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«Primero arregla la Tierra y entonces quizás podamos viajar a Marte en 1.000 años»

Mark McCaughrean, asesor científico de la ESA, vino a Madrid para hablar sobre el final de la misión Rosetta. También habló del reto de explorar otros planetas y las amenazas del cambio climático y la caída de asteroides en la Tierra


Mark McCaughrean, investigador de la Agencia Espacial Europea (ESA) - Cedida por la Fundación BBVA/KIKE PARA
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Mark McCaughrean es asesor científico senior de la ESA y uno de los responsables de comunicar los avances que se producen en la agencia espacial. Visitó la sede de la Fundación BBVA en Madrid para impartir una conferencia sobre el final de la misión Rosetta, que recientemente se estrelló contra el cometa 67P/Churyumov Gerasimenko. Es experto en formación de sistemas planetarios y también un apasionado conversador que tiene muy en cuenta los retos a los que se enfrenta la humanidad, como la exploración de otros planetas o el cambio climático. También mencionó dos peligrosas amenazas para el futuro: el impacto de un gran asteroide contra la Tierra y la erupción de un supervolcán como el de Yellowstone. «Va a ocurrir», vaticina. A pesar de todo, aún tiene la esperanza de que la divulgación científica y la ciencia ficción puedan reconducir los sueños de la humanidad hacia un futuro menos catastrófico.

-¿Cómo le diría a un lector por qué Rosetta ha sido importante?

Rosetta es algo que le importa a todo el mundo, porque busca el significado de la vida. En ese cometa que estudiaba (el 67P/Churyumov Gerasimenko) hay material que ha quedado remanente del nacimiento del Sistema Solar. Y parte de ese material podría ser realmente la base de la vida. Cuando la Tierra era muy joven estaba muy caliente, no había moléculas orgánicas ni había agua. Entonces, ¿de dónde venimos? Una posibilidad es que viniéramos de los cometas que impactaron contra la Tierra, y que trajeran la materia prima, los ladrillos necesarios para construir vida. Por supuesto la ciencia es más complicada que todo esto, pero la pregunta básica de si estamos hechos de cometas es algo que todos entendemos de alguna forma.

«A largo plazo, seremos golpeados por algo realmente muy grande»

Dicho de otra forma, se puede decir que el cometa 67 P es como un cofre del tesoro que ha estado en una habitación oscura durante 5.500 millones de años. Y que Rosetta es la llave que ha ido allí para abrir el cofre. Lo cierto es que hoy en día la llave está rota en pedazos por el suelo... Tenemos un montón de datos y estamos tratando de juntarlos, pero la ciencia no se hace en una noche. Con lo que hemos recogido, tenemos trabajo para 10 o 20 años más.

-¿Y usted piensa que estamos hechos de cometas?

Lo que hemos aprendido durante la misión Rosetta es que el agua en este cometa no es la misma que el agua de la Tierra. Tiene una proporción distinta de hidrógeno-deuterio: en concreto, este cometa tiene tres veces más deuterio. Esto sugiere que probablemente todo el agua de la Tierra no llegó desde cometas, sino que quizás vino también de asteroides, que son objetos más secos, pero también más numerosos.

Lo que estamos aprendiendo es algo parecido a hacer la receta de una tarta: tenemos la tarta, el agua de la Tierra, y cómo hacerla. Puedo tener algo de harina, los cometas, algo de mantequilla, los asteroides, pero no demasiado salsa de tabasco porque quiero que mi tarta sepa bien. Así que, mirando al agua de la Tierra y analizando a cometas y asteroides podemos aprender cómo se hace la Tierra. Y esto también es cierto para moléculas orgánicas de las que estamos hechos.

Pero aquí la historia es diferente, porque los cometas tienen montones de moléculas orgánicas, como aminoácidos como la glicina o el fósforo, un componente muy importante en el ADN. No significa que haya vida en el cometa, solo significa que si tienes un planeta muerto y tu quieres empezar vida, necesitas algunos ingredientes para la tarta. Y los cometas golpearon mucho la Tierra en el pasado. No lo hacen muy frecuentemente estos días, pero ocurrirá.

-¿Es posible que esto haya ocurrido en otros sistemas estelares y que la vida sea un fenómeno universal?

