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Expuesto al público el papiro que desvela el misterio de la construcción de la Gran Pirámide

Se trata del diario de trabajo de un antiguo capataz que participó en las obras faraónicas de Guiza 43
 Expuesto al público el papiro que desvela el misterio de la construcción de la Gran Pirámide

 JOSÉ MANUEL NIEVES Madrid 20/07/2016 08:24h -

No fueron los extraterrestres, ni tampoco una antiquísima civilización perdida en la noche de los tiempos. Las pirámides las construyeron los egipcios. Así lo demuestra el diario de trabajo de un antiguo capataz que participó en las faraónicas obras y que ha puesto fin al "misterio" de la construcción de la Gran Pirámide de Guiza.

El documento, hallado en 2013 en el Mar Rojo, acaba de ser expuesto al público en el Museo de El Cairo. La Gran Pirámide de Guiza fue construida en honor del faraón Keops, que reinó entre los años 2.551 y 2.528 A.C.), y es la mayor de las tres pirámides construidas en la meseta de Guiza. Considerada como una maravilla del mundo desde la antigüedad, la Gran Pirámide medía, cuando fue construida, 146 metros, aunque hoy en día su altura se ha reducido hasta los 138 metros.

 El diario de notas fue escrito en caracteres jeroglíficos sobre piezas de papiro. Su autor fue un inspector de obras llamado Mener, que según detallan los arqueólogos Pierra Tallet y Gregory Marouard en un artículo publicado en Near Estern Archaeology, ·estuvo a cargo de un equipo de cerca de 200 hombres".

Tallet y Marouard son los directores del equipo arqueológico de Francia en Egipto, y hallaron el diario del capataz en el puerto de Wadi al Jarfin, en el Mar Rojo, en el año 2013. La antigüedad atribuida al documento es de cerca de 4.500 años, lo que le convierte en el papiro más antiguo jamás descubierto en Egipto.

Según detallan los investigadores, "El diario de trabajo abarca un periodo de varios meses, en forma de calendario con dos columnas para cada día. Y en él se detallan muchas de las operaciones relacionadas con la construcción de la gran pirámide de Keops en Guiza y el trabajo en las canteras de piedra caliza en la orilla opuesta del Nilo".

Merer tomó esas anotaciones durante el año 27 del reinado de Keops. Sus registros indican que en ese momento la Gran Pirámide estaba casi terminada, y gran parte del trabajo restante se centraba en la construcción de la carcasa de piedra caliza que cubría la parte exterior de la pirámide

Piedras llevada en barco Según el antiguo diario, la piedra caliza utilizada para este fin era extraída en Tura, cerca de la actual El Cairo, y era llevada al sitio de la pirámide en barco a lo largo del río Nilo y un sistema de canales. Un barco tardaba cuatro días en recorrer la distancia entre la cantera de Tura y la pirámide.

El diario de trabajo también afirma que en el año 27 del reinado de Keops, la construcción de la Gran Pirámide estaba siendo supervisada por el visir Ankhaf (también escrito Anjaf), el medio hermano de Keops. (Un visir era un alto funcionario en el antiguo Egipto que servía al rey.)

El papiro, según escriben Tallet y Marouard, también revela que uno de los títulos de Ankhaf era el de "jefe de todos los trabajos del Rey". Aunque el diario de trabajo asegura que Ankhaf estaba a cargo de las obras en el año 27 del faraón, muchos estudiosos creen que es posible que otra persona, posiblemente, el visir Hemiunu, estuviera a cargo de la construcción de pirámides durante la primera parte del reinado de Keops.

Los responsables del Museo de El Cairo no han especificado durante cuánto tiempo el valioso documento estará a disposición del público.

Fuentes: http://www.abc.es/
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Seis libros de misterio que no puede perderse

Le presentamos algunas de las novedades de temas de misterio que no puede perderse.
1 CIVILIZACIONES BAJO TIERRA
El reportero Juan José Revenga ha visitado prácticamente todos los lugares de este planeta llamado Tierra, algunos realmente inaccesibles, y firmado algunas de las exclusivas más espectaculares de estas páginas, como la entrada a la Cueva de los Tayos, en lo más profundo de la Amazonía ecuatoriana, el primer lugar que visitó Neil Armstrong al regresar de su épico viaje a la Luna.

Viajero incansable, ahora recopila gran parte de sus asombrosas –y difíciles– exploraciones en busca de lo desconocido en su nuevo libro, Civilizaciones bajo tierra. Un viaje a los lugares más misteriosos y ocultos del planeta, que acaba de publicar Ediciones Luciérnaga y que sin duda será un éxito editorial. Y es que se nota cuando un autor ha visitado los enclaves de los que habla. Un recorrido fascinante por la Antártida, África Occidental o la isla de Pascua, entre muchos otros destinos que dejarán con la boca abierta a aquellos que disfrutan con lo que sucedió en nuestro pasado.

Hubo un tiempo en que los dioses convivían junto a los hombres. A través de este magnífico trabajo, el lector emprenderá un viaje en primera persona a esos mundos de dioses intraterrenos y celestiales, donde Revenga intentará aclarar la razón de por qué el hombre, en tiempos pretéritos, decidió ocultarse bajo tierra y adoraba y temía a las deidades que venían de mundos superiores.■


2 TRAS LA HUELLA DEL MISTERIO
Tras la huella del misterio recoge varias de las investigaciones de campo del autor a lo largo y ancho del territorio español. Casos de lo paranormal, ovnis y lo insólito donde muestra su forma de ser y de hacer. Más de dos décadas de pesquisas, donde sobre todo prima el contacto directo con aquellas personas que son protagonistas de experiencias presuntamente inexplicables. El lector encontrará multitud de datos y detalles de cada hecho, pudiendo ser luego ellos los buscadores de respuestas.
Su autor, José Antonio Roldán, aprovecha para mostrar su lado más humano y sincero. El estudio de los denominados temas de frontera no es un camino de rosas y en este libro podrás ver los obstáculos y vicisitudes que debe de pasar el autor para dar con las historias y con las resoluciones de las mismas.


3  LEONARDO DA VINCI, CARA A CARA
Tras el exito de sus novelas de la serie Cronicas del Renacimiento Matar a Leonardo da Vinci y Rezar por Miguel Angel, Christian Galvez presenta un fascinante analisis ilustrado de todas las teorias existentes sobre la imagen de Leonardo da Vinci.

Muchos de los manuscritos sobre anatomia humana estan en posesion de Francesco Melzi, un gentilhombre de Milan que era un hombre bello en el tiempo en que Leonardo vivia y al que le profesaba un gran carino. Francesco aprecia y conserva estos trabajos como reliquias de Leonardo, junto con el retrato de este artista en su feliz recuerdo.

Con estas palabras Giorgio Vasari, uno de los primeros historiadores de arte y autor de las biografias de los artistas italianos durante el Renacimiento, asegura que existe un retrato de Leonardo da Vinci que Francesco Melzi, alumno, secretario y albacea del artista florentino, guardo al morir el maestro. Por lo tanto tenemos una referencia historica real de dicha imagen.

A que retrato se referia Vasari? Al supuesto autorretrato que guarda la Biblioteca Real de Turin y que mundialmente se reconoce como tal?, o por el contrario al retrato que realizo Francesco Melzi mientras su maestro seguia con vida? Son compatibles ambos retratos? Coinciden esos rostros con el resto del imaginario de Leonardo da Vinci, tales como el de El hombre de Vitruvio de Venecia o los de La ultima cena de Milan? Quien es el hombre representado en la Tavola Lucana?

A traves de estas paginas, prologadas por el prestigioso historiador Ross King, analizaremos todas las teorias que eruditos, historiadores y expertos en arte han elaborado en torno a la imagen del maestro florentino con un unico objetivo: encontrar el verdadero rostro del polimata mas conocido de la historia de la humanidad: Leonardo da Vinci


4 EL OCULTISMO EN LA POLÍTICA
La historia de las ideas políticas está asociada a la creencia en lo sobrenatural desde los orígenes mismos de la civilización. Oráculos, sibilas, videntes, místicos y visionarios han influido tanto en la invención de la democracia como en la creación de Estados. Estudiar nuestro pasado sin tener a esos actores en cuenta es un error común que este libro pretende reparar.

Gary Lachman, uno de los mejores cronistas contemporáneos de la “ocultura”, afirma que “el ocultismo en política es tan antiguo como la política en sí”, y lo demuestra en esta auténtica Historia Secreta del pensamiento Político. En sus páginas repasa la influencia de nombres como Emanuel Swedenborg, René Guénin, Julius Evola, Rudolf Steiner, Nicholas Roerich, Mircea Eliade, Carl Gustav Jung, o Aleister Crowley en corrientes ideológicas de todo signo,. condición y época.

Tras su lectura, resultará imposible comprender el nacimiento de los modernos Estados Unidos, las revoluciones francesa o rusa, el surgimiento del feminismo y hasta la abolición de la esclavitud sin considerar su lado más oculto… y ocultista

El ocultismo en la política es el primer título de la nueva colección “Ocultura” con el asesoramiento y dirección del periodista y escritor Javier Sierra.


5 EXPEDIENTE ANANDA
 “Estremecedora. Trepidante. Si te apasiona el terror, esta es tu novela”. Así define nuestro redactor jefe,  Óscar Herradón, la novela del periodista y escritor madrileño Nacho López Llandres. Es difícil saber dónde está el límite entre la sugestión y la realidad….

¿Alguna vez has tenido miedo?. A veces los sentidos nos engañan. La piel erizada, el sudor frío… esa inquietante sensación de notar una presencia en una habitación vacía. Nunca sabes lo que puede haber detrás de la puerta. Bruce Struzan, un psiquiatra atormentado por su pasado, se enfrenta al caso más complicado que haya tenido que resolver: ¿Está Ananda preparada para abandonar el hospital en el que lleva ingresada desde que era una niña?

Con un turbio historial y una extraña capacidad para introducirse en las mentes ajenas, la joven pondrá a prueba la integridad moral y profesional de todos los que la rodean. Los indicios apuntan a que es la culpable de los extraños sucesos paranormales ocurridos en los últimos años, pero la línea que separa el terror de la realidad es, en ocasiones, demasiado delgada. ¿Acaso existe una presencia oculta que guía sus pasos? Si buscas la verdad, nunca debes creer a... Satán.


6 PROHIBIDO EXCAVAR EN ESTE PUEBLO
A finales del siglo XIX un párroco de una pequeña aldea del Languedoc se hizo enormemente rico de la noche a la mañana. ¿Cuál fue la fuente de su riqueza? ¿Fue la venta ilegal de misas? ¿Encontró un tesoro escondido? ¿Descubrió algún secreto histórico por el que fue recompensado?
Lo cierto es que la historia de aquel sacerdote, Bérenger Saunière, y de aquel bello pueblo, Rennes-le-Château, se convirtió en un mito moderno en el que el protagonismo lo comparten los actores del drama y los escritores que lo investigaron. Además, la aldea pasó a ser el lugar preferido para los rastreadores de tesoros, que durante años se dedicaron a excavar en busca de una riqueza que nunca encontraron.
Por desgracia, en esta historia hay más mentiras que verdades. Y todo por culpa de un señor que desde la sombra manipuló e inventó una extraña trama, un verdadero embaucador que tuvo la tremenda osadía de reclamar el trono de Francia al considerarse último heredero de los merovingios… aquellos que, según El Código Da Vinci de Dan Brown, se mezclaron con los descendientes de Cristo. Lo que convertía a esta éminence grise en descendiente de Jesús…

¿Qué hay de cierto en todo esto? ¿Qué hay de mentira? El investigador e historiador Óscar Fábrega nos aclara este escandaloso embrollo y nos lleva, en un camino tan ameno como riguroso, a desentrañar lo auténtico de este mito contemporáneo


Fuentes: http://www.revistaenigmas.com/

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El misterio de la impresionante calavera tallada del Tíbet

El misterioso cráneo tallado visto de perfil y de frente. (Klemens)

Numerosos expertos miembros de una amplia gama de organizaciones se encuentran examinando un cráneo intrincadamente tallado que fue descubierto en una tienda de antigüedades de Viena en el año 2011.

