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Los secretos que guardan las momias

Vivieron hace cientos o miles de años. Sus restos ayudarán a armar la historia.
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Un grupo de pastores la encontró en la Sierra Gorda de Querétaro. Al entrar a una cueva para guardar a los animales que llevaban a pastorear, notaron que había algo. Al parecer, las cabras escarbaron y levantaron la capa que cubría el suelo; quedaron al descubierto los restos óseos de un bebé. Los pastores llamaron a la policía. Se inspeccionó la cueva próxima al pueblo de Altamira y se determinó que no era un caso criminal, pero sí un hallazgo que requería de los expertos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). El 18 de noviembre de 2002 aquellos pastores encontraron a Pepita, considerada hasta ahora la momia más antigua hallada en México. Una niña que vivió solo dos años y medio, pero que llevaba atrapada en la sierra más de dos milenios.

En México se han encontrado muchos cuerpos momificados de manera natural. La mayoría procede de lugares con climas áridos o semiáridos, como cuevas, criptas o el subsuelo de algunas iglesias, en los que se crean microambientes que evitan que los restos se descompongan y, a la vez, provocan que se desequen de manera rápida. Estas momias son una rica fuente de conocimiento sobre la vida y la biología en otras épocas. Y gracias a los avances tecnológicos, han permitido descifrar misterios pasados y presentes.

La niña momia

Al equipo del Centro INAH Querétaro le bastó un primer reconocimiento de la cueva para percatarse de la relevancia de los restos. El cuerpo de la niña momia, que ellos bautizaron como Pepita, se encontraba en buen estado de conservación. Solo su cara estaba algo descarnada; quizá, creen los expertos, porque quedó al descubierto en varias ocasiones y eso impidió el proceso de momificación natural. Medía unos 45 centímetros; tenía brazos y piernas doblados, casi en posición fetal; estaba amortajada con una fina capa de algodón y colocada sobre una piedra con una talla muy ligera. Fue atada usando cordeles y tenía adornos de plumas y trenzas de cabello.

¿Quién era aquella misteriosa niña? La arqueóloga mexicana Elizabeth Mejía encabezó las investigaciones para tratar de encontrar la respuesta. Coordinó a más de 35 especialistas, procedentes de 10 instituciones; sometieron a la pequeña y a los objetos hallados a tomografías helicoidales, micología médica, arqueozoología y microscopía de barrido. Se trataba de averiguar lo máximo posible de la momia sin deteriorarla ni un ápice.

Por fortuna, Pepita aún conservaba un pelo en el cráneo, el cual fue enviado a un laboratorio de Estados Unidos, junto con un pedazo de la ropa con que estaba envuelta. Gracias a un acelerador de par-tículas con espectrómetro de masas se determinó que la niña momia tenía 2,300 años aunque, al morir, no alcanzaba ni los tres.

La investigación, que duró tres años, reveló que Pepita falleció debido a una infección intestinal o a problemas respiratorios. Pero lo más importante del hallazgo fue que los estudios de la niña momia permitieron cambiar por completo los conocimientos que hasta entonces se tenían sobre el poblamiento temprano de la Sierra Gorda queretana.

Si bien existen distintas teorías, los trabajos de investigación más aceptados señalan que los primeros pobladores de América llegaron en cuatro grandes migraciones desde la región de Siberia, en Asia, a través del Estrecho de Bering, y se fueron dispersando por todo el territorio. En teoría eso sucedió al inicio de la cuarta glaciación, entre 40,000 y 12,000 años atrás. Recuperar y analizar el ADN de Pepita permitió a los paleoantropólogos realizar un estudio entre individuos para establecer comparaciones y secuencias de material genético y así saber más sobre cómo y cuándo se produjeron esas olas migratorias.

Además, se determinó que hace 2,300 años, cuando vivía Pepita, ya había relaciones con poblaciones del norte de México, como los chichimecas, grupo cazador y recolector que penetró al Valle de México hasta el siglo XII. Por otra parte, los textiles del fardo funerario muestran que la manufactura estaba muy desarrollada. El hallazgo también arrojó luz sobre las prácticas funerarias de aquel pueblo.

