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SpaceX reduce el tamaño de la nave que irá a Marte en 2022

En el viaje está previsto que el cohete solo transporte carga, pero que en 2024 se realice una misión tripulada por personas

Space X, la compañía del inversor, inventor y empresario sudafricano Elon Musk, ha anunciado este viernes que ha reducido el tamaño del cohete espacial que está desarrollando para volar a Marte. La intención de la compañía es empezar la construcción de la nave en los primeros seis meses de 2018 para viajar al planeta rojo en el año 2022.

En esta primera travesía está previsto que el cohete espacial solo transporte carga, pero que dos años después, en 2024, se realice una misión tripulada por personas, según ha dicho Musk en una conferencia en la ciudad australiana de Adelaida. La primera misión humana destinada a Marte de la Nasa, sin embargo, no se espera hasta una década después.

La reducción en el tamaño del cohete es una novedad en la misión de SpaceX. En un principio, la compañía tenía previsto usar un juego de varios vehículos espaciales para colonizar Marte. La misión estaba prevista que comenzase en 2018 con una cápsula no tripulada llamada Dragón Rojo, pero la empresa ha anunciado este viernes que se va a centrar solo en una nave más corta y estrecha. "Queremos tener un solo sistema. Si podemos hacerlo, entonces todos nuestros recursos se podrán aplicar a este mismo sistema. Me siento bastante confiado en que podemos completar la construcción de la nave y estar listos para el lanzamiento en unos cinco años", ha dicho Musk.

El cohete que tienen previsto construir sería capaz de volar directamente desde la Tierra a Marte, podría transportar hasta a 100 pasajeros y sería, en parte, reutilizable. Otra de las características de las que ha presumido Musk durante su conferencia es la posibilidad de que la nave se use para viajar por la propia Tierra.

Marte está 225 millones de kilómetros de la Tierra y llevar por primera vez a personas allí es un objetivo ambicioso. El viaje duraría, según los cálculos de compañías como SpaceX, de seis a nueve meses. Esta empresa de Musk es una de las que fundó con el objetivo de colonizar Marte, uno proyecto privado y financiado con fondos públicos que compite en la carrera espacial por llegar al planeta rojo. Una certeza de la misión son los trajes espaciales que vestirán los astronautas durante el viaje: SpaceX los presentó el pasado agosto, y son de un material fino y liviano, con un diseño blanco y negro de líneas rectas y cortes geométricos.

Otro viaje a Marte La compañía australiana Lockheed Martin también ha anunciado este viernes sus planes para un viaje tripulado a Marte alrededor de 2030. La empresa ha revelado los dibujos conceptuales de una estación espacial orbitando alrededor del planeta rojo y embarcaciones para llevar a cuatro astronautas a la superficie del planeta.

"Sabemos que es frío, es bastante inhóspito, así que empezamos con los robots y luego bajamos con estos aterrizadores", dijo Rob Chambers, director de estrategia de vuelo espacial de Lockheed en una entrevista. Chambers no aclaró la fecha de la misión, pero podría tratarse de una expedición conjunta con la NASA que tiene como objetivo llegar a Marte durante la década de 2030.


Fuentes ELPAIS.COM
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Quien limpia los Rovers de la Nasa en Marte?

 A la izquierda, una fotografía del Opportunity tomada por las cámaras del rover en enero de 2014. A la derecha, la misma foto tomada en marzo del mismo año. Sí, los paneles solares están mucho más limpios en la segunda fotografía. ¿Cómo es posible?

 NASA La imagen (a resolución completa sobre estas líneas) dio la vuelta al mundo y causó sensación entre los devotos de las conspiraciones.

De hecho, no es la primera vez que pasa. En 2005, el rover MER-A Spirit de la NASA apareció notablemente más limpio. Esta es la foto:


La NASA llama a estos acontecimientos “eventos de limpieza”, pero no tienen nada que ver con extrarrestres ni con técnicos de la nasa pasándole un plumero a sus rovers. El término se acuñó en 2005 y designa a las tormentas de viento que son lo bastante fuertes como para eliminar la capa de polvo que otras tormentas depositan sobre la superficie de Marte.

La NASA conoce los efectos de la acumulación de polvo sobre el instrumental de sus vehículos desde 1997. Ese año la agencia presentó los resultados del Materials Adherence Experiment (MAE), una prueba que realizó durante la misión Pathfinder, y que demostró que el polvo en suspensión de la atmósfera de Marte oscurece los paneles solares a un ritmo del 0,29% al día. Una de las panorámicas tomadas por el Opportunity.
 
Foto: NASA

El primer evento de limpieza registrado es el que logró limpiar los paneles del rover MER-A Spirit en 2005. Los fuertes vientos que azotaron el robot lograron que la eficacia de los paneles solares subiera del 60% al 93%. Más tarde, en 2009, dos tormentas consecutivas lograron elevar de nuevo la entrada de energía solar al rover, que pasó de 223 vatios por hora a 372 en apenas un mes.

La culpable del polvo que ensució los rovers fue una masiva tormenta que tuvo lugar en 2007. Aunque la atmósfera de Marte es mucho más tenue que la de la Tierra, la fuerza del viento liberó tanto polvo en suspensión que obligó a la NASA a poner en hibernación el Spirit y su gemelo, el Opportunity, por falta de energía.

Es imposible prever el clima que hará en Marte. Por esa razón, los técnicos de la NASA suelen calcular la duración de las misiones con el cómputo más pesimista posible. En el caso de la Spirit, por ejemplo, la previsión inicial era de 90 soles (90 días). Sin embargo, su aportación a la exploración del planeta rojo se alargó a 1.223 soles. (de enero de 2004 a marzo de 2010).

Gran parte de este éxito hay que atribuírselo a los eventos de limpieza. No es de extrañar que los técnicos de la NASA reciban estos vendavales con auténtico entusiasmo.

Fuentes: http://es.gizmodo.com/
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¿Podrá la NASA convertir Marte en un planeta habitable?

La agencia espacial propone colocar una escudo magnético gigante que devolvería la atmósfera al Planeta rojo y facilitaría futuras misiones tripuladas

La NASA propone colocar un escudo magnético gigante en Marte para hacerlo habitable

La magnetosfera artificial devolvería la atmósfera al Planeta rojo, lo que facilitaría el establecimiento de futuras colonias humanas


La ilustración muestra cómo sería Marte con mares sobre su superficie - NASA Goddard Space Flight Centre


Los científicos creen que, como la Tierra, Marte tuvo en el pasado un campo magnético que protegía su atmósfera. Pero hace aproximadamente 4.200 millones de años, desapareció repentinamente, lo que causó que la atmósfera se perdiera poco a poco en el espacio. En 500 millones de años, el Planeta rojo pasó de ser cálido y húmedo a convertirse en el lugar frío y árido que hoy conocemos, un desierto inhóspito para las futuras misiones humanas que se atrevan a llegar hasta allí -la NASA espera consquistar Marte en la década de 2030-. Los peligros, lógicamente, son aún mayores para los colonos que quieran establecerse por la exposición a la intensa radiación y el riesgo de asfixia.

¿Un problema irresoluble? Quizás no. La NASA ha presentado una propuesta tan extraordinaria como ambiciosa que parece sacada de una película de ciencia ficción. Hace unos días, en un encuentro organizado en Washington por la División de Ciencias Planetarias de la agencia espacial, los investigadores propusieron ante colegas de todo el mundo desplegar un escudo magnético en Marte para restaurar su atmósfera «de forma natural». De funcionar, el plan convertiría el planeta en un mundo mucho más parecido al nuestro, con agua de nuevo fluyendo por su superficie, lo que facilitaría el bienestar y la seguridad de los astronautas.

Jim Green, director de ciencias planetarias, explicó que mediante la colocación de un escudo de dipolo magnético en el punto de Lagrange L1 de Marte (un punto en el espacio entre el planeta y el Sol en el que un objeto podría quedar estacionario) se podría formar una potente magnetosfera artificial que abarcaría todo el planeta, protegiéndolo del viento solar y la radiación, y permitiendo que la atmósfera de Marte se restaure con el paso del tiempo.

En su exposición, el equipo de Green reconoció que la idea podría sonar un poco «fantástica». Sin embargo, las nuevas investigaciones en magnetosferas en miniatura, para la protección de tripulaciones y naves espaciales, parecen apoyar la idea, que se realizaría a una escala mucho mayor. «En el futuro es muy posible que una o varias estructuras inflables puedan generar un campo de dipolo magnético a un nivel tal vez de 1 ó 2 Tesla (de 10.000 a 20.000 Gauss) como un escudo activo contra el viento solar», señalan los científicos en el documento que presentaron.

Además, el posicionamiento de este escudo magnético aseguraría la protección de las dos regiones donde se pierde la mayor parte de la atmósfera de Marte, la capa polar norte y la zona ecuatorial.
Subida de temperatura

El equipo de investigación -que incluyó a científicos del centro de investigación Ames, el centro de vuelo espacial Goddard, la universidad de Colorado, la de Princeton, y del laboratorio de Rutherford Appleton- cree que el escudo magnético sería capaz de contrarrestar el viento solar, de modo que las pérdidas atmosféricas se detendrían y en cuestión de años la atmósfera se recuperaría hasta la mitad de la presión atmosférica de la Tierra.

La temperatura aumentaría entonces un promedio de 4°C, lo que sería suficiente para derretir el hielo de dióxido de carbono en el casquete polar norte del planeta. El carbono en la atmósfera ayudaría a atrapar el calor como hace en la Tierra, lo que provocaría un efecto invernadero, calentando aún más la atmósfera y haciendo que el hielo en las capas polares se derritiera, dando lugar a que el agua líquida volviera a fluir en Marte en ríos y mares.

El equipo de la NASA cree que este proceso podría llevar a que se restablezca una séptima parte de los océanos que cubrieron Marte hace miles de millones de años. Si pudiera conseguirse algo semejante, la colonización del Planea rojo estaría mucho más cerca.



Fuentes: ABC.ES
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¿Cómo colonizaremos Marte?

Los científicos están trabajando en distintos proyectos para que vivir en Marte acabe siendo una realidad. ¿Podríamos los humanos vivir en Marte? Algún día, quizás. Ahora bien, crear asentamientos allí sería una tarea titánica.

La recreación que aquí presentamos está inspirada en la serie sobre Marte que National Geographic Channel emitirá en todo el mundo. Refleja las ideas que algunos científicos están concibiendo actualmente a partir de las investigaciones más recientes. Solo el tiempo dirá si este proyecto es válido para vivir en el planeta rojo.

Es conocida su afirmación de que le gustaría morir en Marte… pero no en una colisión contra el planeta. Y precisamente una tecnología que podría ayudar a evitar esa clase de incidentes superó una prueba esencial una noche de diciembre del año pasado, cuando un cohete Falcon 9 construido por SpaceX, la compañía de Musk, despegó de Cabo Cañaveral, en Florida, con un cargamento de 11 satélites de comunicaciones.