El cráneo, que podría tener 300 años de antigüedad, se halla cubierto por entero con figuras y símbolos que parecen tener algún tipo de significado religioso.

Hoy por hoy nadie ha podido determinar aún su significado, y menos aún se sabe quién talló el cráneo, ni a quién perteneció en el pasado.

Algunas pistas sobre los propietarios del cráneo tallado

El anticuario ha explicado que el cráneo le fue vendido por un hombre que afirmó que había pertenecido a uno de sus antepasados, un médico que había viajado a lo largo y ancho de Asia.

En una ocasión en que proporcionó ayuda médica al lama encargado de dirigir un monasterio budista en el Tíbet, éste, en gratitud por sus servicios, entregó al doctor un conjunto de reliquias entre las que se encontraba el cráneo.

“Conseguí este cráneo en marzo de 2011 en una tienda de antigüedades de Viena, Austria. Lo he mostrado a varios expertos y organizaciones, como el Instituto para Estudios Budistas y Tibetanos de Viena, el Museo de Historia Natural de Viena y el Völkerkunde Museum. Se consiguió descifrar las letras tibetanas y la mayor parte de los símbolos, pero nadie había oído hablar jamás de un cráneo como éste. Nadie excepto un Khenpo (Monje-Profesor) tibetano, según el cual este tipo de cráneos eran tallados hace mucho tiempo para expulsar una maldición de una familia o para guiar por el recto camino al alma de un individuo descarriado”. (Klemens 2011)

La información adicional sobre las prácticas referidas por el Monje-Profesor tibetano es increíblemente limitada. Las letras talladas en la mandíbula del cráneo podrían ser escritura Devanagari, que se leería “Om, Ma, Sa, Ma, Ta, Sa, Om, Da, Ma, Ta”.

Pero otros especialistas sostienen que son un claro ejemplo de una antigua escritura llamada lant’sa, la escritura ranja de la India del siglo VII. Lo cierto es que sin conocer definitivamente el origen del cráneo podría ser imposible llegar a traducir estas letras.

Las imágenes talladas sobre el cráneo proporcionan una mayor información. Las dos figuras más llamativas que aparecen destacadas sobre la parte superior del cráneo son Citipati, deidades protectoras en algunas tradiciones budistas. Generalmente, uno es masculino y otra femenina, aunque esto es algo que no se puede discernir en este cráneo.

Los Citipati son los señores del inframundo, y tradicionalmente se les representa bailando salvajemente la eterna danza de la muerte.

Klemens escribía más adelante en el mismo foro de Asian Art, comentando nueva información que había conseguido a través de uno de los expertos que consultó: “Me dijeron que aparecen representados en “la postura del arco y la flecha”, relacionada con el más alto grado del tantra externo”. (Klemens, 2011)


Otra figura, una criatura similar a un pájaro, aparece en un lado del cráneo, y se cree pueda tratarse de Garuda, deidad perteneciente a las tradiciones hindúes y budistas.

Garuda es representado generalmente como un ser mitad hombre, mitad águila. Es el enemigo eterno de los Nagas, una raza de demonios serpiente. Como águila, se abalanza en picado sobre los Nagas y los atrapa entre sus garras.

En el cráneo aparecen también varias líneas onduladas que podrían representar a demonios-serpiente, y definitivamente parece que hay uno en las garras de la criatura similar a un pájaro que se observa en el lateral del cráneo.

En el lado opuesto destaca una figura de Vajrapani, antiguo protector que se cree fue colaborador de Gautama Buda. Vajrapani realmente forma parte de una tríada, aunque no se cree que sus dos compañeros habituales aparezcan representados aquí.

El primero de ellos es Avalokitesvara, que representa la compasión infinita de todos los budas, y el segundo Manjusri, quien a su vez representa la sabiduría infinita de todos los budas.

Por su parte, Vajrapani representa el poder infinito de los budas. Asimismo, se observa también una figura femenina que no ha podido ser identificada todavía.

Finalmente, el espacio comprendido entre estas figuras está lleno de símbolos Om y de animales entre los que podría haber cabras, serpientes, ardillas, pájaros y hasta una cabeza de elefante. Cada uno de ellos podría tener un significado único o quizás encerrar algún significado conjunto concreto.

El cráneo tallado, un extraño objeto

Pese a todo lo que podemos descubrir tallado en él, poco se sabe sobre este cráneo. Desafortunadamente, su propiedad privada limita la posibilidad de mayores estudios por parte de expertos y académicos. Aunque no se trata del único cráneo tallado conocido, sí es cierto que constituyen una sorprendente rareza.

Y definitivamente, uno creado con tamaño nivel de habilidad artesanal y con tanto simbolismo religioso no deja de ser sin duda un auténtico tesoro.

Fuentes: lagraepoca.com
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Elisa Lam y el misterio del ascensor del Cecil Hotel: un crimen sin resolver

Este martes se cumplen 4 años desde que la policía de Los Ángeles encontró el cuerpo en descomposición de la joven canadiense

La muerte de Elisa Lam parece salida de la mente de un guionista de Hollywood. Este martes se cumplen cuatro años de su fallecimiento y todavía hoy nadie ha sabido explicar que es lo que sucedió ese fatídico 31 de enero.

Corría el año 2013 cuando Elisa empezó a sufrir depresión. Tras tres años estudiando en la Universidad de la Columbia Británica, en Vancouver, la joven decidió tener un cambio de aires para animarse y decidió hacer las maletas. A sus padres, ambos emigrantes chinos, no les hacía mucha gracia la idea, pero Elisa, estaba decidida a emprender nuevas aventuras y a ver mundo.
Elisa se instaló en la peor calle del peor barrio de la ciudad.


Tras una primera estancia en San Diego, California, esta estudiante de 21 años planeó acercarse hasta Los Ángeles. Emocionada por conocer con todo detalle los escenarios donde actuaban los actores del séptimo arte, Elisa no se percató de que se iba a hospedar en la peor calle del peor barrio de la ciudad. Allí, en la calle Main Street se levantaba el hotel Cecil – hoy rebautizado como Stay on Main –un envejecido establecimiento de los años 20, con 600 habitaciones de bajo coste y con vistas a la zona más deprimida de la ciudad.

Elisa eligió este lugar para pasar los próximos 4 días porque, tal y como escribió en su Tumblr, le pareció “un sitio interesante: “Fue construido en 1928 de ahí su estilo Art Decó. Así que sí, tiene clase, pero como todo L.A. está en decadencia. Desde luego este es el sitio que Baz Luhrman necesita para rodar el Gran Gatsby”.

Imagen de archivo del Cecil Hotel de Los Ángeles (Tumblr)

No había día en que no llamara a casa para explicar sus nuevas hazañas. Pero no llamó durante su último día, ni lo volvió a hacer. Este hecho extrañó a sus padres, que alertaron a la policía. Empezaba la investigación.

El personal del hotel la vio con vida aquella mañana, pero desde ese momento nada más se supo de ella. Los carteles de búsqueda inundaban el vecindario, pero nadie vio nada. Tras dos semanas sin noticias, el caso dio un giro inesperado. La policía tuvo acceso a un vídeo de vigilancia del hotel, grabado días antes, en el que se podía ver a Elisa, actuando de forma extraña en uno de los ascensores del Cecil.

La joven se limitó durante un buen rato a pulsar los botones del ascensor de manera compulsiva. Acto seguido, entraba y salía del elevador, sin motivo aparente, y se ponía a bailar. Finalmente, Elisa se marchó. Las puertas se abrieron y cerraron varias veces hasta que el vídeo terminó. Parecía que hablara con alguien, aunque nunca se llegó a saber si realmente había alguien al otro lado.

Tras varias semanas sin noticias de la canadiense, la policía dio con su paradero. Sucedió una mañana en que los residentes del hotel empezaron a quejarse del sabor y color del agua que provenía de las habitaciones. Confundidos, los trabajadores empezaron a investigar y se toparon con una horrible sorpresa: en uno de los tanques de agua que suministraba el hotel, se encontró el cuerpo en descomposición de Elisa. La policía confirmó que no había rastro de agresión sexual, trauma ni suicidio.

La noticia se expandió rápidamente por todo el mundo y se trató con especial cuidado en su país natal. En su día, el diario Toronto Star hizo un reportaje tratando de despejar las incógnitas del caso. Por su parte, tanto la CNN como la CBS, así como las televisiones canadienses, trataron en profundidas el suceso.
La policía dio con el cuerpo de Elisa tras las quejas de los residentes del hotel por el sabor y el color del agua

Los bomberos tratan de extraer el cadáver de Elisa Lam (Reuters)

Nadie supo como la joven tuvo acceso a ese lugar. El tanque no tenía fácil acceso y estaba cerrado con llave. Además, una vez abierto, la tapa pesaba tanto que la policía, rendida, acabó haciéndole un orificio para sacar el cadáver.

Meses más tarde, la policía difundió el vídeo del ascensor para ver si algún experto encontraba alguna explicación que ayudara a continuar con la investigación. Interesados, los medios se centraron en el caso y descubrieron que el Hotel Cecil escondía una oscura historia criminal, incluyendo muertes y múltiples casos de suicidio.

La joven Elisa Lam (Tumblr)

Los más conspirativos establecieron conexiones entre la muerte de la mujer con Richard Ramírez, que había vivido en ese hotel durante bastante tiempo en los años 80. Ramírez fue acusado de matar a 14 mujeres durante esa época y se hizo famoso durante su juicio que era “adorador de Satán”. El individuo falleció meses antes del suceso, por lo que no pudo ser el asesino de Elisa. Sin embargo, hasta la propia policía acabó creyendo que lo que sucedió en el Cecil eran hechos paranormales.

El cine y la televisión no tardaron en adaptar la historia que conmocionó a todo Estados Unidos. Ryan Murphy basó una temporada de la serie American Horror Story en el Hotel Cecil. De hecho, en el cuarto episodio de la temporada aparece el criminal Richard Ramírez. El director Peter Nowalk también basó parte de la primera temporada de Cómo defender a un asesino en este caso.

Tras estudiar el caso, el prestigioso psiquiatra forense José Cabrera solo encontró dos respuestas para explicar el extraño comportamiento de Elisa: que tuviera un brote psicótico o que estuviera siendo perseguida. Sin embargo, a día de hoy, nadie sabe que es lo que realmente sucedió a Elisa Lam.

