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La NASA encuentra explicación para los extraños polígonos en el hielo de Plutón

Su origen está en procesos de convección y contracción a causa de los contrastes de temperaturas

Detalle de uno de los polígonos, en la planicie Sputnik, de decenas de kilómetros de longitud. El nitrógeno se acumula allí en forma de hielo, formando una capa de varios kilómetros de grosor

Desde que el pasado 14 de julio la sonda «New Horizons» sobrevolara Plutón y el hombre por fin explorara el planeta enano desde las proximidades, la NASA ha ido publicando con cuentagotas una gran cantidad de información sobre la geología y el comportamiento de esta «roca». Gracias a todo eso, los libros de texto ya no representarán a Plutón como una mancha marrón, sino como un planeta con su propia geografía y unos complejos procesos geológicos que además son una pista sobre la evolución del Sistema Solar en el que vivimos.

En los escasos minutos en los que la sonda New Horizons pasó «rozando» la superficie de Plutón, la cámara de alta resolución trazó una completa radiografía de la superficie del planeta. Casi un año después, dos artículos presentados este miércoles en la revista «Nature» dan explicación a uno de los misterios que surgieron entonces: el del origen de las formas poligonales que aparecen sobre el hielo de Plutón, en la llamada planicie Sputnik. Según sus conclusiones, los procesos de convección y contracción a causa de los contrastes de temperatura son los que han dado lugar allí a la aparición de grandes e irregulares polígonos de 10 a 40 kilómetros de longitud.

Estas formaciones aparecen en una vasta y profunda llanura de nitrógeno congelado situada en la región ecuatorial del pequeño planeta. Aparte de sus bordes rectos y largos, se caracterizan por tener en el centro zonas más elevadas que en la periferia.

Según la investigación presentada por William McKinnon, un constante proceso de convección está rejuveneciendo las capas de hielo, y es capaz de renovar los polígonos una vez cada medio millón de años. Además, sugieren que puede habre procesos similares en otros planetas enanos congelados del cinturón de Kuiper, una región situada más allá de Neptuno en la que se acumulan pequeños planetas, cometas y asteroides helados.

Por su parte, la investigación firmada por Alexander Trowbridge ha llegado a conclusiones similares, aunque no está de acuerdo en que esté ocurriendo un proceso de contracción, tal como ha concluido la investigación de McKinnon.

En un artículo adicional de comentarios publicado en Nature Geoscience, Paul Schenk y Francis Nimmo concluyen que tanto Plutón como su vecino, Caronte, muestran que los procesos planetarios son los mismos en todo el Sistema Solar: «El placer está en ver tal vareidad y complejidad, y al mismo tiempo que resulte familiar aún mirando tan lejos de casa», han escrito los autores.

Fuentes: ABC.ES
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La NASA, a punto de desvelar un importante hallazgo en Marte

Este jueves se ha convocado una rueda de prensa ante medios de todo el mundo. Se presentarán resultados de la misión MAVEN, cuyo propósito es analizar la atmósfera marciana y entender cómo el planeta rojo pasó de ser un lugar cubierto por oceános a un desierto helado

La agencia espacial tiene como objetivo primordial enviar una misión tripulada en el año 2030 -

Es cierto que la Agencia Espacial Estadounidense (NASA) es una experta en generar expectación y darle un cierto toque épico a sus descubrimientos. Pero también es cierto que pocas cosas dentro de la investigación científica levantan tantas pasiones como la conquista del espacio y la exploración de nuevos mundos. En juego está responder a preguntas universales o poder colonizar en el futuro nuevos planetas en el Sistema Solar o más allá.

Este jueves, la NASA ha convocado una rueda de prensa que será seguida a lo largo y ancho del globo para publicar «un nuevo hallazgo en el destino de la atmósfera de Marte». Después de anunciar, el pasado 28 de septiembre, el descubrimiento de agua líquida en salmueras de Marte, las expectativas son muy altas.

