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Los monstruos espaciales existen: este gigantesco agujero negro se dirige hacia nuestra galaxia

Está en movimiento, vagando en solitario por el espacio y devorando todo lo que encuentre a su paso.

Esta imagen del Hubble reveló la presencia de un agujero negro supermasivo "escapando" de su galaxia - NASA, ESA, y M. Chiaberge (STScI and JHU)

Normalmente, cuando nos referimos a un agujero negro supermasivo, solemos pensar en un "monstruo" espacial millones de veces más pesado que el Sol, instalado en el centro de una galaxia activa y devorando desde su cómoda y estática posición cualquier planeta, estrella o simple masa de gas se le acerque demasiado. ¿Puede haber algo más terrorífico en todo el Universo? Los científicos acaban de descubrir que sí: un agujero negro supermasivo en movimiento, vagando en solitario por el espacio y devorando todo lo que encuentre a su paso.

Por primera vez, y gracias al telescopio espacial Hubble, un equipo de astrónomos acaba de detectar a uno de estos gigantes "huyendo" a toda velocidad (unos 7,5 millones de km/h) del centro de una lejana galaxia, situada a 8.000 millones de años luz de la Tierra. Se trata de un descomunal agujero negro con más de mil millones de veces la masa de nuestro Sol, y resulta que viene directo hacia nosotros. El estudio se publicará este jueves, 30 de Marzo, en la revista Astronomy & Astrophysics.

Los investigadores, sin embargo, no están demasiado preocupados por una posible colisión con la Vía Láctea, ya que a su velocidad actual (que nos llevaría de la Tierra a la Luna en menos de tres minutos), el amenazador objeto tardará aún muchos miles de millones de años en cruzar el abismo que lo separa de nuestra posición. Mucho más intrrigante, sin duda, es averiguar qué tipo de acontecimiento o de fenómeno ha sido capaz de suministrar la energía necesaria para "arrancar", literalmente, a este coloso espacial del centro de su galaxia. Y, por supuesto, averiguar cuántos "monstruos" parecidos andan sueltos por ahí.

La ilustración muestra el proceso de fusión de dos agujeros negros que ha logrado expulsar de su galaxia al agujero negro supermasivo resultante
La ilustración muestra el proceso de fusión de dos agujeros negros que ha logrado expulsar de su galaxia al agujero negro supermasivo resultante- NASA, ESA, y A. Feild (STScI)
No es la primera vez que se detectan grandes agujeros negros lejos de los centros de sus galaxias, pero este es un caso extremo y ha permitido, por lo tanto, hallar una explicación plausible. Para empezar, los investigadores calcularon que se necesitaría la energía equivalente a 100 millones de supernovas explotando al mismo tiempo para conseguir "expulsar" a este agujero negro de su posición. Y la explicación más plausible para reunir esa inmensa cantidad de energía propulsora es que el "gigante" recibiera una tremenda "patada" de las ondas gravitacionales generadas por la fusión de dos agujeros negros diferentes en el centro de la galaxia anfitriona.

Como Einstein se encargó de demostrar hace ya un siglo, las ondas gravitacionales son "ondulaciones" en el tejido espaciotemporal del Universo, creadas por la colisión de dos objetos masivos. Esas ondas son similares a los círculos concéntricos que se producen en un estanque después de tirar una piedra al agua. Cuanto mayor sea la piedra, mayores serán también las ondulaciones que provoca. Recordemos que a finales del pasado año, el observatorio LIGO (Laser Interferometer Gravitational-Wave Observatory), logró por primera vez demostrar la existencia de las ondas gravitacionales en un experimento que ha pasado a la historia. LIGO, en efecto, logró captar las ondas gravitacionales generadas por la fusión de dos lejanos agujeros negros varias decenas de veces más masivos que el Sol.

Algo muy diferente
Pero esto es muy diferente. Cuando los astrónomos vieron a través del Hubble el enorme agujero negro errante, se quedaron de piedra. "Cuando lo vi por primera vez- afirma Marco Chiaberge, del Instituto de Ciencias del Telescopio Espacial y la Universidad Johns Hopkins- supe que estábamos ante algo muy peculiar. Y cuando combinamos las observaciones del Hubble con las del Observatorio de rayos X Chandra y el Sloan Digital Sky Survey, todas apuntaban a un mismo escenario. La cantidad de información recopilada, desde los rayos X a la luz ultravioleta y hasta el infrarrojo, es definitivamente mucho mayor de la que teníamos para cualquier otro posible candidato a ser un agujero negro supermasivo errante".