El estudio de las momias no solo ayuda a componer el rompecabezas de civilizaciones pasadas; también puede esclarecer asuntos relacionados con la biología. Es el caso de la momia de Ötzi, descubierta por una pareja de alpinistas en los Alpes de Ötzal en 1991, en la frontera entre Austria e Italia. Aquel hombre de los hielos llevaba durmiendo 5,300 años en un glaciar. Es la momia humana natural más antigua de Europa. Su estudio permitió recopilar información sobre los habitantes de la Europa de la Edad de Cobre y desvelar la cura para una importante enfermedad parasitaria: la verminosis.

Al investigar a Ötzi, los científicos notaron que la momia tenía un parásito intestinal causante de la enfermedad; en el zurrón que llevaba consigo encontraron un hongo y, tras analizarlo, descubrieron que tenía propiedades para combatir el parásito. Fue así como la verminosis comenzó a tener tratamiento.

Para Assumpció Malgosa, antropóloga y directora del Grupo de Investigación en Osteobiografía de la Universidad Autónoma de Barcelona, España, “mirar al pasado tiene cada vez más una aplicación hacia el futuro. Obtener y analizar el ADN de un agente infeccioso de hace 4,000 años posibilita, por ejemplo, que estudiemos su variación a lo largo del tiempo, que veamos qué lo producía y qué reacción provocaba. Quizá eso nos lleve a encontrar una cura para el futuro”.

Malgosa forma parte de la Asociación Internacional de Paleopatología, disciplina situada en los confines de varias áreas científicas —como la medicina, la antropología, la arqueología, la física, la química o la biología— que se dedica a estudiar las huellas que las enfermedades del pasado dejaron en seres humanos y en animales. Puede parecer una disciplina nueva, pero no lo es. Las primeras sociedades de paleopatología datan de fines del siglo XIX.

“La investigación sobre los vestigios de las enfermedades de la antigüedad  —apunta Josefina Mansilla Lory, especialista en antropología física del INAH— tiene cada vez más interés a nivel mundial, como lo demuestra el creciente número de artículos científicos y el surgimiento, en 1992, del primer congreso internacional de estudios sobre momias”. En México, si bien la investigación sistemática es reciente, la primera referencia se remonta a 1889, cuando Leopoldo Batres, pionero de la arqueología moderna mexicana, describió el cuerpo incompleto de un hombre momificado que tenía dibujos geométricos en los brazos y que fue hallado en Comatlán, Oaxaca.

Desde 1998 se desarrolla el proyecto “Las momias de México”, dirigido por Josefina Mansilla, que pretende entender el fenómeno de la momificación “y ampliar el conocimiento del ser humano, además de sus enfermedades, relacionando los hallazgos patológicos de los tejidos preservados con episodios históricos y socioculturales”. Gracias a este trabajo se rescató la colección de momias del Museo Nacional de Antropología, que comprende, al menos, 40 piezas. Su estudio busca identificar la procedencia, la temporalidad y recuperar datos arqueológicos de la mayoría de esos restos.

La paleopatología permite, entre otras cosas, evaluar el estado de salud de una población y conocer su estilo de vida. En la mayoría de los casos, los especialistas deben contentarse con el estudio de restos esqueléticos, aunque a veces las momias conservan algo de tejido, lo que multiplica la información que los expertos pueden recopilar.

Por ejemplo, con Ötzi, los investigadores encontraron que tenía los pulmones como si fuera un fumador pasivo. Malgosa explica que eso permitió descubrir que “en la Edad del Cobre nuestros antepasados vivían en cuevas repletas de humo, puesto que hacían hogueras para cocinar o calentarse. Determinadas marcas en los huesos también dan pistas sobre los trabajos que realizaban, porque pueden ser resultado de movimientos repetitivos. Somos como detectives del pasado”.