Lo único que se sabe hasta el momento es que a las ocho de la tarde del jueves, hora española, Michael Meyer, el director del Programa de la Misión de Exploración a Marte, estará acompañado por un equipo de cuatro científicos que han participado en MAVEN («Mars Atmosphere and Volatile Evolution»). Esta misión tiene como cometido principal estudiar tanto la atmósfera superior de Marte como su ionosfera, una capa cargada eléctricamente que resulta de la interacción de los gases allí presentes con el viento solar.

Aunque aún no ha trascendido el contenido de la rueda de prensa, el cometido de la misión MAVEN, que tan ampliamente representada estará ante los medios, puede dar algunas pistas: su objetivo principal es reconstruir el pasado de la atmósfera de Marte y entender cómo este planeta, que hace unos 4.000 millones de años estaba cubierto por masas de agua en superficie, se convirtió después en un desierto congelado e inhóspito.
Habitabilidad marciana

Las implicaciones de este conocimiento van más allá de la curiosidad de entender cómo era el clima marciano. Por una parte, cuanto más se sepa sobre el clima actual y sus posibles ciclos hidrológicos, más se podrá saber acerca de la «habitabilidad» marciana. Esto permitirá deducir si el planeta rojo puede o no albergar vida en forma de microbios (los seres vivos más complejos necesitarían unas condiciones mucho más exigentes). En segundo lugar, averiguar más acerca del clima de Marte podría servir para entender cómo un planeta hasta cierto punto similar a la Tierra puede quedar desnudo de su atmósfera y perder el agua que le recubre.

En los cuarenta años de exploración de Marte se han averiguado muchas cosas sober el clima. Ya fuera a través de sondas o rovers de exploración (actualmente la «Curiosity» porta una estación meterológica de procedencia española que se encarga de monitorizar el clima marciano), se ha averiguado que la atmósfera de Marte es 100 veces más delgada que la terrestre. Además, esta capa tan fina está compuesta en un 95 por ciento de dióxido de carbono, con un 2,7 por ciento de nitrógeno y un 0,13 por ciento de oxígeno, junto con trazas de otros gases. Desde luego la mezcla no resulta muy acogedora.
El difícil clima de Marte

También se sabe que en el pasado Marte tenía actividad tectónica, que no solo levantó enormes volcanes y formaciones montañosas, sino que permitía que existiera un ciclo del carbono entre rocas carbonatadas y la atmósfera. Todo aquello es hoy un recuerdo.

Hoy en día, el agua que queda se acumula en forma de hielo en los polos y en el subsuelo, en el permafrost. Por si fuera poco, las temperaturas fluctúan de forma drástica, y pueden ir de los 20ºC del ecuador en los polos a los 153 bajo cero en los polos. Todo esto en parte porque no hay una atmósfera que atrape la humedad y permita generar un efecto invernadero suficiente.
Una atmósfera «muerta»

Como parece claro que la atmósfera actual es un cadáver, algunos estudios sugirieron parte de los gases podrían haber quedado atrapados en las rocas marcianas, pero de momento los números no cuadran.

Por suerte, gracias a un sensor de iones montado en el MAVEN, parece haber otra posibilidad para explicar el pasado de la atmósfera de Marte. Este instrumento ha permitido medir el flujo de partículas de alta energía procedentes de los vientos solares. Algunos creeen que viajan a tal velocidad, que el flujo resultante quizás podría haber empujado la atmósfera hacia el vacío del espacio. El jueves podría confirmarse este hecho o hacerse un anuncio aún más sorprendente. Sea como sea el viaje hacia lo desconocido continúa.