Las imágenes en el rango de la luz visible del Hubble proporcionaron la primera pista. Las fotografías, en efecto, mostraban un brillante cuásar, la "firma energética" de un agujero negro, pero muy lejos del centro galáctico, que sería su posición natural. Por definición, los agujeros negros no pueden observarse directamente (se les llama negros porque ni siquiera la luz puede escapar de su enorme gravedad), pero se sabe que son la fuente de energía de los cuasares, intensos y compactos estallidos de radiación cuyo brillo puede eclipsar al de una galaxia entera. El cuásar, llamado 3C 186, y su galaxia anfitriona se encuentran a 8.000 millones de años luz de distancia de la Tierra, y los investigadores repararon en él mientras llevaban a cabo un estudio sobre galaxias lejanas capaces de emitir potentes estallidos de radiación durante el agónico proceso de fusión con otras galaxias.

"Esperaba ver un montón de galaxias en proceso de fusión -explica Chiaberge- y también ver galaxias en desorden alrededor de los cuasares. Lo que realmente no esperaba era ver un cuásar claramente desplazado del núcleo de una galaxia de forma regular". El equipo calculó la distancia del cuásar del núcleo galáctico y halló que se encontraba a más de 35.000 años luz del centro, que es una distancia mayor de la que hay entre el Sol y el centro de nuestra propia galaxia.

Un peligroso vagabundo solitario
"Para nuestra sorpresa -afirma por su parte Justin Ely, otro de los miembros del equipo-, descubrimos que el agujero negro se estaba alejando del centro de la galaxia a unos 7,5 millones de km/h". Una velocidad suficiente para escapar completamente de la galaxia en un plazo no superior a los 20 millones de años y convertirse para siempre en un enorme (y peligroso) vagabundo solitario en el Universo.

Gracias al Hubble, los astrónomos también se dieron cuenta de que la galaxia anfitriona mostraba una serie de arcos alargados, llamados "colas de marea", que se producen por los "tirones gravitacionales" de dos galaxias en proceso de fusión. Lo que sugería que en el pasado, 3C 186 podía haberse fundido con otra galaxia, en cuyo caso sus dos agujeros negros centrales habrían hecho lo mismo.

Basandose en esta evidencia visible, los científicos dibujaron un posible escenario de lo sucedido. Dos galaxias se fusionan y sus respectivos agujeros negros se asientan, ambos, en el centro de una nueva y recién nacida galaxia elíptica. Los agujeros negros, movidos por sus gravedades, empiezan a girar uno alrededor de otro, y a medida que lo hacen van emitiendo hacia fuera ondas de gravedad, como si se tratra del agua de un aspersor. Con el paso del tiempo, los dos "monstruos" se acercan más y más entre sí, orbitándose cada vez más rápido. Y si ambos no tienen la misma masa y velocidad de rotación, no emiten ondas gravitacionales iguales en todas direcciones, sino más fuertes en una dirección concreta. Cuando finalmente chocan y se fusionan, dejan de producir ondas, el nuevo agujero negro recién creado retrocede en la dirección opuesta a las ondas gravitacionales más fuertes y sale después disparado, como si fuera un cohete.

Prueba de fusión
Los científicos se sienten muy afortunados por haber logrado captar este evento único, porque no todas las fusiones de agujeros negros producen, como esta, ondas gravitacionales desequilibradas y capaces de impulsar a un enorme agujero negro en la dirección opuesta. "Esta asimetría -explica Colin Norman, otro de los miembros del equipo- depende de propiedades tales como la masa y la orientación relativa de los ejes de rotación de los agujeros negros antes de la fusión. Es por eso que estos objetos son tan raros".

Si la interpretación resulta ser la correcta, podríamos estar ante la mejor de las pruebas de que también los agujeron negros supermasivos pueden fusionarse. Hasta ahora, los astrónomos solo tenían evidencias de la fusión de agujeros negros de masa estelar, millones de veces menos masivos que estos auténticos colosos espaciales.

Por supuesto, eso también significa que "ahí fuera", lejos de cualquier galaxia y en medio de la profunda oscuridad del espacio, puede haber toda una legión de estos auténticos monstruos itinerantes, capaces de devorar cualquier cosa que se cruce en su camino. Malas noticias, pues, para cualquier galaxia que tenga la mala suerte de tropezar con alguno de ellos..