Sabemos que hay cometas en otros sistemas estelares. Creemos que la mayoría de los sistemas solares se formaron de una forma similar al nuestro: una nube de gas y polvo se convirtió en un disco que giraba alrededor de una estrella, y con las colisiones aparecieron planetas y cuerpos menores. Lo normal es asumir que si aquí los cometas tienen este papel, en la mayor parte de las estrellas también lo tendrán. No creemos que el Sistema Solar sea muy especial, aparte de por el hecho de que estamos aquí, pero lo cierto es que aún no hemos detectado vida en otras estrellas.

-Entonces, ¿fueron muy importantes los impactos de cometas y asteroides?

Al comienzo todo dependió de eso. Gracias a los impactos todos los fragmentos se unieron al comienzo del Sistema Solar. Y 5.000 millones de años después hubo muchos impactos en los planetas y las lunas que existen hoy en día. Esto ocurrió porque los planetas cambiaron sus órbitas: Júpiter y Saturno se movieron, Neptuno y Urano se fueron.

«Nos estamos expandiendo por la Tierra como un virus malvado y pretendemos vivir en Marte»

Si el Sistema Solar se formó como pensamos, ni Neptuno ni Urano deberían estar ahí. Deberían estar más cerca, pero, ¿cómo llegaron ahí? Parece ser que cuando Neptuno y Júpiter se movieron a causa de la gravedad, empujaron a varios planetas hacia el exterior. Y al mismo tiempo todos esos cometas y asteroides se movieron de repente. Fue como lanzar una bomba en una cesta de pelotas de ping pong. De repente las pelotas comenzaron a botar por todas partes y comenzaron a golpear cosas.

El nacimiento del Sistema Solar estuvo marcado por las colisiones- ARCHIVO

Por eso alrededor de 100 millones de años después hay huellas de una inmensa cantidad de impactos en el Sistema Solar. Puedes verlo en los cráteres de la Luna, por ejemplo. Y ahí es cuando pudo llegar a la Tierra la materia prima de la vida, porque fue entonces cuando el planeta se estaba enfriando. Hasta ese momento, no se había desarrollado vida en la Tierra, aunque si lo hubiera hecho, habría muerto a causa de las colisiones.

«¿Cómo detienes un volcán?»


Estos días los impactos no ocurren con tanta frecuencia, pero aún ocurre. Júpiter recibió un impacto en 1994, pudimos verlo, tomar imágenes y medir cómo un cometa entraba en Júpiter. Es verdad que este planeta es muy grande y tiene una enorme gravedad, lo que le hace ser muy bueno a la hora de «tirar» de cometas. Pero estos objetos (cometas y asteroides) también golpean la Tierra. En 1905, el evento Tunguska, en Siberia, fue provocado por un pequeño cometa.

-¿Está la Tierra a salvo de las colisiones?

No, es cuestión de tiempo. Estamos en la era del espacio, medimos muchas cosas, sabemos que los asteroides suelen golpear la Tierra, pero también sabemos que hay algunos pequeños, otros más grandes y algunos realmente enormes. El que acabó con los dinosaurios hace 65 millones de años era uno de esos. Por suerte, estos no vienen muy frecuentemente, así que no vamos a morir por uno grande mañana. Quiero decir, podríamos, pero las probabilidades no son altas mañana. Pero en 10 o en 50 millones de años, claro, ocurrirá. La cuestión es qué haremos al respecto.

Hoy en día se puede oír a mucha gente diciendo que debemos dejar la Tierra y viajar a Marte tan pronto como podamos, de forma que si la vida en la Tierra muere el humano pueda seguir viviendo en el Sistema Solar. Para mi esto es una locura. Si eso pasara... Sabemos que si hay algún lugar donde la vida está en peligro es aquí mismo. No tiene nada que ver con asteroides, sino con el cambio climático. Esta idea de ir a Marte mañana para salvar a la humanidad es una locura, primero arregla la Tierra y entonces quizás podamos viajar a Marte en 1.000 años.

«Si la gente lee artículos de ciencia, quizás los niños quieran ser científicos y no futbolistas»


De todas formas es una pregunta muy interesante porque la Humanidad apenas tiene 200.000 años de antigüedad. Hemos vivido en un tiempo que ha sido muy tranquilo, sin grandes colisiones, ni volcanes (ni supervolcanes). Toda la humanidad ha vivido un tiempo muy tranquilo, y así es como conseguimos extendernos, porque claro, no somos eliminados con frecuencia. Somos seres muy complejos, ya sabes, no somos como cucarachas que pueden sobrevivir a cualquier cosa. Pero es muy fácil matar a los humanos, porque necesitamos muchas estructuras, tanta comida...