A los pocos minutos de vuelo el cohete auxiliar se separó del resto del Falcon 9, como miles de cohetes auxiliares han venido haciendo una vez han gastado su combustible desde el amanecer de la era espacial. Lo habitual es que se desintegren en la atmósfera y sus fragmentos caigan en el océano. Pero el combustible de este cohete auxiliar no se había consumido del todo. En vez de caer, dio la vuelta y sus motores volvieron a encenderse para decelerar y guiar el descenso a una plataforma de aterrizaje cercana. Desde tierra daba la sensación de estar viendo la grabación del lanzamiento rebobinada.

En el centro de control de lanzamiento de Cabo Cañaveral y en el de control de la misión de SpaceX en Hawthorne, California, cientos de jóvenes ingenieros observaban fascinados en las pantallas cómo se aproximaba la bola de luz. Musk salió del control de lanzamiento para verlo con sus propios ojos. Unos segundos después se oyó un ominoso estallido. Nadie había logrado jamás que un cohete auxiliar para lanzamientos orbitales como este aterrizase; de hecho, en los dos primeros intentos de SpaceX explotó. Pero aquel sonido no era más que el boom sónico que produjo el rápido descenso del cohete a través de la atmósfera, y que alcanzó los oídos de Musk justo en el momento en el que el cohete aterrizaba de forma suave, segura y, por fin, con éxito. Delante de sus pantallas, los ingenieros gritaban de alegría.

SpaceX acababa de lograr un hito en el campo de los cohetes reutilizables. Musk cree que esta tecnología podría reducir los costes de lanzamiento a una centésima parte, lo que otorga a SpaceX una ventaja competitiva en el negocio del lanzamiento de satélites y envío de suministros a la Estación Espacial Internacional. Pero este nunca ha sido el objetivo de Musk. Aquella misma noche dijo en una teleconferencia que el primer aterrizaje controlado de un cohete auxiliar era «un paso crucial en el camino a la fundación de una ciudad en Marte».

A Elon Musk no le basta con aterrizar en Marte, como hicieron los astronautas de la misión Apolo en la Luna. Él quiere crear una nueva civilización en ese planeta antes de que una catástrofe, posiblemente causada por nosotros mismos, nos borre de la faz de la Tierra. En Hawthorne, muy cerca del austero despacho de Musk, dos imágenes gemelas de Marte adornan una pared: una muestra el árido planeta rojo de hoy, y la otra, un Marte azul, con ríos y mares, «terraformado» por los ingenieros. Musk imagina la colonización de Marte con una flotilla de Mayflowers interplanetarios que lleven un centenar de colonos cada uno, solo que en este caso muchos de estos «peregrinos» van a tener que apoquinar medio millón de euros por un camarote en la nave espacial.

SpaceX se fundó en 2002 y todavía no ha llevado a ningún humano al espacio, aunque espera que eso cambie el año que viene, cuando transporte astronautas de la NASA a la estación espacial en un Falcon 9. La empresa ha estado trabajando en un cohete más grande, el Falcon Heavy, pero ni siquiera este nuevo modelo será lo bastante grande como para llevar humanos a Marte. A finales de septiembre (apenas unas semanas después de que otro cohete de SpaceX explotara en la plataforma de lanzamiento), Musk desveló algunos detalles acerca de sus planes para colonizar Marte en una conferencia que se esperaba con gran expectación. Pero no dio indicación alguna de que SpaceX haya desarrollado, y mucho menos probado, las demás tecnologías necesarias para mantener a los humanos vivos y sanos durante ese largo viaje. En junio había anunciado que su empresa planea enviar a sus primeros astronautas a Marte en 2024, que amartizarían –con suavidad, espera– en 2025.


«Ellos se llevarán la gloria y todas esas cosas –dice Musk–. Pero en un contexto histórico más amplio, lo que de verdad importa es enviar un gran número de personas, del orden de decenas de miles, si no de cientos de miles, y millones de toneladas de cargamento». Por eso cree que los cohetes reutilizables son tan importantes.

La NASA, que puso a hombres en la Luna en 1969 y ya había empezado a explorar Marte con sondas robóticas años antes, también planea enviar astronautas a Marte, pero no antes de la década de 2030, y solo para orbitar el planeta rojo. La delicada y peligrosa maniobra de amartizaje de una nave grande, afirma la NASA, es un «objetivo a largo plazo» que se alcanzará en una década posterior. Y no se pronuncia respecto a posibles ciudades marcianas.

 

Si la humanidad tiene un próximo gran destino en el espacio, ese es Marte.


Todo el mundo parece estar de acuerdo en una cosa: si la humanidad tiene un próximo gran destino en el espacio, ese es Marte. Sin embargo, hay discrepancias respecto a en qué medida es factible el proyecto. John Grunsfeld, el legendario astronauta de la NASA que reparó el Teles­copio Espacial Hubble tres veces y dejó el puesto de jefe científico de la agencia esta pasada primavera, recuerda que en 1992 le dijeron que su quinta de astronautas llegaría algún día a Marte. Este año, en parte gracias al éxito de la novela y la película Marte, la NASA ha recibido 18.300 solicitudes para su próxima quinta, que ofrece un máximo de 14 plazas. Grunsfeld aún quiere que los humanos vayan a Marte, pero también recuerda el consejo que le dio hace unos años al administrador de la NASA y compañero astronauta Charles Bolden. Era sobre las charlas a los nuevos reclutas: «No les digas que van a ir a Marte, porque no van a poder –le dijo–. Tendrán 60 o 70 años cuando eso ocurra».

En lo que la NASA ha estado trabajando duro, aparte de diseñar su propio cohete para ir a Marte, es en la atención a los pasajeros. Por ejemplo, en marzo, el astronauta estadounidense Scott Kelly y el cosmonauta ruso Mijaíl Kornienko regresaron a la Tierra después de pasar 340 días en la estación espacial. En su «misión de un año» hicieron de conejillos de indias en estudios sobre los efectos que una estancia prolongada en el espacio (un viaje a Marte, desde la salida de la Tierra hasta el regreso, llevaría casi tres años) tiene en el cuerpo y la mente humanos. Kornienko recuerda que, durante la reentrada en la atmósfera, la cápsula Soyuz traqueteaba como un coche en una calle adoquinada. Kelly y él apenas podían respirar: después de un año en gravedad cero tenían los pulmones y los músculos del pecho debilitados; y tras el aterrizaje en las estepas de Kazajistán apenas podían caminar. La tripulación de tierra los sacó de la cápsu­la temiendo que tropezasen y se rompiesen algo.

En las películas parece que la ingravidez es divertida, pero las entrevistas a Kelly y Kornienko desde la estación espacial indican lo contrario. Se les ve con la cara hinchada porque los fluidos no se drenan bien y siempre tienen los brazos cruzados para que no queden flotando en la temida «pose zombi». Los astronautas pueden acostumbrarse al inodoro de succión e incluso a pasarse todo un año aseándose con un paño húmedo a falta de una ducha, afirma Kornienko. En el viaje a Marte, mucho más largo y peligroso, los efectos que el espacio pueda tener sobre el cuerpo humano podrían suponer un serio problema. «Van a caer enfermos cuando lleguen allí», dice Jennifer Fogarty, subdirectora científica del Programa de Investigación Humana del Centro Espacial Johnson de la NASA en Houston.

En gravedad cero los huesos se atrofian. La regla general es una pérdida del uno por ciento de la masa ósea cada mes. El ejercicio enérgico ayuda, pero las máquinas de entrenamiento que se usan en la estación espacial pesan demasiado para una misión a Marte. Algunos astronautas de la estación también han sufrido graves problemas de visión, aparentemente porque los fluidos se acumulan en el cerebro y presionan los globos oculares. Sería una auténtica pesadilla que los astronautas amartizasen con la visión borrosa y los huesos frágiles y se rompiesen una pierna a las primeras de cambio. En teoría estos riesgos podrían reducirse si la nave girase rápidamente sobre sí misma, de tal manera que la fuerza centrífuga sustituiría a la gravedad. Pero los ingenieros de la NASA consideran que esto añadiría demasiada complejidad.

La radiación es otro riesgo. Los astronautas de la estación espacial tienen la protección del campo magnético de la Tierra, pero en un viaje a Marte estarían expuestos a la radiación de las fulguraciones solares y a los rayos cósmicos, partículas de alta energía que cruzan la galaxia casi a la velocidad de la luz. Estos pueden causar daños en el ADN y en las neuronas, lo que implica que los astronautas podrían llegar a Marte con menos luces, además de con visión borrosa y huesos frágiles. Una posibilidad sería revestir el módulo de la tripulación con una gruesa capa de agua, o incluso con tierra en la que crezcan plantas, como un escudo parcial contra la radiación.

El mero hecho de proporcionar a los astronautas agua potable y aire respirable ya es todo un reto. En el Centro Espacial Johnson conocí a Kenny Todd, jefe de integración de operaciones para la estación espacial. Había pasado la noche en blanco supervisando uno de los importantes lanzamientos de carga que no salen en la prensa. Estuvimos hablando de la orina, entre otras cosas.


Parte del agua de la estación espacial se consigue filtrando y reciclando la orina y el sudor; pero los filtros pueden obstruirse debido al calcio procedente de la pérdida de masa ósea de los astronautas, y a veces el agua se contamina con microbios. «Trabajar con orina es muy delicado», me dijo Todd. Los depuradores que eliminan el dióxido de carbono del aire también se estropean, como casi cualquier otro aparato de la estación. En órbita terrestre baja no es preocupante, porque la NASA puede enviar repuestos; pero una nave con rumbo a Marte solo tendría los recambios que llevase consigo. Según Todd, todo el equipo de soporte vital tendría que ser mucho más fiable de lo que es ahora, práctica­mente irrompible. Eso no significa que no quiera enviar gente a Marte, ni que critique a los soñadores que están listos para lanzarse a la aventura mañana mismo. «Hay que empezar por algo. Hay que empezar soñando –dijo–. Y en algún momento las cosas se hacen realidad». Lo que significa que hay que desentrañar muchas cosas.

Entre ellas algunas tan complicadas como la psicología humana. «Nos ha ido tan bien en las misiones robóticas que creemos que la cuestión del hardware ya está resuelta –comenta Fogarty–. Pero ahora vamos a añadir in­­dividuos autoconscientes y autodeterminados. ¿Comprendemos de verdad todos los riesgos que conllevan y les hemos dado todas las herramientas que necesitan para afrontar la situación?».