Los padres de Elisa Lam anunciando su desaparición en Canadá (Reuters)

Fuentes: Lavanguardia.com
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Hallazgo de cámaras ocultas en la tumba de Tutankamón

Los expertos piden cautela ante el supuesto hallazgo de cámaras ocultas en la tumba de Tutankamón
El misterio de la tumba de Tutankamón podría quedar resuelto ATLAS

En las últimas horas las últimas revelaciones sobre el escaneado de la tumba de Tutankamón han recorrido el planeta, originando una euforia desmedida que casa mal con, la que se presupone, es una investigación científica. En mitad de la vorágine, algunos medios han voceado la ya conocida opinión del ministro de Antigüedades de Egipto sobre el 90% de probabilidades de hallar estancias ocultas y, en cambio, pocos han reparado en la repetidas negativas del arqueólogo a afirmar que las "cavidades" o "espacios vacíos" son habitaciones ocultas.

En realidad, el anuncio de este jueves -acompañado por primera vez por las imágenes captadas por la termografía por infarrojos, remitidas por el experto nipón que firmó el escaneado- no supone una prueba definitiva de la existencia de cámaras ni se trata, para desgracia de los crédulos, de un método infalible. "Hay que tomarse los resultados con cautela. Son hipótesis de trabajo evidentemente muy útiles porque podían haber dicho que no había nada y que no existía ningún espacio vacío", señala a EL MUNDO Joan Anton Barceló, fundador y director del Laboratorio de Arqueología Cuantitativa y Aplicaciones Informáticas de la Universidad Autónoma de Barcelona.

"Lo que no sabemos -advierte- es si podría haber habido en el pasado un espacio vacío que por diferentes cuestiones geológicas se ha llenado de arena muy fina que el radar no es capaz de detectar". Y agrega: "Todo lo que es prospección geomagnética y lo que llamamos teledetección en arqueología es una hipótesis de trabajo. Te ayuda a decidir por donde actuar y por que zonas es mejor no ir".

Con tales aclaraciones, lanzar las campanas al vuelo -citando las elucubraciones de ministros egipcios que no son expertos en arqueología, realmente interesados en reanimar el ruinoso sector turístico local- o saltarse varias estaciones para dibujar un hallazgo a la altura del circo mediático que supuso el descubrimiento de la tumba por Howard Carter en 1922 se antojan medidas un tanto apresuradas. "Sinceramente, teniendo en cuenta lo que se ha dicho en la rueda de prensa, tenemos que esperar y no podemos tomar los resultados de un radar como un hecho fehaciente", apunta a este diario el egiptólogo y ex ministro de Antigüedades egipcio Zahi Hawass.

Apeado de la beligerancia que mostró hace unos días en una entrevista con EL MUNDO, Hawass recela del experto japonés Hirokatsu Watanabe, autor del escaneado, y se muestra partidario de someter a un nueva prueba a las paredes norte y oeste del enterramiento. "Este especialista nipón ya se equivocó en 2005 cuando con su radar aseguró haber localizado la tumba KV63 [emplazada en el Valle de los Reyes] y al excavar nos encontramos con que simplemente era la rotura de una roca", detalla el ex ministro.

Infografía que muestra el escaneado del la tumba de Tutankamón.

"Por esa razón hay que contratar otro radar; darle la oportunidad de realizar la misma tarea y que otro experto en radar haga públicos sus resultados. ¿Cuál es realmente el descubrimiento de hoy? Tú puedes sugerir que existen dos cavidades pero no hay pruebas. Los radares no firman descubrimientos, sólo elaboran especulaciones", añade Hawass, quien en conversación con este diario censuró la afición de las autoridades por convocar esporádicas ruedas de prensa que no arrojan nueva luz y que, a su juicio, parecen destinadas a servir como mero instrumento de "publicidad".

Este jueves, sin ir más lejos, El Damati compareció en solitario en una abarrotada estancia de la sede del ministerio de Antigüedades egipcio, en la acomodada isla cairota de Zamalek, sin la presencia del especialista japonés ni del egiptólogo británico Nicholas Reeves, el verdadero autor de la teoría que apuesta por la existencia de una cámara funeraria oculta en la que descansaría la reina Nefertiti. Un hecho que ha pasado desapercibido a muchos pero que indicaría que aún estamos lejos del anuncio definitivo.

La próxima y enésima fecha en el calendario será el 31 de marzo, cuando la tumba sea sometida a un segundo escaneado con un radar "mejorado y digital" para tratar de desentrañar las dimensiones de las cavidades. Barceló, representante español en la asociación internacional Computer Applications and Quantitative Methods in Archaeology, también subraya alguno condicionantes del radar. "Sustratos muy férricos pueden afectar al radar y enviar registros falsos", alerta.

"Funciona -detalla- en base a una serie de ecos. Se hace un mapeo y en función de ciertas hipótesis, porque has comprobado el radar en otros entornos, estableces, por ejemplo, que este tipo de rebote está asociado con una matriz calcaria. En cualquier caso, siempre es una interpretación de lo que es un mapa de rebotes. Es lo mismo que los radares militares que advierten de que viene alguien pero no sabes si es un ovni o un buque de guerra. Y la interpretación siempre tiene un cierto grado de subjetividad".

También resulta complicado tratar de analizar los "restos de materiales orgánicos y metálicos" hallados en las dos paredes de la tumba de Tutankamón donde Reeves intuye nuevas habitaciones. "El radar depende de como se conserve el material. La madera, por ejemplo, puede reaccionar como una piedra blanda. Es muy complicado con datos únicamente de radar detectar según qué tipos de materia orgánica", arguye Barceló. "El radar será fiable el día que puedas excavar y comprobar si la prospección geométrica tenía razón", concluye.

Fuentes: elmundo.es
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El misterio en la noche de Madrid

Madrid, febrero de 1951. Un hombre en los soportales de la plaza Mayor, en la oscuridad de la noche.

«En los soportales de la plaza Mayor, vistos en contrastes de luz y sombra a las altas horas de la noche, cuando el silencio es sólo interrumpido por las campanadas del viejo reloj de la Casa de la Panadería, parece estarse viendo la sombra de don Rodrigo, el ministro que viene a morir en la horca»

Estas líneas, que hoy usamos de apoyo a la fotografía que mostramos, ya pudieron ser leídas en nuestras páginas de ABC del día 15 de febrero de 1951. En aquella ocasión, a esta instantánea le acompañaban otras muchas del Madrid viejo, visto por el fotógrafo Alfonso, en la mágica oscuridad de un invierno de frío y de luces y sombras de farolas.

No hay nada que podamos añadir a esta expresionista imagen, que parece sacada directamente de una obra de Murnau o de Fritz Lang. Sí aportaremos, a modo de apunte histórico, que el don Rodrigo aquí aludido fue, ni más ni menos, que Rodrigo Calderón. Un militar y político español, que murió ejecutado en la plaza Mayor de Madrid el 21 de octubre de 1621, bajo los cargos de asesinato y brujería –engrosando las listas de los muchos que fueron ejecutados en la célebre plaza de la capital.

Fue sometido a fuertes torturas, pero siempre negó la acusación de brujería. Aunque en la fotografía se hace alusión a la muerte por horca, tal y como así hace la popular expresión: «Tener más orgullo que Don Rodrigo en la horca», Rodrigo Calderón, por su condición de noble, murió degollado y no ahorcado en la fecha anteriormente mencionada.

Fuentes: ABC.ES
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El misterio de la flota desaparecida de los templarios que pudo llegar a América antes que Colón

En 1307, una docena de barcos de la Orden del Temple salieron de Francia huyendo de la persecución de Felipe IV. Nunca se los volvió a ver y, a día de hoy, su paradero sigue intrigando a los historiadores

Desde que nacieron en 1118 con el objetivo de proteger a los peregrinos cristianos que viajaban a Tierra Santa, los templarios se han hecho famosos por la leyenda negra que les rodea. Un mito que comenzó cuando –apenas con dos siglos de existencia- el grupo fue perseguido y aniquilado debido a la envidia que suscitaban su poder y su riqueza en monarcas y clérigos. No obstante, y aunque una buena parte de las cosas que se cuentan sobre ellos son meras invenciones, sus caballeros sí dejaron en la Historia algunos misterios que, todavía hoy, desconciertan a los expertos. Uno de ellos se sucedió el 13 de octubre 1307 cuando –perseguidos y amenazados por el rey de Francia Felipe IV- multitud de estos soldados tuvieron que huir en una docena de barcos del puerto de La Rochelle (en Francia) para evitar ser capturados. Aquella armada, que salió al Atlántico enarbolando la cruz roja de la Orden del Temple, desapareció sin dejar rastro en las aguas y, en la actualidad, se desconoce su paradero. Se cree, incluso, que pudo llegar a las Américas antes que Colón.
El nacimiento de la Orden del Temple

Hubo un tiempo, mucho antes de hacerse populares debido a las leyendas y a los rumores, en que los Templarios no eran más que unos pocos caballeros dispuestos a defender los intereses de los peregrinos en Tierra Santa. Corría por entonces el siglo XII, una época en la que Jerusalén -la ciudad sagrada en la que había muerto y resucitado Cristo- se encontraba en poder de los musulmanes (creencia que también la consideraba sagrada). Con todo, para los cristianos este hecho no suponía un problema mayor que el de la honra, pues los seguidores de Mahoma no solían poner límites a los peregrinos de otras religiones a la hora de acceder a la urbe y rendir culto a sus deidades. Sin embargo, este ambiente de aparente calma cambió según se fue haciendo más difícil para los europeos llegar hasta la actual Israel debido a la expansión de los turcos selyúcidas. Y es que, estos no solían desaprovechar la ocasión de robar y asesinar a muchos de los viajeros para hacerse con sus posesiones. Y todo ello, además, arrebatando regiones a los reinos que profesaban la fe de Cristo.

Esta retahíla de razones, así como otras tanteas (tanto territoriales como políticas) fueron las que llevaron al Papa Urbano II a declarar la Primera Cruzada en el 1095 para lograr recuperar Tierra Santa. Así fue como, motivados por la aventura y por el propósito de hacer prevalecer su religión por encima de la de aquellos que denominaban «infieles», cientos de caballeros comenzaron a reunirse en gigantescas unidades militares para dirigirse hacia Jerusalén y recuperar por las bravas la ciudad. Un deseo que se materializó el 15 de julio de 1099 cuando un ejército formado por un núcleo principal de jinetes pesados (más de 4.000 habían salido de Europa) acompañados de otros tantos infantes tomó la urbe espada en mano. Militarmente hablando, el plan les salió a la perfección, pero –para su desgracia- pronto se ganaron el odio de la población local.

Y lo cierto es que había razones para ello, pues –deseosos de venganza como estaban- cometieron todo tipo de barbaridades cuando entraron en la ciudad. La mayoría, relacionadas con el asesinato y el saqueo masivo. Esto causó todo tipo de problemas a los cristianos que se asentaron en la zona después de que sus compañeros armados se marcharan pues, sin un ejército con el que defenderse de las agresiones sarracenas, cientos de cristianos fueron perseguidos y aniquilados por los musulmanes. «Las legiones de fieles […] volvieron de nuevo a sus hogares después de la matanza, dejando enfrentados a grandes problemas a aquellos de sus hermanos que se habían establecido [allí] y que sufrieron crueles persecuciones de las que hacían una descripción terrible», afirma el divulgador histórico Víctor Cordero García en su obra «Historia real de la Orden del Temple: Desde el S XII hasta hoy».