Enfermedades que dejan huella

Uno de los casos de paleopatología más excitantes es el estudio de los restos de Herculano, en Nápoles, Italia. El 24 de agosto del año 79 d.C., el Vesubio comenzó a rugir. Muchos de los habitantes de los alrededores huyeron hacia la playa. Al caer la noche, el volcán empezó a escupir ceniza y roca ardiendo que cayeron sobre Pompeya y pueblos aledaños, como Herculano. Los que huyeron a la playa respiraron la ceniza que había en el aire, a cerca de 800 °C de temperatura; sus pulmones estallaron en el acto. Más de 200 personas quedaron sepultadas bajo una capa de ceniza que las congeló en el tiempo.

Aquella catástrofe dejó una especie de trágica radiografía de la sociedad, lo que ha permitido estudiar el estado de salud de una población completa. Las primeras excavaciones se hicieron en el siglo XVIII, aunque fue hace 20 años cuando se realizó la campaña más importante, que duró nueve años. Esa investigación, dirigida por Luigi Capasso, director del Museo Universitario de Chieti, reveló que casi 30% de la población tenía lesiones óseas causadas por una enfermedad infecciosa: brucelosis o “fiebre de Malta”, originada por un microorganismo, el Brucella, que vive en los excrementos de vacas, ovejas, cabras y cerdos. ¿Cómo podía una población pesquera sufrir una enfermedad propia de los pastores? La respuesta se encontró en un trozo de queso carbonizado, cuenta Capasso: “Al analizarlo, vimos que contenía brucella. De ahí que la mitad de la población padeciera esa enfermedad, ya que comían el queso elaborado con leche de las cabras que pastaban en las laderas del volcán”.

El desarrollo de nuevas tecnologías ha propiciado grandes avances en esta ciencia. La tomografía axial computarizada (TAC), por ejemplo, permite obtener imágenes de alta resolución del interior de la momia sin tocarla. Este método consiste en radiografiar cada milímetro del cuerpo y tomar imágenes capa por capa. Un programa informático recoge esa información y genera una figura en 3D. Luego, se toma una muestra de la momia, se analiza y corroboran los datos del TAC. Es el caso del Hombre de Tollund, una de las llamadas momias de las ciénagas, testimonio de los rituales de sacrificio que los pueblos del norte de Europa realizaron durante la Edad de Hierro.

Este hombre fue encontrado en 1950, por una familia de granjeros, a las afueras del pueblo danés de Silkeborg. Esta momia ha sido sometida a numerosas pruebas que han ido desgranando información sobre la Edad de Hierro. “Como conserva tejidos, eso permite saber más cosas. Analizando las marcas en la piel del cuello averiguamos, por ejemplo, que fue ahorcado y luego tirado en la ciénaga”, explica Niels Lynnerup, de la Universidad de Copenhague.

En 1977, gracias al método del carbono 14, se conoció que el Hombre de Tollund murió entre el siglo III y IV a.C. Hace una década le realizaron una endoscopia, lo sometieron a luz ultravioleta, a infrarrojos y a un TAC que obtuvo más de 16,000 imágenes de su cuerpo.

Ahora, los investigadores esperan que la tecnología avance para poder recuperar moléculas del tejido celular. Quizá en unos años, gracias a la biología molecular, se puedan obtener muestras de ADN de la médula o de algún diente, y así saber cuál era su tipo de sangre o recuperar sus genes. Eso sería útil para trazar, mediante relaciones de parentesco, flujos migratorios.

No cabe duda de que hay una historia en cada momia y que cada momia nos abre una ventana al pasado. Nuevos descubrimientos e investigaciones harán posible que el estudio de los cuerpos momificados despejen incógnitas del pasado y se entienda más el presente.
Fuentes: Quo.mx
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Hallan dos momias congeladas a 5.270 metros de altitud en México

 Un grupo de alpinistas mexicanos que ascendió la madrugada de este jueves al volcán Pico de Orizaba (o Citlaltépetl) para recuperar los restos momificados de un hombre, halló un segundo cuerpo muy cerca de éste, según han confirmado hoy autoridades locales.
Hallan dos momias congeladas a 5.270 metros de altitud en México
Una de las momias halladas en el volcán Pico de Orizaba, en México

Juan Navarro, presidente municipal de Chalchicomula de Sesma, en el central estado de Puebla, indicó que son dos los cuerpos momificados y congelados hallados a unos 5.270 metros de altitud.