La NASA trabaja en esta cuestión mediante misiones análogas en la Tierra, y yo visité una de ellas en el Centro Espacial Johnson. En un almacén cavernoso y sin ventanas había una estructura de tres niveles, con forma de cúpula, también sin ventanas y rodeada de aislante acústico. En su interior había cuatro voluntarios que cobraban unos 145 euros diarios por permanecer físicamente separados del mundo exterior durante un mes. Trece cámaras instaladas dentro del hábitat permitían a los investigadores del «centro de control de la misión», situado a unos pasos de distancia, vigilar cada uno de sus movimientos y comprobar cómo sobrellevaban el aislamiento.

Pero la simulación tiene sus límites: «Obviamente no tenemos un interruptor para apagar la gravedad», me comentó la directora de proyectos, Lisa Spence; y estos astronautas disponen de un inodoro con cisterna y de una ducha. Spence y su equipo buscan la máxima verosimilitud posible. Hablamos en voz baja para que no nos oyesen dos voluntarios a los que estábamos observando mientras experimentaban un paseo espacial simulado con visores de realidad virtual en una oscura esclusa de aire. Acababa de caer una tormenta terrible, con truenos retumbantes; si alguien del interior del módulo preguntase por los truenos, me dijo Spence, «nos inventaríamos cualquier milonga sobre la climatología espacial».

Según los expertos, se necesita una personalidad particular para embarcarse en una misión a Marte: capacidad para soportar el aislamiento y el aburrimiento durante el largo viaje y para ir a mil por hora una vez en Marte, una gran resistencia mental y excelentes habilidades sociales. «Seleccionamos a gente muy comedida, y aun así habrá conflictos», afirma Kim Binsted, de la Universidad de Hawai en Manoa y directora de otras misiones análogas financiadas por la NASA. En la más reciente de ellas, se encerró a seis voluntarios durante un año en un falso hábitat marcia­no en mitad de la ladera de un volcán, de donde solo podían salir si se ponían trajes espaciales.

Con todo, ningún experimento que se realice en la Tierra puede emular la sensación de estar enclaustrado en una pequeña lata a millones de kilómetros de distancia. William Gerstenmaier, jefe de vuelos espaciales tripulados de la NASA, se ha fijado en un comportamiento de los astronautas de la estación espacial: «Publican en Twitter muchas fotografías de sus localidades natales, toman fotos de los estadios de fútbol americano de sus universidades… Siguen teniendo un vínculo muy fuerte con la Tierra».

Kornienko también lo sintió: «No se trata de simple nostalgia; no es un viaje de negocios a otra ciudad en el que añoras tu casa y tu familia –co­mentó al poco de regresar tras un año en órbita–. Allí echas de menos la Tierra en su conjunto. Es un sentimiento completamente distinto. Te falta el verde, es como si no hubiese suficiente bosque, ni verano, ni invierno ni nieve».

Ningún experimento que se realice en la Tierra puede emular la sensación de estar enclaustrado en una pequeña lata a millones de kilómetros de distancia

En junio, seis meses después del glorioso aterrizaje del cohete auxiliar de SpaceX, la NASA hizo su propia prueba en el norte de Utah. Se trataba de una «prueba en tierra» de un cohete auxiliar con combustible sólido que formará parte del Sistema de Lanzamiento Espacial, el cohete que según la NASA algún día llevará a humanos al espacio profundo. Miles de personas se congregaron a unos dos kilómetros de allí y observaron con atención mientras un altavoz efectuaba la cuenta atrás. Al llegar a cero, el cohete, que estaba de costado y amarrado al suelo, comenzó la ignición. El altavoz recordó a todo el mundo que la prueba era parte del programa «Viaje a Marte» de la NASA. Las llamaradas bramaron durante más de dos minutos, una gran columna de humo se elevó al cielo y los espectadores vitorearon.

«¡Hoy ha sido un día realmente increíble!», comentó Gerstenmaier en la posterior rueda de prensa. La prueba fue espectacular de verdad… al menos, todo lo espectacular que pudo ser dado que el cohete no llegó a despegar

«Estamos más cerca que nunca de enviar astronautas estadounidenses a Marte, más de lo que cualquiera, en cualquier lugar, en cualquier momento, ha estado jamás», escribió la administradora adjunta de la NASA Dava Newman en un blog el pasado mes de abril. Para quienes critican a la NASA, no lo parece; claramente no se lo habría parecido a Wernher von Braun, constructor del cohete lunar Saturn V. En 1969, en plena euforia tras el primer alunizaje, Von Braun presentó al presidente Nixon un plan para llevar al hombre a Marte en 1982, pero Nixon ordenó a la NASA que construyese la lanzadera espacial.

Desde entonces, los grandes planes para viajar más allá de la órbita terrestre baja han ido y venido. Gerstenmaier, que lleva décadas en la NASA, ha sobrevivido a los altibajos estratégicos impuestos por los políticos: le encargaron que volviese a enviar astronautas a la Luna, luego que los enviase a un asteroide, y luego que capturase un asteroide e hiciese que los astronautas lo visitasen en órbita lunar. Pero Gerst, como lo llaman los amigos, ni se inmuta. Es un ingeniero discreto, una especie de anti Musk, alguien que no quiere prometer lo que no será capaz de cumplir. Le gustaría ir a Marte de una forma lenta, metódica y sostenible… a un ritmo «glacial», dirían algunos de los que lo critican. «Decir que la NASA tiene una estrategia [para ir a Marte] es un insulto al concepto de estrategia», declaró Robert Zubrin, fundador de la Mars Society y defensor de la colonización de Marte como «la gran causa de nuestra generación». Michael Griffin, administrador de la NASA durante el mandato del presidente George W. Bush, cree que una misión a Marte será complicada, pero no más que el Proyecto Manhattan o el programa Apolo: «En lo que respecta a la tecnología necesaria, hoy estamos más cerca de Marte de lo que estábamos de la Luna cuando el presidente Kennedy marcó ese objetivo en 1961».

    "Hoy estamos más cerca de Marte de lo que estábamos de la Luna cuando el presidente Kennedy marcó ese objetivo en 1961"


Sin embargo, no lo estamos de financiar ese viaje, y es precisamente ese desembolso lo que llevó al traste los grandes planes del pasado. Los alunizajes del programa Apolo costaron unos 125.000 millones de euros al cambio actual, y según los expertos un plan realista de viaje a Marte tendría ese coste como mínimo; de hecho, al presidente George H. W. Bush se le presentó un plan completo por 400.000 millones de euros. El presupuesto anual para todas las misiones tripuladas de la NASA ronda los 8.000 millones de euros, y para llegar a Marte antes de la década de 2040 harían falta mucho más dinero y un presidente con un compromiso con la exploración espacial como el que tenía Kennedy. Durante la carrera entre Estados Unidos y la Unión Soviética por alcanzar la Luna, la NASA recibía más del 4 por ciento del presupuesto federal; en la actualidad recibe alrededor del 0,5 por ciento. Si hubiese una auténtica «carrera a Marte» contra China, por ejemplo, ayudaría, pero los chinos no parecen tener ninguna prisa por llegar al planeta rojo.

Que vayamos a Marte y cuándo lo hagamos no depende solo de la tecnología y del dinero: también depende de qué consideremos un riesgo aceptable. Los defensores de un amartizaje temprano dicen que la NASA es demasiado cauta, que los auténticos exploradores aceptan la posibilidad de fracasar o morir, que los primeros que intentaron llegar a los polos o cruzar los océanos sabían que quizá no lo conseguirían… y muchas veces no lo consiguieron. La NASA podría enviar gente a Marte mucho antes si no se preocupase tanto por si llegarán vivos o por si regresarán a casa.

Al final de la rueda de prensa de Gerstenmaier en Utah, un periodista local se levantó y dijo que tenía 49 años y que quería saber si llegaría a ver con sus propios ojos a un hombre en Marte.

«Sí –contestó Gerstenmaier, y añadió–: Aunque puede que “hombre” no sea la palabra adecuada. Verá a un ser humano».
Tras los aplausos, Gerstenmaier explicó por qué no se conseguiría hasta la década de 2040. La NASA tiene que volver al espacio profundo mediante misiones a su «campo de pruebas», es decir, a la Luna y otros puntos cercanos del espacio. Todo esto conduciría a poner a astronautas en órbita alrededor de Marte en la década de 2030. «Los retos que supone llevar una tripulación a la superficie añaden otro orden de magni­tud a la complejidad de lo que estamos tratando de hacer –me había dicho Gerstenmaier antes–. Por eso no me vale un calendario para 2030».

Y ahí es donde puede ayudar SpaceX. En Marte es mucho más difícil lograr un aterrizaje suave que en la Luna: su gravedad es más fuerte y su atmósfera –aunque demasiado tenue para frenar una nave– es lo bastante densa como para causar un sobrecalentamiento. Muchas sondas no tripuladas se han estrellado en Marte. La NASA ha amartizado un vehículo de exploración de una tonelada de peso –el Curiosity–, pero una capacidad de carga útil suficiente para llevar humanos y los suministros necesarios sería tan grande como una casa y tendría un peso mínimo de unas 20 toneladas.

Por ahora la solución más prometedora es la tecnología que está desarrollando SpaceX: la retropropulsión supersónica. En su descenso a velocidades supersónicas a través de las capas altas de la atmósfera terrestre, el cohete auxiliar Falcon 9 se encuentra en condiciones similares a las de Marte. El éxito del pasado diciembre en Cabo Cañaveral, y los siguientes aterrizajes en un barco en alta mar, llevan a muchos a afirmar que el envío de humanos a Marte es plausible. SpaceX ha compartido su información con la NASA, que a cambio le ha prestado la plataforma de lanzamiento 39A del Centro Espacial Kennedy, de la que salieron los astronautas del Apolo 11 con destino a la Luna. La empresa es joven, ágil y osada, como la NASA de aquellos tiempos; y la agencia se ha vuelto lenta, burocrática y cauta. Pero ni compiten entre sí ni se disputan una carrera: son socias. SpaceX hace llegar suministros a la estación espacial en una cápsula Dragon lanzada con un Falcon 9. En abril, Musk anunció que SpaceX quiere enviar una cápsula Dragon no tripulada a Marte en 2018. Para ello necesita el apoyo técnico de la NASA, en concreto sus enormes antenas de radio, que permiten las co­municaciones entre las naves y la Tierra.

Para enviar personas a Marte, SpaceX va a necesitar mucha más ayuda, porque esos billetes de medio millón de euros solo cubrirán una parte de los costes y harán falta los conocimientos de la NASA para mantener a los viajeros con vida. Por su parte, la NASA puede sacar partido de los cohetes, las cápsulas y el entusiasmo de SpaceX. Es probable que ambas vayan juntas a Marte, si es que finalmente van (el propio Musk ha dejado caer esta posibilidad). ¿Cuándo irán? Si lo hacen en colaboración, es probable que sigan el cauteloso calendario de la NASA. ¿Qué harán al llegar allí? Es mucho más fácil imaginarse a unos pocos científicos que pasan un par de años en una pe­queña base de investigación similar a las antárticas que a miles de personas emigrando de forma permanente a una ciudad marciana.