Representación de un asteroide de diez kilómetros chocando contra la Tierra- DON DAVIS

Así que toda la historia de la humanidad ocurrió en una época tranquila. Incluso las edades del hielo necesitaron mucho tiempo para ocurrir, fueron y vinieron, y ocurrieron en 10.000 años, así que tuvimos tiempo para adaptarnos.

«Quizás nos daremos cuenta de que conducir por las ciudades y expulsar CO2 a la atmósfera nos va a matar»


Pero a largo plazo, seremos golpeados por algo realmente muy grande, sí, ocurirrá. Pero quizás, solo quizás, antes seremos capaces de resolver el problema de los asteroides desde el espacio. Quizás podremos descubrir de qué están hechos esos objetos, cómo moverlos, verlos con telescopios y decir «ese va a impactar en mil años». Así que quizás tengamos tiempo para moverlos para que no golpeen la Tierra.

Otro grave problema son los supervolcanes de la Tierra. Como el que hay en Yellowstone, por ejemplo. Se han descubierto huellas en India de una enorme y monstruosa zona cubierta de rocas volcánicas formadas a lo largo de miles de años de erupciones constantes, aún mayor que Yellowstone. Y desde ese punto de vista estamos tostados, creo. No podremos arreglar eso, porque es más grande que los seres humanos. Quizás en millones de años seremos criaturas mágicas, pero hoy en día, ¿cómo detienes un volcán?

Por eso, y como hay amenazas para la humanidad, algunos «space geeks» estamos diciendo que debemos ir a Marte. Pero en el fondo, sabemos que solo hay un planeta donde podemos vivir ahora mismo, la Tierra. Y creo que es incluso una pregunta moral: si no podemos arreglar la Tierra, ¿merecemos ir a Marte? (Ríe). ¡Nos estamos expandiendo como un virus malvado por nuestro planeta y pretendemos ir a otro!

Recreación de los módulos habitables diseñados por la misión Mars One- MARS ONE

Creo que hay muchas preguntas interesantes sobre la supervivencia del ser humano, y para mí, muchas de ellas tienen que ver con nuestra naturaleza: los seres humanos somos contadores de historias, así es como pasamos la información. Somos bueno pasando nuestro ADN, como cualquier otra especie. Pero la razón por la que somos tan dominantes es porque nos contamos historias unos a otros. Tú estás escribiendo una historia justo ahora, yo estoy contando una historia, y cuando alguien lea el periódico, leerá una historia.

«La mitad de la población sabe que el cambio climático está ocurriendo, pero cree que no puede evitarlo»


Además de eso, los humanos tenemos una muy buena imaginación, y por eso podemos planear el futuro. Podemos almacenar comida para el invierno y cosas así. Es otra cosa de nuestro cerebro que nos diferencia de los animales. Y si añades esas dos cosas, historias e imaginación, surge la ciencia ficción (sonríe).

Por eso adoramos escribir historias sobre conquistar Universos y viajar a otras estrellas. Pero al final, tan solo somos seres humanos, monos que han bajado de los árboles. ¿Podemos hacerlo? ¿Podemos viajar tan lejos? Los robots, como Rosetta, pueden hacer cosas alucinantes. Puedes hacer que pasen frío, que sufran el calor, pueden quedarse sin energía. No les importa, porque ellos no mueren. Pero esta fantasía de humanos yendo a todas partes y expandiéndose como si fuera Star Trek, no estoy seguro. Estaría bien, pero, ¿de verdad? Quizás podríamos enviar nuestros cerebros, no físicamente, pero descargados en microchips, y enviarlos al espacio. Quizás 10 años después olvidarían de dónde venían y conquistarían el Universo. ¡Perdón, esto no tiene nada que ver con la Agencia Espacial Europea! (Ríe).

-¿Quizás la ciencia ficción es un poco exagerada y sería más inteligente centrarse en resolver problemas más cotidianos?

Bueno, sí y no. La ciencia ficción funciona, hay escritores fantásticos. Julio Verne dijo que podríamos ir a la Luna y lanzar cohetes al espacio, y al final lo hicimos. No fue fácil, pero fue mucho más fácil que será ahora ir a Marte o entrar en un agujero negro. Así que creo que hay un limite en lo que los humanos pueden hacer y lo que predice la ciencia ficcción. Pero aún así, ¡es divertido leerlo!

