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Científicos se preparan para la tormenta solar perfecta

Insisten en que un evento muy fuerte podría corroer las cañerías, borrar la memoria de los ordenadores y socavar operaciones militares, además de dejarnos sin electricidad ni satélites

No es la primera vez que lo advierten. Una tormenta solar geomagnética muy poderosa puede dañar los satélites de comunicaciones, noquear los sistemas GPS, cerrar el tráfico aéreo y apagar las luces, computadoras y teléfonos en millones de hogares durante días, meses o incluso años. Puede parecer un escenario de pánico de ciencia ficción, pero los científicos espaciales, corporaciones globales de seguros y agencias gubernamentales estadounidense, desde el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) de la NASA a la Oficina de Política Científica y Tecnológica (OSTP) de la Casa Blanca, se lo toman en serio. Dicen que es un evento «de baja probabilidad pero de alto impacto» que debe ser afrontado desde varios frentes: la investigación, la prevención y una estrategia de mitigación. Por si ocurre..

En una reciente conferencia en Washington, en la que se reunieron especialistas en meteorología espacial de distintos ámbitos, Louis Lanzerotti, investigador en el Centro de NJIT para la Investigación Solar-Terrestre, resumió las implicaciones de una tormenta solar masiva para una sociedad como la actual tecnológica e hiper-conectada: «Desde el desarrollo del telégrafo eléctrico en la década de 1840, los procesos del clima espacial han afectado al diseño, implementación y operación de muchos sistemas de ingeniería, en un primer momento en la Tierra y ahora en el espacio», señaló Lanzerotti. «A medida que la complejidad de tales sistemas aumenta, por la invención y despliegue de nuevas tecnologías, y que los seres humanos se han aventurado más allá de la superficie de la Tierra, tanto los sistemas construidos por el hombre como la propia humanidad se vuelven más susceptibles a los efectos del entorno espacial de la Tierra».

Además de la interrupción de las comunicaciones y las redes de energía, esas poderosas explosiones de radiación electromagnética, partículas energéticas y plasma magnetizado, tienen el potencial de corroer las tuberías de agua y alcantarillado, borrar los datos históricos almacenados en la memoria de los ordenadores, socavar las operaciones militares y de seguridad, y hacer daño a los astronautas que viajan en el espacio.

Por este motivo, los investigadores han insistido en la creciente urgencia de reforzar tanto la investigación científica básica como el desarrollo de aplicaciones prácticas. «Una vez que los sistemas empiezan a fallar, (los cortes) pueden multiplicarse en cascada de maneras que ni siquiera podemos concebir», señaló Daniel Baker, director del Laboratorio de Física Atmosférica y Espacial de la Universidad de Colorado-Boulder.
Consecuencias millonarias

En un informe de 2013, el mercado de seguros Lloyd de Londres estimaba la población en riesgo de una tormenta masiva «entre 20-40 millones con duraciones de hasta 1-2 años», dependiendo «en gran medida de la disponibilidad de piezas de recambio de transformadores». El costo de tal recuperación oscilaría entre 600.000 millones y 2,6 billones de dólares.

Pero las pequeñas tormentas también pueden causar problemas. En los últimos años, por ejemplo, un apagón en Suecia durante el cual la NASA también detectó anomalías en misiones en el espacio, y varios años más tarde, la interrupción de los sistemas de control de vuelo, de nuevo en Suecia, que detuvo el tráfico aéreo. Por este motivo, Tamara Dickinson, directora de medio ambiente y energía en el OSTP, dijo que el gobierno está «en un punto de inflexión fundamental» en su enfoque de la planificación del clima espacial y «dispuesto a tomar medidas decisivas para hacer frente a este riesgo».

La Fuerza Aérea de Estados Unidos también está expandiendo su red de sensores para monitorear el clima espacial, colocándolos en todos sus satélites. «Necesitamos datos para apoyar determinadas operaciones militares», han indicado. La Fuerza Aérea se basa en el GPS para misiones como el pilotaje de aeronaves por control remoto en Afganistán. «Si podemos predecir el clima espacial, podemos retrasar o ampliar las operaciones en el lugar», indican.

La Agencia Federal de Manejo de Emergencias (FEMA) también ha añadido recientemente el clima espacial a sus sesiones de información de operaciones diarias. Y la famosa Administración Oceánica y Atmosférica Nacional (NOAA), señala que realizará un seguimiento más intenso de las tormentas solares para predecir futuras consecuencias. Las tormentas solares son algo serio a tener en cuenta.

Fuentes: ABC.ES
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La erupción solar más potente de 2015.

No te pierdas este vídeo de Space.com donde nos muestra la que, por ahora, es la erupción solar más potente que se ha producido este año, captada por el Observatorio Solar Dynamics de la NASA.

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Detectan una «superllamarada» 100.000 veces más intensa que las del Sol

Proviene de una estrella de nuestro vecindario cósmico, a 60 años luz de distancia, y es la mayor, más caliente y más larga secuencia de llamaradas estelares jamás vista hasta el momento
Detectan una «superllamarada» 100.000 veces más intensa que las del Sol
NASA's Goddard Space Flight Center/S. Wiessinger
El estallido inicial fue 100.000 veces más potente que la mayor llamarada solar nunca registrada

El pasado 23 de abril, el satélite Swift, de la NASA, detectó la mayor, más caliente y más larga secuencia de llamaradas estelares jamás vistas hasta el momento en una enana roja de nuestro vecindario. El estallido inicial de la serie fue más de 10.000 veces más potente que la mayor llamarada solar nunca registrada.