El pasado fin de semana, seis escaladores encontraron accidentalmente el cuerpo de un hombre congelado que presuntamente murió en el volcán hace unos 50 años. Tras el hallazgo, los alpinistas informaron al grupo de rescate de la Cruz Roja Mexicana, que programó un ascenso para el próximo domingo con el fin de recobrar el cuerpo. Pero las autoridades de Chalchicomula de Sesma adelantaron una primera expedición la madrugada de este jueves.

El alpinista Hilario Aguilar encabezó a un grupo de 12 escaladores profesionales que comenzaron a subir al volcán desde las 05.00 hora local y 11 horas después encontraron ambos cuerpos.

«Aunque originalmente se buscaba bajar un solo cuerpo, los especialistas encontraron dos, como a 150 metros de distancia. Estaban muy cerca», dijo el alcalde Navarro.

El mal clima impidió el rescate de los cuerpos este mismo día y se prevé que los alpinistas desciendan este viernes con las momias congeladas.

Navarro añadió que se ha solicitado al Gobierno de Puebla un helicóptero para apoyar la expedición de rescate. También han sido convocados otros grupos de alpinistas para ayudar en la misión.

El alcalde indicó que ha recibido llamadas desde varios países, entre ellos Francia, España y Alemania, para estar al tanto de la identificación de los cuerpos ya que existen registros de escaladores profesionales perdidos durante años en el volcán.

El Pico de Orizaba, ubicado en los límites entre Puebla y Veracruz, es la montaña más alta de México con sus 5.630 metros de altitud y la tercera de Norteamérica.

Fuentes: ABC.ES
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El origen del arte de embalsamar


El análisis químico de vendas de lino revela que los egipcios empezaron a usar resinas para momificar a sus muertos aproximadamente 1.500 años antes de lo se creía.
Momia de Leeds (1100 a.C)
Las momias egipcias no son las más antiguas del mundo, pero probablemente sí son las más admiradas por la fabulosa técnica que sus embalsamadores lograron perfeccionar a lo largo de milenios para intentar hacer realidad el mayor deseo de cualquier ciudadano de la época: conseguir un cuerpo eterno para pasar la eternidad.

Para lograr preservar durante mucho tiempo los tejidos humanos y los vendajes que usaban para envolver los cadáveres, investigaron y utilizaron sabiamente los productos que les ofrecía la naturaleza.

Pero antes de desarrollar el proceso de embalsamiento, la momificación se hacía de forma natural. Los cadáveres, normalmente envueltos en pieles de animales, se dejaban secar debido a la acción del calor, la sequedad y la arena del desierto.

Los científicos pensaban que los egipcios usaron resinas para fijar las vendas de forma ocasional durante el Reino Antiguo (se hallaron restos de resina de conífera en una momia del 2200 a.C aproximadamente), y de manera más generalizada durante el Reino Medio, entre el 2000 y el 1600 a.C. Sin embargo, el análisis químico de momias mucho más antiguas ha revelado que, en realidad, comenzaron a utilizar productos para embalsamar al menos 1.500 años de lo que se creía.

Los investigadores que firman esta investigación, publicada esta semana en la revista PLOS ONE, eligieron vendajes de momias procedentes de uno de los cementerios más antiguos que han sido encontrados en el país del Nilo. Las tumbas donde se encontraron están en la necrópolis de Mostagedda, en la región de Badari, con una cronología estimada de entre el 4500 y el 3350 a. C.

En su artículo, los científicos explican que hasta ahora no se habían realizado análisis químicos para detectar componentes orgánicos en los vendajes del periodo prehistórico de Egipto: «Se asumía que la preservación de los tejidos se debía sobre todo a las favorables condiciones del lugar donde estaban enterrados, en lugar de a la intervención deliberada mediante el empleo de las técnicas químicas que caracterizan las momificaciones posteriores», relatan.
La 'receta' para embalsamar

En concreto, el análisis bioquímico de las vendas de lino reveló que contenían restos de resina de pino, extracto de una planta aromática, una goma (azúcares), petróleo y aceites de origen vegetal y animal.