En un intento de defender a los peregrinos de los continuos ataques que sufrían, varios grupos de soldados residentes en Jerusalén tomaron las armas contra los «infieles». Uno de ellos, formado por nueve caballeros, se comprometió en 1118 a proteger los caminos y las vidas de los viajeros cristianos del acoso musulmán. Este sería el germen de la futura Orden del Temple. A día de hoy, la Historia todavía recuerda el nombre de sus dos jefes. El primero era Hugo de Payens (futuro primer Gran Maestre de la orden). El segundo era Godofredo de Saint-Aldemar. «En aquel entonces reinaba Balduino I, quien brindó una calurosa acogida a los “pobres soldados de Cristo”, […] como se hacían llamar. Pasaron nueve años en Tierra Santa, alojados en una parte del palacio, que el rey les cedió, justo encima del antiguo Templo de Salomón (de ahí el nombre de Caballeros del Temple)», explica el investigador Rogelio Uvalle en su libro «Historia completa de la Orden del Temple».
Hugo de Payens, creador de la Orden del Temple
Hugo de Payens, creador de la Orden del Temple- Wikimedia
Ascenso y caída de los Templarios

En los años posteriores, Payens convirtió a los Templarios en una de las instituciones más importantes de la época. Mediante varios viajes a Europa, logró financiación y, por descontado, que otros soldados se unieran a las filas de la orden. Sin embargo, fue en 1139 cuando logró la expansión definitiva de este grupo al conseguir varias ventajas fiscales. «Además de las generosas donaciones de las que se iba a beneficiar la orden, también se concedieron una serie de privilegios ratificados por bulas […]. En ellas se concedía a los templarios una autonomía formal y real respecto a los obispos, estando tan solo sometidos a la autoridad del Papa. Tampoco estaban sujetos a la jurisdicción civil y eclesiástica ordinaria. […] También podían recaudar y recibir dinero de diferentes formas, entre ellas el derecho a percibir el ébolo, la limosna de las iglesias, una vez al año», explica el divulgador histórico José Luis Hernández Garvi en su obra «Los Cruzados de los reinos de la Península Ibérica» (editado por Edaf).

Finalmente, y tal y como señala este autor, también se les concedió el privilegio de construir iglesias y castillos allí donde considerasen oportuno y sin necesidad de pedir permisos de las autoridades civiles o eclesiásticas. Aunque puedan parecer ventajas sin excesiva importancia a primera vista, todas ellas hicieron que esta orden fuese acumulando montones de fondos y propiedades por toda Jerusalén y Europa. Esto se vio favorecido, además, por las inmensas riquezas y posesiones de todos los caballeros que entraban a formar parte del grupo y, finalmente, por el dinero que ganaban comerciando con los excedentes de las granjas y plantaciones que iban acumulando año tras año. Todo ello hizo que, en el SXIII, la Orden del Temple tuviera un auténtico imperio económico. De hecho, alrededor del año 1.250 contaba –según Uvalle- con 9.000 granjas y casas rurales, un ejército de 30.000 hombres (sin contar escuderos, sirvientes y artesanos), más de medio centenar de castillos, una flota propia de barcos y la primera banca internacional.
Recreación de los caballeros templarios
Recreación de los caballeros templarios- Wikimedia

Tal era su riqueza, que algunos reyes como Felipe IV de Francia pidieron préstamos a la Orden y se convirtieron en sus deudores. Una aparente ventaja que se terminó volviendo en su contra. Y es que, cansado el monarca del gran poder militar y económico que estaban acumulando los «pobres caballeros de Cristo» (así como de la cantidad de oro que les debía), decidió iniciar una persecución contra ellos en 1307. «Felipe IV consideraba que la idea original de recuperar los santos lugares para la cristiandad estaba anticuada, habida cuenta del despliegue del Islam en Oriente en aquellas fechas. Además, había contraído una deuda con los templarios. Por eso ordenó su disolución y empezó una operación policíaca contra ellos acusándolos de blasfemia, herejía, sodomía…», explica a ABC María Lara Martínez, escritora, profesora de la UDIMA, Primer Premio Nacional de Fin de Carrera en Historia y autora de «Enclaves templarios» (editado por Edaf).

Pero Felipe sabía que, sin el apoyo religioso, no podría terminar con este poderoso grupo. «Como acababa de morir el papa, buscó un cardenal que fuese pusilánime y proclive a sus decisiones. Lo encontró en la figura del arzobispo de Burdeos. En época contemporánea, como en el cristianismo primitivo, la elección del sucesor de san Pedro se dejaba en “manos” del Espíritu Santo, en el Medievo y la Modernidad había muchos intereses creados en torno a la cátedra de Roma. Así, el soberano francés logró convertirlo en pontífice, como Clemente V, y comenzar con él la redada contra los templarios», añade la experta. Siete veranos después, en 1314, esta cruel pareja suprimió la orden y dictaminó que todos sus bienes se trasferirían hasta el tesoro galo. Posteriormente, más de 15.000 caballeros fueron arrestados. Por su parte, el Gran Maestre Jacques de Molay fue detenido, interrogado y quemado vivo frente a Notre Dame, en París, con la plana mayor del grupo. Así fue como, tras 200 años de ascenso y riquezas, se liquidó mediante un severo golpe a la Orden del Temple.
El misterio de la flota perdida

De forma independiente a las leyendas, lo que sí es posible saber es que –según fue aumentando su poder adquisitivo- el Temple adquirió una serie de barcos con los que poder hacer viajes de Europa a Tierra Santa. Por otro lado, también se conoce que el grupo utilizó estos bajeles en aras de comerciar con el excedente de sus granjas. Así lo determina la doctora Lara Martínez, quien afirma que –con el paso de los años- los monjes-guerreros establecieron una serie de rutas marítimas que salían de varios puertos europeos. «El objetivo de estos buques era el comercio y la guerra. Los templarios controlaban las comunicaciones gracias a que, como estudiosos que eran, habían aprendido las claves de la navegación de los fenicios. Tenían una gran armada fondeando en los puertos mediterráneos y atlánticos (en la parte francesa). Esta visión a larga distancia del orbe, junto a la capacidad logística, proporcionaba supremacía si consideramos que, por entonces, el común de los mortales estimaba que en el Estrecho de Gibraltar estaban las Columnas de Hércules, es decir, que no había tierra más allá», completa la autora.

Siempre según María Lara, los templarios lograron hacerse con puertos en Flandes, Italia,Francia, Portugal y el norte de Europa. Algunos de los más famosos eran el de La Rochelle (su centro neurálgico en el Atlántico) y los de Marsella y Colliure en el Mediterráneo. A su vez, estos monjes-guerreros solían estudiar los enclaves en los que recalaban sus bajeles de forma sumamente minuciosa para, llegado el momento, poder salvarlos si eran atacados. «El puerto de La Rochelle, por ejemplo, estaba protegido por 35 encomiendas, en un radio de 150 kilómetros, más una casa provincial en la propia villa», completa la experta.
María Lara, autora de «Enclaves templarios», frente a la iglesia de Santa María la Real de Sangüesa -recogida en la obra- (Navarra)
María Lara, autora de «Enclaves templarios», frente a la iglesia de Santa María la Real de Sangüesa -recogida en la obra- (Navarra)- M.L.

Pero… ¿Cuándo comenzaron a formar esta flota? Según corroboran autores como el investigador histórico Juan G. Atienza en sus múltiples libros sobre el tema, la Orden del Temple empezó a adquirir buques pocas décadas después de lograr sus privilegios papales. Así lo denota el que los templarios ofreciesen al mismísimo Ricardo Corazón de León sus barcos para que regresase a su hogar tras terminar la cruzada que protagonizó contra los musulmanes en 1191 (en la cual, por cierto, no pudo reconquistar Jerusalén a los enemigos de la cristiandad). Algo parecido sucedió con Jaime I el Conquistador, a quien estos monjes militarizados brindaron los barcos con los que contaban en Barcelona y Colliure para favorecer que comenzase la reconquista de Tierra Santa.

Mercancía para arriba, peregrinos para abajo, la flota estuvo activa hasta 1307. Ese año, cuando comenzó la persecución a la Orden del Temple, los buques (13, según la mayoría de fuentes) tuvieron que izar velas y salir navegando del puerto de La Rochelle antes de que las autoridades galas encarcelasen a sus capitanes y pasajeros. Ese día marcó el inicio de un gran misterio pues, aunque la Historia nos dice que las naves partieron de Francia bajo la bandera de la Orden, se desconoce dónde atracaron. «Cuando el, 13 de octubre de 1307, Felipe IV desató la persecución, la flota escapó del monarca y nunca más se supo de ella. Es una incógnita que alimenta el halo misterioso de los templarios. No se sabe si se dispersó por las aguas, si se reagrupó en otro puerto… Se ha apostado por la hipótesis de que huyó en bloque del Mediterráneo, dirigiéndose a un destino oculto en busca de seguridad y asilo político, mas ¿adónde?», completa María Lara.
¿Dónde desembarcó la flota?

La desaparición de esta flota errante ha hecho proliferar a lo largo de las décadas decenas de teorías sobre los lugares a los que pudieron arribar los caballeros de la orden. Lo mismo sucede con su carga. De hecho, algunos amantes de la conspiración son partidarios de que, en estos buques, los templarios cargaron un gran tesoro acumulado durante décadas para salvarlo de las garras de Felipe IV. Algunas fuentes, incluso, se atreven a afirmar que el mismo Gran Maestre Jacques de Molay iba escondido en estos bajeles, y que solo fue capturado cuando regresó a Europa para protagonizar una misión secreta y desconocida. Fuera como fuese, lo único que se sabe es que la armada se escapó después de ser avisada (probablemente por el Vaticano o la corte francesa) de lo que iba a suceder. Las regiones a las que, presuntamente, habría llegado, son las siguientes:
El último Gran Maestre de la Orden del Temple
El último Gran Maestre de la Orden del Temple- ABC

1-Portugal

Es una de las posibilidades más lógicas y aceptadas debido a que la Corona portuguesa mantuvo –en general- buenas relaciones con la Orden del Temple. Por entonces, en el país luso la Reconquista ya había tocado a su fin, hecho que pudo favorecer que los templarios se dedicasen más a la erudición que a las armas. «Pudieron hallarse en la fundación de la Orden de Cristo», explica Lara. A su vez, marinos portugueses como Vasco de Gama pudieron aprovechar el tesoro de sabiduría templaria para sus descubrimientos en las costas africanas.

Eso explicaría el que, a principios del siglo XV, el Gran Maestre de esta Orden, el infante don Enrique el Navegante, invirtiera las ganancias de la Orden de Cristo en la exploración marítima. El papa Calixto III les concedió la jurisdicción eclesiástica en todos los territorios «desde los cabos de Bojador y de Nam, a través de toda Guinea y hasta la orilla meridional, sin interrupción hasta los Indios», según rezaba la bula Inter caetera (1456). Y es que, como señala la autora, los templarios eran unos estudiosos de todas las ramas del conocimiento, entre ellas, las artes navales, de ahí el influjo en la escuela de Sagres.

2-Escocia

«Es posible que los templaros llegasen hasta Escocia. En ese caso, habrían atracado en Argyll y allí habrían descargado mercancías en Kilmory o Castle Suite», destaca la autora. En este caso, algunos investigadores como Ernesto Frers señalan que los caballeros de la Orden habrían entrado en contacto con el famoso líder Robert Bruce, quien –al igual que ellos- había sido excomulgado por su rebeldía. «Este recibió generosamente a los templarios, que a su vez le ofrecieron su colaboración en la campaña contra Inglaterra y sus aliados locales», completa el autor.