«A quienes piensan que les gustaría vivir en Marte les animo a pasar un verano, o mejor un año entero, en una base en el polo Sur», dice Chris McKay, un científico de la NASA y experto en Marte que ha trabajado en la Antártida. En su opinión, la idea de que los humanos puedan encontrar refugio en Marte tras cargarse la Tierra es «ética y técnicamente absurda». Y añade: «Creo que tenemos que asumir que el fracaso no es una opción. Considerar Marte como una especie de bote salvavidas hace que el del Titanic parezca un final feliz».

Mijaíl Kornienko recomienda una estancia prolongada en la estación espacial para hacer una criba entre los entusiastas que creen que les gustaría hacer un viaje solo de ida a Marte. Poco después de regresar de la estación espacial este año, recordaba el momento en el que la tripulación de tierra abrió la escotilla de la cápsula Soyuz: «El aire de la estepa entra en la cabina después de todo el ajetreo del descenso, y en ese momento comprendes que todo ha acabado. No hay nada mejor que ese aire que puedes cortar con un cuchillo y luego untarlo en pan».

Fuentes: http://www.nationalgeographic.com.es
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¿Y si las sondas Viking ya encontraron vida en Marte?

Nuevos datos apuntan a que los experimentos llevados a cabo en Marte en 1976 ya demostraron la existencia de vida en el Planeta rojo

Llevamos más de cuarenta misiones a Marte. Varios rover recorren desde hace años su polvorienta superficie, decenas de orbitadores estudian o han estudiado su atmósfera, su geología, la emisión de gases, la composición del terreno, los casquetes polares, las reservas de agua sobre y bajo la superficie... y todo con el único objetivo de aclarar si allí hubo alguna vez, o hay aún en la actualidad, alguna forma de vida. Hace apenas unos días se incorporó a la lista la misión europea ExoMars, cuyos instrumentos estudiarán con una precisión sin precedentes el metano de Marte para aclarar, por fin, si tiene o no un origen biológico.

Pero la gran pregunta podría haber quedado resuelta hace ya cuarenta años, cuando dos ingenios norteramericanos lograban, por primera vez, aterrizar con éxito en el planeta rojo. Las dos sondas Viking, en efecto, fueron las primeras que proporcionaron a la Humanidad imágenes en alta resolución del planeta, las primeras que estudiaron "in situ" sus características geográficas y analizaron la composición tanto de la atmósfera como de la superficie marcianas. Pero no solo eso. También fueron las primeras en llevar a cabo experimentos científicos destinados a buscar signos de vida en el suelo de Marte.

Sin embargo, aquellos primeros experimentos para detectar vida produjeron una serie de resultados sorprendentes y contradictorios. Uno de ellos en especial, el llamado Experimento LR (Labeled Release), mostró que el suelo de Marte daba positivo para la existencia de metabolismo. Un signo que aquí, en la Tierra, sugiere casi con total seguridad la presencia de vida. Lo malo fue que otro experimento relacionado no logró encontrar rastro de material orgánico, lo que implicaba que no había vida allí. Pero sin sustancias orgánicas, ¿qué es lo que era, o parecía ser, un proceso de metabolización en Marte?
Resultados contradictorios

En los cuarenta años que han pasado ya desde entonces, cientos de científicos han sido incapaces de reconciliar aquellos dos resultados tan contradictorios. Por lo tanto, el consenso generalizado es que las dos sondas Viking no lograron hallar pruebas concluyentes de la existencia de vida en Marte. Pero no todo el mundo está de acuerdo con eso. De hecho, una pequeña minoría de investigadores sigue sosteniendo en la actualidad que los resultados de las Viking sí lograron demostrar que en Marte, después de todo, hay vida.

Entre los que opinan de esta forma destaca Gilbert Levin, que formó parte del experimento LR de las misiones Viking. En un primer momento Levin pensó, como la mayoría, que los resultados no estaban claros, y se limitó simplemente a afirmar que eran "consistentes" con una actividad biológica. Pero a partir de 1997, después de muchos años de nuevos experimentos hechos aquí, en la Tierra, y tras las nuevas revelaciones sobre Marte (que la NASA ha declarado ya como "habitable"), además del hallazgo de organismos terrestres capaces de vivir en condiciones incluso peores de las que se dan en Marte, Levin y su colega Patricia A. Straat empezaron a argumentar que los resultados obtenidos en Marte en los años setenta se explicarían mucho mejor con la existencia de organismos vivientes.

Recientemente, Levin y Straat publicaban un artículo en Astrobiology en el que reconsideraban los resultados del experimento LR a la luz de los hallazgos más recientes en el planeta rojo y las propuestas de que ciertas sustancias inorgánicas podrían "imitar" los procesos que se dan en el metabolismo. Pero ambos investigadores argumentan en su artículo que ninguna de las sustancias no orgánicas propuestas son suficientes para explicar los resultados de las Viking, y que los "microbios marcianos" deberían seguir considerándose como la mejor explicación de los resultados.
Muestras del suelo

Para llevar a cabo el experimento LR, tanto la Viking 1 como la Viking 2 recogieron muestras del suelo marciano, les añadieron unas gotas de una solución de nutrientes diluida y después analizaron el aire justo encima de ese terreno en busca de signos de subproductos metabólicos. Dado que los nutrientes fueron marcados con carbono 14 radiactivo, si los posibles microorganismos del suelo los metabolizaban, el resultado habría sido la detección de subproductos radiactivos, tales como dióxido de carbono o metano radiactivos.

Antes del lanzamiento de las dos sondas, los científicos probaron los protocolos del experimento en una amplia variedad de suelos terrestres, desde los ambientes más áridos, en el Valle de la Muerte, en California, a la Antártida. Y en todos los casos esas pruebas dieron positivo para la existencia de vida. Como medida de control, los investigadores calentaron después todas las muestras hasta una temperatura de 160 grados, para eliminar cualquier forma de vida en ellos, y volvieron a hacer el test, que por supuesto resultó negativo. Para estar del todo seguros de que el experimento no producía falsos positivos, los investigadores volvieron a realizar el test sobre suelos probadamente estériles, como el de la Luna o la isla volcánica de Surtsey, cerca de Islandia. En efecto, en todos esos casos el test resultó negativo.

Una vez en Marte, y tras toda esa batería de pruebas previas, el experimento LR fue llevado a cabo después de que el otro experimento, el dedicado a buscar moléculas orgánicas, no produjera ningún resultado positivo. Fue entonces cuando se produjo la sorpresa, ya que ambas Viking, que estaban a casi 6.500 km. de distancia una de otra, demostraron que había pruebas de metabolismo en sus muestras. Para eliminar la posibilidad de que la fuerte radiación ultravioleta de Marte estuviera causando falsos positivos, ambos módulos recogieron nuevas muestras de suelo enterradas bajo rocas. Pero el resultado de ambos test seguía siendo el mismo.

Además, fuera lo que fuera lo que estaba metabolizando, demostró ser relativamente fragil, ya que la actividad metabólica se redujo significativamente cuando las muestras se calentaron a 50 grados de temperatura, y desapareció totalmente tras guardar las muestras durante dos meses en la más absoluta oscuridad y a una temperatura de 10 grados. Levin y Straat creen que esos resultados constituyen la prueba más fuerte de que aquellas muestras de Marte contenían, efectivamente, alguna forma de vida.
Moléculas orgánicas

Hoy en día los investigadores saben mucho más acerca de Marte que hace 40 años. Uno de los mayores descubrimientos se produjo en 2014, cuando el rover Curiosity detectó allí por primera vez moléculas orgánicas. Durante los últimos dos años, el analizador de muestras SAM del Curiosity ha detectado también metano, hidrocarburos clorados y otras moléculas orgánicas sobre el terreno. Y el hallazgo de moléculas orgánicas en Marte ha reavivado la cuestión de por qué los experimentos de las Viking no lograron detectarlas en 1976. Según explica Levin, existen múltiples razones que podrían explicar estos resultados negativos, entre ellas que el experimento realizado habría necesitado por lo menos de un millón de células microbianas para dar un resultado positivo.

Sin embargo, y a la luz de los descubrimientos más recientes, Levin y Straat creen que sería de la máxima importancia reconsiderar los resultados del experimento LR. Otros investigadores que apoyan este punto de vista han propuesto que las formas de vida marciana podrían darse en forma de metanógenos (organismos que producen metano como subproducto), halófilos (capaces de tolerar altas concentraciones de sal y una radiación severa), o incluso algún tipo de microorganismo "criptobiótico", capaz de permanecer en estado latente y reactivarse en presencia, por ejemplo, de una solución de nutrientes como la usada en el experimento LR.

"Parece muy prudente -escriben Levin y Straat en su artículo- que la comunidad científica considere la biología como una explicación viable para los resultados del experimento LR. Resulta inevitable que en el futuro haya astronautas explorando Marte, y por el bien de su salud y su seguridad, la biología debería de ser considerada como la primera de las posibles explicaciones para los resultados del LR".

Fuentes: ABC.ES
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¿Se ha estrellado Europa en Marte?

Europa puso un pie en Marte este mismo miércoles. Lo cierto es que la Agencia Espacial Europea (ESA) ya tenía una sonda allí desde 2003, la Mars Express, pero ayer tuvo éxito al poner en la órbita de Marte un sofisticado e importante satélite de exploración, el Trace Gas Orbiter (TGO).

Este es un elemento clave en el ambicioso programa europeo de exploración de Marte, ExoMars. Tiene la relevante tarea de averiguar si el metano de la atmósfera de Marte es causado por seres vivos o por la actividad geológica del planeta.

Sin embargo, no todo fue como estaba previsto. Otro de los elementos fundamentales de ExoMars, que viajó anclado al TGO durante siete meses, probablemente fue destruido ayer. Se trata del módulo de aterrizaje experimental Schiaparelli, una “galleta” de 600 kilogramos cuya finalidad era probar que los sistemas europeos de aterrizaje funcionan y permitirán llevar a Marte a la segunda misión del programa ExoMars: ExoMars 2020, una etapa en la que se posará en Marte un sofisticado rover de exploración.

Misión ExoMars 2016 (ESA). El satélite TGO (izquierda) tuvo éxito, pero el módulo de aterrizaje Schiaparelli (derecha) probablemente no

“La exploración de Marte es dura y difícil, y por eso la hacemos“, dijo este jueves David Parker, director de exploración humana y robótica de la Agencia Espacial Europea (ESA), esta misma mañana. Celebraba una esperada rueda de prensa en el cuartel general de la ESA en Darmstadt, Alemania, y estaba rodeado de importantes cargos: Jan Wörner, director general de la ESA, Andrea Accomazzo, manager de operaciones de la ESA y Rolf Densing, director de operaciones. Todos ellos trataban de explicar qué pasó ayer.