JOSÉ MANUEL NIEVES
Fuentes: ABC.ES
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La nueva solución que Stephen Hawking ofrece sobre la paradoja de los agujeros negros

No hay que ser un especialista o aficionado a la astrofísica para alguna vez haber escuchado el término "agujero negro", ese fenómeno cósmico del que poco sabemos y durante años se ha debatido.
Agujero negro
Ahora, el físico británico Stephen Hawking publicó un estudio en el que asegura ofrecer una solución a la paradoja del agujero negro.

En agosto pasado, Hawking ya había dado algunas "pistas" de su trabajo durante una conferencia en Estocolmo, pero fue ahora que publicó su trabajo en internet para que sea examinado tanto por expertos como aficionados.

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Junto a los profesores Malcom Perry (Universidad de Cambridge) y Andrew Strombergos (Universidad de Harvard), el afamado científico sugiere que los objetos pueden quedar almacenados sobre los límites de un agujero negro, conocido como el horizonte de eventos.
Image caption Hawking describió en 1974 cómo los agujeros negros podían emitir radiación.

Es decir, las fronteras del espacio a partir de la cuales supuestamente ninguna partícula puede salir, incluyendo la luz.

En este horizonte, Hawking sugiere que pueden ocurrir dos cosas:

1.- Es posible que la materia tragada por el agujero negro en realidad nunca entre al agujero, sino que en ese horizonte se desintegre hasta un punto de no retorno y quede codificada en un holograma bidimensional.

"La información (materia física) no está almacenada en el interior del agujero negro como uno podría pensar, sino en sus límites, el horizonte de eventos", dijo durante una conferencia en el Real Instituto de Tecnología KTH.

Esto ocurriría en lo que se conoce como los "pelos" del agujero. Es aquí donde se crea una especie de marca holográfica bidimensional de todo lo que es aspirado por el agujero.

El equipo de científicos asegura que la existencia de estos "cabellos" se puede probar. De ser así, le podría valer un Nobel al físico.

2.- Los agujeros negros pueden servir como portal hacia otros universos.

"Para ello, el agujero debe ser grande, y si está rotando puede pasar a otro universo, pero no se podría regresar al nuestro".

"Si bien estoy interesado en los vuelos espaciales, no voy a intentar esto", bromeó el científico.
Teoría "incompleta"
Image caption Los agujeros negros son fenómenos cósmicos que se originan cuando una estrella de cierto tamaño colapsa

Los agujeros negros son fenómenos cósmicos que se originan cuando una estrella de cierto tamaño colapsa. El resto de su materia queda limitada a una pequeña zona, que luego da paso a un inmenso campo gravitacional.

Por mucho tiempo, se pensó que nada podía escapar su gravedad, ni siquiera la luz.

En 1974, Hawking describió cómo los agujeros negros podían emitir radiación, algo que con el tiempo pasó a ser conocido como la "radiación de Hawking", una idea en la que coinciden muchos físicos hoy en día.

Sin embargo, inicialmente también señaló que la radiación emitida por un agujero negro se terminaría evaporando y toda la información sobre cada partícula desaparecería para siempre.

En 2004, Hawking sorprendió al mundo con un nuevo estudio que cambiaba su propia visión, "La paradoja de la información para agujeros negros", en el que señaló que en vez de absorberlo todo, los agujeros negros dejan escapar aunque sea algunas radiaciones.

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Así, un agujero negro dejaría de ser el pozo infinito que destruye todo lo que cae en él y su frontera no estaría tan definida como se creía.
Agujero negro
Image caption Para Hawking, una hipótesis es que la materia tragada por el agujero negro en realidad nunca entre al agujero.

El más reciente trabajo de Hawking no ha sido sometido a una revisión de pares, el paso previo para publicar una investigación científica.

Sin embargo, el periodista científico Devin Powell publica en Simthsonian.com que si bien hasta ahora nadie ha informado de un error de cálculo, "han empezado a aparecer preocupaciones de que la teoría puede estar incompleta".

"Sabine Hossenfelder del Instituto Nórdico de Física Teórica pregunta cuánta información se podría codificar en un cabello", escribe Powell.

"También señala que el documento no explica cómo los pelos, que desaparecerían una vez que se evapora el agujero negro, transfieren su información (materia física) a la radiación que queda".