"Solemos pensar que las mayores llamaradas emitidas por una enana roja no duran más de un día, pero el Swift ha detectado por lo menos siete enormes erupciones en un periodo de menos de dos semanas", afirma Stephen Drake, astrofísico del Centro de Vuelos Espaciales Goddard, de la NASA.

En su pico, la llamarada alcanzó más de 200 millones de grados, más de doce veces la temperatura que reina en el núcleo del Sol.

Esta "superllamarada" se produjo en una de nuestras estrellas vecinas, en concreto en uno de los dos miembros del sistema binario conocido como DG Canum Venaticorum, o DG CVn, a unos 60 años luz de distancia. Las dos estrellas del sistema son enanas rojas, con masas y tamaños tres veces menores que las de nuestro Sol. Ambos astros orbitan uno alrededor del otro a una distancia que multiplica por tres la distancia media entre la Tierra y el Sol (que es de 150 millones de km.).

"Se trata de un sistema poco estudiado -explica Rachel Osten, astrónoma del Space Telescope Science Institute-. Y no teníamos ni idea de que pudiera hacer una cosa así".

La mayoría de las estrellas que se encuentran a menos de 100 años luz del Sistema Solar son de mediana edad. Pero cerca de un millar de jóvenes enanas rojas nacidas en otros lugares más lejanos vaga también a la deriva por esta región, dando a los astrónomos la oportunidad de estudiar con detalle la intensa actividad típica de las estrellas más jóvenes.

Los investigadores, de hecho, estiman que DG CVn nació apenas hace 30 millones de años, lo cual es menos del 0,7 por ciento de la edad de nuestro Sistema Solar.

Todas las estrellas emiten llamaradas por las mismas razones que lo hace el Sol. Alrededor de las zonas más activas de la atmósfera estelar, los campos magnéticos se retuercen y distorsionan. Y al hacerlo, van acumulando energía de forma similar a como lo haría una banda elástica de goma que estuviéramos estirando y retorciendo. En ocasiones, un proceso llamado "reconexión magnética" desestabiliza los campos, lo cual se traduce en una súbita liberación explosiva de toda la energía acumulada previamente. Las llamaradas emiten una intensa radiación a lo largo de todo el espectro electromagnético, desde las ondas de radio a la luz visible, ultravioleta o de rayos X.
Una intensidad X 100.000

A las 5.07 de la tarde del pasado 23 de abril, el súbito aumento de emisiones de rayos X causado por la super llamarada de DG CVn activó las alarmas del instrumento BAT (Burst Alert Telescope) del satélite Swift, que en apenas unos segundos calculó la posición del suceso y decidió, de forma automática, que el evento merecía ser analizado por el resto de instrumentos. Así que el satélite se orientó de inmediato para observar el fenómeno con todo detalle y, al mismo tiempo, informó a los astrónomos de todo el mundo de que se estaba produciendo una llamarada de enormes proporciones.

"Durante por lo menos tres minutos desde que el BAT se activó -explica Adam Kowalski, que estudió en detalle el suceso- la luminosidad de los rayos X fue mayor que la luminosidad combinada de las dos estrellas juntas en todas las longitudes de onda. Llamaradas tan grandes en una enana roja es algo extraordinariamente raro de ver".

Las mayores llamaradas solares se clasifican en la categoría X. "La mayor llamarada que nunca hemos visto en nuestro Sol -continúa Drake- ocurrió en noviembre de 2003 y alcanzó una intensidad de X 45. Si miráramos la llamarada de DG CVn desde la misma distancia que hay desde la Tierra al Sol, habría sido de una intensidad X 100.000".
Como las réplicas de un terremoto

Pero eso no fue todo. Tres horas después de la llamarada inicial, cuando los rayos X estaban en fase descendente, el sistema estalló con otra llamarada casi tan intensa como la primera. Algo que también se puede ver el el Sol, cuando una llamarada en una región activa desencadena otros fogonazos en regiones vecinas.

En los siguientes once días, el Swift detectó una serie de explosiones muy intensas, aunque ninguna logró superar a las dos primeras. Los investigadores comparan esta sucesión de llamaradas en cascada con las réplicas de un terremoto. En total, la estrella tardó 20 días en volver a un nivel normal de emisiones de rayos X.

¿Pero cómo puede una estrella que es un tercio del Sol producir erupciones tan gigantescas? El factor clave es su rápida rotación, un ingrediente esencial para la amplificación de los campos magnéticos. Y resulta que DG CVn rota treinta veces más deprisa que el Sol. Cuando éste era joven, también rotaba más deprisa, y es muy posible que en aquél tiempo fuera capaz de generar superllamaradas como la observada ahora por los astrónomos. Afortunadamente, nuestro Sol ya no está en condiciones de hacer una cosa así.

Fuentes: ABC.ES
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