3-Sicilia

La tercera posibilidad es una de las más plausibles y, curiosamente, una de las menos barajadas. Esta afirma que las naves templarias se dirigieron hacia las costas de Sicilia, en el sur de Italia. Esta región había sido conquistada alrededor del siglo XI por Roger de Guiscard, un normando cuyas relaciones con el papado (así como las de sus sucesores) fueron controvertidas por momentos. En palabras de Frers, una de las banderas que este linaje utilizaba en sus buques fue posteriormente adoptado por los caballeros de la Orden del Temple, por lo que su llegada hasta la región pudo haberse materializado tras la huida de La Rochelle.

4-América

La última de las teorías –así como la más «conspiranoica»- es la que afirma que los buques de la Orden del Temple cruzaron el Atlántico y llegaron hasta las costas americanas. Todo ello, casi 100 años antes que Colón. «La leyenda dice que, cuando los conquistadores españoles llegaron a la Península del Yucatán, escucharon que unos hombres blancos ya habían estado allí y que habían entregado su conocimiento a los nativos. Otra hipótesis afirma que, de acuerdo al testimonio de religiosos que acompañaron a Colón, los nativos no se extrañaron al divisar las cruces de los guerreros porque ya las conocían. Además, las culturas prehispánicas tenían asumida la idea de que “llegará un día en el que vendrán por mar grandes hombres vestidos de metal que cambiarán nuestras vidas para bien”. Finalmente, también se sabe que los mayas adoraban a Kukulkán, un dios blanco y barbado. Constatación insólita porque esta cultura la formaban hombres lampiños por genética y adaptación al medio», añade María Lara.

Fuentes: ABC.ES
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El misterio del pozo del tesoro en la isla Oak

Isla de Oak, en Nueva Escocia, Canadá… Corría el año 1795 cuando un muchacho de unos 16 años llamado Daniel McGinnis, que se hallaba en medio de sus vacaciones estivales, llegó remando hasta la solitaria Isla de Oak para pasear por ella. 
Y eso hizo, pero mientras guiaba sus pasos entre los robles que dan nombre a la isla observó bajo una rama cortada, de la que colgaba una vieja polea, que la tierra había sido removida y, con su joven imaginación exultante llena de historias de tesoros ocultos, dejó la isla para ir a buscar la ayuda de sus amigos en la búsqueda de respuestas.

Y así lo hicieron. Los tres amigos llegaron y excavaron… y pronto pudieron confirmar que efectivamente allí había excavado alguien con anterioridad y, además, había intentado que nadie más pudiera hacerlo. A poco más de medio metro de profundidad encontraron piedras que habían sido puestas allí como tapadera, y tanto a los 3 metros como a los 6 placas fabricadas con madera de roble. Pero llegó el momento en que
comprendieron que ya no podían continuar, así que optaron por dejar marcado el lugar y se marcharon.

Y desde entonces son muchos los que han intentado encontrar el supuesto tesoro, o por lo menos descubrir cual es el misterio que se oculta bajo tantos metros de tierra, piedra y madera. Nada se sabe aún al respecto. Sigue asombrando al mundo cómo alguien hace más de 200 años pudo construir un pozo que ha sido capaz de resistir todo tipo de excavaciones e investigaciones sin llegar a desvelar el misterio que esconde.

Expediciones posteriores, como la que llevó consigo Simeon Lynds, descubrieron más tablas de madera cada 3 metros y planchas de fibra de coco. Pero la gran sorpresa se produjo cuando alcanzaron entre los 27 y los 30 metros de profundidad, donde una losa fabricada en pórfido, material que utilizaban desde tiempos inmemoriales civilizaciones como la egipcia o la romana. 

Esta losa, en cuya superficie podían verse caracteres extraños, les paró el paso. Según cuentan, (esta tabla se perdió hace ya mucho tiempo), lo que ponía podía traducirse como: “40 pies más abajo hay enterrados 2 millones de libras“.

Pero ocurrió que por debajo de esta losa el agua comenzó a fluir y, aunque intentaron achicarla, nada pudieron hacer teniendo que abandonar finalmente la excavación.

Años más tarde, en 1.849, los dos muchachos que ayudaron a Daniel McGinnis, colaboraron con la Sociedad Truro para resolver al fin el misterio de esta Isla. El encargado de dirigir toda la operación se llamaba Joham B. McCully y fue él quien descubrió el porqué el agua subía sin control por el pozo y cómo dirigirla hacia otro lado. 

Ahora bien, poco le duró el invento, pues el dique se vino abajo con el continuo empuje de las mareas altas. Una vez más el guardián del tesoro parecía hacer de las suyas y cumplir bien con su cometido. Ahora bien, esta expedición sí que logró encontrar una posible cámara en la que estaría guardado el tesoro, lo que no llegaron a acceder a ella. En el año 1861 se volvió a intentar, pero tampoco esta vez una forma de evitar que el agua y el barro lo destrozara todo impidiendo el paso.
Diversas son las teorías que se han lanzado sobre el origen de este pozo. Se habla de los Caballeros Templarios, se comenta que si Sir Francis Drake o que si el Capitán Kidd, incluso se dice que pueden ser las joyas de la Corona Francesa que desaparecieron en 1791, pero lo cierto es que aún no ha podido ni confirmarse ninguna de ellas, ni encontrar el supuesto tesoro que esconde. Hoy en día es propiedad privada y sus actuales dueños siguen buscando el tesoro.

Fuentes: Taringa.net
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Stephen Hawking resuelve el mayor misterio de los agujeros negros

Los agujeros negros no podrían hacer desaparecer la información acerca de una partícula por completo por lo que no serían «tan negros» como ahora mismo creemos
Stephen Hawking resuelve el mayor misterio de los agujeros negros
abc
El físico Stephen Hawking dice haber resuelto la «paradoja de la pérdida de información»

Fue hace dos días en Estocolmo. Durante una charla en el KHT Institute of Technology el físico británico Stephen Hawking volvió a sorprender al mundo asegurando haber «ampliado» sus ideas sobre la naturaleza de los agujeros negros. Pero la mayor sorpresa se produjo entre los presentes, en su mayor parte físicos especialistas en el estudio de estos oscuros objetos espaciales, cuando Hawking anunció el hallazgo de un nuevo mecanismo capaz de resolver la que se conoce como la «paradoja de la pérdida de información», un auténtico puzzle que trae de cabeza a los científicos desde hace cuatro décadas. Incluso llegó a decir que la información «tragada» por un agujero negro podría ser transportada a otros universos ajenos al nuestro.

Pero vayamos por partes. Hasta hace pocas décadas, la ciencia sostenía que un agujero negro era la «ultima frontera» de la materia, un lugar tan denso y con una fuerza gravitatoria tan enorme que ningún objeto o partícula que tuviera la mala suerte de caer dentro podría volver a salir jamás. Y esto vale incluso para los fotones, las partículas que transportan la luz a la mayor velocidad conocida y posible en nuestro Universo, 300.000 km por segundo. Ni siquiera la luz, pues, es capaz de escapar de las fauces de uno de estos «monstruos» espaciales cuando ha sido atrapada por él.

Pero entonces, en 1975, el propio Hawking logró demostrar que, en realidad, los agujeros negros «no son tan negros» como se creía y son capaces de emitir radiación. Una radiación, por cierto, que desde entonces lleva su nombre y se conoce como «radiación Hawking». El fenómeno, aparentemente imposible, se produce justo en el llamado «horizonte de sucesos», esto es, la línea imaginaria que rodea a un agujero negro y que lo separa del resto del Universo. Cualquier cosa que atraviese esa línea se perderá para siempre en el interior del agujero. Pero justo sobre ella es posible que de un par de partículas entrelazadas una termine «devorada» y la otra, al contrario, quede libre y salga disparada hacia el espacio.

Lo malo es que la radiación Hawking planteaba un serio problema. Si los agujeros negros emiten radiación, eso significa que van perdiendo masa, aunque sea a un ritmo muy pequeño. Y la consecuencia de ir perdiendo masa de forma continua es que el agujero negro se iría haciendo cada vez más pequeño hasta desaparecer por completo del Universo, evaporándose y sin dejar rastro de nada de lo que llegó a tener dentro.
«Paradoja de la pérdida de información»

Se da la circunstancia de que uno de los pilares de la Mecánica Cuántica, sin la cual la teoría no funcionaría en absoluto, se basa en el hecho de que la información cuántica que lleva incorporada la materia jamás se destruye. Cualquier partícula de materia, en efecto, lleva íntimamente asociada la información física sobre las características que le permiten existir tal y como es. Cosas como su masa, su carga, su momento angular... Y si fuera cierto que los agujeros negros pueden evaporarse, toda esa información cuántica sobre el estado de cada partícula se perdería para siempre. Lo cual llevaría a la posibilidad de que varios estados diferentes podrían acabar convirtiéndose en uno solo. Algo que no tiene ningún sentido en el Universo en que vivimos y que cuestionaría seriamente todo lo que sabemos, o creemos saber, sobre la naturaleza de la materia, el espacio y el tiempo.

El problema se conoce como la «paradoja de la pérdida de información», y los mejores físicos del mundo llevan cuarenta años intentando resolverlo.

Por eso la afirmación de Hawking en Estocolmo ha causado tanta sorpresa. Si es cierto que ha descubierto un nuevo mecanismo capaz de preservar la información, tal y como manda la Mecánica Cuántica, estaremos ante una nueva prueba de que la teoría es correcta y capaz de explicar realmente el Universo que nos rodea.
La información no se destruíria del todo
«Propongo –dijo Hawking durante su intervención– que la información no se almacena en el interior del agujero negro como era de esperar, sino en sus límites, en el horizonte de sucesos, de donde la información puede escapar». El mecanismo propuesto por Hawking sugiere que, justo al pasar por el horizonte de sucesos, la frontera externa de un agujero negro, todas las partículas dejan una especie de «copia» de sí mismas que puede escapar de las garras del agujero negro en forma de radiación. Con lo que la información no quedaría destruída ni siquiera cuando el agujero negro desaparezca.

Sin embargo, esa información, después de tal proceso, sería totalmente inservible. Si quemamos un diccionario en una hoguera, toda la información que contiene seguirá existiendo en sus cenizas, pero será imposible de recuperar. Algo parecido sucedería con la información cuántica asociada a las partículas de materia tras ser sometidas a la «trituradora» del agujero negro.
Universos alternativos

Claro que, según Hawking, existe otra interesante posibilidad, que es que la información «perdida» en el agujero negro esté, en realidad, almacenándose en otros universos alternativos al nuestro. Lo cual nos lleva a la sugerente idea de que los agujeros negros podrían ser, en realidad, una especie de «puentes» o «pasadizos» hacia universos paralelos.

«El mensaje de esta lectura –afirmó Hawking– es que los agujeros negros no son tan negros como los pintan. Y no son las prisiones eternas que pensábamos hasta ahora. Las cosas, en efecto, pueden escapar de un agujero negro, y también volver a salir en otro universo».

«La existencia de historias alternativas para los agujeros negros –prosigue el científico– sugiere que esto podría ser posible. El agujero tendría que ser grande y estar girando para poder ser un pasaje hacia otro universo. Pero nunca podríamos regresar al nuestro. Así que, aunque me interesan los viajes espaciales, yo no voy a intentar hacer eso».

Tras el inesperado anuncio, la comunidad científica espera ahora con impaciencia la publicación de un artículo en el que se expliquen todos los detalles de esta nueva teoría. Un artículo que, al parecer, podría publicarse dentro de apenas unos meses.

