha podido ser detectado. Cuando las estrellas de neutrones giran, ondas de radio como faros salen desde los polos de su potente campo magnético, cruzando rápidamente el espacio. Cuando uno de estos haces pasa a través de la Tierra, los radiotelescopios pueden captar el pulso de las ondas de radio.

De esta forma, el púlsar compañero de esta enana blanca, llamado PSR J2222-0137, fue el primer objeto de este sistema en ser detectado. Estas primeras observaciones revelaron que el púlsar giraba más de 30 veces por segundo y que estaba gravitacionalmente unido a una estrella compañera. La pareja orbita entre sí una vez cada 2,45 días. Nuevas observaciones realizadas durante dos años identificaron la ubicación del púlsar y la distancia de la Tierra, a unos 900 años luz en la dirección de la constelación de Acuario.

100 veces más débil
Mediante la aplicación de la teoría de la relatividad de Einstein, los investigadores estudiaron cómo la gravedad de la compañera ha deformado el espacio, causando retrasos en la señal de radio cuando el púlsar pasaba detrás de ella. Estos tiempos de viaje ayudaron a los investigadores a determinar la orientación de su órbita y las masas individuales de las dos estrellas. El púlsar tiene una masa 1,2 veces mayor que la del Sol y la de la compañera es 1,05 veces mayor.

«Es 100 veces más débil que cualquier otra enana blanca que orbita una estrella de neutrones y unas 10 veces más débil que cualquier enana blanca conocida, pero no se ve nada», afirma Bart Dunlap, de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill y uno de los miembros del equipo. «Si hay una enana blanca allí, y es casi seguro que está, debe ser muy fría».

Los investigadores calcularon que la enana blanca no tendría más que unos 2.700ºC. Los astrónomos creen que una estrella tan fría colapsada estaría formada en gran medida por carbono cristalizado, no diferente de los diamantes que conocemos. Otras estrellas como esta han sido identificadas y teóricamente no son tan raras, pero tienen un brillo intrínseco bajo, por lo que pueden ser endiabladamente difíciles de detectar.

Fuentes: ABC.ES
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Hallan el mayor grupo de quásares conocido en el universo

El descubrimiento cuestiona la concepción actual de la escala del universo

Astrónomos británicos hallaron la mayor estructura conocida en el universo. Se trata de un grupo de quásares tan grande que se tardaría 4.000 millones de años en cruzarlo viajando a la velocidad de la luz.
Se cree que los quásares son los objetos más brillantes del universo y que su luz emana de los núcleos de las galaxias desde los primeros días de existencia del universo. Son visibles a miles de millones de años luz de distancia. Tienden a agruparse en masas o 'estructuras' de un tamaño increíblemente grande, formando grandes grupos de quásares (LQG, por sus siglas en inglés).
 Es tremendamente emocionante, entre otras cosas porque contradice nuestra comprensión actual de la escala del universo”  
Sin embargo, esta nueva agrupación es mucho mayor que las que se conocían hasta el momento. Se compone de 73 quásares  y parece extenderse hasta alcanzar una media de 1.600 millones de años luz, aunque su dimensión más larga de un extremo a otro es de 4.000 millones de años luz.

"Aunque es difícil calcular la escala de este LQG, podemos decir de forma definitiva que es la mayor estructura vista en todo el universo", dijo Roger Clows, quien dirige el equipo investigador. 

"Es tremendamente emocionante, entre otras cosas porque contradice nuestra comprensión actual de la escala del universo”, agregó. 

Según Clows, el equipo continuará investigando el fenómeno con particular interés en el cuestionamiento del principio cosmológico, que es ampliamente aceptado desde tiempos de Albert Einstein, cuyo trabajo sigue siendo la base de la mayor parte de la cosmología moderna.

El descubrimiento, realizado por académicos de la Universidad de Central Lancashire, en el Reino Unido, fue publicado esta semana en la revista 'Monthly Notices of the Royal Astronomical Society'.  


Texto completo en: http://actualidad.rt.com/
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