Las cosas se torcieron el miércoles por la tarde. Se confirmó, tal como estaba previsto, que la TGO no se había pasado de largo de Marte, después de una compleja maniobra en la que hizo falta que su motor estuviera quemando combustible durante dos horas. Pero el pequeño Schiaparelli, una cápsula cónica con un diámetro de 1,65 metros, comenzó a dar disgustos. No se pudo captar su señal con los radiotelescopios del Giant Metrewave Radio Telescope (GMRT), en Pune (India) y minutos después se descubrió que la Mars Express tampoco había podido recabar información sobre un aterrizaje exitoso. La ESA pidió paciencia y dijo que la Mars Reiconaissance Orbiter (MRO), de la NASA, podría aportar datos sobre lo ocurrido, pero lo cierto es que tampoco este intento tuvo éxito. Así las cosas, al día siguiente, Andrea Accomazzo explicó que “aún no estamos en posición para determinar las condiciones en las que el aterrizador tocó el suelo, para decir si pudo sobrevivir al aterrizaje o no”.

No estamos a ciegas. El módulo Schiaparelli estaba diseñado para tomar mediciones durante su aterrizaje y rebotarlas automáticamente a la TGO, a la Mars Express, a la MRO y a los radiotelescopios indios. No hay que olvidar que su objetivo era fundamentalmente averiguar si Europa podía aterrizar en Marte, así que era interesante recoger toda la información posible.

Schiaparelli se desprende del paracaidas. Esto ocurrió antes de tiempo (ESA)

Gracias a esto, hoy en día se sabe que el aterrizaje fue bien durante las primeras fases. El escudo térmico que protegía a la nave del calor y la fricción con la atmósfera marciana (es el mismo efecto que hace brillar y desintegrarse a los meteoroides) funcionó correctamente. Schiaparelli entró en la atmósfera a una velocidad de casi 21.000 kilómetros por hora, y en teoría fue frenado hasta rondar los 1.600. Entonces, se puso en marcha el paracaidas supersónico, cuya función era frenarla hasta los 250 kilómetros por hora. Según los datos recogidos por la TGO, todo apunta a que esto fue correcto. Nominal, como dirían los ingenieros. Pero después, no.

“Después de esta fase, el aterrizador definitivamente no se comportó exactamente como se esperaba”, explicó Accomazzo.

La cobertura superior del escudo térmico, en la que estaba sujeto el paracaidas, no se desprendió de Schiaparelli en su momento, si no un poco antes. Quizás a causa del fallo de algún sensor, o a algún desperfecto físico o en el software, el módulo comenzó a caer en caída libre antes de tiempo. Entonces, se activaron los nueve retrocohetes de la nave, cuya función era arder durante unos 29 segundos para amortiguar a Schiaparelli en sus supuestos últimos 1.300 metros de caída, y dejarla caer blandamente en el suelo los dos últimos metros, a unos 11 kilómetros por hora. Lo cierto es que los motores arrancaron, pero por desgracia solo ardieron durante 3 o 4 segundos. Mucho menos tiempo del previsto.

Al final, se perdió el contacto con la nave, exactamente 50 segundos antes del momento previsto de aterrizaje controlado. ¿Ocurrió porque Schiaparelli descendió mucho más rápido de lo planeado y acabó estrellándose contra Marte? Parece muy probable.

Nueve cohetes tenían que frenar a Schiaparelli durante casi 30 segundos, pero parece que solo funcionaron durante 3 o 4 (ESA)

Accomazzo dijo que no hay forma de saber de momento si Schiaparelli está intacta o convertida en un meteorito de alta tecnología. Ahora, comienza una cuenta atrás hasta que las baterías del módulo se apaguen, si es que acaso están enteras: están diseñadas para durar unos cuatro días marcianos (39 minutos más largos que los terrestres), lo que quiere decir que este fin de semana Schiaparelli dormirá para siempre pase lo que pase. Si no se contacta con ella antes, será imposible recuperar información posterior al momento en que se perdió contacto con ella.

La NASA tratará de encontrar a Schiaparelli. La MRO intentará localizarla sobre el terreno, y para ello orbitará sobre Meridiani Planum, la zona donde aterrizó el rover Opportunity, de la NASA, en 2004, y también el lugar donde está el módulo de aterrizaje de la ESA. Este miércoles lo intentó en dos ocasiones, pero no pudo detectar al módulo. Pero quizás dentro de unos días pueda averiguar qué ha pasado.

Pero la pérdida de Schiaparelli no tiene por qué ser una tragedia para la carrera espacial europea. No hay que olvidar que estaba diseñada para hacer pruebas. Tal como dijo este jueves David Parker, durante el descenso “recogieron una enorme cantidad de datos”, todos ellos de interés para preparar las futuras misiones de la ESA, y en especial la ExoMars2020. Y, a fin de cuentas, no se puede aprender a volar sin sufrir accidentes.

El problema es que la semana que viene la ESA tiene que recibir 300 millones de euros de sus miembros para continuar con ExoMars, un programa que en teoría costará un total de 1.200, sin contar con las aportaciones de cada país a los instrumentos que entrega. Pero  Jan Wörner, director general de la ESA, dijo que no habrá problemas: ”No tenemos que convencer a los gobiernos, los resultados positivos son evidentes”, dijo.

Una difícil carrera

Tal como dijo para Nature Francesca Esposito, investigadora principal de los escasos experimentos que viajaban a bordo de Schiaparelli, no hay que olvidar que “Es el espacio. Él no colabora“. Desde que comenzó la carrera espacial en los años sesenta, la Unión Soviética, Estados Unidos, Japón, India, China y Europa han enviado más de 40 misiones al planeta rojo. Pero en todo este tiempo, y a pesar de varios intentos, solo la NASA ha logrado aterrizar con éxito un robot de exploración en Marte. Y lo ha hecho en siete ocasiones.

La tecnología y las redes sociales han hecho que recibamos las imágenes tan nítidas recogidas en Marte con normalidad, como si fueran fruto de los esfuerzos de Google Maps. Pero probablemente olvidamos el enorme reto técnico y científico que supone hacerlo, y que esto solo se logra a costa de un ingente esfuerzo humano y monetario.

Viajar a Marte no es tan fácil como ir a la Luna. Después de un largo viaje (de unos seis a nueve meses, en comparación con los seis días de ruta hacia la Luna), hay que frenar la nave para no pasarse de largo, gastando una buena cantidad de combustible. Aterrizar, implica lidiar con una gravedad que es casi el doble de la lunar, y soportar la fricción de una tenue pero aún así notable atmósfera (a veces cargada de polvo en suspensión). Para aquellos que sueñan con viajar a Marte como astronautas, hay que contar con que además hay que ser capaz de despegar desde allí con un potente cohete, y luego luchar contra la gravedad en la órbita antes de emprender un viaje de varios meses de vuelta a la Tierra.

La NASA va indudablemente a la vanguardia, y seguirá ahí si Obama apoya definitivamente su misión a Marte. En 2012 logró aterrizar un gran rover de 900 kilogramos sobre una plataforma suspendida sobre cohetes en Marte. Y en 2020 lo repetirá con otro potente rover de exploración.

No es ciencia ficción, es la Curiosity descendiendo en 2012 en Marte (NASA)

Europa ha comenzado hace poco a luchar por Marte. Envió la Mars Express allí en 2003, pero fracasó al hacer funcionar el módulo de aterrizaje Beagle (no se abrieron unos paneles solares y quedó apagado). Sin tropezar no podrá lograrlo. Por delante está el reto de perforar el subsuelo en busca de vida marciana pasada o presente e incluso traer muestras a la Tierra.

Mientras tanto, la Trace Gas Orbiter, de la ESA, rastreará el metano de Marte en busca de posibles huellas de vida, o de ciclos geológicos desconocidos. Además, podrá detectar las reservas de agua que se esconden en el subsuelo, una zona donde hay agua líquida, temperaturas más suaves y hay protección frente a la radiación. Si el hombre viaja a Marte en 2030 como se dice, gracias a todos estos robots y satélites sabrá mucho mejor dónde buscar la vida o dónde establecer sus bases.


Publicado por gonzalolopez el oct 20, 2016

Fuentes: ABC.ES
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«Primero arregla la Tierra y entonces quizás podamos viajar a Marte en 1.000 años»

Mark McCaughrean, asesor científico de la ESA, vino a Madrid para hablar sobre el final de la misión Rosetta. También habló del reto de explorar otros planetas y las amenazas del cambio climático y la caída de asteroides en la Tierra


Mark McCaughrean, investigador de la Agencia Espacial Europea (ESA) - Cedida por la Fundación BBVA/KIKE PARA
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Mark McCaughrean es asesor científico senior de la ESA y uno de los responsables de comunicar los avances que se producen en la agencia espacial. Visitó la sede de la Fundación BBVA en Madrid para impartir una conferencia sobre el final de la misión Rosetta, que recientemente se estrelló contra el cometa 67P/Churyumov Gerasimenko. Es experto en formación de sistemas planetarios y también un apasionado conversador que tiene muy en cuenta los retos a los que se enfrenta la humanidad, como la exploración de otros planetas o el cambio climático. También mencionó dos peligrosas amenazas para el futuro: el impacto de un gran asteroide contra la Tierra y la erupción de un supervolcán como el de Yellowstone. «Va a ocurrir», vaticina. A pesar de todo, aún tiene la esperanza de que la divulgación científica y la ciencia ficción puedan reconducir los sueños de la humanidad hacia un futuro menos catastrófico.

-¿Cómo le diría a un lector por qué Rosetta ha sido importante?

Rosetta es algo que le importa a todo el mundo, porque busca el significado de la vida. En ese cometa que estudiaba (el 67P/Churyumov Gerasimenko) hay material que ha quedado remanente del nacimiento del Sistema Solar. Y parte de ese material podría ser realmente la base de la vida. Cuando la Tierra era muy joven estaba muy caliente, no había moléculas orgánicas ni había agua. Entonces, ¿de dónde venimos? Una posibilidad es que viniéramos de los cometas que impactaron contra la Tierra, y que trajeran la materia prima, los ladrillos necesarios para construir vida. Por supuesto la ciencia es más complicada que todo esto, pero la pregunta básica de si estamos hechos de cometas es algo que todos entendemos de alguna forma.

«A largo plazo, seremos golpeados por algo realmente muy grande»

Dicho de otra forma, se puede decir que el cometa 67 P es como un cofre del tesoro que ha estado en una habitación oscura durante 5.500 millones de años. Y que Rosetta es la llave que ha ido allí para abrir el cofre. Lo cierto es que hoy en día la llave está rota en pedazos por el suelo... Tenemos un montón de datos y estamos tratando de juntarlos, pero la ciencia no se hace en una noche. Con lo que hemos recogido, tenemos trabajo para 10 o 20 años más.