Fuentes: ABC.ES
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Predicen una nueva Edad de Hielo para el año 2030

El proceso sería similar al que congeló buena parte del mundo durante el siglo XVII y principios del XVIII
Predicen una nueva Edad de Hielo para el año 2030
nasa
El Sol, en una imagen del Solar Dynamics Observatory, de la NASA el pasado 15 de Julio

La noticia ha causado impacto entre climatólogos de todo el mundo. Y no es para menos. Un grupo internacional de investigadores, liderado por V. Zharkova, de la Univesidad de Northumbria, acaba de revelar, durante el Encuentro Nacional de Astronomía en Llandudno, en Gales, que estamos a punto de experimentar una nueva «Pequeña Edad de Hielo» similar a la que congeló una buena parte del mundo durante el siglo XVII y principios del XVIII. Será entre 2030 y 2040.

Como es sabido, el campo magnético del Sol varía a lo largo del tiempo. Y estas variaciones magnéticas en la ardiente atmósfera solar tienen una influencia directa en la radiación electromagnética que emite el astro rey, así como en la intensidad de sus flujos de plasma y en el número de manchas en su superficie. La variación en la cantidad de manchas solares tiene una estructura cíclica, con máximos que se producen cada once años y que tienen efectos concretos sobre el medioambiente de la Tierra. Esos efectos pueden medirse observando la presencia de ciertos isótopos (como el carbono 14 o el berilio 10) en glaciares o en los árboles.

Pero existen numerosos ciclos diferentes que se repiten una y otra vez, con diferentes periodos y propiedades, aunque los mejor conocidos son los de once y noventa años. El primero se manifiesta con una reducción periódica de manchas sobre la superficie solar. Y su variante de 90 años se asocia con la reducción periódica en el número de manchas en determinados ciclos de once años.

En el siglo XVII se produjo un prolongado periodo de calma, llamado «el Mínimo de Maunder», que se extendió desde 1645 a 1700 y durante el cual las manchas solares prácticamente desaparecieron por completo. Durante este periodo, en efecto, apenas se contabilizaron unas 50 manchas solares en lugar de las cerca de 50.000 habituales. El análisis de la radiación solar, además, ha demostrado que sus máximos y mínimos coinciden casi siempre con los máximos y mínimos en cuanto al número de manchas.

Ahora, en un amplio estudio publicado en tres artículos diferentes, los investigadores han analizado el campo magnético de fondo de todo el disco solar durante tres ciclos completos de actividad (del 21 al 23), aplicando el denominado «análisis de componentes principales», que permite reducir la dimensión de los datos y el ruido estadístico para identificar solo las ondas que contribuyen en mayor medida a los datos de observación. El método podría compararse a la descomposición de la luz blanca por medio de un prisma, para detectar por separado las frecuencias de los diversos colores del espectro luminoso.

Como resultado, los investigadores lograron desarrollar un nuevo método de análisis, que les ayudó a descubrir que las ondas magnéticas se generan en el Sol por pares, y que el par principal basta para dar cuenta del 40% de la variación de los datos. Por lo tanto, se puede considerar al par principal de ondas como responsable de las variaciones del campo dipolar del Sol, que cambia su polaridad de polo a polo en cada ciclo de actividad de once años.

Utilizando su nuevo método de análisis, los científicos describieron la evolución de estas dos ondas y calcularon la curva de variación de las manchas solares (principal indicador de la actividad solar). Lo primero que hicieron fue predecir la actividad magnética del sol en el ciclo 24 (en el que estamos actualmente, desde 2008), y sus datos coincidieron en un 97% con las observaciones directas.

Animados por este éxito, los autores de la investigación decidieron extender la predicción a los dos ciclos siguientes (el 25 y el 26) y descubrieron que el par principal de ondas provocará en ese periodo un número de manchas muy escaso. Lo que llevará a una fuerte disminución de la actividad solarhacia 2030 ó 2040, comparable a las condiciones que existieron durante el Mínimo de Maunder en el siglo XVII.