Detalle de un trozo de venda de lino de Mostagedda analiza en este...
Detalle de un trozo de venda de lino de Mostagedda analiza en este estudio y conservada en el Museo Bolton. RON OLDFIELD/JANA JONES

Los ingredientes naturales utilizados para preservar las momias de Mostagedda hace cinco milenios son muy parecidos a los usados durante la época faraónica, en la que el embalsamiento de cuerpos estaba muy perfeccionado. «Las propiedades antibacterianas de algunos de estos ingredientes y la preservación de tejidos localizada que hacían nos lleva a la conclusión de que [estas momias] representan el inicio de la experimentación que evolucionaría hasta las prácticas de la momificación de la época faraónica», afirma Stephen Buckley, investigador de la Universidad de York (Reino Unido) y coautor de este estudio, en el que participan científicos de la Universidad de Oxford y de la Universidad Macquarie (Australia).

«El principal proceso en las primeras momias aparentemente consistió en el uso de agentes antibacterianos, aunque parece que también usaban sal en las primeras épocas, lo que ayudaría a preservar los cuerpos. Sospecho que su uso fue significativo, pero se trata de un aspecto que seguimos investigando y todavía no se ha publicado», explica. El investigador añade que no hay evidencias que indiquen que ya en esa época extrayeran los órganos del cuerpo, quizás debido a que la acción del calor y la arena del desierto hacía que fuera mucho menos necesario para su conservación que cuando se usaban tumbas.

Buckley, que es arqueólogo y químico, anteriormente llevó a cabo una investigación sobre las resinas empleadas en el Antiguo Egipto durante la dinastía 18 en el Valle de los Reyes (Luxor), afirma que la proporción de ingredientes antibacterianos usados en los linos prehistóricos que protagonizan su último estudio es la misma que utilizaban los embalsamadores en su época de máximo esplendor, unos 2.500-3.000 años más tarde. «Las recetas son sorprendentemente parecidas, tanto en el año 4000 a.C como en el 1500 a.C. Una mezcla oleosa con pequeñas cantidades de resina de árbol y un extracto de una planta aromática junto a una pequeña cantidad de un goma/azúcar vegetal», señala Buckley a EL MUNDO.

Pese al tiempo transcurrido, han podido determinar con bastante precisión la procedencia de los materiales: «Los componentes químicos sobreviven en una forma reconocible durante miles de años así que, aunque están alterados por el paso del tiempo, es factible determinar la fuente original», añade el investigador.

Los vendajes de lino analizados en este estudio fueron encontrados a principios del siglo XX y llevados a Reino Unido. Egipto estaba de moda y numerosos arqueólogos europeos excavaban allí. Los linos se conservaron en el actual Museo Bolton (antes llamado Chadwick). En la actualidad, está prohibido sacar del país cualquier objeto o tomar muestras en las excavaciones.

Sin embargo, el uso de escáneres y radiografías combinado con análisis de muestras de ADN, restos humanos o tejidos textiles está desvelando muchos aspectos desconocidos de esta fascinante cultura, en la que el embalsamiento de sus muertos era uno de los procesos más importantes. Según señala Buckley, precisamente el acceso tan limitado que los investigadores tienen a los materiales es la razón por la que «nuestro conocimiento sobre la momificación egipcia sigue siendo extremadamente pobre».

Aunque representaron en dibujos cómo lo hacían, no dejaron documentos escritos que detallaran los ingredientes y cantidades que usaban. En el s. V. a. C, el griego Heródoto describió con detalle las técnicas que empleaban en un texto de gran utilidad para los egiptólogos. «Algunas imágenes del Antiguo Egipto ofrecen algunas pistas, pero no dan información sobre qué materiales usaban. Hay algunos textos tardíos que dan algunas pistas pero su interpretación sigue siendo un problema», señala Buckley, que destaca los conocimientos que tenían los embalsamadores y el método científico que seguían, sobre todo a finales de la dinastía 18, cuando el proceso de momificación estaba realmente perfeccionado y se consideraba todo un arte.