-¿Y usted piensa que estamos hechos de cometas?

Lo que hemos aprendido durante la misión Rosetta es que el agua en este cometa no es la misma que el agua de la Tierra. Tiene una proporción distinta de hidrógeno-deuterio: en concreto, este cometa tiene tres veces más deuterio. Esto sugiere que probablemente todo el agua de la Tierra no llegó desde cometas, sino que quizás vino también de asteroides, que son objetos más secos, pero también más numerosos.

Lo que estamos aprendiendo es algo parecido a hacer la receta de una tarta: tenemos la tarta, el agua de la Tierra, y cómo hacerla. Puedo tener algo de harina, los cometas, algo de mantequilla, los asteroides, pero no demasiado salsa de tabasco porque quiero que mi tarta sepa bien. Así que, mirando al agua de la Tierra y analizando a cometas y asteroides podemos aprender cómo se hace la Tierra. Y esto también es cierto para moléculas orgánicas de las que estamos hechos.

Pero aquí la historia es diferente, porque los cometas tienen montones de moléculas orgánicas, como aminoácidos como la glicina o el fósforo, un componente muy importante en el ADN. No significa que haya vida en el cometa, solo significa que si tienes un planeta muerto y tu quieres empezar vida, necesitas algunos ingredientes para la tarta. Y los cometas golpearon mucho la Tierra en el pasado. No lo hacen muy frecuentemente estos días, pero ocurrirá.

-¿Es posible que esto haya ocurrido en otros sistemas estelares y que la vida sea un fenómeno universal?

Sabemos que hay cometas en otros sistemas estelares. Creemos que la mayoría de los sistemas solares se formaron de una forma similar al nuestro: una nube de gas y polvo se convirtió en un disco que giraba alrededor de una estrella, y con las colisiones aparecieron planetas y cuerpos menores. Lo normal es asumir que si aquí los cometas tienen este papel, en la mayor parte de las estrellas también lo tendrán. No creemos que el Sistema Solar sea muy especial, aparte de por el hecho de que estamos aquí, pero lo cierto es que aún no hemos detectado vida en otras estrellas.

-Entonces, ¿fueron muy importantes los impactos de cometas y asteroides?

Al comienzo todo dependió de eso. Gracias a los impactos todos los fragmentos se unieron al comienzo del Sistema Solar. Y 5.000 millones de años después hubo muchos impactos en los planetas y las lunas que existen hoy en día. Esto ocurrió porque los planetas cambiaron sus órbitas: Júpiter y Saturno se movieron, Neptuno y Urano se fueron.

«Nos estamos expandiendo por la Tierra como un virus malvado y pretendemos vivir en Marte»

Si el Sistema Solar se formó como pensamos, ni Neptuno ni Urano deberían estar ahí. Deberían estar más cerca, pero, ¿cómo llegaron ahí? Parece ser que cuando Neptuno y Júpiter se movieron a causa de la gravedad, empujaron a varios planetas hacia el exterior. Y al mismo tiempo todos esos cometas y asteroides se movieron de repente. Fue como lanzar una bomba en una cesta de pelotas de ping pong. De repente las pelotas comenzaron a botar por todas partes y comenzaron a golpear cosas.

El nacimiento del Sistema Solar estuvo marcado por las colisiones- ARCHIVO

Por eso alrededor de 100 millones de años después hay huellas de una inmensa cantidad de impactos en el Sistema Solar. Puedes verlo en los cráteres de la Luna, por ejemplo. Y ahí es cuando pudo llegar a la Tierra la materia prima de la vida, porque fue entonces cuando el planeta se estaba enfriando. Hasta ese momento, no se había desarrollado vida en la Tierra, aunque si lo hubiera hecho, habría muerto a causa de las colisiones.

«¿Cómo detienes un volcán?»


Estos días los impactos no ocurren con tanta frecuencia, pero aún ocurre. Júpiter recibió un impacto en 1994, pudimos verlo, tomar imágenes y medir cómo un cometa entraba en Júpiter. Es verdad que este planeta es muy grande y tiene una enorme gravedad, lo que le hace ser muy bueno a la hora de «tirar» de cometas. Pero estos objetos (cometas y asteroides) también golpean la Tierra. En 1905, el evento Tunguska, en Siberia, fue provocado por un pequeño cometa.

-¿Está la Tierra a salvo de las colisiones?

No, es cuestión de tiempo. Estamos en la era del espacio, medimos muchas cosas, sabemos que los asteroides suelen golpear la Tierra, pero también sabemos que hay algunos pequeños, otros más grandes y algunos realmente enormes. El que acabó con los dinosaurios hace 65 millones de años era uno de esos. Por suerte, estos no vienen muy frecuentemente, así que no vamos a morir por uno grande mañana. Quiero decir, podríamos, pero las probabilidades no son altas mañana. Pero en 10 o en 50 millones de años, claro, ocurrirá. La cuestión es qué haremos al respecto.

Hoy en día se puede oír a mucha gente diciendo que debemos dejar la Tierra y viajar a Marte tan pronto como podamos, de forma que si la vida en la Tierra muere el humano pueda seguir viviendo en el Sistema Solar. Para mi esto es una locura. Si eso pasara... Sabemos que si hay algún lugar donde la vida está en peligro es aquí mismo. No tiene nada que ver con asteroides, sino con el cambio climático. Esta idea de ir a Marte mañana para salvar a la humanidad es una locura, primero arregla la Tierra y entonces quizás podamos viajar a Marte en 1.000 años.

«Si la gente lee artículos de ciencia, quizás los niños quieran ser científicos y no futbolistas»


De todas formas es una pregunta muy interesante porque la Humanidad apenas tiene 200.000 años de antigüedad. Hemos vivido en un tiempo que ha sido muy tranquilo, sin grandes colisiones, ni volcanes (ni supervolcanes). Toda la humanidad ha vivido un tiempo muy tranquilo, y así es como conseguimos extendernos, porque claro, no somos eliminados con frecuencia. Somos seres muy complejos, ya sabes, no somos como cucarachas que pueden sobrevivir a cualquier cosa. Pero es muy fácil matar a los humanos, porque necesitamos muchas estructuras, tanta comida...

Representación de un asteroide de diez kilómetros chocando contra la Tierra- DON DAVIS

Así que toda la historia de la humanidad ocurrió en una época tranquila. Incluso las edades del hielo necesitaron mucho tiempo para ocurrir, fueron y vinieron, y ocurrieron en 10.000 años, así que tuvimos tiempo para adaptarnos.

«Quizás nos daremos cuenta de que conducir por las ciudades y expulsar CO2 a la atmósfera nos va a matar»


Pero a largo plazo, seremos golpeados por algo realmente muy grande, sí, ocurirrá. Pero quizás, solo quizás, antes seremos capaces de resolver el problema de los asteroides desde el espacio. Quizás podremos descubrir de qué están hechos esos objetos, cómo moverlos, verlos con telescopios y decir «ese va a impactar en mil años». Así que quizás tengamos tiempo para moverlos para que no golpeen la Tierra.

Otro grave problema son los supervolcanes de la Tierra. Como el que hay en Yellowstone, por ejemplo. Se han descubierto huellas en India de una enorme y monstruosa zona cubierta de rocas volcánicas formadas a lo largo de miles de años de erupciones constantes, aún mayor que Yellowstone. Y desde ese punto de vista estamos tostados, creo. No podremos arreglar eso, porque es más grande que los seres humanos. Quizás en millones de años seremos criaturas mágicas, pero hoy en día, ¿cómo detienes un volcán?

Por eso, y como hay amenazas para la humanidad, algunos «space geeks» estamos diciendo que debemos ir a Marte. Pero en el fondo, sabemos que solo hay un planeta donde podemos vivir ahora mismo, la Tierra. Y creo que es incluso una pregunta moral: si no podemos arreglar la Tierra, ¿merecemos ir a Marte? (Ríe). ¡Nos estamos expandiendo como un virus malvado por nuestro planeta y pretendemos ir a otro!

Recreación de los módulos habitables diseñados por la misión Mars One- MARS ONE

Creo que hay muchas preguntas interesantes sobre la supervivencia del ser humano, y para mí, muchas de ellas tienen que ver con nuestra naturaleza: los seres humanos somos contadores de historias, así es como pasamos la información. Somos bueno pasando nuestro ADN, como cualquier otra especie. Pero la razón por la que somos tan dominantes es porque nos contamos historias unos a otros. Tú estás escribiendo una historia justo ahora, yo estoy contando una historia, y cuando alguien lea el periódico, leerá una historia.

«La mitad de la población sabe que el cambio climático está ocurriendo, pero cree que no puede evitarlo»


Además de eso, los humanos tenemos una muy buena imaginación, y por eso podemos planear el futuro. Podemos almacenar comida para el invierno y cosas así. Es otra cosa de nuestro cerebro que nos diferencia de los animales. Y si añades esas dos cosas, historias e imaginación, surge la ciencia ficción (sonríe).

Por eso adoramos escribir historias sobre conquistar Universos y viajar a otras estrellas. Pero al final, tan solo somos seres humanos, monos que han bajado de los árboles. ¿Podemos hacerlo? ¿Podemos viajar tan lejos? Los robots, como Rosetta, pueden hacer cosas alucinantes. Puedes hacer que pasen frío, que sufran el calor, pueden quedarse sin energía. No les importa, porque ellos no mueren. Pero esta fantasía de humanos yendo a todas partes y expandiéndose como si fuera Star Trek, no estoy seguro. Estaría bien, pero, ¿de verdad? Quizás podríamos enviar nuestros cerebros, no físicamente, pero descargados en microchips, y enviarlos al espacio. Quizás 10 años después olvidarían de dónde venían y conquistarían el Universo. ¡Perdón, esto no tiene nada que ver con la Agencia Espacial Europea! (Ríe).

-¿Quizás la ciencia ficción es un poco exagerada y sería más inteligente centrarse en resolver problemas más cotidianos?

Bueno, sí y no. La ciencia ficción funciona, hay escritores fantásticos. Julio Verne dijo que podríamos ir a la Luna y lanzar cohetes al espacio, y al final lo hicimos. No fue fácil, pero fue mucho más fácil que será ahora ir a Marte o entrar en un agujero negro. Así que creo que hay un limite en lo que los humanos pueden hacer y lo que predice la ciencia ficcción. Pero aún así, ¡es divertido leerlo!