Falso cartel de propaganda de una agencia de viajes espaciales- NASA

Pero tu pregunta es sobre reparar la Tierra, sobre lo que hemos hablado antes. Puedes decir, estás malgastando dinero en ir a un cometa, o en estudiar un agujero negro con un telescopio. Pero la ventaja que disfrutamos con esto, es que la gente está interesada en estas cosas, lo encuentran muy interesante, ya sean adultos o niños.

«Si quieres asustarte, ven a escuchar a nuestra gente hablando sobre lo que están observando en la Tierra»


Y por eso siento muy fuertemente que si la gente viene mis charlas, leen tus artículos de ciencia o ven dibujos animados sobre el espacio ya no decidirán que quieren ser futbolista o estrella del pop; ahora dirán que quieren ser científicos. Y esto puede ayudar, es lo que necesitamos.Necesitamos gente que haga ciencia, que haga tecnología, ingeniería y matemáticas.

Vengo de un país que acaba de tomar una decisión muy estúpida desde el punto de vista matemático: el Brexit. Ha habido mentiras, y se ha tomado una decisión sin tener en cuenta las matemáticas. Pero si puedes enseñarle a los niños que con matemáticas puedes despegar del suelo y llegar a un cometa, dirán: ¡"Guay", qué interesante! Quizás, solo quizás, en el futuro esos números de los políticos que son en realidad mentiras dejarán de funcionar. Y podrás tener una sociedad con políticos que sean realmente racionales. O quizás hay una esperanza de que nos demos cuenta de que conducir por las ciudades y expulsar CO2 a la atmósfera nos va a matar.

-¿Usted es optimista?

(Suspira). Cuando me levanto a las cuatro y media de la mañana soy muy pesimista, y tengo dos niños adolescentes... (Bromea). Es evidente que el cambio climático está ocurriendo, lentamente para algunas personas pero más rápido para otras: por ejemplo algunas islas del Pacífico se están hundiendo, y los efectos están aumentando cada vez más.

Probablemente en mi vida no va matarme, pero estoy pensando en los nietos de mis hijos, ¿sabes? En esta escala de tiempo las cosas serán muy diferentes. Hay una oportunidad de detener el cambio climático y de evitar otras cosas idiotas que estamos haciendo pero temo que no podemos hacer magia. Sabemos lo que hay que hacer, ¿pero lo estamos haciendo?
ABC

Creo que la gente no es estúpida, entiende que es un problema. Pero lo que pasa cuando afrontas cosas como estas es que te asustas, te preguntas, ¿cómo hago frente a esto? Probablemente la mitad de la población sabe que el cambio climático está ocurriendo y dice sí, es terrible, pero no puedo hacer nada al respecto así que, ¡qué demonios, voy a una fiesta!

«Los humanos, somos malos en escalas largas de tiempo (...) Por eso no nos tomamos en serio los asteroides»


Vivimos en una sociedad muy distinta a la que había 100 años atrás y en la que los gobiernos decían «estamos haciendo esto» y los ciudadanos respondían «sí, por supuesto». Hoy en día todo el mundo opina, la opinión de todos importa. Eso es bueno, pero al final el cambio climático es real o no lo es, sin que importe tu opinión. Y podemos llegar a un punto en que tú creas una cosa, yo crea otra, y por eso no hagamos nada al respecto mientras las cosas empeoran.

Y ahí es donde estamos. La mitad de los Estados Unidos cree que no es un problema. Europa cree que sí. Pero no podemos solucionar el cambio climático sin los Estados Unidos, sin China, etc. Porque no es un problema local, es un problema global. Tenemos que actuar todos juntos.

Y los científicos estamos midiendo esto todo el tiempo, tenemos montones de satélites mirando a la Tierra. Si quieres asustarte, ven a escuchar a nuestra gente hablando sobre lo que están observando en la Tierra. No hace falta que los científicos digan que vamos a morir, tan solo hay que mirar los datos. No tienen motivos para mentir al respecto. Hay gente que dice que todos están mintiendo, que detrás están las grandes compañías y los gobiernos. Pero no es así, sencillamente.

-Y de vuelta a los asteroides ¿Se está haciendo lo suficiente para evitar que nos destruyan?

Tenemos un programa en ESA, llamado «Nearth Earth Object Programme», que es parte de un programa mayor, el «Space Situation Awareness», que vigila la basura espacial y los satélites moribundos que pueden explotar y dañar a otros. El primero está creciendo poco a poco, pero no es una de esas áreas donde le puedas decir al público que si no pagan tu misión todos van a morir al día siguiente.