«Heródoto sigue siendo la fuente principal sobre momificación egipcia, aunque otros autores posteriores, como Diodoro, Sículo, Plinio el Viejo y Estrabón, también dejaron información, aunque menos extensa».

El científico considera que los embalsamadores egipcios fueron los mejores, como muestra el hecho de que restos de ADN de las momias hayan podido preservarse durante milenios.

CUERPOS 'ETERNOS'

El proceso para embalsamar el cuerpo de un egipcio rico o un miembro de la nobleza era laborioso y duraba varios meses. Las técnicas y los productos usados fueron variando y perfeccionándose. Después de lavarlo con diversos líquidos, se extraían sus vísceras y se guardaban en recipientes llamados canopes. Después, el cadáver cubierto de polvo de natrón se dejaba secar durante un par de meses. Tras enjuagarlo, se envolvía con vendas impregnadas en una mezcla de aceites y resinas con propiedades antibacterianas para proteger y endurecer el cuerpo vacío. Llegaban a emplear cientos de metros de lino para una sola momia.



Fuentes: TERESA GUERRERO - EL MUNDO.ES
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Las primeras momificaciones

Una de las momias encontradas en Hieracómpolis.
Una de las momias encontradas en Hieracómpolis.

Durante la época predinástica, los egipcios se enterraban en la arena sin ataúdes, lo cual hacía que los líquidos de la descomposición (la autolisis) fueran absorbidos por la arena, a lo cual se sumaba luego el tremendo calor del desierto y, combinados, deshidrataban por completo el cuerpo y lo convertía en una momia natural.

Los "ricos" tenían tumbas más "pintonas", pero sus cuerpos se descomponían y los de los "pobres" no.

Pasado el tiempo, las diferencias sociales llevaron a los más pudientes a enterrarse dentro de ataúdes de madera, que señalaban su mayor disponibilidad de recursos; pero que, al mismo tiempo, los aislaban de la arena e impedían la momificación natural. ¿El resultado?, que los "ricos" tenían tumbas más "pintonas", pero sus cuerpos se descomponían y los de los "pobres" no. Como, evidentemente, entre los "ricos" se contaban los reyes, no hubo más remedio que inventar un procedimiento que impidiera la putrefacción de los cadáveres y permitiera que se conservaran para la eternidad enterrados dentro de su ataúd. Así fue como habría nacido la momificación en Egipto. Al menos esto es lo que se pensaba hasta que a finales del siglo XX se produjo un inesperado hallazgo en Hieracómpolis.

Fue allí, donde -siguiendo los más rígidos criterios del viejo Murphy para las excavaciones arqueológicas-, el último día de la campaña de 1997 de se encontró la intacta tumba 71. Rodeado de ocho cacharros de cerámica había un cuerpo enterrado envuelto en un sudario y bajo la protección de una estera. El cadáver, que debido a su pelo corto al principio se tomó por el de un hombre, estaba esqueletizado, pero ¡presentaba los primeros restos de momificación conocidos! Su cuello y manos estaban envueltos y acolchados con lino empapado en resina y realizado con esmero: la piel sólo estaba en contacto con lino de gran calidad, mientras que las capas exteriores eran de tela cada vez más grosera. Pero el detalle que demostró que se trataba de una momia, y no sólo de un peculiar estilo de adorno vestimentario, es que uno de sus órganos internos fue envuelto en lino empapado de resina antes de ser retornado a la cavidad pectoral. Una prueba irrefutable de que la práctica de eviscerar cadáveres para retrasar la putrefacción del cuerpo ya se estaba practicando en el año 3500 a. C. y no comenzó en el Reino Antiguo, como se creía hasta ahora.

Detalle de uno de los cuerpos de Hieracómpolis.

No se trató de un caso aislado o un ejemplo único, porque la tumba 25 del cementerio HK6, así como la tumba 16 (una mujer de unos 30 años) y la tumba 85 del cementerio HK43 de Hieracómpolis demostraron poseer momias semejantes... y algunos misterios, porque al cuerpo de la tumba 85, bautizado como Paddy (una joven de entre 16 y 20 años) le cortaron el cuello (literalmente) antes de acolcharlo con lino empapado en resina. La investigación al respecto de los motivos (¿un asesinato, un ritual?) continúa.