Fuentes: http://www.bbc.com
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¿Viajaremos en el tiempo?

La cuestión de la naturaleza del tiempo es fundamental en la física moderna
Regreso al Futuro 2015
Reproducción de escenas de 'Regreso al futuro' en Sao Paulo, el pasado 17 de octubre. / Miguel Schincariol (AFP)

 En todo el mundo se celebra hoy la figura de Marty Mcfly y su Delorean, un viajero en su máquina del tiempo, en versión ochentera, de aquella historia mucho más seria de H.G. Wells, que imaginó una Máquina del tiempo con el inconfundible aroma victoriano.

Como físico teórico, llevo varios días lidiando con las consabidas preguntas… ¿será posible?, ¿qué nos dice la ciencia seria? Tal vez este interés tenga que ver con el nuevo estilo de algunas superproducciones de Hollywood, como Gravity, Interstellar o The Martian, en las que se percibe un esfuerzo importante por respetar las leyes de la física en el desarrollo de las tramas, hasta el punto de que en ocasiones la ciencia se convierte en el héroe imprevisto de la historia.

No es el caso de Regreso al futuro que, desde el punto de vista de la ciencia, es más bien disparatada. En todo caso, la cuestión de la naturaleza del tiempo sí es fundamental en la física moderna y se pueden decir algunas cosas muy generales sobre la posibilidad del turismo temporal.

Lo primero que conviene recordar es que este mes hay un aniversario mucho más importante que el viaje al futuro del Delorean. El 25 de noviembre se cumplen 100 años desde que Einstein dio las últimas pinceladas a su gran obra: la teoría general de la relatividad. Sin duda, una de las joyas de la corona del intelecto humano, en la que Einstein describe las propiedades del espacio y el tiempo.

Lo que sabemos desde 1915 es que el espacio y el tiempo se mezclan entre sí en una entidad nueva llamada espacio-tiempo, que además es dinámica. Es decir, su estructura no está dada de una vez por todas, sino que depende de cuánta energía esté contenida en el espacio-tiempo. El espacio-tiempo se puede deformar, un hecho que nosotros percibimos como la fuerza de gravedad. Así que, cuanto más intensa sea la gravedad, más deformado está el espacio tiempo. El máximo se alcanza en los agujeros negros, que son una especie de sumideros de espacio-tiempo, pozos sin salida, que durante décadas fueron poco más que fórmulas en las pizarras de los teóricos, y hoy son esenciales para entender la astrofísica de estrellas y galaxias que podemos estudiar con telescopios.

El espacio y el tiempo se mezclan entre sí en una entidad nueva llamada espacio-tiempo, que además es dinámica

La realidad de la deformación del espacio-tiempo nos pone ante la posibilidad de hacerlo a nuestro antojo. Es decir, una máquina del tiempo funcionaría actuando sobre la estructura del espacio-tiempo. En este sentido, las más fáciles de imaginar son las máquinas para viajar al futuro: basta con montarse en una nave espacial suficientemente rápida, en la que el tiempo marcha más despacio según Einstein, de forma que a la vuelta el viajero se encuentra en el futuro. Esto es en principio posible, y las partículas elementales lo hacen todo el rato, cada vez que se pasean a altas velocidades, como ocurre por ejemplo en el acelerador de protones LHC del CERN. Claro que acelerar personas a velocidades próximas a la de la luz es mucho más difícil…

Otra posibilidad para viajar al futuro es pasarse unas vacaciones cerca de un agujero negro, como ocurre en la película “Interstellar”. El problema es que… están lejos y son peligrosos, pero… ¿y si nos fabricamos uno? Después de todo, cualquier máquina que deforme el espacio-tiempo y sea “portátil”, como un Delorean, seguramente tendrá pinta de agujero negro desde fuera, y por dentro sería un túnel con salida en otro lugar del espacio y otro momento del tiempo. Este tipo de construcciones se conocen como “agujeros de gusano” y son rutinarios para los frikis de la ciencia ficción. Lo que no se suele decir es que fabricar uno del tamaño del Delorean requeriría una energía equivalente a tomar 100 planetas como la Tierra y comprimirlos hasta que ocupan un espacio de unos… ¡dos metros de diámetro! Ciertamente complicado, y esto solo tiene en cuenta una de las entradas del túnel…