Esta reducción de la actividad implica una disminución de la radiación solar de 3W por metro cuadrado, más del doble de lo habitual, lo que llevará a un recrudecimiento invernal extremoy a veranos muy fríos. «Muchos estudios han mostrado que el Mínimo de Maunder coincidió con la fase más fría del enfriamiento global (en el siglo XVII), hasta el punto de que se la conoce como 'Pequeña Edad de Hielo' –afirma Helen Popova, física de la Universidad Estatal Lomonosov de Moscú–. Durante ese periodo se sufrieron inviernos muy fríos en Europa y Norte América. Durante el Mínimo de Maunder el agua de ríos como el Támesis o el Danubio se congeló, el Moscova se cubría de hielo cada seis meses, la nieve cubría las llanuras todo el año y Groenlandia estaba cubierta de glaciares». Helen Popova es la investigadora que desarrolló el modelo matemático que ha permitido predecir la evolución de la actividad magnética del Sol.
Una atmósfera terrestre más fría

Si se produce en la actividad solar una reducción similar a la registrada durante el Mínimo de Maunder, también la atmósfera terrestre se enfriará. Según Popova, si las actuales teorías sobre el impacto de la actividad solar en el clima terrestre son ciertas, entonces el próximo mínimo de 2030 traerá un enfriamiento significativo, muy similar al ocurrido durante el siglo XVII.

Sin embargo, solo durante los próximos entre 5 y 15 años será posible tener una certeza absoluta sobre lo acertado de estas predicciones.

«Dado que nuestro futuro mínimo tendrá una duración de al menos tres ciclos solares, que es de unos 30 años, es posible que la disminución de la temperatura no sea tan drástica como durante el Mínimo de Maunder –explica Helen Popova–. Pero debemos examinar los datos con detalle. Estamos en estrecho contacto con climatólogos de varios países y seguiremos trabajando en ello».

La idea de que la actividad solar afecta al clima en la Tierra apareció hace ya mucho tiempo. Se sabe, por ejemplo, que basta una ligera variación de un 1% en la actividad solar para causar cambios medibles en la distribución de temperaturas y del flujo de aire en todo el planeta. Los rayos ultravioleta tienen efectos fotoquímicos, que llevan a la formación de ozono en la atmósfera, a una altura de 30 ó 40 km. Y el flujo de rayos ultravioleta aumenta considerablemente cuando se produce una llamarada solar. El ozono, que absorbe los rayos del sol lo suficientemente bien, se calienta como consecuencia de este aumento de radiación y afecta a las corrientes de aire en las capas bajas de la atmósfera y, en consecuencia, al clima.

También la emisión de partículas cargadas aumenta con la actividad solar. Y esas partículas alcanzan la Tierra y se mueven en complejas trayectorias, causando auroras, tormentas geomagnéticas y problemas en las comunicaciones por radio.




Fuentes: ABC.ES
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La inquietante leyenda de la alucinante cueva de hielo de Kungur, Rusia

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Las cuevas tienen su atractivo, en especial por ser fuente de misterio al relacionarse con lugares secretos, a lo escondido. Rusia cuenta con uno de estas maravillas considerada una de las más importantes del mundo: La Cueva de Hielo Kungur.

Se puede decir tranquilamente que la Cueva Kungur es un laberinto imposible de descifrar si uno no va con alguien experimentado y conocedor del lugar.

La Cueva de Hielo de Kungur, es protagonista de una inquietante leyenda:

Dos espeleólogos estaban examinado el lugar cuando uno de ellos se rompió la pierna. Su compañero salió a la superficie en busca de ayuda, pero nunca regresó. Ahora se dice que el espeleólogo con la pierna rota es visto por otros visitantes en los pasillos largos y oscuros y que nunca deja a aquellos que traicionan a sus amigos.

Los científicos afirman que la edad de la cueva de hielo Kungur es de 10-12 mil años. La cueva tiene 20 grutas y cerca de 60 lagos, una extensión de unos 6000 m, de los cuales sólo están abiertos al público 1,5 km. El resto de la cueva está cerrada y sólo es visitada por investigadores. Se sabe que fue habitada durante la Edad de Piedra. Que belleza natural, nuestro planeta o deja de sorprenderme. 
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Fuentes: DIARIOECOLOGÍA.COM
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