Representación de un asteroide aproximándose contra la Tierra- P.Chodas (NASA/JPL)

No es así. Los impactos de asteroides no ocurren cada día. Como estos objetos caen cada millón de años nadie ha visto uno, así que se piensa que no son reales. Vale, puedes medirlos, puedes presentar los datos, avisar de que va a pasar, pero como no pasó ayer y no ocurrirá en una generación, nadie se lo toma en serio. Sabes, es un problema de los humanos, somos malos en escalas largas de tiempo. Puedes medirlo, pero no lo sientes.

El problema es que los asteroides peligrosos están entre el Sol y la Tierra. Y desde aquí es muy difícil verlos, porque el Sol esta ahí, así que hace falta poner naves para poder vigilarlos. Este tipo de proyectos van despacio, pero es importante que lleguemos a un punto donde podamos ver a un asteroide que viene contra la Tierra con suficiente tiempo de antelación.

La forma de mover asteroides es llegar a ellos rápidamente. Si están cerca de la Tierra es difícil moverlos lo suficiente para evitar que impacten, pero es más fácil si los coges lejos de la Tierra, porque entonces basta con moverlos un poco para que no choquen contra la Tierra. Por eso, realmente es importante encontrar estas cosas con 100 años de antelación, al menos si quieres tener una oportunidad.

Pero aún entonces, dirás, vale, tiene una posibilidad entre 100 de golpear contra la Tierra. Pero, ¿cómo piensan los seres vivos en los riesgos? «En 100 años hay una probabilidad de que mueras entre 100. ¡Bah, eso no va a ocurrir». Sin embargo, misteriosamente la gente compra billetes de lotería, ¿no? ¿Cuáles son las probabilidades de que les toque? (Ríe). Los humanos son muy raros en lo que se refiere a los números. Cuando es algo que quieren, tienen en cuenta una probabilidad de uno entre un millón. Pero cuando es algo que no quieren, creen que nunca les va a ocurrir.

Fuentes: ABC.ES
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¿Viajaremos en el tiempo?

La cuestión de la naturaleza del tiempo es fundamental en la física moderna
Regreso al Futuro 2015
Reproducción de escenas de 'Regreso al futuro' en Sao Paulo, el pasado 17 de octubre. / Miguel Schincariol (AFP)

 En todo el mundo se celebra hoy la figura de Marty Mcfly y su Delorean, un viajero en su máquina del tiempo, en versión ochentera, de aquella historia mucho más seria de H.G. Wells, que imaginó una Máquina del tiempo con el inconfundible aroma victoriano.

Como físico teórico, llevo varios días lidiando con las consabidas preguntas… ¿será posible?, ¿qué nos dice la ciencia seria? Tal vez este interés tenga que ver con el nuevo estilo de algunas superproducciones de Hollywood, como Gravity, Interstellar o The Martian, en las que se percibe un esfuerzo importante por respetar las leyes de la física en el desarrollo de las tramas, hasta el punto de que en ocasiones la ciencia se convierte en el héroe imprevisto de la historia.

No es el caso de Regreso al futuro que, desde el punto de vista de la ciencia, es más bien disparatada. En todo caso, la cuestión de la naturaleza del tiempo sí es fundamental en la física moderna y se pueden decir algunas cosas muy generales sobre la posibilidad del turismo temporal.

Lo primero que conviene recordar es que este mes hay un aniversario mucho más importante que el viaje al futuro del Delorean. El 25 de noviembre se cumplen 100 años desde que Einstein dio las últimas pinceladas a su gran obra: la teoría general de la relatividad. Sin duda, una de las joyas de la corona del intelecto humano, en la que Einstein describe las propiedades del espacio y el tiempo.

Lo que sabemos desde 1915 es que el espacio y el tiempo se mezclan entre sí en una entidad nueva llamada espacio-tiempo, que además es dinámica. Es decir, su estructura no está dada de una vez por todas, sino que depende de cuánta energía esté contenida en el espacio-tiempo. El espacio-tiempo se puede deformar, un hecho que nosotros percibimos como la fuerza de gravedad. Así que, cuanto más intensa sea la gravedad, más deformado está el espacio tiempo. El máximo se alcanza en los agujeros negros, que son una especie de sumideros de espacio-tiempo, pozos sin salida, que durante décadas fueron poco más que fórmulas en las pizarras de los teóricos, y hoy son esenciales para entender la astrofísica de estrellas y galaxias que podemos estudiar con telescopios.