Hieracómpolis era la capital de uno de los tres proterreinos (los otros dos eran Nagada y Abydos) que dominaban por entonces el sur de Egipto, los cuales terminarían por amalgamarse posteriormente y conquistando todo el valle del Nilo para dar lugar a la I dinastía en torno al 3100 a. C.

Al cuerpo del joven Paddy le cortaron el cuello antes de acolcharlo con lino empapado en resina.

Resulta lógico, por lo tanto, que en el yacimiento aparezcan muchos "primeros" de la historia de Egipto. Claro, que un reciente estudio puede quitarle la distinción de poseer las primeras momias egipcias, que pasarían a ser las enterradas en el cementerio de Mostaggeda, cerca de la moderna Asyut (en el Medio Egipto). Se trata de cuerpos de una necrópolis badariense, el más antiguo de los períodos en los que se divide el Predinástico egipcio, fechado entre el 4400 y el 4000 a. C.

La investigadora Jana Jones y sus colegas de la Macquarie University de Sydney (Australia) han estudiado unas cincuenta muestras de restos textiles que se conservan en el Museo de Bolton (Inglaterra) desde hace más de cien años. En todas ellas han encontrado que aparecen empapadas con un producto compuesto de unas tres cuartas partes de grasa animal mezclada con una pequeña cantidad de resina, extractos de plantas aromáticas, azúcar o goma vegetal y petróleo natural.

Una de las muestras textiles que se conservan en el Museo de Bolton que se conservan desde hace más de 100 años. .

Dado que la resina posee una cierta capacidad antibacteriana, se ha sugerido que la mezcla habría sido derramada sobre los cuerpos badarienses a modo de tratamiento embalsamador, convirtiéndolas así en los primeros intentos de conservación de cadáveres en Egipto. Desgraciadamente, la investigación no va a poder profundizar mucho más, porque a principios del siglo XX, cuando se desenterraron estas tumbas, los cuerpos de las mismas no eran considerados algo digno de ser conservado y fueron desechados. No se trataba de algo que uno quisiera llevarle al patrocinador de la excavación, que por entonces tenía derecho a la mitad de los hallazgos realizados.

En cualquier caso, a pesar de que la fecha de la aparición de las momias egipcias pueda retrasarse hasta el 3500 a. C. (cuerpos de Hieracómpolis) o incluso el 4400 a. C. (cuerpos de Mostaggeda) siguen quedándose lejos de las momias más antiguas del mundo, las de la cultura chilena de Chinchorro, fechadas en el 6000 a. C.


Fuentes: JOSÉ MIGUEL PARRA - EL MUNDO.ES
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Descubren una momia de hace más de 2.500 años en Egipto

Los arqueólogos han hallado tres esqueletos bajo un sarcófago en el interior de una mastaba del Periodo Tardío (724-343 a.C.)
Descubren una momia de hace más de 2.500 años en Egipto

Fotografía facilitada por el Ministerio egipcio de Antigüedades de un sarcófago que contiene la momia de una mujer

Expertos egipcios han descubierto al norte de El Cairo tres esqueletos humanos y una momia con decenas de amuletos y estatuillas que datan de hace más de 2.500 años, informó hoy el ministro egipcio de Antigüedades, Mohamed Ibrahim.

Los esqueletos fueron hallados debajo de un sarcófago que contiene la momia de una mujer en el interior de una mastaba que se remonta al Periodo Tardío (724-343 a.C.), explicó el ministro en un comunicado.

El hallazgo fue realizado en la zona de Tel Tebela, en la provincia de Al Daqahliya, situada en el delta del río Nilo. Los esqueletos tienen a su lado decenas de amuletos, algunos de ellos con la tríada de los dioses Amón, Horus y Neftis, concluyó Ibrahim.

Una momia con mortaja dorada Por su lado, el jefe del Departamento de Egiptología del Ministerio de Antigüedades, Ali al Asfar, reveló que los arqueólogos descubrieron en la mastaba dos tumbas esculpidas en piedra caliza, con la forma de un sarcófago y cubiertas con tapas de la misma roca.