Falso cartel de propaganda de una agencia de viajes espaciales- NASA

Pero tu pregunta es sobre reparar la Tierra, sobre lo que hemos hablado antes. Puedes decir, estás malgastando dinero en ir a un cometa, o en estudiar un agujero negro con un telescopio. Pero la ventaja que disfrutamos con esto, es que la gente está interesada en estas cosas, lo encuentran muy interesante, ya sean adultos o niños.

«Si quieres asustarte, ven a escuchar a nuestra gente hablando sobre lo que están observando en la Tierra»


Y por eso siento muy fuertemente que si la gente viene mis charlas, leen tus artículos de ciencia o ven dibujos animados sobre el espacio ya no decidirán que quieren ser futbolista o estrella del pop; ahora dirán que quieren ser científicos. Y esto puede ayudar, es lo que necesitamos.Necesitamos gente que haga ciencia, que haga tecnología, ingeniería y matemáticas.

Vengo de un país que acaba de tomar una decisión muy estúpida desde el punto de vista matemático: el Brexit. Ha habido mentiras, y se ha tomado una decisión sin tener en cuenta las matemáticas. Pero si puedes enseñarle a los niños que con matemáticas puedes despegar del suelo y llegar a un cometa, dirán: ¡"Guay", qué interesante! Quizás, solo quizás, en el futuro esos números de los políticos que son en realidad mentiras dejarán de funcionar. Y podrás tener una sociedad con políticos que sean realmente racionales. O quizás hay una esperanza de que nos demos cuenta de que conducir por las ciudades y expulsar CO2 a la atmósfera nos va a matar.

-¿Usted es optimista?

(Suspira). Cuando me levanto a las cuatro y media de la mañana soy muy pesimista, y tengo dos niños adolescentes... (Bromea). Es evidente que el cambio climático está ocurriendo, lentamente para algunas personas pero más rápido para otras: por ejemplo algunas islas del Pacífico se están hundiendo, y los efectos están aumentando cada vez más.

Probablemente en mi vida no va matarme, pero estoy pensando en los nietos de mis hijos, ¿sabes? En esta escala de tiempo las cosas serán muy diferentes. Hay una oportunidad de detener el cambio climático y de evitar otras cosas idiotas que estamos haciendo pero temo que no podemos hacer magia. Sabemos lo que hay que hacer, ¿pero lo estamos haciendo?
ABC

Creo que la gente no es estúpida, entiende que es un problema. Pero lo que pasa cuando afrontas cosas como estas es que te asustas, te preguntas, ¿cómo hago frente a esto? Probablemente la mitad de la población sabe que el cambio climático está ocurriendo y dice sí, es terrible, pero no puedo hacer nada al respecto así que, ¡qué demonios, voy a una fiesta!

«Los humanos, somos malos en escalas largas de tiempo (...) Por eso no nos tomamos en serio los asteroides»


Vivimos en una sociedad muy distinta a la que había 100 años atrás y en la que los gobiernos decían «estamos haciendo esto» y los ciudadanos respondían «sí, por supuesto». Hoy en día todo el mundo opina, la opinión de todos importa. Eso es bueno, pero al final el cambio climático es real o no lo es, sin que importe tu opinión. Y podemos llegar a un punto en que tú creas una cosa, yo crea otra, y por eso no hagamos nada al respecto mientras las cosas empeoran.

Y ahí es donde estamos. La mitad de los Estados Unidos cree que no es un problema. Europa cree que sí. Pero no podemos solucionar el cambio climático sin los Estados Unidos, sin China, etc. Porque no es un problema local, es un problema global. Tenemos que actuar todos juntos.

Y los científicos estamos midiendo esto todo el tiempo, tenemos montones de satélites mirando a la Tierra. Si quieres asustarte, ven a escuchar a nuestra gente hablando sobre lo que están observando en la Tierra. No hace falta que los científicos digan que vamos a morir, tan solo hay que mirar los datos. No tienen motivos para mentir al respecto. Hay gente que dice que todos están mintiendo, que detrás están las grandes compañías y los gobiernos. Pero no es así, sencillamente.

-Y de vuelta a los asteroides ¿Se está haciendo lo suficiente para evitar que nos destruyan?

Tenemos un programa en ESA, llamado «Nearth Earth Object Programme», que es parte de un programa mayor, el «Space Situation Awareness», que vigila la basura espacial y los satélites moribundos que pueden explotar y dañar a otros. El primero está creciendo poco a poco, pero no es una de esas áreas donde le puedas decir al público que si no pagan tu misión todos van a morir al día siguiente.


Representación de un asteroide aproximándose contra la Tierra- P.Chodas (NASA/JPL)

No es así. Los impactos de asteroides no ocurren cada día. Como estos objetos caen cada millón de años nadie ha visto uno, así que se piensa que no son reales. Vale, puedes medirlos, puedes presentar los datos, avisar de que va a pasar, pero como no pasó ayer y no ocurrirá en una generación, nadie se lo toma en serio. Sabes, es un problema de los humanos, somos malos en escalas largas de tiempo. Puedes medirlo, pero no lo sientes.

El problema es que los asteroides peligrosos están entre el Sol y la Tierra. Y desde aquí es muy difícil verlos, porque el Sol esta ahí, así que hace falta poner naves para poder vigilarlos. Este tipo de proyectos van despacio, pero es importante que lleguemos a un punto donde podamos ver a un asteroide que viene contra la Tierra con suficiente tiempo de antelación.

La forma de mover asteroides es llegar a ellos rápidamente. Si están cerca de la Tierra es difícil moverlos lo suficiente para evitar que impacten, pero es más fácil si los coges lejos de la Tierra, porque entonces basta con moverlos un poco para que no choquen contra la Tierra. Por eso, realmente es importante encontrar estas cosas con 100 años de antelación, al menos si quieres tener una oportunidad.

Pero aún entonces, dirás, vale, tiene una posibilidad entre 100 de golpear contra la Tierra. Pero, ¿cómo piensan los seres vivos en los riesgos? «En 100 años hay una probabilidad de que mueras entre 100. ¡Bah, eso no va a ocurrir». Sin embargo, misteriosamente la gente compra billetes de lotería, ¿no? ¿Cuáles son las probabilidades de que les toque? (Ríe). Los humanos son muy raros en lo que se refiere a los números. Cuando es algo que quieren, tienen en cuenta una probabilidad de uno entre un millón. Pero cuando es algo que no quieren, creen que nunca les va a ocurrir.

Fuentes: ABC.ES
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SpaceX anuncia su llegada a Marte en 2018

En un mensaje difundido a través de Twitter, SpaceX afirma que está planificando enviar una cápsula Dragon al planeta rojo «tan pronto como en 2018»  La compañía aeroespacial de Elon Musk ha anunciado que su primer viaje a Marte se llevará a cabo en 2018, un adelanto de cuatro años de acuerdo al plan original.

En un mensaje difundido a través de Twitter, SpaceX afirma que está planificando enviar una cápsula Dragon al planeta rojo «tan pronto como en 2018».

Musk indicó por medio de la misma red social que la cápsula Dragon 2 está diseñada para aterrizar en cualquier planeta del Sistema Solar, y que se trata de sólo el primer intento de muchos que vendrán en el futuro.

Para la misión a Marte se utilizará la nave bautizada como Red Dragon, una modificación del vehículo no tripulado Dragon que ya utiliza SpaceX para trasladar suministros a la Estación Espacial Internacional.

Fuentes: ABC.ES
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Este es el mejor sitio para buscar vida en Marte

Si queremos encontrar vida en Marte, esta llanura es el mejor lugar para hacerlo. Se llama Argyre Planitia, está en el hemisferio sur del Planeta Rojo y, según acaba de publicar un equipo de investigadores en la revista Astrobiology, se trata de un área realmente prometedora.

Los científicos, en efecto, han tratado de averiguar cuáles serían los mejores lugares para buscar vida en Marte para marcarlos como objetivos de futuras misiones, y se han dado cuenta de que Argyre Planitia dispone de todos los ingredientes necesarios, y en abundancia, para que la vida pudiera surgir y evolucionar. En otras palabras, si en algún momento la vida surgió en Marte, es muy probable que lo hiciera precisamente aquí.

"Desde el punto de vista de los astrobiólogos -asegura Alberto Fairén, de la Universidad de Cornell y autor principal del estudio-, el lugar reúne toda una colección de particularidades topográficas realmente prometedoras: depósitos hidrotermales, pingos (pequeñas colinas que solo se forman con la congelación de aguas subterráneas) y depósitos glaciares.

Y lo que es aún mejor, la posición y estructura de toda esta cuenca de más de 1.700 km hacen que se trate de un lugar relativamente sencillo de explorar. Un destino ideal para las próximas misiones robóticas que busquen evidencias de vida presente o pasada en Marte. "Esta colección de características, todas juntas en el mismo sitio y accesibles durante una sola misión, es lo que hacen de Argyre un lugar único", afirma Fairén.

¿Pero por qué es esta llanura en concreto tan especial? Como se sabe, en su momento Marte tuvo una atmósfera que protegía su superficie de la radiación. Y también una gran cantidad de agua, dos características que podrían haber hecho del planeta un lugar habitable. Pero esas condiciones se dieron en el pasado, hace unos 4.000 millones de años, que fue precisamente el momento en que una gran roca espacial impactó contra el Planeta Rojo y formó la gran llanura de Argyre, que en aquél momento contenía una gran masa de agua alimentada por varios ríos. El impacto provocó actividad hidrotermal en las aguas de alrededor de la llanura, y eso pudo ser la "mecha" que prendiera la vida en el planeta.
¿Restos fósiles?

Después, y poco a poco, la capa protectora de la atmósfera marciana fue inexorablemente "arrancada" por la acción del viento solar, y el planeta terminó por secarse y volverse muy frío, un lugar mucho menos adecuado para la vida, tal y como lo conocemos ahora. Pero en el pasado, la llanura de Argyre no fue solo una zona ideal para el surgimiento de la vida, sino que también fue un lugar inmejorable para la preservación de eventuales restos fósiles. Por lo que, incluso si actualmente no existe ya forma de vida alguna en Marte, sí que podría haber muestras inequívocas de su presencia pasada.

La llanura se encuentra a unos 50 grados de latitud sur, más o menos el lugar que ocupan las islas Malvinas en la Tierra. Allí la luz solar escasea durante los meses invernales, por lo que cualquier módulo de aterrizaje no podría contar con la energía solar y debería llevar su propia fuente de energía. Fairén y su equipo sugieren en su artículo que lo mejor sería usar primero orbitadores, para estudiar con detalle toda la región desde arriba, y enviar después módulos de superficie a los puntos más esperanzadores.

"Me gustaría tener allí todo el material científico necesario para analizar las características astrobiológicas y buscar vida - afirma Fairén- Argyre podría ser el depósito de los últimos restos de una antigua biosfera en Marte".