El espacio y el tiempo se mezclan entre sí en una entidad nueva llamada espacio-tiempo, que además es dinámica

La realidad de la deformación del espacio-tiempo nos pone ante la posibilidad de hacerlo a nuestro antojo. Es decir, una máquina del tiempo funcionaría actuando sobre la estructura del espacio-tiempo. En este sentido, las más fáciles de imaginar son las máquinas para viajar al futuro: basta con montarse en una nave espacial suficientemente rápida, en la que el tiempo marcha más despacio según Einstein, de forma que a la vuelta el viajero se encuentra en el futuro. Esto es en principio posible, y las partículas elementales lo hacen todo el rato, cada vez que se pasean a altas velocidades, como ocurre por ejemplo en el acelerador de protones LHC del CERN. Claro que acelerar personas a velocidades próximas a la de la luz es mucho más difícil…

Otra posibilidad para viajar al futuro es pasarse unas vacaciones cerca de un agujero negro, como ocurre en la película “Interstellar”. El problema es que… están lejos y son peligrosos, pero… ¿y si nos fabricamos uno? Después de todo, cualquier máquina que deforme el espacio-tiempo y sea “portátil”, como un Delorean, seguramente tendrá pinta de agujero negro desde fuera, y por dentro sería un túnel con salida en otro lugar del espacio y otro momento del tiempo. Este tipo de construcciones se conocen como “agujeros de gusano” y son rutinarios para los frikis de la ciencia ficción. Lo que no se suele decir es que fabricar uno del tamaño del Delorean requeriría una energía equivalente a tomar 100 planetas como la Tierra y comprimirlos hasta que ocupan un espacio de unos… ¡dos metros de diámetro! Ciertamente complicado, y esto solo tiene en cuenta una de las entradas del túnel…

La principal ventaja de los agujeros de gusano es que tal vez permitirían viajar al pasado, algo mucho más difícil que viajar al futuro. De hecho, el viaje al pasado parece estar prohibido por las leyes de la física. Cada vez que uno imagina una situación con viaje al pasado, algo se vuelve inconsistente. Está el famoso problema de Mcfly, puedes impedir que tus padres se enamoren…un problema que se repite en detalle en el propio “diseño” de la máquina del tiempo. Por ejemplo, los agujeros de gusano tienden a desplomarse sobre el viajero. Para sostenerlos abiertos hace falta concentrar un montón de energía negativa, de un tipo que jamás hemos visto en las partículas elementales conocidas. Aun cuando esta energía negativa pudiera conseguirse de alguna manera, la sola irrupción del viajero en el interior del túnel produciría una perturbación que desplomaría sus paredes y arruinaría el viaje.

'Fabricar' un agujero de gusano del tamaño del Delorean requeriría una energía equivalente a tomar 100 planetas como la Tierra y comprimirlos hasta que ocupan un espacio de unos… ¡dos metros de diámetro!

En resumen: viajes al futuro, sí en principio, no en la práctica. Viajes de retorno, seguramente imposibles por principio. Esto es lo que podemos decir con las leyes de la física en la mano. Claro está que los guionistas de Hollywood no se detienen ante nada… si nuestro universo nos censura, siempre podemos imaginar que el viajero entra en otra dimensión, una especie de “universo paralelo” en el que las leyes de la física son diferentes, como ocurre en el interior del “Gargantúa” de “Interstellar”. El problema es que entonces el juego tiene unas reglas demasiado laxas para que interese a un físico teórico.

Otra posibilidad es jugar a ser dioses y darle la vuelta al tiempo a las bravas. En este caso la máquina del tiempo actuaría sobre todo el mundo: una gigantesca “moviola” que invertiría todos los procesos físicos excepto los del viajero, ya que no sería muy divertido que éste “olvidara” que viene del futuro. Pero el mundo es muy grande. Incluso si nos restringimos a actuar sobre la parte del mundo que puede entrar en contacto con el viajero, se trata de una esfera con tantos años luz como años de salto temporal queremos realizar. Hay muchísimos átomos en esa esfera gigantesca, y todos y cada uno de ellos deben ser delicadamente manipulados, igual que una mancha de café desparramado por la mesa, que se introduce ordenadamente en la taza volcada, con un movimiento coordinado que golpea la taza y la pone de pie suavemente, para acabar golpeando tu mano en el proceso exactamente inverso de ese descuido habitual… En resumen, el Dios capaz de invertir el tiempo en un universo necesita un ordenador mucho mayor que el propio universo para realizar el cálculo necesario, otra ley fundamental de la física que nos coloca en las fronteras de lo desconocido.