En uno de esos nichos se halló también una momia cubierta con una mortaja dorada y con textos jeroglíficos, entre ellos un cartucho del faraón Psamético I, perteneciente a la XXVI dinastía (654-525 a.C.).

El responsable de antigüedades indicó que la momia está en pésimo estado debido a los altos índices de humedad del lugar, y que junto a ella se encontró un cofre de madera con un conjunto de estatuillas y amuletos, uno de estos con un ave dorada, que simboliza el espíritu, y un ojo de bronce.

En el interior del cofre se encontraron también entrañas envueltas en lino.

El jefe del Departamento de Arqueología del Delta, Mohamed Abdel Samia, subrayó que en la segunda tumba también se halló un cofre con cientos de estatuillas y con más entrañas envueltas en lino.

Por último, destacó que la zona del descubrimiento es una necrópolis del Periodo Tardío, donde anteriormente se hallaron vestigios que datan de varias dinastías, desde la XXII (945 a 715 a.C.) hasta la XXVI.

Fuentes: ABC.ES
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Hallan dos momias «Frankenstein» en Escocia

De 3.000 años de antigüedad, están formadas por la unión de partes del cuerpo de seis personas distintas

Hallan dos momias «Frankenstein» en Escocia
Mike Parker Pearson, University of Sheffield /national geographic
En un momento de ¡Eureka! Digno del Dr. Frankenstein, los científicos han descubierto que dos cadáveres encontrados en Escocia con 3000 años de antigüedad están formados por los restos de seis personas.

De acuerdo con los experimentos de comparación del ADN, las momias, (un hombre y una mujer) estaban hechas con la unión de miembros de varios seres humanos.


Las momias fueron descubiertas hace más de una década entre los restos de un poblado prehistórico en Cladh Hallan, en la isla de South Uist, en la costa de Escocia.


Los cuerpos habían sido enterrados en posición fetal entre 300 y 600 años tras su defunción.

Basándose en la posición de las estructuras y los esqueletos, los científicos han determinado que los cuerpos se enterraron en una hullera para ser desenterrados varios siglos después.


Según Terry Brown, de la universidad de Manchester, los primeros indicios fueron al encontrar una mandíbula que no encajaba con el cráneo del portador, lo que les hizo comenzar a analizar el ADN para llegar a la percatarse de que en realidad había restos mortales de más de dos personas en los dos cadáveres que se encontraron.



Un chapuzón en el pantano


Otro rasgo particular de las momias de Cladh Hallan consiste en su inusual buen estado de conservación.

Las charcas de brea crean un entorno de alta acidez y baja oxigenación que inhibe a los cuerpos de una de las bacterias culpables del deterioro, como ha dicho Gill Plunkett, paleontólogo de la Queen's University de Belfast a pesar de no estar dentro de este estudio.


En estos cadáveres, los huesos aún mantienen las articulaciones, unidas unas a otras como lo estuvieron en vida.


Cuando fueron re- enterradas de nuevo, el tejido blando de los restos comenzó a resquebrajarse y a deteriorarse. A pesar de todo esto, los investigadores aun no saben con certeza como y porqué se llegó a este inusual proceso de mezcla de restos.


Una de las teorías que se han desarrollado, puede ser por mera casualidad a la hora de enterrar los cuerpos, pero otra, asegura que pudo ser deliberado, para crear un cuerpo que uniese a varios.


Otra teoría, las asemeja a las momias de Chinchorro, en los Andes Chilenos, donde el embalsamamiento se daba reconstruyendo los cuerpos con hierba o pelo de animal.


¿Más momias hibridas?


De acuerdo con Brown, hay otras momias ahí fuera esperando a ser descubiertas.

En caso de existir más cuerpos compuestos, está claro que serán de tiempos ancestrales.


Según ha dicho Brown “Creo que cuanto más atrás nos remontemos en el tiempo, los rituales serán más extraños, teniendo que adentrarnos en las nieblas de los tiempos antiguos”

Fuentes: National Geographic

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