La principal ventaja de los agujeros de gusano es que tal vez permitirían viajar al pasado, algo mucho más difícil que viajar al futuro. De hecho, el viaje al pasado parece estar prohibido por las leyes de la física. Cada vez que uno imagina una situación con viaje al pasado, algo se vuelve inconsistente. Está el famoso problema de Mcfly, puedes impedir que tus padres se enamoren…un problema que se repite en detalle en el propio “diseño” de la máquina del tiempo. Por ejemplo, los agujeros de gusano tienden a desplomarse sobre el viajero. Para sostenerlos abiertos hace falta concentrar un montón de energía negativa, de un tipo que jamás hemos visto en las partículas elementales conocidas. Aun cuando esta energía negativa pudiera conseguirse de alguna manera, la sola irrupción del viajero en el interior del túnel produciría una perturbación que desplomaría sus paredes y arruinaría el viaje.

'Fabricar' un agujero de gusano del tamaño del Delorean requeriría una energía equivalente a tomar 100 planetas como la Tierra y comprimirlos hasta que ocupan un espacio de unos… ¡dos metros de diámetro!

En resumen: viajes al futuro, sí en principio, no en la práctica. Viajes de retorno, seguramente imposibles por principio. Esto es lo que podemos decir con las leyes de la física en la mano. Claro está que los guionistas de Hollywood no se detienen ante nada… si nuestro universo nos censura, siempre podemos imaginar que el viajero entra en otra dimensión, una especie de “universo paralelo” en el que las leyes de la física son diferentes, como ocurre en el interior del “Gargantúa” de “Interstellar”. El problema es que entonces el juego tiene unas reglas demasiado laxas para que interese a un físico teórico.

Otra posibilidad es jugar a ser dioses y darle la vuelta al tiempo a las bravas. En este caso la máquina del tiempo actuaría sobre todo el mundo: una gigantesca “moviola” que invertiría todos los procesos físicos excepto los del viajero, ya que no sería muy divertido que éste “olvidara” que viene del futuro. Pero el mundo es muy grande. Incluso si nos restringimos a actuar sobre la parte del mundo que puede entrar en contacto con el viajero, se trata de una esfera con tantos años luz como años de salto temporal queremos realizar. Hay muchísimos átomos en esa esfera gigantesca, y todos y cada uno de ellos deben ser delicadamente manipulados, igual que una mancha de café desparramado por la mesa, que se introduce ordenadamente en la taza volcada, con un movimiento coordinado que golpea la taza y la pone de pie suavemente, para acabar golpeando tu mano en el proceso exactamente inverso de ese descuido habitual… En resumen, el Dios capaz de invertir el tiempo en un universo necesita un ordenador mucho mayor que el propio universo para realizar el cálculo necesario, otra ley fundamental de la física que nos coloca en las fronteras de lo desconocido.

José Luis Fernández Barbón.  Investigador del Instituto de Física Teórica IFT UAM/CSIC, Madrid

Fuentes: ELPAIS.COM
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Stephen Hawking resuelve el mayor misterio de los agujeros negros

Los agujeros negros no podrían hacer desaparecer la información acerca de una partícula por completo por lo que no serían «tan negros» como ahora mismo creemos
Stephen Hawking resuelve el mayor misterio de los agujeros negros
abc
El físico Stephen Hawking dice haber resuelto la «paradoja de la pérdida de información»

Fue hace dos días en Estocolmo. Durante una charla en el KHT Institute of Technology el físico británico Stephen Hawking volvió a sorprender al mundo asegurando haber «ampliado» sus ideas sobre la naturaleza de los agujeros negros. Pero la mayor sorpresa se produjo entre los presentes, en su mayor parte físicos especialistas en el estudio de estos oscuros objetos espaciales, cuando Hawking anunció el hallazgo de un nuevo mecanismo capaz de resolver la que se conoce como la «paradoja de la pérdida de información», un auténtico puzzle que trae de cabeza a los científicos desde hace cuatro décadas. Incluso llegó a decir que la información «tragada» por un agujero negro podría ser transportada a otros universos ajenos al nuestro.

Pero vayamos por partes. Hasta hace pocas décadas, la ciencia sostenía que un agujero negro era la «ultima frontera» de la materia, un lugar tan denso y con una fuerza gravitatoria tan enorme que ningún objeto o partícula que tuviera la mala suerte de caer dentro podría volver a salir jamás. Y esto vale incluso para los fotones, las partículas que transportan la luz a la mayor velocidad conocida y posible en nuestro Universo, 300.000 km por segundo. Ni siquiera la luz, pues, es capaz de escapar de las fauces de uno de estos «monstruos» espaciales cuando ha sido atrapada por él.