Fuentes: ABC.ES
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El misterio del pueblo maldito que desapareció sin dejar rastro en el S.XVI

Cuando los británicos llegaron a Roanoke (una de sus colonias en el Nuevo Mundo) se percataron de que todos sus habitantes se habían esfumado. Solo hallaron una palabra tallada en un árbol: «Croatoan»
El misterio del pueblo maldito que desapareció sin dejar rastro en el S.XVI
Wikimedia
Los ingleses descubren la palabra «Croatoan» en la colonia. El misterio, a día de hoy, continúa

Si algo ha demostrado la Historia es que, independientemente de los años que se vayan acumulando en el calendario, existen misterios cuya solución quedará oculta en los albores del tiempo. Así ha quedado claro gracias a sucesos inexplicables como la muerte de Amelia Earhart durante el S.XX o, viajando algunos siglos en el tiempo, lo que acaeció con más de un centenar de personas que, entre 1587 y 1590, desaparecieron sin dejar rastro de la colonia inglesa de Roanoke (en el Nuevo Mundo). El devenir de aquella comunidad es, a día de hoy, un enigma sin resolver que desconcierta al mundo. Y es que, cuando los británicos llegaron a lo que había sido un próspero fuerte habitado por sus paisanos en el Norte de América (y que había pasado tres años incomunicado debido a la guerra contra España) hallaron una ciudad totalmente desierta y tan solo una palabra escrita en un árbol: «Croatoan».

A pesar de que este misterio lleva décadas desconcertando a la humanidad, este agosto ha vuelto a salir a luz después de que un equipo de arqueólogos haya dado a conocer nuevos indicios que podrían desvelar al fin (y más de 400 años después) qué fue de estos colonos desaparecidos. Concretamente, y según explicaron los expertos de la «First Colony Foundation», existen posibilidades de que los británicos se introdujeran en lo más profundo de Estados Unidos y se mezclaran con la población nativa. Una teoría que siempre se había barajado pero que, ahora, podría quedar corroborada gracias a una serie de objetos hallados a 80 kilómetros de Roanoke.
Una carrera por el Nuevo Mundo

Para hallar el origen de esta colonia perdida es necesario viajar en el tiempo hasta el S.XVI. Los de entonces eran momentos de conquista de territorios inexplorados, años en los que cualquier pordiosero de malvivir se ataba un cuchillo al cinto y, a cambio de unas monedas, se subía a un cascarón de madera para partir hacia el Nuevo Mundo en busca de riquezas. Poco importaban a los desgraciados que sentaban sus posaderas en aquellos buques sobrevivir al peligroso viaje (plagado de enfermedades, temporales y piratas) que se les avecinaba a través del Atlántico, pues la promesa de expoliar hasta la última onza de oro y plata de los nativos y vivir como unos señores por aquellos lares les era suficiente.
El misterio del pueblo maldito que desapareció sin dejar rastro en el S.XVI
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Mapa elaborado por John White de Virginia. En él destaca la isla de Roanoke

Cuando el calendario marcaba aquellos días, en Europa era bien conocido por todos que el máximo exponente de conquista y expansión en territorio americano era la vieja España. Al fin y al cabo, por algo se había dejado los cuartos financiando a Cristóbal Colón y, posteriormente, había fomentado los viajes de ilustres exploradores (o asesinos, según a quien se le pregunte) como Francisco Pizarro o Hernán Cortés. Poco podían hacer otras naciones para tratar de equipararse al poderío de Felipe II. Ni siquiera la todopoderosa Isabel I (soberana de Inglaterra e Irlanda) tenía capacidad de igualar a la Flota de Indias de la Armada hispana, los gigantescos convoys que partían periódicamente desde la Península hacia el Nuevo Mundo para volver cargados de riquezas.

La situación era inigualable para los de Felipe II. Al menos en un principio, pues debió ser que, hasta sus reales narices de que España se enriqueciera sin dejar ver ni una moneda a sus islas, Isabel I se empeñó en poner zancadillas a nuestro país patrocinando a algunos piratas (o corsarios, como los llamaba finamente su majestad, a pesar de que la práctica era la misma) tan conocidos como Francis Drake. A su vez, a la reinona no se le ocurrió otra cosa que fomentar la llegada de sus súbditos al Nuevo Mundo ofreciéndoles a cambio llenar sus bolsillos. Y es que, por entonces se hacía válido aquello de «el primero que llega elige» (o, en este caso, se queda con la tierra) y, cuanta más tierra pudiera arrebatarle a aquellos malditos hispanos, mejor para ella.

«La ambición de los ingleses era ensombrecida por las hazañas españolas en América […] y las fundaciones subsecuentes de colonias a lo largo del continente americano. Pero, a pesar de lo poco que Inglaterra logró durante la primera mitad del S.XVI, los descubrimientos y conquistas españolas estimularon el expansionismo inglés en la segunda mitad del siglo, cuando la actividad inglesa en América gradualmente se desplazó a un nuevo plano y conduciría a que Inglaterra intentara implantar sus propias colonias», explica Pedro Chalmeta Gendrón, catedrático de Estudios árabes e islámicos por la Universidad Complutense de Madrid, en su dossier «Los proyectos coloniales ingleses del S.XVI y el ejemplo español» (ubicado en la obra «Cultura y culturas en la historia»).
Virginia, el futuro Roanoke

Con la reina bendiciendo con dinero y tierras a todos aquellos con arrestos suficientes para hacer un viaje de semanas a través del temible Atlántico, muchos ingleses le echaron lo que había que echarle y organizaron varias expediciones hacia el Nuevo Mundo con el objetivo de hacerse un hueco en la Historia del continente recién descubierto. Uno de ellos fue un tal Humphrey Gilbert, un militar cuarentón que -en 1583- soñaba con llegar a ser todo un rey de la futura América. Su idea, más que ambiciosa, era que tanto los colonos ingleses como los nativos le pagaran a tocateja para poder vivir en el Norte de América. La fantasía le duró poco, pues se fue al otro barrio ese mismo año dejando tras de sí un reguero de sueños sin cumplir.

El relevo de este británico lo tomó su hermanastro, Walter Raleigh, que en 1584 organizó una expedición con una un par de buques para hacer realidad los deseos de la reina y llenar, de paso, su bolsa. «Raleigh […] obtuvo de la Reina Isabel nuevas cartas patentes conforme a las que se habían extendido para Gilbert y, acompañado de algunos hombres generosos que tomaron parte en sus proyectos, hízose a la vela el 27 de abril de 1584 con dos embarcaciones […] cuyo mando estaba confiado a Felipe Amidas y Arturo Barlow. Partieron con derrotero para las islas Canarias y de las Antillas, como por entonces se acostumbraba, desde cuyas islas siguieron adelante subiendo hacia las costas del continente», explica Jean Baptiste Gaspard Roux de Rochelle (geógrafo y escritor entre los siglos XVII y XVIII) en su obra «Historia de los Estados Unidos de América».
El misterio del pueblo maldito que desapareció sin dejar rastro en el S.XVI
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Sir Walter Raleigh, artífice de la colonización de Virginia

Aquella expedición fue todo un éxito para los bebedores de té, que arribaron a América del Norte sin apenas dificultades y lograron contactar con un grupo de nativos locales que les proporcionaron provisiones y cobijo. Allí se asentaron durante algunos meses. Posteriormente, volvieron felices a su hogar cargados con productos típicos de la zona. «Después de este descubrimiento regresó la expedición a Inglaterra, y las comarcas que acababan de reconocerse recibieron el nombre de Virginia, que le daban los indios, ya fuese por exceso de lisonja a la reina Isabel, que hasta entonces había permanecido soltera», añade Roux de Rochelle en su libro.
El nacimiento de la colonia maldita

Tras su vuelta, todo fueron cervezas y felicitaciones para Raleigh. De hecho, tan bien le fueron las cosas que el británico decidió organizar una nueva expedición a la recién creada Virginia. Eso sí, en este caso planeaba llevar muchos más buques, más soldados y más provisiones con el objetivo de establecer una pequeña colonia que se hiciese fuerte en la región. Con todo, parece que al inglés no le gustó demasiado la idea de arriesgar sus nalgas en aquellas tierras inhóspitas, por lo que decidió quedarse en las islas y nombró capitán a Richard Greenvil, su propio primo. Este levó anclas el 9 de abril de 1585 desde el puerto de Plinouth al mando de siete navíos. Frente a él estaba el Atlántico, los odiados súbditos de Felipe II, y la eternidad.

Los que viajaban en esta segunda expedición eran soldados curtidos en decenas de contiendas. No había ni mujeres ni niños. Todo acorde a los objetivos que se buscaban: instaurar un fuerte que pudiese resistir las incursiones hispanas -con quienes andaban a guantazos-, comerciar con los nativos, buscar metales preciosos (oro y plata) y, llegado el momento, meter sus morriones por santa sea la parte a los españoles que se ubicaban en la zona. Con todo eso en su cabeza, los británicos llegaron a las costas del Nuevo Mundo y, ya en tierra, decidieron explorar pormenorizadamente el terreno para seleccionar donde establecerían su asentamiento. La decisión fue clara: el emplazamiento idóneo sería la isla de Roanoke, en la bahía de Chesapeake, pues –según creían- gozaba de un clima envidiable.
El misterio del pueblo maldito que desapareció sin dejar rastro en el S.XVI
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Bautizo de una de las niñas nacidas en la colonia de Roanoke

Decidido el emplazamiento, Greenvil se marchó tras prometer regresar con provisiones y dejar por allí a 108 colonos que, al poco, ya habían construido varias casas, levantado un pequeño fuerte y establecido relaciones con los indígenas. Todo inmejorable. O eso parecía. «Por muy risueño aspecto que presentasen estas comarcas a la sazón de su descubrimiento […] conocieron bien pronto los europeos la dificultad de mantenerse en ellas», determina el autor francés. Y es que, las costas de la zona eran sumamente bajas (lo que hizo que las inundaciones asolasen el lugar a las pocas semanas) y, en contra de lo que rondaba sus cabezas en un primer momento, la isla no producía suficiente comida.

Aunque esta última dificultad la suplieron ofreciendo un buen saco de objetos brillantes a los nativos (las tribus «croatoan» y «secotan») a cambio de alimentos, lo cierto es que empezaban a pensar que una maldición pesaba sobre aquella tierra. El no encontrar ni una mísera onza de oro les corroboró que el lugar no era, ni mucho menos, el paraíso que habían creído. «Los hombres que tomaban parte en esta clase de expediciones eran de tal manera arrastrados por el cebo de las riquezas del Nuevo Mundo, que creían no tener más que desembarcar y penetrar en el interior para alcanzarlas con la mano. Tomaron entonces la dirección del occidente hacia el fondo de la bahía […] y subieron la corriente de un rio con la esperanza de descubrir minas de oro. […] Más este viaje no tuvo resultado alguno», completa el galo.
La primera huida general

Sin haber encontrado ni una mísera onza de oro y sin tener nada que llevarse a la boca, los ingleses terminaron haciendo lo que mejor sabían… abusar económicamente de los indios, cuyas provisiones se metieron entre pecho y espalda sin importarles mucho el extenso tiempo que éstos habían tardado en recogerlas. El gobernador al que habían dejado al mando de aquella partida, Ralph Lane, tampoco dudó a la hora de utilizar técnicas violentas y abusivas para obtener todavía más comida de los nativos. Solo era cuestión de tiempo que aquella situación estallase sin remedio.