Fuentes: ABC.ES
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Scott Kelly: "Un viaje a Marte es factible y yo estaría dispuesto a embarcarme en esta misión"

Scott Kelly regresa a la Tierra cinco centímetros más alto tras un año en el espacio ATLAS

"Un viaje a Marte es factible y yo estaría dispuesto a embarcarme en esta misión". Tras pasar un año viviendo en la Estación Espacial Internacional (ISS), el astronauta Scott Kelly tiene claro que el siguiente "pequeño paso para un hombre y gran salto para la Humanidad" tiene que darse en la superficie del planeta rojo, aunque duda que la NASA le elija de nuevo para hacer historia "teniendo toneladas de candidatos esperando".

En todo caso, Kelly admite que antes de poder lanzar una misión tripulada a Marte, "todavía tenemos que aprender" sobre cuestiones como la disminución de la radiación cósmica, que golpea a los astronautas durante el viaje y puede perjudicar la salud. "Si tardamos seis meses en llegar", explica, la tripulación estará sometida a grandes radiaciones, pero si lo hacemos más rápido, será menos".

En la primera rueda de prensa celebrada en el Centro Espacial Johnson de Houston tras completar su misión, Kelly ha asegurado que el mayor reto al que se enfrenta ahora consiste en volver a sentir el peso de su propio cuerpo sobre la Tierra: "Volver a la gravedad es más duro que salir de ella". El objetivo de la expedición era comprobar los efectos que producen en el cuerpo humano la permanencia en el espacio de larga duración, con la vista puesta en viajar en un futuro a Marte.

"Hay quien se pone muy malo en el espacio, yo simplemente no soy de esos", dijo el astronauta, que admite que "nunca se sintió del todo normal", pero redujo su malestar a "pequeñas molestias". Sin embargo, es ahora a su retorno cuando relata "agujetas musculares, dolor de articulaciones y de columna vertebral", que creció cinco centímetros por la falta de gravedad, pero que ya ha recuperado su forma original.

"Me sorprende lo difícil que está siendo. Sabía que iba a ser algo distinto (respecto a viajes espaciales de menos duración), pero esto va más allá", confesó Kelly, que como máximo se había ausentado seis meses de la Tierra. El impacto psicológico también es mayor y Kelly, cuya duración ideal de un viaje espacial sería de tres meses, admite que no era "capaz de asimilar" que debería ver pasar todos los meses de un año desde el espacio.

"A los tres meses piensas 'ya llevo aquí mucho tiempo' y te das cuenta de que aún te quedan otros nueve. Te da vueltas la cabeza", rememoró como su momento más crítico. Kelly, padre de dos hijas, contó que echaba de menos a su familia, pero que la nostalgia tampoco se lo hizo pasar tan mal, ya que dispuso de un teléfono desde el que podía hacer llamadas a la Tierra pero no recibirlas.

Lo que más le agobió fueron las pequeñas dimensiones de la nave que le llevó hasta la Estación Espacial Internacional. "He pasado seis meses en una caja", resumió. Con vistas a un futuro viaje al planeta rojo, el astronauta animó a los ingenieros a trabajar para "hacer ese espacio (de la nave) tan perfecto como se pueda" en cuanto a aire, temperatura e insonorización para garantizar el descanso y con servicios para el entretenimiento y el ejercicio que minimicen el deterioro físico. "No me quejo, solo digo que deberíamos hacerlo mejor (...) Tampoco es un gran reto", sentenció.

Una vez en la ISS, no obstante, se sintió "fascinado" por una plataforma más grande que un campo de fútbol americano (109 metros de longitud por 88 metros de ancho) y un peso de más de 420 toneladas, que funciona con energía solar, dispone de agua potable y ofrece hasta gimnasio y televisión para seguir las noticias.

"Si hace 30 años le enseñas una foto de la Estación Espacial a alguien y le dices, no solo la vamos a construir sino que vamos a hacer que funcione durante 15 años y hacer operaciones científicas, te hubieran dicho 'estáis locos'", explicó entusiasmado. "Es -subrayó- un logro increíble. Todos los que lo hicieron posible deben estar orgullosos, también la gente que contribuyó con sus impuestos".

"Voy a echar de menos hacer ese trabajo tan exigente y difícil. Trabajar duro me llena (...) Puede que encuentre esa sensación haciendo otras cosas, pero no será igual", auguró. "No me hice astronauta porque creí que fuera divertido, sino porque creí que era difícil, arriesgado, importante y eso es gratificante", recordó, ahora sí, con nostalgia.

Por eso, dejó la puerta abierta a "comprar billetes para vuelos comerciales, quizá en 20 años", si la NASA no le ofrece volver a volar, ya que tiene señalados en el mapa de las estrellas lugares por descubrir y a los que regresar. "Creo", concluyó, "que nunca diré que abandono al cien por cien el espacio exterior".

Fuentes: ELMUNDO.ES
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La NASA pone su punto de mira en Marte tras el regreso del astronauta Kelly a la Tierra

La Agencia Espacial y la Casa Blanca han asegurado que los experimentos hechos para analizar la fisología del cuerpo humano en el espacio servirán para prepararse ante el largo viaje al planeta rojo

El trayecto hasta el planeta podría llevar meses, así que es necesario aprender cuáles son los efectos de la vida en el espacio sobre el ser humano - NASA

La Casa Blanca y NASA han coincidido hoy en fijar el planeta Marte como próximo reto de su programa aeroespacial tras el regreso del astronauta Scott Kelly a Estados Unidos.

Kelly pisó hoy suelo estadounidense en Houston (Texas) al finalizar esta semana su misión de 340 días en la Estación Espacial Internacional (EEI), el periodo más largo que un astronauta de ese país ha permanecido en órbita.

Sólo le supera el cosmonauta ruso Valeri Polyakov, que entre 1994 y 1995 pasó 437 días en la desaparecida estación soviética MIR.

«Esta misión representa el último hito del programa aeroespacial de nuestro país, pero no será el último, habrá más. Explorar está en el ADN de nuestro país y nunca nos tenemos que detener», afirmó Kelly a pie de pista tras aterrizar en Houston, donde reside y se encuentran las instalaciones de la NASA.

El saludo del astronauta dio paso a las palabras del director de la Nasa, Charles Borden, y el director de la Oficina de Ciencia y Tecnología de la Casa Blanca, John Holdren, quienes pusieron el punto de mira en Marte.

«Tu misión nos ayudará a lidiar con los cambios fisiológicos a los que la gente está expuesta en el espacio para misiones venideras y aún más largas. También para cuando vayamos a Marte, que lo vamos a hacer, de eso no hay duda», afirmó Holdren.

El consejero de Barack Obama para ciencia y tecnología dijo, además, que Kelly «ha establecido el último hito en ese difícil camino» hacia Marte.

Kelly participaba junto a su hermano gemelo Mark, un astronauta retirado, en diez investigaciones sobre psicología humana, salud, microbiología y estudio molecular en las que se comparan sus datos, uno en el espacio y otro en la Tierra.
Astronauta 2.0

Uno de los principales objetivos de la misión de Kelly era analizar los cambios en el metabolismo que experimentan los humanos en el espacio.

El astronauta comparecerá el viernes ante los medios de comunicación para explicar su experiencia en la EEI, cuando también darán detalles sobre su salud los médicos de la NASA.

Kelly se dio a conocer durante el año que pasó en la EEI por compartir a diario las fotografías que hacía desde el espacio de todos los rincones de la Tierra, lo que le convirtió en el primer astronauta 2.0 de la historia.

Fuentes: ABC.ES
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Físicos dicen que es posible viajar a Marte en unos días

La clave es la propulsión fotónica, que creen que podría utilizarse incluso para naves tripuladas
Recreación de una hipotético viaje a Marte
Un grupo de físicos en la Universidad de California en Santa Bárbara investiga cómo aprovechar el poder de la luz para reducir el tiempo del viaje a Marte a unos pocos días. La clave es la propulsión fotónica, una técnica que utiliza luz de láser para producir empuje para impulsar naves espaciales. Si bien la tecnología en desarrollo está limitada a pequeñas sondas espaciales, puede convertirse en un sistema de propulsión para naves grandes, incluso tripuladas.

El profesor Phillip Lubin y su equipo están trabajando en el programa Deep-In (Directd Energy Interstellar Precursor) y han presentado sus resultados en el último simposio del NIAC (NASA Innovative Advanced Concepts).

El programa tiene como objetivo crear sondas capaces de alcanzar velocidades relativistas y viajar a las estrellas más cercanas. Una velocidad relativista es una velocidad que que equivale a una fracción significativa de la velocidad de la luz.

"Sabemos cómo llegar a velocidades relativistas en el laboratorio, lo hacemos todo el tiempo," dijo Lubin. "Cuando vamos a nivel macroscópico, aviones, automóviles, naves espaciales, resultan patéticamente lentas".

Usando la tecnología de propulsión fotónica, Lubin pretende cerrar esta brecha. La teoría es simple: el empuje de fotones emitidos a partir de una matriz de láser podría ser utilizado para propulsar una nave espacial.

Todas las naves espaciales operan por el disparo de su propulsor en la dirección opuesta a la forma en que desea viajar. Tradicionalmente, este propulsor necesita combustible que tiene que ser llevado a bordo de la nave espacial, por lo que hace más pesada y la frena.

El propulsión fotónico utiliza una matriz de láseres que no añade masa a la nave espacial más allá del propio láser. Esto permite acelerar durante más tiempo y alcanzar velocidades más altas, que serían relativistas, de hasta un 25 por ciento de la velocidad de la luz. Como resultado, Rubin dijo que podría propulsarse una nave de 100 kilos a Marte en unos pocos días, en lugar de meses.

El profesor añadió que la tecnología es "completamente escalable por lo que podría ser utilizada en pequeños y grandes naves espaciales. "No estamos proponiendo sistemas para enviar humanos a distancias interestelares", dijo a DailyMail.com sobre el proyecto actual. "Los seres humanos son extremadamente frágiles y requieren mucho apoyo. Las misiones robóticas son mucho más adecuadas para la exploración interestelar en el futuro".
El motor sin combustible

Otro concepto para un motor sin combustible es el EM Drive de la NASA. El motor sin combustible "imposible" podría llevar a los seres seres humanos a Marte en tan sólo 10 semanas. Crea empuje por el rebote de microondas alrededor en una cámara cerrada, y sólo utiliza la energía solar. La NASA pretende realizar una prueba del motor en meses, y parece que funciona.

Al acercarse a velocidades relativistas, los efectos descritos por la teoría de la relatividad de Einstein empezarían a surtir efecto. El paso del tiempo se frenaría para los seres humanos a bordo de estas naves espaciales, por lo que envejecerían más lentamente. La relatividad describe el concepto de la dilatación del tiempo, lo que sugiere que cuanto más rápido se viaja, el tiempo parece ir más despacio.

Fuentes: ABC.ES
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