Pero entonces, en 1975, el propio Hawking logró demostrar que, en realidad, los agujeros negros «no son tan negros» como se creía y son capaces de emitir radiación. Una radiación, por cierto, que desde entonces lleva su nombre y se conoce como «radiación Hawking». El fenómeno, aparentemente imposible, se produce justo en el llamado «horizonte de sucesos», esto es, la línea imaginaria que rodea a un agujero negro y que lo separa del resto del Universo. Cualquier cosa que atraviese esa línea se perderá para siempre en el interior del agujero. Pero justo sobre ella es posible que de un par de partículas entrelazadas una termine «devorada» y la otra, al contrario, quede libre y salga disparada hacia el espacio.

Lo malo es que la radiación Hawking planteaba un serio problema. Si los agujeros negros emiten radiación, eso significa que van perdiendo masa, aunque sea a un ritmo muy pequeño. Y la consecuencia de ir perdiendo masa de forma continua es que el agujero negro se iría haciendo cada vez más pequeño hasta desaparecer por completo del Universo, evaporándose y sin dejar rastro de nada de lo que llegó a tener dentro.
«Paradoja de la pérdida de información»

Se da la circunstancia de que uno de los pilares de la Mecánica Cuántica, sin la cual la teoría no funcionaría en absoluto, se basa en el hecho de que la información cuántica que lleva incorporada la materia jamás se destruye. Cualquier partícula de materia, en efecto, lleva íntimamente asociada la información física sobre las características que le permiten existir tal y como es. Cosas como su masa, su carga, su momento angular... Y si fuera cierto que los agujeros negros pueden evaporarse, toda esa información cuántica sobre el estado de cada partícula se perdería para siempre. Lo cual llevaría a la posibilidad de que varios estados diferentes podrían acabar convirtiéndose en uno solo. Algo que no tiene ningún sentido en el Universo en que vivimos y que cuestionaría seriamente todo lo que sabemos, o creemos saber, sobre la naturaleza de la materia, el espacio y el tiempo.

El problema se conoce como la «paradoja de la pérdida de información», y los mejores físicos del mundo llevan cuarenta años intentando resolverlo.

Por eso la afirmación de Hawking en Estocolmo ha causado tanta sorpresa. Si es cierto que ha descubierto un nuevo mecanismo capaz de preservar la información, tal y como manda la Mecánica Cuántica, estaremos ante una nueva prueba de que la teoría es correcta y capaz de explicar realmente el Universo que nos rodea.
La información no se destruíria del todo
«Propongo –dijo Hawking durante su intervención– que la información no se almacena en el interior del agujero negro como era de esperar, sino en sus límites, en el horizonte de sucesos, de donde la información puede escapar». El mecanismo propuesto por Hawking sugiere que, justo al pasar por el horizonte de sucesos, la frontera externa de un agujero negro, todas las partículas dejan una especie de «copia» de sí mismas que puede escapar de las garras del agujero negro en forma de radiación. Con lo que la información no quedaría destruída ni siquiera cuando el agujero negro desaparezca.

Sin embargo, esa información, después de tal proceso, sería totalmente inservible. Si quemamos un diccionario en una hoguera, toda la información que contiene seguirá existiendo en sus cenizas, pero será imposible de recuperar. Algo parecido sucedería con la información cuántica asociada a las partículas de materia tras ser sometidas a la «trituradora» del agujero negro.
Universos alternativos

Claro que, según Hawking, existe otra interesante posibilidad, que es que la información «perdida» en el agujero negro esté, en realidad, almacenándose en otros universos alternativos al nuestro. Lo cual nos lleva a la sugerente idea de que los agujeros negros podrían ser, en realidad, una especie de «puentes» o «pasadizos» hacia universos paralelos.

«El mensaje de esta lectura –afirmó Hawking– es que los agujeros negros no son tan negros como los pintan. Y no son las prisiones eternas que pensábamos hasta ahora. Las cosas, en efecto, pueden escapar de un agujero negro, y también volver a salir en otro universo».