Al final, hasta la coronilla de buscar sin éxito las riquezas que les habían prometido, y sabiendo que los indios estaban hasta la misma parte de su saqueo, aquellos soldados que habían cruzado el Atlántico varios meses antes tomaron sus pertenencias y se marcharon al nuevo mundo con Sir Francis Drake, el pirata a las órdenes de la reina que, en palabras de Roux de Rochelle, pasó con una «flota de 25 velas» por la zona y se ofreció a devolverles al calor de Gran Bretaña. Todo ello, por cierto, después de haber molestado a los españoles saqueando Santo Domingo. Así pues, y con un sonoro «goodbye», abandonaron aquel fuerte sin dejar ni un hombre para defender las posesiones de su graciosa majestad en el Nuevo Mundo. Cuando se marchó de aquel lugar, Lane señaló que solo «el descubrimiento de una buena mina […] o de un paso hacia el mar del sur o alguna forma para ello, y nada más, puede hacer que este país sea habitado por nuestra nación».
El misterio del pueblo maldito que desapareció sin dejar rastro en el S.XVI
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Sir Francis Drake. Pirata para muchos, héroe para los que menos

Habría que haber visto la cara de Greenvil cuando arribó a la zona algunos meses después cargado de víveres y se encontró con que no quedaba allí ni un alma. Poco más pudo hacer que regresar también a Inglaterra perdiendo una importante suma de oro en el trayecto. Con todo, y ya que habían hecho miles de kilómetros, dejó allí a 50 valientes (o locos, que se podría decir) dispuestos a mantener viva la colonia y defenderla de las posibles incursiones enemigas.
Una nueva expedición y una primera desaparición

Podría parecer que los ingleses habían aprendido la lección, pero nada más lejos de la realidad. Y es que, en 1587 Raleigh organizó una nueva expedición al mando del artista John White. A este se le dieron órdenes de establecerse en el fuerte de Roanoke e iniciar de nuevo relaciones comerciales con los nativos. La partida, además, fue ideada de una forma diferente. En lugar de soldados viajarían hasta la zona hombres y mujeres que supieran realizar todo tipo de trabajos manuales y cultivar la tierra. La finalidad, por lo tanto, era dejar a un lado los saqueos y las armas para asentarse de una forma efectiva en la región. Según pensaron, ya habría tiempo de liarse a mamporros con el enemigo una vez que los nuevos viajeros hubiesen rebajado la tensión creada por sus anteriores compañeros en el lugar.

El por qué siguieron intentando crear una colonia en el Nuevo Mundo, a pesar de los peligros que suponía y que Roanoke había sido calificada de «maldita» por sus habitantes, es simple. «Ellos veían la colonización ultramarina como una fuente de riquezas como la que había fortalecido el poderío español, y querían bases en el Nuevo Mundo desde las cuales Inglaterra prosiguiera su guerra con España. Además, los proponedores de la colonización americana relacionaban la “plantación” colonial con el bien de la sociedad y la economía de Inglaterra. Alegaron que esto aliviaría los problemas sociales internos al proporcionar una salida a los desempleados y pobres», explica Pedro Chalmeta Gendrón en «Cultura y culturas en la Historia». No obstante, Raleigh tuvo que prometer entregar un trozo de tierra en los futuros Estados Unidos a todos aquellos que se unieran a la expedición. Al final, el dinero pudo más que el miedo.
Las tribus hostiles

Sin poder desentrañar el misterio, los colonos empezaron a instalarse en Roanoke. Nueva colonia, nuevos métodos. Eso pensaban los británicos, que pretendían trabar amistad con los nativos para comenzar su expansión por la zona y poder respirar tranquilos. Sin embargo, los indios no estaban de acuerdo con esa afirmación. Al fin y al cabo, el hombre blanco ya les había arrebatado no hacía mucho sus pertenencias y había usado la violencia para hacerse con sus alimentos. White no logró por lo tanto calmar los ánimos. De hecho, avivó sin pretenderlo las viejas rencillas. A eso se sumó la imposibilidad de cultivar comida debido a la baja calidad de la tierra.

Si ya de por si la tensión campaba a sus anchas por Roanoke, finalmente la paciencia de los colonos se acabó un año después cuando un indio asesinó a un habitante de la colonia sin explicación alguna. Aquella muerte puso los nervios de punta a los ingleses, que insistieron en que White debía regresar a Inglaterra, solicitar refuerzos a la reina, cargar una flota hasta los topes de alimentos, y regresar en el menor tiempo posible. El ilustrado aceptó, aunque ordenó a los ciudadanos dos cosas antes de subir sus posaderas al navío. La primera fue no salir del fuerte si la situación no era extrema. La segunda consistía en que, si eran atacados por indios o españoles, dejasen una marca muy concreta tallada en un árbol del fuerte: una Cruz de Malta. De esa forma, cuando él llegase, sabría que habían tenido problemas y que se habían visto obligados a marcharse.
Un misterio sin resolver

Con una misión que cumplir a sus espaldas, White viajó hasta Inglaterra en 1587 para explicar la situación a Raleigh, el señor a quien correspondía el dominio de la tierra de Roanoke pero que, como tantos otros, prefería dirigir sus negocios desde la metrópoli que arriesgar su vida en el Nuevo Mundo. De él pretendía obtener dinero y hombres para ayudar a los compañeros que se habían quedado en la colonia. Sin embargo, parece que eligió un momento sumamente malo para solicitar ayuda: el instante en el que su soberana, la reina Isabel, andaba a mandobles contra Felipe II. Es decir, tras el comienzo de la guerra que enfrentó a Gran Bretaña y España en el S.XVI y que daría lugar a una de las operaciones navales más grandes de la historia, el desastre de la «Grande y Felicísima Armada»

¿Por qué no pudo obtener ayuda? La respuesta es sencilla. La reina necesitaba cualquier barco que pudiese encontrar para enfrentarse a los españoles, por lo que White tuvo difícil hacerse con uno. Tampoco le ayudó demasiado su patrón. «Raleigh había agotado tan inmensos recursos para sostener los establecimientos primitivos, que abandonó a otras manos la consecución y cumplimientos de sus vastos designios: la guerra que acababa de declararse a España le ofrecía por otra parte nuevos medios de satisfacer su ambición de gloria y de valimiento, prefiriendo trabajar a la vista de Europa, y atraer por sus hazañas la mirada de su soberano», explica el historiador francés en su obra. Así pues, cansado de derrochar oro y oro en una empresa que no le estaba reportando más que disgustos, cedió sus derechos sobre Roanoke y Virginia a una empresa privada. Las cosas se ponían difíciles para el gobernador, que ahora se veía encerrado en Gran Bretaña y sin posibilidad de socorrer a los colonos.
El misterio del pueblo maldito que desapareció sin dejar rastro en el S.XVI
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Dibujo elaborado por White de los indios que habitaban en Roanoke

White tuvo que esperar hasta 1590 para poder viajar de vuelta a Roanoke con la ayuda prometida. Tres años después de partir dejando a su suerte a más de un centenar de hombres, mujeres y niños. Fue en marzo cuando finalmente logró hacerse a la mar con destino hacia el Nuevo Mundo en una expedición privada que aceptó dejarle en la isla. Con todo, no llegó hasta la bahía de Chesapeake hasta agosto, pues en su camino hicieron algunos parones para saquear buques españoles.

En agosto de 1590, cuando White y otros tantos hombres pisaron la isla, no pudieron creer lo que allí había pasado. «El asentamiento estaba completamente desierto. Ninguno de los 90 hombres, 17 mujeres u 11 niños que había dejado fueron encontrados», explica el escritor Michael Rank en su obra «10 civilizaciones que desaparecieron sin rastro». Tras investigar pormenorizadamente la zona descubrieron que todas las casas habían sido desmanteladas, pero que no había señales de lucha, por lo que, aparentemente, no se había sucedido batalla alguna.

A su vez, White y sus hombres se percataron de que no había ni una Cruz de Malta tallada en los árboles del fuerte de Roanoke, por lo que los colonos no habían sido atacados. Tan sólo hallaron dos extrañas pistas sobre su paradero. «La única posible clave encontrada fue la palabra “Croatoan” escrita en un poste», explica el experto en su obra. Además, encontraron la sílaba «Cro» cerca de la primera.

En principio, White consideró que la palabra podría significar que los colonos se habían marchado a vivir junto a los indios croatoan. Sin embargo, no pudo llegar a averiguarlo, pues una gigantesca tormenta cayó sobre al día siguiente e impidió al navegante revisar la zona. Finalmente, el gobernador tuvo que regresar a Gran Bretaña sin saber qué había pasado en su ciudad. El misterio quedó sin resolver hasta hoy, momento en que se barajan varias teorías sobre su posible paradero. Entre ellas, destacan las que afirman que los ciudadanos de Roanoke decidieron viajar de vuelta hasta Inglaterra cuando se quedaron sin provisiones; las que determinan que fueron asesinados por los nativos y, para terminar, las que consideran que se mezclaron con ellos. Fuera como fuese, este hecho hizo que la ciudad pasase a ser conocida como la «colonia perdida».
Nuevos indicios

Desde 1590, los arqueólogos han estado investigando las posibles causas del abandono de Roanoke y el paradero de los más de 100 colones que la habitaban. Uno de los avances más destacables para desvelar el misterio se dio en el 2012, año en que el Museo Británico halló en un viejo mapa dibujado por el mismísimo White una serie de marcas ocultas que desvelaban la existencia de una supuesta fortaleza a 80 kilómetros de la colonia. Aunque se desconocía si el gobernador hizo esa señal pensando que los británicos podían estar allí, Nicholas Luccketti (arqueólogo de la «First Colony Foundation») se trasladó a la zona posteriormente para encontrar cualquier resto del paso de los ingleses por el lugar.

Tres años después (hace menos de un mes, concretamente), Luccketti informó del hallazgo de una serie de objetos que –a falta de las pruebas pertinentes- podrían haber pertenecido a los colonos perdidos. Estos van desde algunas piezas de cerámica con un estilo típicamente inglés, hasta varias herramientas de metal de la época (entre ellas, un gancho y un clavo para una tienda de campaña). A su vez, han desenterrado varios fragmentos de espadas típicamente europeas y mosquetes primitivos que podrían haber sido llevados hasta allí desde la metrópoli. Lo más destacable es que todo lo que se ha encontrado data del S.XVI y –en la mayoría de los casos- los nativos no tenían la tecnología necesaria para llevarlas a cabo.

En base a todo ello, Luccketti y su equipo secundan la teoría de que por esa zona (a la que llegaron en 1655 varias partidas de colonos británicos de forma oficial) pasaron los ingleses de Roanoke. Siempre según los expertos, este centenar de personas habría viajado hasta el interior para vivir con los nativos después de haber sido atacados por alguna tribu de indios cercana. Con todo, habrá que esperar a un análisis más exhaustivo de las piezas para poder determinar si datan del S.XVI o no.

Fuentes: ABC.ES
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El misterio de los cadáveres de las turberas.

Los pantanos del norte de Europa albergan miles de cadáveres de hace más de 2.000 años que se conservan en perfecto estado. Y todos comparten una característica: fueron asesinados
Foto: El hombre de Tollund, tal como se expone en el Museo de Silkeborg. (Corbis)
El 6 de mayo de 1950, los hermanos Viggo y Emil Højgaard se dirigieron a una ciénaga próxima a su pueblo, la pequeña villa de Tollund, en Dinamarca, para cortar turba. En medio de la faena descubrieron un cadáver enterrado en el pantano. El cuerpo estaba en perfecto estado de conservación. Su barba de tres días, sus pestañas y las arrugas de su piel eran visibles a simple vista y llevaba una gorra de piel en la cabeza. Los hermanos daneses pensaron que el hombre había sido asesinado y llamaron a la policía de Silkeborg. Pero el crimen no era tan reciente como parecía.