José Luis Fernández Barbón.  Investigador del Instituto de Física Teórica IFT UAM/CSIC, Madrid

Fuentes: ELPAIS.COM
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Algún día nos tragaremos un robot


La robótica vive una revolución con avances en campos insospechados que van desde la medicina hasta el funcionamiento del cerebro
Guillermo Altares Sheffield 30 SEP 2014 - 08:59 CEST82
   
Robots kilobots, diseñados para agruparse, en Sheffield. / Simon Butler

A primera vista no parece gran cosa y, desde luego, resulta difícil imaginar que detrás de unos pequeños y ruidosos robots que se mueven torpemente sobre una mesa blanca para agruparse por colores se encuentra un experimento que puede cambiar la historia de la medicina. El futuro ya no es lo que era porque la ciencia ficción se olvidó de Internet. Sin embargo, sí describió una sociedad en la que los robots forman parte de la vida cotidiana. En todo el mundo se multiplican las empresas y universidades con programas para investigar las posibilidades de la robótica y los avances que se han conseguido son extraordinarios. El objetivo de los grupos de robots que acabamos de describir, llamados enjambres porque su modelo es el comportamiento gregario de algunos animales como las termitas, va de lo más grande a lo más pequeño: desde permitir que máquinas colaboren juntas en tareas complejas –como la limpieza de una central tras un accidente nuclear o la circulación de miles de coches sin conductor– hasta, en un futuro que los científicos ven a 20 o 30 años vista, que existan robots minúsculos que podamos tragarnos, se unan solos dentro de nuestro cuerpo y realicen tareas médicas.
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“Los robots humanoides capaces de hacer todo nuestro trabajo, tal y como los hemos visto en las películas, están a muchos años de distancia, si llegan alguna vez. Sin embargo, creo que los robots son cada vez más eficaces en pequeñas tareas muy importantes. Por ejemplo, estoy seguro de que dentro de 50 años nadie conducirá un coche y parecerá un disparate que miles de personas muriesen en las carreteras por accidente evitables”, explica Tony Prescot, director del Sheffield Center for Robotics, uno de los institutos de investigación punteros en Europa, que depende de las dos universidades de esta ciudad del norte de Inglaterra y que coopera con centros de todo el mundo, como la Pompeu Fabra de Barcelona. El pasado fin de semana dentro del encuentro Festival of the mind, este laboratorio en el que trabajan unos 150 científicos de diferentes campos y nacionalidades realizó dos demostraciones de robots, que permitieron entrever el increíble futuro que espera a este campo; pero también su extraordinario presente.

Detrás de una puerta en la que se lee Laboratorio de Interacción entre Robots y Humanos se esconde un peluche blanco con forma de bebé foca llamado Yoko: un robot Paro de fabricación japonesa –Obama se fotografió con uno de su especie en Yokohama–. La habitación está llena de cámaras, que filman las reacciones ante un robot que mira, responde a su nombre y a los impulsos como las caricias (cuesta 7.000 euros y existen unos 1.000 ejemplares). En el laboratorio, el objetivo es analizar las relaciones de los humanos antes los robots, que van desde el temor hasta la curiosidad. "Es una pena que la ciencia ficción haya ofrecido una imagen tan negativa de los robots", explica Emily Collins, estudiante de posgrado en el centro de investigación y experta en las relaciones entre robots y humanos. "Son como cualquier otro instrumento y tienen aplicaciones muy importantes". ¿La utilidad del Paro en la vida real? Cada vez se usan más como terapia para los enfermos de demencia senil o alzheimer, como si fuesen animales de compañía sin los problemas que estos plantean en un entorno hospitalario. Otro robot, Zeno, con forma humana y con una gran capacidad para reproducir gestos, parece un juguete sofisticado (y caro). Pero, sobre todo, se utiliza para tratar niños autistas.

Durante la muestra, también se exhibe un robot drone que, gracias a un programa de reconocimiento facial, puede seguir a una persona (afortunadamente, las baterías no duran demasiado). Hay robots con brazos programados para agarrar un determinado objeto o que aprenden a detenerse ante una línea blanca antes de chocarse (sirven para estudiar los mecanismos neuronales). Mantienen abierta, además, una línea de investigación que simplificaría mucho la vida de los pacientes: un robot que es una mesa de hospital que responde a la voz.