«La existencia de historias alternativas para los agujeros negros –prosigue el científico– sugiere que esto podría ser posible. El agujero tendría que ser grande y estar girando para poder ser un pasaje hacia otro universo. Pero nunca podríamos regresar al nuestro. Así que, aunque me interesan los viajes espaciales, yo no voy a intentar hacer eso».

Tras el inesperado anuncio, la comunidad científica espera ahora con impaciencia la publicación de un artículo en el que se expliquen todos los detalles de esta nueva teoría. Un artículo que, al parecer, podría publicarse dentro de apenas unos meses.

Fuentes: ABC.ES
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¿Y si vivimos dentro de un gigantesco agujero de gusano?

 La Vía Láctea podría ser un «sistema galáctico de transporte» y la materia oscura, «otra dimensión», según una atrevida investigación que recuerda a la película «Interstellar»
¿Y si vivimos dentro de un gigantesco agujero de gusano?
SISSA
Científicos trabajan con que nuestra galaxia sea un túnel «navegable» en el espacio y el tiempo

En Interstellar, la película de ciencia ficción de Christopher Nolan, los protagonistas cruzan un agujero de gusano hallado fortuitamente en las cercanías de Saturno que permite viajar a varios mundos potencialmente habitables fuera del Sistema Solar. Bien, eso es parte de un guion de Hollywood, pero ¿y si nuestra propia galaxia fuera un enorme agujero de gusano, es decir, un túnel en el espacio y el tiempo? Esa es la fantástica hipótesis con la que trabaja un grupo internacional de científicos y que ha sido publicada en la revista Annals of Physics.

La investigación, en la que ha participado la Escuela Internacional de Estudios Avanzados de Trieste SISSA, obliga a los científicos a repensar la materia oscura con mayor precisión.

«Si combinamos el mapa de la materia oscura en la Vía Láctea con el más reciente modelo del Big Bang para explicar el universo y postulamos la existencia de túneles de espacio-tiempo, lo que obtenemos es que nuestra galaxia podría contener realmente uno de estos túneles, y que el túnel incluso podría ser el tamaño de la propia galaxia», explica Paolo Salucci, astrofísico de SISSA y un experto en la materia oscura. «Pero hay más. Incluso podríamos viajar a través de este túnel, ya que, sobre la base de nuestros cálculos, podría ser navegable. Al igual que el que todos hemos visto en 'Interestelar'», añade.

Aunque túneles de espacio-tiempo (o agujeros de gusano o puentes Einstein-Penrose) han adquirido recientemente una gran popularidad entre el público gracias al filme de Nolan, han sido el foco de atención astrofísicos durante muchos años. «Lo que intentamos hacer en nuestro estudio fue resolver la ecuación en la que la astrofísico 'Murph' (el papel que interpreta Jessica Chastain) estaba trabajando. Es evidente que lo hicimos mucho antes de que saliera la película», bromea Salucci. «Es, de hecho, un problema extremadamente interesante para los estudios de la materia oscura».

«Obviamente no estamos afirmando que nuestra galaxia es definitivamente un agujero de gusano, sino simplemente que, de acuerdo con los modelos teóricos, esta hipótesis es una posibilidad», matiza el investigador. Pero, ¿podría ser probado experimentalmente alguna vez? «En principio, podríamos probarlo comparando dos galaxias, la nuestra y otra muy cercana, como, por ejemplo, la Nube de Magallanes, pero todavía estamos muy lejos de cualquier posibilidad real de hacer una comparación de este tipo».
Otra dimensión

Para llegar a sus conclusiones, los astrofísicos combinaron las ecuaciones de la relatividad general con un mapa muy detallado de la distribución de la materia oscura en la Vía Láctea de un estudio llevado a cabo en 2013. «Más allá de la hipótesis de la ciencia ficción, nuestra investigación es interesante porque propone una más compleja reflexión sobre la materia oscura», subraya Salucci.

Los científicos siempre han tratado de explicar la materia oscura por la hipótesis de la existencia de una partícula particular, el neutralino, que, sin embargo, nunca ha sido identificado en el CERN u observada en el Universo. Pero también existen teorías alternativas que no dependen de esa partícula «y tal vez es hora de que los científicos se tomen en serio este asunto», concluye Salucci. "La materia oscura puede ser 'otra dimensión', tal vez incluso un importante sistema de transporte galáctico. En cualquier caso, lo que realmente necesitamos es comenzar a preguntarnos de qué se trata».


Fuentes: ABC.ES
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