“Durante siglos se ha extraído turba de los tremedales daneses como combustible para los hogares, para proteger del frío invernal y preparar la comida. Y, durante todo ese tiempo, personas bien conservadas y de color oscuro han aparecido inesperadamente entre las capas de la turba, para sorpresa, susto o asombro de los excavadores” escribe el arqueólogo danés Peter Vilhelm Glob (1911-1985) en La gente de la ciénaga (Marbot), la obra cumbre sobre estos misteriosos cadáveres, publicada originalmente en 1965 pero editada por primera vez en castellano en 2012.

Los policías de Silkeborg, conscientes de que el cadáver hallado en Tollund era probablemente un resto arqueológico, llamaron a Glob, que en unas horas se presentó en la turbera para analizar el cuerpo in situ.

Aunque desde el siglo XVIII hay registros del hallazgo de este tipo de cadáveres en las turberas –y no sólo en Dinamarca, también en Holanda o las Islas Británicas–, el hombre de Tollund era un caso único. Lo normal era que los granjeros se pasaran los cuerpos de unos a otros y, en el mejor de los casos, avisaran a las autoridades pasadas semanas. En muchos otros, sencillamente, volvían a enterrar el cuerpo en el pantano.

El arqueólogo decidió llevarse el cuerpo al Museo de Silkeborg, para examinarlo en detalle, envuelto en la turba, tal como se lo había encontrado. Trasladarlo no fue fácil y, casualidades del destino, uno de los operarios falleció tras sufrir un infarto mientras trasportaba el cuerpo. La muerte afectó mucho a Glob, que en su libro llegó a escribir que “la turbera exigía vida por vida, un nuevo ser humano a cambio del hombre de la Antigüedad”.
Dos denominadores comunes

Tras examinar el cadáver, Glob concluyó que el hombre de Tollund había vivido durante el siglo III a.C, en la Edad de Hierro prerromana –una datación que fue confirmada después mediante el análisis de carbono-14–. Durante más de 2.000 años su cuerpo había permanecido intacto y tal como fue arrojado a la ciénaga: estaba desnudo y sólo llevaba un cinturón y un gorro de cuero. Como sospecharon los hermanos Højgaard, había sido asesinado y conservaba, incluso, la cuerda atada a su cuello con la que fue ejecutado.

“Aunque las vértebras cervicales no parecían dañadas, los forenses y los médicos que participaron en la investigación compartían la opinión de que no había sido estrangulado, sino colgado”, detalla Glob en su libro. Esta circunstancia, en cualquier caso, no sorprendió al arqueólogo. La muerte violenta era un denominador común de todos los cadáveres hallados con anterioridad en las turberas.

Hay niños, mujeres, nobles, campesinos… Pero todos ellos comparten dos características: un excelente estado de conservación y una muerte violenta

Cuando el arqueólogo editó su libro, en los años 60, sólo en Dinamarca se tenía constancia de la aparición de 166 cadáveres de este tipo, la mayoría datados entre el año 400 a.C y el 500 d.C. Y el científico alemán Alfred Dieck asegura que en toda Europa se han hallado más de 1860 momias, aunque menos de 200 han podido estudiarse. Los cuerpos son de todo tipo. Hay niños, mujeres, nobles, campesinos… Pero todos ellos comparten dos características: un excelente estado de conservación y una muerte violenta.

La primera incógnita se resolvió hace años. Las turberas están repletas de una molécula llamada sphagnan –un polímero similar a la pecticina– que desprende el musgo de la ciénaga en descomposición. Este compuesto reacciona con las encimas que segregan las bacterias putrefactas y evita que los microbios descompongan la materia orgánica; a su vez, lixivia el calcio de los huesos, lo que hace que estos permanezcan flexibles como una goma o se disuelvan por completo. El musgo de turbera contiene además ácidos húmicos, que extraen el agua de los tejidos blandos. La piel de los cadáveres se impregna entonces del lodo del pantano. Es por ello que hasta los cuerpos mejor conservados parecen una especie de Golem, elaborado con barro y cuero.

La segunda incógnita, por el contrario, permanece sin respuesta. La mayoría de los cuerpos encontrados muestran signos de haber sido asesinados de forma violenta, ya sea ahogados, acuchillados o decapitados. Además, no fueron enterrados como era costumbre en la época, en la que se incineraba a los muertos y su ceniza se depositaba en una urna o bolsa de tela. Algunas momias de las turberas se encuentran incluso fijadas al suelo con un gancho.
El arqueólogo Peter Vilhelm Glob en una turbera.
El arqueólogo Peter Vilhelm Glob en una turbera.

¿Ejecución sumaria?
Hay varias teorías para explicar los asesinatos. La única referencia histórica al respecto de este tipo de enterramientos se encuentra en Germania, la principal narración sobre los usos y costumbres de los pueblos bárbaros del norte de Europa, escrita por el historiador romano Cornelio Tácito en torno al año 98 d.C.

Tácito comenta en un pasaje del libro que los pueblos prerromanos variaban las penas de sus criminales en función de los delitos cometidos: “A los traidores y a los que se pasan al enemigo los ahorcan de un árbol, y a los cobardes e inútiles para la guerra y a los infames que usan mal su cuerpo los ahogan en una laguna cenagosa, echándoles encima un zarzo de mimbres”. El historiador puntualiza que este enterramiento punitivo está reservado a los adulteros y otras personas condenadas por “actos vergonzosos” como “cobardes, vagos y sodomitas”.

El único papel de las personas discapacitadas era servir de profetas o adivinos, y si sus pronósticos no eran acertados podían acabar acuchillados

Algunas de las momias halladas en las turberas responden a la descripción del legendario historiador romano. Es el caso del niño de Kayhausen, que fue encontrado por un cortador de turba alemán en 1922. El joven, de 7 u 8 años, había sido apuñalado de forma repetida en la garganta. Su brazo izquierdo presentaba un corte, una señal clara de que trató de defenderse. Sus agresores le ataron de pies y manos y cubrieron su cuerpo con una capa de piel de becerro, probablemente para transportarlo cómodamente a la ciénaga.

Los rayos X revelaron que el niño tenía infectada una rótula, lo que le habría impedido andar sin ayuda. Tenía además unas líneas de Harris en su tibia izquierda, un indicativo de desórdenes del crecimiento o desnutrición.

El niño, a la vista está, debía ser discapacitado, algo nada agradable en la Edad de Hierro. Como explica el antropólogo Timothy Taylor en su libro The Buried Soul (Fourth Estate), las gentes de esta época creían que las personas con discapacidad tenían poderes especiales. Su único papel en la sociedad era servir de profetas o adivinos, y si sus pronósticos no eran acertados podían acabar acuchillados.
Reconstrucción del aspecto que debía tener la niña de Yde. (Museo de Drents)
Reconstrucción del aspecto que debía tener la niña de Yde. (Museo de Drents)

Otro caso paradigmático es el de la niña de Yde, que fue hallada por unos cortadores de turba holandeses en 1897. Los campesinos salieron despavoridos al ver el cuerpo, pues el pelo rojizo de la niña estaba tan bien conservado que creían haber visto al diablo.

Los arqueólogos del museo de Drents, al que fue trasladado el cadáver, descubrieron que en realidad la niña era rubia –los taninos presentes en la turbera habían coloreado su cabello con un rojo intenso–, tenía aproximadamente 16 años y había sido estrangulada con un cinturón de lana y apuñalada por encima de la clavícula izquierda.

Una tomografía computarizada reveló que niña había sufrido escoliosis, una curvatura anormal de la espalda y además tenía los pies hinchados y torcidos hacia adentro. Probablemente cojeara, aunque no es seguro que en este caso la discapacidad estuviera detrás del asesinato. La joven tenía afeitado todo un lado de su cabellera, que conservaba su longitud hasta el pecho en el otro lado. En estos tiempos esto era una marca de oprobio reservada a las mujeres adúlteras, lo que implica que la muchacha podría haber sido ejecutada por cometer una infidelidad.
¿Sacrificio ritual?

Aunque es probable que muchos de los cadáveres encontrados en las turberas fueran de personas ejecutadas por cometer un delito o considerarse inservibles, hay momias cuyas características sugieren una explicación complementaria al fenómeno.

Es el caso del hombre de Croghan, encontrado en 2003 por un operario irlandés, Kevin Barry, que realizaba trabajos de acondicionamiento en una turbera de Irlanda y halló el cuerpo en la pala de su excavadora.

El hombre debió vivir entre los siglos IV y II a.C y su muerte, a los 20 años, había sido especialmente violenta: le habían apuñalado en el pecho hasta la muerte, le habían destripado y, después, decapitado, no sin antes arrancarle los pezones. Aunque sólo se conserva su torso, los investigadores creen que debía tratarse de una persona especialmente alta y corpulenta para la época –medía un metro con noventa– y debía tener una posición acomodada: sus uñas estaban cuidadas, sus manos nunca habían trabajado y su última comida había estado compuesta por cereales y suero de leche, alimentos reservados a las clases pudientes.
Lo que queda del hombre de Croghan está expuesto en el Museo Nacional de Irlanda. (mark healey/cc)
Lo que queda del hombre de Croghan está expuesto en el Museo Nacional de Irlanda. (mark healey/cc)
Lo que queda del hombre de Croghan está expuesto en el Museo Nacional de Irlanda. (mark healey/cc)

El historiador Eamonn Kelly, investigador del Museo Nacional de Irlanda (donde está expuesto el cadáver), cree que el hombre de Croghan debió ser un rey caído en desgracia, o un prisionero de alta alcurnia, que fue sacrificado como ofrenda a la diosa de la fertilidad. La rebanación de los pezones era un rito medieval de sumisión que, según Kelly, explicaría la derrota del aristócrata. Según se desprende de la mitología irlandesa, los reyes, considerados mediadores entre el mundo sobrenatural y el terrenal, eran sacrificados en un rito que incluía una combinación de tres formas de muerte, lo que concuerda con el intrincado asesinato del hombre de Croghan.

Glob cree que muchos de los hombres encontrados en las turberas fueron víctimas de sacrificios rituales: “Resulta patente que la deposición de estos cuerpos no guarda relación alguna con las costumbres funerarias normales, sino que en muchos de sus rasgos coincide con otros hallazgos de ofrendas realizadas en turberas. También encontramos ropas y trenzas de mujer, carros y arados, objetos todos ellos depositados por campesinos o nobles según su calidad”.

En opinión del arqueólogo estas ofrendas formaban parte de ciertos ritos a los que Tácito también hacia referencia en su libro: “En una época fija se reúnen a través de embajadas las tribus de igual denominación y de la misma sangre en una selva consagrada por los augurios de los antepasados y por un miedo arraigado, e, inmolando oficialmente a un hombre, celebran los horribles preámbulos de su bárbaro rito”. Un rito que, gracias a las propiedades químicas de las turberas, ha llegado intacto a nuestros días.

Fuentes: EL CONFIDENCIAL.COM

Los pantanos del norte de Europa albergan miles de cadáveres de hace más de 2.000 años que se conservan en perfecto estado. Y todos comparten una característica: fueron asesinados
Foto: El hombre de Tollund, tal como se expone en el Museo de Silkeborg. (Corbis)
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