Robot Paro en el laboratorio de la Universidad de Sheffield. / Simon Butler

Sin embargo, al final, lo más extraordinario resulta lo aparentemente más sencillo: los enjambres. La Universidad de Harvard, que es quien fabrica estos aparatos de 3 centímetros de ancho llamados kilobots, logró agrupar este verano 1.000 robots en el mayor movimiento colectivo de máquinas realizado hasta el momento. Cuestan 100 euros cada uno y Sheffield es el centro que más kilobots tiene –900– tras la universidad estadounidense. Roderich Gross, el responsable de este proyecto, explica: "Puedes hacer eso sin memoria y sin computación. Son sensores e infrarrojos que les dicen si hay un robot cerca o no". El profesor Gross explica que la idea es imitar a la naturaleza, a las formaciones que crean las bandadas de pájaros o los bancos de peces o los montículos que construyen las termitas, en las que la suma de decisiones muy sencillas de muchos individuos (a veces millones en el caso de los insectos) llegan a producir estructuras muy complejas, como las termiteras.

Dentro del mismo laboratorio, un español, Juan A. Escalera, ha desarrollado unos robots que se unen con imanes y se pasan energía, otra de las claves para ese futuro en el que nos tragaremos una pastilla que se convertirá en un robot dentro de nuestro cuerpo. "El mundo de la robótica es mucho más diverso de lo que pensamos. Pero no hay que dejarnos cegar por el tamaño, lo importante es la organización. La idea es crear una mente genérica que pueda funcionar para organizar tanto una ciudad como un nanorobot", afirma Verschure.

El laboratorio de la universidad de Sheffield aparece vacío porque la mayoría de los robots han sido trasladados para su exhibición. Solitario, como un personaje de Inteligencia Artificial, se encuentra sin embargo el Icub, un robot humanoide creado por el Instituto Italiano de Tecnología de Génova y que forma parte de un proyecto europeo, en el que trabaja también la Pompeu Fabra. Actualmente hay unos 30 Icub en el mundo y cada uno cuesta 250.000 euros. Esta máquina muestra los avances de la robótica y la inteligencia artificial, pero también el largo camino que tienen por delante. "Nosotros utilizamos el robot no como un fin en sí, sino para entender cómo funciona la mente, como una herramienta para comprender la arquitectura de las emociones y las percepciones", explica desde Barcelona Paul Verschure, director de Specs, el grupo de trabajo en inteligencia artificial de la Pompeu Fabra, que colabora con Sheffield. Tony Prescot asegura que el objetivo de su grupo de trabajo es que sea capaz de ser consciente de su cuerpo, de reconocer objetos con los dedos, de tener sensibilidad en la piel. También se está trabajando en la construcción de una memoria autobiográfica -se han logrado avances importantes en Lyon- y en el estudio de cómo aprendemos una lengua.

Los robots representan una creciente industria –la UE anunció este verano una inversión de 2.800 millones de euros para un sector en el que Europa tiene un 32% de cuota de mercado, mientras que Google ha comprado ocho compañías de robótica en los últimos dos años–. Según datos del sector, los robots mueven ya 19.000 millones de euros al año. "La robótica es un mundo fantástico. Por eso no debemos exagerar. Resultan muy útiles por ejemplo para cuidar ancianos; pero no hay que utilizarlos por motivos económicos, no pueden reemplazar a las personas", explica el profesor de Inteligencia Artificial en Sheffield, Noel Sharkey, experto en ética robótica, que encabeza una campaña mundial que ha llegado hasta la ONU para prohibir los robots militares (o por los menos regular para que no tomen solos la decisión de matar). ¿Estamos en las puertas de una revolución similar a la que representaron los ordenadores personales, Internet o los móviles? "Sin duda, aunque nos encontramos en el principio", responde Prescot. "Las máquinas son mucho mejores que nosotros en algunas cosas; pero hay problemas simples que todavía resultan muy difíciles de resolver". Paul Verschure, director de Specs, el grupo de trabajo en inteligencia artificial de la Pompeu Fabra, explica por su parte desde Barcelona: "Pensar es lo sencillo: los grandes retos son la conciencia, la creatividad, las emociones". Y los problemas no solo vienen de la tecnología: ¿Quién es legalmente responsable si un coche robotizado provoca un accidente? Ningún jurista ha encontrado una respuesta lo suficientemente convincente como para que los coches que se conducen solos puedan circular sin problemas. Los científicos no sólo imaginan androides que sueñan con ovejas eléctricas o que hablen seis millones de formas de comunicación; imaginan robots útiles para cada rincón de la vida cotidiana.



Fuentes: EL PAIS.COM
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